viernes, 3 de enero de 2025

“Los llamados dioses, los katchinas, los ayudaron con sus barcos y así llegaron a Chile y desde Chile subieron por el continente sudamericano, llegando finalmente a México y a los Estados Unidos”


Sika Hototo katchina Tihu, Miyaksoli katchina Tihu y Kakashka katchina Tihu (Fotografía
de Charles C. Pierce, ca. 1900 / California Historical Society Collection).


En Hówen-kachinas: Ecos del sustrato selk’nam-hopi (www.losvikingosenamerica.blogspot.com/2020/08/howen-kachinas-ecos-del-sustrato.html), se ha abordado la tradición mítica aborigen consignada en los estudios arqueológicos del profesor Roberto Rengifo publicados en Noticias y comentarios arqueológicos (1919) y Estractos de Actas de la Sociedad Científica (1920) de El Secreto de la América Aborigen, sentando la migración de sur a norte a escala continental de un sustrato civilizador: Los primitivos chili-viracochas.

Por cierto, el arqueólogo y especialista en el mundo tiahuanacota Arthur Posnansky sentó una concepción similar en Conexiones prehistóricas México-centroamericanas con la antigua metrópolis de los Andes (1932).

Más significativo aún, el notable escritor e investigador Erich von Däniken ha expresado (Nosotros, los hijos de los dioses, 2017) una tradición fundamental sobre la ignota historia del continente al señalar que en Arizona, en los Estados Unidos de América, viven los indios hopi. Hay un libro titulado The Book of the Hopis [“El Libro de los Hopis” de Frank Waters. The Viking Press, Inc. Nueva York, 1963] donde se afirma que sus antepasados provenían de un continente hundido que estaba en el océano Pacífico, y no en el Atlántico. Entonces, su vasto continente se hundió lentamente y es por eso que tuvieron que navegar en pequeños barcos y los llamados dioses, los katchinas, los ayudaron con sus barcos y así llegaron a Chile y desde Chile subieron por el continente sudamericano –Perú, Ecuador–, llegando finalmente a México y a los Estados Unidos donde se establecieron. Hoy viven en Arizona. Entonces sus mitos se refieren a un continente hundido en el océano Pacífico que fue su patria original.

Danza del katchina Shalako de los zuni (Ca. 1900).

Katchina zuni Calaka taka (“Hombre Maíz”) procedente de Walpi, Arizona,
Estados Unidos de América (Fotografía de Jesse Walter Fewkes, 1870).


Esta migración de sur a norte del sustrato civilizador austral se observa en un conjunto de campos arqueológicos y etnológicos pero especialmente en las notabilísimas representaciones de los dioses de Tierra del Fuego y de Arizona y New Mexico en Norteamérica, es decir, de los hówen y los kachinas, respectivamente –figuras antropomorfas coronadas por rayos/plumas que surgen desde sus cabezas–.

Como se ha indicado en Los poderosos dioses del polo antártico (www.losvikingosenamerica.blogspot.com/2024/12/los-poderosos-dioses-del-polo-antartico.html), la similitud entre los dioses de América del Sur y aquellos de Australia –los viracochas y los wanjina y gulingi, de forma respectiva– es decisiva. Y ésta se extiende a las figuraciones de los dioses-espíritus kachinas –los “Portadores de Vida”– de los grupos anasazi-pueblos –hopi, hopi-tewa y zuni–.

¿Cómo explicar las semejanzas entre los dioses en contextos geográficos, culturales y cronológicos tan apartados como el mundo andino, los territorios de New Mexico y Arizonas en de América del Norte y la región de Kimberley en Australia occidental?

La respuesta se encuentra en lo evidente: Hubo testigos de los dioses cuyas culturas perpetuaron su memoria por medio de los ritos y del arte tradicional.

Rafael Videla Eissmann
2 de Enero de 2025


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domingo, 29 de diciembre de 2024

Los poderosos dioses del polo antártico


El Supremo Viracocha en la Puerta del Sol de Tiahuanaco, en Bolivia.


