domingo, 18 de julio de 2021

El Bodhisattva Avalokitesvara


Representación del Bodhisattva Avalokitesvara en las Cuevas de Ajanta (Ca. Siglo II a. C.).
Su corona es similar al k’ochel del Háin de los selk’nam.


En el artículo anterior –K’ochel. Emblema de los hombres– se ha abordado el significado de una vincha tocado o iniciático entre los selk’nam –el k’ochel o goulchelg– y entre los antiguos mexicas.

Este mismo tocado se puede observar en una representación en las Cuevas de Ajantā (Ca. Siglo II a. C.) del Bodhisattva Avalokitesvara –conocido como Padmapāni–, es decir “Señor que mira hacia abajo”.

Ajantā es una localidad en el Distrito de Aurangabad, en el Estado federado de Maharashtra, en India.

Avalokitesvara es el arya Lokiteśvara, el “Gobernador” o “Soberano” santo que sostiene el mundo (loka) –el “Rey del Mundo” de la tradición occidental–.

En la Tierra, una de las manifestaciones de Avalokitesvara es Su Santidad el Dalai Lama.

En la representación de Ajanta, Avalokitesvara aparece con perlas y atributos tradicionales indios y porta en su cabeza una magnífica corona, que resulta extraordinariamente similar al k’ochel y a los tocados de la nobleza mexica –véanse las ilustraciones de Acamapichtli (1299-1395), primer huey tlatoani, rey de los mexica y de Motecuçuma,  último rey de los mexicanos en el Codex Ramírez (1585) y por cierto, a los tocados cónicos de los dioses –el Ocelocopilli de Mesoamérica–.

Los símbolos, emblemas y tradiciones de los antiguos centros cúlticos solares y venusinos de estas regiones revelan la unidad del origen y la expansión a escala global de la raza primigenia.

Rafael Videla Eissmann
17 de Julio de 2021


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viernes, 11 de junio de 2021

K’ochel. Emblema de los hombres


El k’ochel o vincha triangular es un signo iniciático. Adviértase la similitud
entre Tierra del Fuego y Mesoamérica.


Un aspecto fundamental del rito iniciático háin de los extintos selk’nam del extremo austral de Chile era la comunicación de la cosmovisión preservada y transmitida por los Chan-Ain (“Palabra-Padre”), es decir, los “padres de la palabra” o guardianes de la tradición sagrada mítico-mágica (Lailuka) del Clan de la Rama Sagrada.

En este sentido, el iniciado o klóketen tras el éxito de las pruebas, recibía un símbolo de hombría: Una vincha triangular de piel de guanaco llamado k’ochel –conocido también como goulchelg–.

Guerreros selk’nam portando el k’ochel (Fotografías de Martin Gusinde, 1920).


De modo significativo, este símbolo iniciático se encuentra en la tradición mesoamericana, especialmente en la nobleza del sustrato azteca, hecho que refuerza la concepción fundamental trazada por el profesor Roberto Rengifo en Noticias y comentarios arqueológicos –primera parte de El Secreto de la América Aborigen (1919)– sobre la irradiación civilizadora de los primitivos chilis en el continente: (…) se esparcieron por el continente, marchando de sur a norte hasta México, y, progresando en lenguas y cultura con la distancia y los siglos.

Acamapichtli (1299-1395), primer huey tlatoani, rey de los mexica, quien afianzó la alianza entre Mexihco-Tenochtitlán y Azcapotzalco. Se trata de un aborigen blanco. Ilustración en el Codex Ramírez (1585).

Motecuçuma 2º deste nombre. Ultimo rey de los mexicanos. El último rey de los mexicas, vistiendo la túnica sacerdotal y portando un Xonecuilli. Es un hombre blanco y barbado. Ilustración en el Codex Ramírez (1585).


