domingo, 24 de septiembre de 2023

Los jon. Los poderosos magos del polo antártico


La choza ceremonial háin de la iniciación homónima. Los conocimientos esotéricos,
mágico-religiosos y míticos eran comunicados al interior de este espacio. Adviértase
su similitud con la imagen arquetípica de la montaña
(Fotografía de Martin Gusinde, 1920).


Los resguardadores de la cosmovisión patagónica-antártica de los selk’nam o el “Clan de la Rama Sagrada” era una casta iniciática de magos-shamanes conocida como jon, poseedores de grandes poderes y profundos conocimientos.

Su origen es un misterio.

Los jon preservaron y proyectaron el conocimiento de la Divinidad Suprema e Increada Temáuquel –conocido también como Maukel o Pémaukl–, el creador del cielo y de la Tierra, el “amo de los hombres”, el “habitante de allá arriba”, quien luego de la creación del mundo, de las montañas, de los valles y los ríos, envió a su mensajero Kenós y a la raza de los hówen, seres inmortales descendidos de las estrellas y pobladores del planeta, de donde descienden los propios selk’nam –los “primeros padres”–.

El historiador y mitólogo Carlos Keller, en su maravilloso libro Dios en Tierra del Fuego (1948), registró una fundamental descripción del actuar del jon, de sus poderes y de la proyección del huáiyuhuen (wáiuwin) o cuerpo astral:

(…) Cuando soñáis, ¿no se os presenta a veces un mundo que es totalmente distinto del exterior? ¿No tenéis imágenes, visiones, no veis cosas que podrían parecer perfectamente inverosímiles, pero estáis autorizados para afirmar que sean menos reales que la realidad que veis con vuestros ojos?

Hay muchos entre los selk’nam que conocen su país hasta el último rincón, pues llevamos una vida errante e intranquila, siempre en busca de alimentos. Casi todos nosotros, podría afirmar, nos encontramos en esta condición. Pero esas correrías se limitan únicamente al mundo exterior, cuyo conocimiento ha llegado entre nosotros al más alto grado, pues estamos en situación de contestar cuantas preguntas nos queráis formular acerca de él.

Pero hay también algunos que se han esforzado por conocer ese otro mundo, que podríamos llamar el interior, cuya extensión y profundidad son tal vez aún mayores que las del exterior, pues por distante que se encuentre de nosotros Cran [el Sol], y por grande que sea la distancia desde Cran hasta el cielo en que vive Temáuquel con los cáspis [“espíritus”] de los fallecidos, mucho mayor aún es la distancia que mide entre nuestra existencia como hombres de carne y hueso y los confines de aquel mundo que se abre dentro de nosotros y que sólo logramos captar por medio de los ojos interiores de que estamos dotados.

Pues bien, para deciros, ahora, lo que es un jon, debo expresaros que es un hombre que lleva el conocimiento de ese otro mundo hasta donde es posible hacerlo.

(…)

Podréis verlo [a un jon] a menudo, completamente ensimismado, frente a su hogar. En vez de dirigir su mirada hacia afuera, para ver las cosas palpables que lo rodean, como lo hacemos nosotros, sus ojos corporales se encuentran como vacíos y están fijos en un solo punto, como si repudiaran preocuparse de las cosas exteriores.

Luego comienza a entonar una canción prolongada y monótona [mantram], pero vigorosa, que repite siempre las mismas notas: – Lolololo... Hoiyoiyoiyoi... Yeiyeieyeie

Poco a poco, el jon va perdiendo el conocimiento de su existencia humana. Toda su atención está concentrada en torno a ese otro mundo que nace en él. Primero se le aparece como una pequeña luz, cuya luminosidad va creciendo, hasta llenarlo totalmente.

Es por eso que decimos que los jon tienen un cutis sutilísimo y que su interior está compuesto de una materia blanda y sumamente liviana, como si fuera de plumas. Tampoco contienen sus cuerpos ninguna clase de líquidos, ni sangre, pues si fueran como nosotros, ¿cómo podrían ver todo lo que ven?

Ni siquiera tienen cáspi, pues todos lo tenemos, y bien sabemos que cuando fallecemos nuestro cáspi se separa del cuerpo para ir a residir al lado de Temáuquel.

En vez de cáspi, los jon tienen el huáiyuhuen, que es algo parecido a nuestro cáspi, pero distinto. El huáiyuhuen no se dirige donde Temáuquel, ni tiene nada que ver con él. Permanece siempre sobre esta tierra, de manera que cuando fallece un jon se queda cerca de su cadáver hasta penetrar en el cuerpo de un nuevo jon. Se transmite así, de generación en generación y es inmortal. Siempre vuelve a presentarse y mientras vivan selk’nam sobre esta tierra habrá también jon.