En su obra Los chiles (1921) –tercera parte de El Secreto de la América Aborigen– el profesor y arqueólogo Roberto Rengifo propugnó el génesis de la humanidad en la Antártida, asentando así la sugestión consecuente del origen antártico de la civilización. Contraviniendo los dogmas de la arqueología e historiografía ortodoxa, el profesor Rengifo ha señalado que la civilización nació en América y fue de sur a norte; este es el principio fundamental que propongo, y que según creo, es verídico, y aclara y evidencia todos los hechos arqueológicos.

Puede ser que más tarde aparezca en Australia otro principio más comprensivo, que nos explique hasta el origen polar antártico de la humanidad, desarrollada en su casquete de tierras hoy dislocado.

En efecto, ulteriores pesquisas a lo largo del siglo XX han permitido reforzar en base a la evidencia arqueológica la concepción trazada por el profesor Rengifo acerca del núcleo emanado del Polo Austral y su proyección en las masas continentales más próximas: La iconografía mítico-simbólica de los dioses-espíritus tanto del cono austral de América del Sur como de Australia son extraordinariamente parecidas. Se trata fundamentalmente de las representaciones de los wari wira qucha runa (huaracocha/viracochas) de los Andes y de los wanjina (wondjinas) y gulingi de Australia, portentosos seres descendidos del firmamento que crearon el paisaje y a los seres vivos y que posteriormente instruyeron a los hombres en las Ciencias Sagradas –el impulso vital de la civilización–.



Los viracochas, dioses de los Andes. Las representaciones corresponden a viracochas en el Valle del Encanto, en la Región de Coquimbo, Chile; viracocha junto a la estrella de ocho puntas en San Pedro de Colalao, Argentina y en Ometepe, en el noreste del volcán Coatlán –o volcán Maderas–, en Nicaragua.





Algunas de las representaciones rupestres de los wondjinas y gulingi en Kimberley, Western Australia.
Adviértase su notable similitud con las representaciones de los viracochas de América del Sur.


Las características de los dioses-espíritus en ambos continentes es similar: Son figuras antropomorfas con el rasgo distintivo de rayos o auras luminosas proyectándose desde sus cabezas –“halos” ha especificado Erich von Däniken– y ojos grandes y redondeados.

Tanto en América del Sur como en Australia, las tradiciones ancestrales refieren a que estos dioses-espíritus fueron los portadores y difusores de las Ciencias Sagradas, enseñando a los hombres los conocimientos y técnicas de la caza, la agricultura, la observación de las estrellas –entre otros campos–.

Estas representaciones plasmadas en el arte rupestre, en manifestaciones líticas, cerámicas y textiles, son reflejos tardíos de antiguos grupos que buscaron perpetuar la memoria sagrada de los dioses-espíritus descendidos del cosmos.

Significativamente, tanto los viracochas como los wondjinas y gulingi, volvieron al firmamento tras haber comunicado sus enseñanzas.

Rafael Videla Eissmann
25 de Diciembre de 2024


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miércoles, 18 de diciembre de 2024

El origen antártico de la humanidad


El continente antártico en el planisferio de Francesco Rosselli, confeccionado
en 1508 e impreso en 1521, en Venecia.


Roberto Rengifo, arqueólogo y profesor de Estética e Historia del Arte de la Escuela de Bellas Artes (1919) y del Instituto de Educación (1926) de la Universidad de Chile y miembro de la Société Scientifique du Chili (1904), presentó en Santiago de Chile la concepción fundamental del origen polar antártico de la humanidad –“el origen de la humanidad estuvo en el casquete polar antártico” (Sesión General de la Sociedad Científica, realizada el 29 de Diciembre de 1919)–.