En consecuencia, campos como la concepción cronológica de la sucesión de los soles o grandes eras, símbolos como el emblema de Sol o tetraskélion y el Signo Escalonado, el conocimiento del Ajna Chakra o “Tercer Ojo” y el emblema de los dioses –el tocado cónico llamado Ocelocopilli–, conforman un claro testimonio de una unidad originaria que abarca desde Tierra del Fuego a Mesoamérica y que antecede a toda noción historiográfica y cronología arqueológica, enraizándose en la tradición de los hombres-dioses y de su civilización prediluvial –es decir, anterior al último Tripalafquen o Diluvio, esto es, el impacto del “Cometa Clovis” en ±12.900– y cuyos vestigios corresponden a estos campos resguardados por sus descendientes y por ulteriores grupos culturales que preservaron el recuerdo de los Dioses Blancos, la raza civilizadora primordial.

Rafael Videla Eissmann

8 de Junio de 2021


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martes, 1 de junio de 2021

Ocelocopilli. Emblema de los dioses


Izquierda: Matán, uno de los hówen o “espíritus” (dioses) de la ceremonia mágica-iniciática Háin de los selk’nam de Tierra del Fuego (Fotografías de Martin Gusinde, 1923). Centro: Figura antropomórfica con casco cónico descubierta en el sur de Chile (Museo Chileno de Arte Precolombino). Derecha: Quetzalcóatl, dios particular de los chulula. Quetzalcóatl, la divinidad del pueblo chulula, en México, portando el Ocelocopilli, un escudo y un cuchillo curvo. (Ilustración en el Codex Ramírez, 1585).


Los tocados cónicos son un factor característico en la iconografía de los dioses precolombinos. Se trata, en la tradición mesoamericana, del Ocelocopilli, confeccionado en piel de tigre y adornado con piedras preciosas y que corresponde a un símbolo asociado a Venus, la Patria Celeste de los “Poderosos del Cielo”, los  kukulkanes-quetzalcóhuatles y que en Tierra del Fuego fueron conocidos como hówen, la raza astral que descendió del firmamento y generó las condiciones de vida en el planeta.

A lo largo y ancho del continente, es posible observar este singular emblema en las deidades civilizadoras como tocados o cascos cónicos, y que encubre en realidad la característica de los cráneos “alargados” que se encuentran en América –y por cierto, en el resto del globo–.

Con propiedad, se puede reconocer en esta insignia uno de los emblemas de los Dioses Blancos, los dioses extraterrestres de la tradición ancestral.

Ulteriormente, sus descendientes –los hijos de los ídolos de acuerdo al registro del conquistador Pedro Pizarro en la Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú (1571)– plasmarán este atributo en las distintas manifestaciones del arte precolombino, preservando así la clave del origen:

Allá se reunieron a esperar que amaneciera

y a observar la salida de la estrella que llega primero

delante del Sol, cuando este está a punto de amanecer.

“De allá venimos, pero nos hemos separado”,

decían entre sí.

(Popol Vuh. Tercera parte)

Rafael Videla Eissmann

23 de Mayo de 2021


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lunes, 24 de mayo de 2021

Los dioses del polo antártico


Izquierda: K’terrnen, el «Ser-de-Luz» de la tradición mágico-esotérica del Háin de los selk’nam de Tierra del Fuego, en el extremo austral de Chile (Fotografía de Martin Gusinde, 1923). Derecha: Representación huasteca-azteca del dios Quetzalcóatl como Señor de Venus (Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México).


A la luz de la trascendental concepción del profesor Roberto Rengifo trazada en Noticias y comentarios arqueológicos, la primera parte de El Secreto de la América Aborigen (1919), sobre la irradiación civilizadora de los primitivos chilis o chiliches en el continente –se esparcieron por el continente, marchando de sur a norte hasta México, y, progresando en lenguas y cultura con la distancia y los siglos– se comprende la notable similitud en las representaciones de los dioses –esto es, los “héroes culturales” en el lenguaje antropológico–, los difusores de las Ciencias Sagradas –como la astronomía, la agricultura, la metalurgia y el “arte del buen gobierno”–.