El huáiyuhuen es de tamaño muy pequeño cuando está separado del cuerpo, pero crece cuando penetra en él, hasta llenarlo totalmente.

Este huáiyuhuen actúa en el jon, como si fuera una persona distinta de él. Le habla. Le muestra cosas que ningún ojo humano jamás ha visto. Lo arrastra consigo. Le presenta melodías, colores, formas, cosas inauditas e inexpresables. Ya os lo dije: Le ofrece un mundo que es inmensamente mayor que el exterior.

El arte del jon consiste, ahora, en entrar en las relaciones más estrechas imaginables con ese su huáiyuhuen. Hay entre ellos, pues una convivencia perfecta. Si se logra establecer ésta, el poder del jon será también inmenso.

No es difícil de explicar que esto sea así, si tenéis presente que el huáiyuhuen en un perfecto jon, es capaz de alejarse de él, para recorrer los espacios infinitos de ese mundo interior. Aún más: El jon perfecto es capaz de dirigir esas salidas del huáiyuhuen solicitándole que le traiga las noticias que necesita conocer.

Así, un jon puede enviar su huáiyuhuen hasta Cra, la Luna, para conocer su estado de ánimo, y aún mucho más lejos.

(…)

Es por eso que un jon experimentado adquiere un poder casi ilimitado sobre la salud, la vida y muerte, el estado del tiempo, la suerte en la caza y muchas cosas aún más importantes. Debido a la concentración de sus facultades espirituales, llega a conocer la causa de todos esos fenómenos (…). (Keller, C. Dios en Tierra del Fuego. Páginas 95-101 (Los destacados son nuestros ~ Nota del autor).

El huáiyuhuen de los selk’nam o yefáchel de los yámanas, es el cuerpo astral o el “doble” de la tradición esotérica europea; el lingasarira de la tradición tántrica; el sâhu egipcio; ja-lus de los tibetanos; el che-kai de los chinos; sushmasarina del hinduismo y el siddha-rupa de la India aria, proyectado por una especie de mantram (“Lolololo... Hoiyoiyoiyoi... Yeiyeieyeie…”), permitiéndole incursionar al iniciado en el mundo interior (“le ofrece un mundo que es inmensamente mayor que el exterior”, siendo “capaz de alejarse de él, para recorrer los espacios infinitos de ese mundo interior”), alcanzando también, por cierto, lejanas distancias (“Así, un jon puede enviar su huáiyuhuen hasta Cra, la Luna, para conocer su estado de ánimo, y aún mucho más lejos”).

El huáiyuhuen es inmortal y tiene la propiedad de reencarnarse –concepción de la inmortalidad que tiene su símil en la tradición de los portentosos Tulku del budismo tibetano–.

Estas descripciones de los poderes de los jon son evocaciones de una sabiduría heredada de las poblaciones que habitaban las tierras que rodeaban al Polo Sur, es decir, la Terra Australis, la Antártida prediluvial, de donde viene la tradición más antigua.

Son las resonancias vibrantes de la tradición primordial de los hombres-dioses.

Rafael Videla Eissmann
Febrero de 2020 /
Septiembre de 2023


Bibliografía

I. Obras

Beauvoir, José María & Misioneros salesianos
Los shelknam. Indígenas de la Tierra del Fuego. Sus tradiciones, costumbres y lengua. Talleres Gráficos de la Compañía General de Fósforos. Buenos Aires, 1915.

Bridges, Esteban Lucas
Uttermost Part of the Earth. Hodder & Stoughton. London, 1948.

Chapman, Anne
Fin de un mundo. Los selknam de Tierra del Fuego. Segunda edición. Taller Experimental Cuerpos Pintados. Santiago de Chile, 2002.
Hain: Ceremonia de iniciación de los selk’nam de Tierra del Fuego. Editorial Pehuén. Santiago de Chile, 2009.

Gallardo, Carlos R.
Los onas. Cabaut y Cía. Buenos Aires, 1910.

Gusinde, Martin
Die Feuerland Indianer. Ergebnisse meiner vier Forschungsreisen in den Jahren 1918 bis 1924. Band I. Die Selk’nam: Vom Leben und Denken eines Jägervolkes auf der Grossen Feuerlandinsel. Unternommen im Auftrage des Ministerio de Instrucción Pública de Chile. Verlag der Internationalen Zeitschrift “Anthropos”. Mödling bei Wien, 1931.

Keller, Carlos
Dios en Tierra del Fuego. Mitos y cuentos de los sélcnam. Editorial Zig-Zag. Santiago de Chile, 1947.

Videla Eissmann, Rafael
Mitos del Polo Antártico. Cosmogonía y antropogonía de la civilización prediluvial. Editorial JG. Quito, 2012.


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