Esta concepción se enlaza con los estudios del explorador y naturalista Francisco P. Moreno (Patagonia: Resto de un antiguo continente hoy sumergido. O el núcleo zoogénico antártico. Buenos Aires, 1882), seguidos por la magna obra del erudito Emeterio Villamil de Rada (De la primitividad americana. Cochabamba, 1876 y La lengua de Adán y el hombre de Tiahuanaco. La Paz, 1888) y del arqueólogo Arthur Posnansky (Tihuanacu: La cuna del hombre americano. La Paz, 1945-1957, obra cuyo título original fue Tihuanacu: La cuna de la humanidad), en torno a la naturaleza vernácula del hombre en América y su irradiación a otras latitudes.

Por cierto, los estudios de estos grandes americanistas se basaron en campos geológicos, arqueológicos, mitológicos y folklorológicos.

El profesor Rengifo sentó el origen de la “humanidad blanca y clara” en el eje Antártida-Patagonia y que se irradia por el continente de sur a norte. Es la raza civilizadora de los ario-andinos –o anteos– que ulteriormente irrumpe y puebla a Europa desde occidente –“llegaron hasta el Chiria en el norte del Perú. Después, en plena cultura y en posesión de los metales, ocuparon todo Chile hacia el sur, hasta Chiloé y hasta Magallanes, y dieron vuelta por el Estrecho, difundiendo la cultura en el mundo, y especialmente en el Báltico y en el Mediterráneo” (Véase al respecto De origine actibusque Getarum (“El origen y las hazañas de los godos” o Getica, ca. 1551) del historiador Jordanes–.

Este grupo, debido a su rol civilizador, fue reconocido con distintos epítetos como viracochas en el mundo andino y quetzalcóatles-kukulkanes en Mesoamérica –“los semidioses encargados de educar al mundo”–.

Son los Dioses Blancos de América-Huitramannaland que conforma el sustrato pre-nórdico, irradiados a escala global como se observa en la universalidad de símbolos, mitos y la tradición de los dioses descendidos del cosmos.

En términos arqueo-antropológicos es la población de cráneos dolicocéfalos –el tipo arya de India y el Tíbet y el Cro-Magnon de Europa–; a los paleoamericanos de acuerdo la historiografía americanista y a los Dioses Blancos –los “héroes culturales”– de la mitología prehispánica –y sus descendientes, los indios blancos, observados y registrados desde el denominado “Descubrimiento” de 1492 hasta prácticamente la segunda mitad del siglo XX–.

La valoración del profesor Roberto Rengifo sobre el origen del hombre en la Terra Australis debe comprenderse a la luz de la filosofía plasmada por el filósofo Martin Heidegger –el “sentido de la tierra”– que constituye la base del Dasein –es decir, del «ser-ahí», «ser en el mundo», LO EXISTENTE–, en su sentido más profundo y esencial, apenas intuida por la pysché moderna pues se remonta a la concepción primordial del arya antártico-andino emanado del Polo Sur –la Weltanchauung de los hombres-dioses de la sagrada tradición ancestral–.

Con propiedad, puede indicarse que la trascendental concepción de Roberto Rengifo es EL MÁS GRANDE PENSAMIENTO pues comprende a Σοφία (“Sabiduría”), Παιδεία (“Cultura”) y Φύσις (“Naturaleza”) –el “ser del hombre”–.

Esta concepción engloba la totalidad del hombre y de la historia –el “valor vital”–.

Rafael Videla Eissmann
17 de Diciembre de 2024


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lunes, 7 de octubre de 2024

Una “piedra horadada” en la península Ibérica


La “piedra horadada” expuesta en el Museo de Arqueológico Nacional.


El profesor Roberto Rengifo escribió en Estractos de las Actas de la Sociedad Científica (1920) sobre la irrupción en la península Ibérica de los anteos originarios de la América Austral:

La Gulfstream o Corriente del Golfo de México sirvió para poblar la costa de Irlanda y occidentales Europa con razas blancas americanas.

(…)

Con unos 1500 a 2000 antes de la era actual [judeo-cristiana], bastaba para encuadrar esa raza celta que se estableció en la costa occidental de Europa, sin haber provenido del oriente, según muchos autores, en la hipótesis de que provendrían de América y llegaron por el océano Atlántico.

El hecho es muy posible, pues la Corriente del Golfo de Méjico ha debido arrastrar en más de cien ocasiones a los primitivos navegantes del archipiélago Antillano y arrojarlos a Irlanda, donde primero aparecieron los celtas, pasando después al país de Gales, a Bretaña y por último a España, para unificarse con los iberos y producir los «celto-iberos», tenidos como los aborígenes de la península española.

Estos celtas –continúa Rengifo–, al descender de norte a sur por países sin cordilleras y, al llegar a la primera serranía transversal, al sur del mar Cantábrico, que es un verdadero cordón como los numerosos y prolongados que existen en América, la bautizaron con el nombre de Piri-neo.

(…)

En la toponimia española hay muchos lugares con nombres o raíces americanas primitivas, cuyo estudio debe hacerse; pero no es este el único fundamento para atribuir a los celtas origen americano. La somatología general de esa raza y de la primitiva andina, es muy semejante: Bajos, gruesos o redondeados, miembros cortos, cabeza desarrollada, pies y manos pequeños, cabello generalmente negro y a veces coloreados como en Boroa e Irlanda, piel blanca, pero no alba, pechos pardos, etc. Esta raza andinocelta, diferente de la patagona o pampa y sus derivados, de largos miembros y gran estatura, es producto de los archipiélagos y montañas; por eso es chico de cuerpo y más cerebral; fue la primera que en América empujó la civilización de sur a norte, escribiendo en las rocas sus nacientes ideas, desde Arauco hasta Yanquilandia; tomó grandes bríos en el mar Caribe y arribó a Gran Bretaña (Roberto Rengifo, Estractos de las Actas de la Sociedad Científica. Páginas 20 y 21).

Una pieza del Museo de Arqueológico Nacional de España evidencia este movimiento transcontinental en la Ante-Historia: Se trata de una “piedra horadada” descubierta en la Cueva del Hilguerón, en Rincón de la Victoria, Málaga.

La leyenda que la acompaña reza: “Masa de palo cavador”.

¿Cuál es su origen? ¿Cómo y por qué fue depositada en la Cueva del Hilguerón? ¿Existen otras “piedras horadadas” en las colecciones arqueológicas de España?

Ciertamente, la pieza es similar en material, estilo y dimensiones a aquellas de la tradición sagrada de los aborígenes Chile –los lituche-araucanos– y que se vislumbra, de igual modo, en el sustrato andino-celta.

Rafael Videla Eissmann
6 de Octubre de 2024


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martes, 1 de octubre de 2024

Una estela prehispánica con signos de un antiguo sistema brahmánico


Sobre esta estela, Erich von Däniken escribió: El profesor Kanjilal, relevante especialista en sánscrito, pudo identificar la mayor parte de estos signos como pertenecientes a un antiguo sistema brahmánico de escritura jeroglífica (Von Däniken, Erich, La respuesta de los dioses. Página 355).


El genial autor Erich von Däniken en su obra La respuesta de los dioses (“Beweise”, 1977), consigna un dato muy significativo sobre una pieza prehispánica que perteneció a la colección del sacerdote Carlos Crespi Croci (29 de Mayo de 1891 - 30 de Abril de 1982) –antiguo párroco del Santuario de María Auxiliadora en Cuenca, Ecuador–, con estudios en arqueología y antropología, concentrándose especialmente en el estudio de los indígenas del Amazonas ecuatoriano.

La mayoría de la colección de Crespi corresponden a placas y estelas de oro y metálicas con diversos motivos y temáticas.

La pieza en cuestión corresponde a una estela metálica que posee cincuenta y seis jeroglíficos inscritos en otros tantos recuadros. Al respecto, Däniken ha escrito: (…) Me preguntaba si los antiguos indios no habrían grabado en el metal los signos de algún alfabeto desconocido. Pero, mientras tanto, el profesor Kanjilal, de Calcuta, ha logrado identificar la mayor parte de dichos signos con los de una antigua escritura empleada por los brahmanes de India (Von Däniken, Erich, La respuesta de los dioses. Ediciones Martínez Roca. Spain, 1978. Página 354).

Esta asociación no es fortuita: Existió una remota vinculación entre los antiguos siddhas del Himalaya y los antiguos shamanes de los Andes. Recordemos lo expuesto el abate Juan Ignacio Molina en su Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776), donde señaló que los chilenos llaman a los primeros hombres, de los cuales descienden, peñi Epatun, que quiere decir, los hermanos Epatun, pero, a excepción del nombre, no saben otra cosa de la historia de estos hermanos sus patriarcas. Los llaman también glyche, esto es, hombres primitivos o del principio, y en sus congregaciones los invocan, junto con sus divinidades, entonando en alta voz: Pom, pum, pum, Mari epunamun, animalhuen, peñi Epatun, etc. Los tres primeros vocablos son al presente de incierta significación y podrían tomarse por una suerte de interjección, si la voz puon con que los chinos nombran al primer hombre creado o salvado de las aguas, no nos indujese a sospechar que podrían tener una noción análoga. Los lamas o sacerdotes del Tíbet pronuncian también frecuentemente en sus rosarios las tres sílabas Hom, ha, hum, o om, aum, como dicen los habitantes del Indostán, los cuales en cierta manera corresponden a las chilenas arriba dichas.

Son las huellas de la antigua civilización primordial de los Hijos del Sol.

Rafael Videla Eissmann
30 deSeptiembre de 2024


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jueves, 22 de agosto de 2024

Una reliquia de los Dioses Blancos


El fabuloso pectoral prehispánico descubierto cerca de Illapel,
en la Región de Coquimbo, en Chile.

Una extraordinaria pieza prehispánica descubierta cerca de Illapel, en la Región de Coquimbo, en el norte de Chile, forjada en una aleación metálica –hecho por vaciado en molde de “cera perdida”–, presenta un simbolismo fundamental de la ancestral historia del Chili Mapu: Se trata de una figura antropomorfa en cuyo centro se observa la estrella doble de Venus, es decir, de Yephun-Oiehuen, la Estrella de la Mañana y la Estrella de la Tarde, respectivamente, llamada también llamada Wüñülfe por los chili-araucanos, herederos de la tradición cultural –Epeu y Nütram– de los antiku-pu-che –los Hijos del Sol– más y propiamente de los lituche, es decir, de los hombres primitivos o del principio según consignó el historiador Juan Ignacio Molina en su Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776), basándose en informantes aborígenes.

Es la Estrella Solitaria Quyllur de los aymarás y Ch’aska Quyllur de los quechuas. 

Acerca de este excepcional pectoral descubierto en el norte del país, Miguel Serrano ha precisado en el volumen IV de sus Memorias (1999): Figura única por su simbolismo. Tal vez tallada por los inkas blancos, los frisones o los hiperbóreos de Sudamérica, con anterioridad a la llegada y destrucción planificada de los judeo-cristianos. Una reliquia de los Dioses Blancos, con el símbolo de la Estrella de la Mañana, Oiyehue, la runa Venéris (Serrano, M. Memorias de Él y Yo. Volumen IV. Santiago de Chile. Página 250).

Y agregamos a la observación de Serrano: El origen de esta pieza claramente se entronca con los inkas blancos, los frisones o los hiperbóreos de Sudamérica. Es decir, con el sustrato pre-indígena, esto es, el grupo dolicocéfalo primordial, la raza blanca americana observada por el profesor Roberto Rengifo en su obras El Secreto de la América Aborigen (1919-1921), Arte gráfico y poético de los chiles (1921) y El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica (1935).

Este grupo blanco autóctono –vulgarmente denominados desde el Descubrimiento y la Conquista como indios blancos– fueron descendientes de los dioses del firmamento, de los hówen-aesir, de extraterrestres, cuya civilización solar es la base de la tradición sagrada de América-Huitramannaland, es decir, la “tierra de los hombres blancos”.

Esta reliquia antropomorfa proyecta el simbolismo trascendental del emblema del origen en la Patria CelesteYephun-Oiehuen, sobre los “hombres de la tierra”.

Rafael Videla Eissmann
17 de Agosto de 2024


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sábado, 3 de agosto de 2024

Arte rupestre de 9000 años asociado a huellas de dinosaurios en Serrote do Letreiro, en el Estado de Paraíba, Brasil


Arte rupestre asociado a las huellas de saurios (Fotografía de Leonardo P. Troiano, 2024).


Un fundamental estudio titulado A Remarkable Assemblage of Petroglyphs and Dinosaur Footprints in Northeast Brazil (“Un notable conjunto de petroglifos y huellas de dinosaurios en el nordeste de Brasil”, 2024) desarrollado por los arqueólogos Leonardo P. Troiano, Heloísa B. Dos Santos, Tito Aureliano y Aline M. Ghilardi del Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional de Brasilia, presenta significativas asociaciones entre petroglifos labrados por cazadores y las huellas fósiles de al menos tres tipos de dinosaurios del Período Cretácico: Terópodos, saurópodos y ornitópodos –145 - 66 millones de años atrás–.

El estudio –publicado en Marzo del año en curso en la revista Scientific Reports (www.nature.com/articles/s41598-024-56479-3 , www.cnnespanol.cnn.com/2024/04/12/misteriosos-simbolos-huellas-dinosaurios-antiguos-humanos-estudio-trax/)– ha determinado una datación por radiocarbono de enterramientos en la zona en torno al 9400 y 2620 años de antigüedad.

De acuerdo a los arqueólogos los petroglifos presentan formas geométricas tales como cuadrados, rectángulos y círculos –algunos de estos con cruces o líneas en su interior, revelando evidentemente concepciones de pensamiento abstracto–.

La clave de la asociación entre las representaciones rupestres y los fósiles no es únicamente la proximidad de los primeros a las huellas sino la solapación existente entre ellas, hecho que sugiere la “reflexión” –como observa Leonardo Troiano– por parte de los creadores de las representaciones rupestres.

Nosotros observamos en estas asociaciones de Serrote do Letreiro la antigüedad del hombre americano –esto es, del sustrato dolicocéfalo, es decir, pre-indígena–, siguiendo las investigaciones y estudios de notables americanistas como Arthur Posnansky y Edmund Kiss, quienes constataron a través de sus pesquisas las representaciones de “saurios” en el arte prehispánico andino, especialmente en la remota tradición tiahuanacota.

Aún más: La antigüedad de estos vestigios se deben comprender a la luz de La Cosmogonía Glacial de Hörbiger. Una nueva historia del desarrollo del Universo y del Sistema Solar (“Hörbigers Glazial Kosmogonie. Eine neue Entwicklungsgeschichte des Weltalls und des Sonnensystems”) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth, obra publicada inicialmente en Austria en 1913, en la cual se establece que en la Era Primaria o Paleozoica existiera el hombre, del cual emergieron distintas ramas-especies con diversos grados de evoluciones e involuciones en disímiles direcciones y secuencias: Este Hombre Primario (Primär-human) devino paralelamente al desarrollo de otras especies de homínidos –homo– acondicionados en y por los interregnos de las grandes catástrofes cósmico-planetarias: Los grandes ciclos o “soles” de la tradición sagrada de la humanidad, en aquel remotísimo y misterioso pasado en el que fulguran portentosas civilizaciones desarrolladas por los dioses y sus descendientes en la América Aborigen.

Rafael Videla Eissmann
2 de Agosto de 2024


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