El profesor Rengifo ha escrito: Se me figuró que esta idea del Sol fecundo, caminando hacia el norte, a través de Sudamérica, atravesando el istmo [de Panamá], y llegando a México, había tomado aquí la forma de tetralogía, descomponiéndose en los cuatro elementos de las primeras filosofías, escritas después por los griegos: El Sol del Aire, el Sol del Agua, el de la Tierra o fecundidad también, y por último el Sol del Fuego.

Estos “soles” son una metáfora de la naturaleza creadora (“alquímica”) de la estirpe solar.

Es la marcha civilizadora de los deidades venusino-solares –los Hijos del Sol, del Antü-K’iin-Tonatiuhtéotl, Dios-Sol–, surgidos del Polo Sur, de la apertura antártica, el gran centro de la humanidad blanca y clara, antes de la última gran catástrofe –iniciada ±580.000 años atrás de acuerdo a la Cosmogonía Glacial (1913) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth–.

La iconografía prehispánica ha preservado –a pesar de la sistemática destrucción emprendida por los agentes de la religión monoteísta medioriental y su “Extirpación de las Idolatrías– las huellas de esta remota irradiación, como se observa por ejemplo en la similitud entre el dios-hówen K’terrnen de Tierra del Fuego –el Lu-che, u “Hombre” o “Ser de Luz” de los araucanos– y la representación escultórica huasteca-azteca de Quetzalcóatl (Quetzalcóhuatl)-Kukulkán como Señor de Venus –el “dios venido del cielo”–, portando el Ocelocopilli o tocado cónico, símbolo precisamente de Venus, Gran Estrella o Icoquih, Yephun-Oiehuen, la Patria Astral de los ancestros.

Rafael Videla Eissmann

23 de Mayo de 2021


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viernes, 14 de mayo de 2021

La tradición de los cinco soles en el kultrún y el Ollin Tonatiuhtlan


Analogía fundamental. El kultrún o tambor sagrado de los machis y el Ollin Tonatiuhtlan o “Sol de Movimiento” (Colección del Aula de Arte Nuestros Pueblos Originarios de la Universidad Católica de Chile / Fotografía de Rafael Videla Eissmann, 2018 y Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México, respectivamente).


La premisa fundamental trazada por el profesor Roberto Rengifo en El Secreto de la América Aborigen, Noticias y comentarios arqueológicos (1919) en torno a la irradiación de la primitiva civilización andina desde Chile al resto del continente –fue el centro u origen de las primeras civilizaciones que se esparcieron por el continente, marchando de sur a norte hasta México, y, progresando en lenguas y cultura con la distancia y los siglos. Se ve que la lengua se formó completamente en Chiloé y Llanquihue entre los huilliches (Cañas Pinochet), y que así como el salvajismo aumenta hasta el Cabo de Hornos, la cultura se ve, a pasos, alcanzar de sur a norte el grado que manifiestan las ideas escritas en el Chalinga. Natural es que de aquí siguiera la misma dirección y progreso hasta el Titicaca y, desde ahí para adelante se estancara en la zona tropical, excepto en las alturas andinas, y tomara nuevo vigor en el mar Caribe, arribara a Yucatán y siguiera más allá de México– se corrobora en Mesoamérica por medio de diversos campos como el culto al Ajna Chakra o “Tercer Ojo”, las construcciones piramidales y el culto ancestral a los Dioses Blancos –los viracochas y kukulkanes-quetzalcoatles, respectivamente–. En este sentido, un campo esencial de esta irradiación se observa en el sistema de medición del tiempo.

Y más apropiadamente, en una analogía fundamental: El kultrún o tambor ceremonial de los machis o shamanes araucanos, en su perspectiva horizontal es un registro del tiempo, encontrándose dividido en cuatro grandes segmentos –Meli Wintran Mapu– en los cuales es posible apreciar cuatro tetraskeliones o “soles en movimiento” que equivalen a las cuatro edades o cuatro “soles”. 

Quinturay Raypán ha expresado que los tetraskeliones en el kultrún, corresponden a los cuatro soles, porque se han visto cuatro soles. Y que el espacio central del kultrún es el Quinto Sol o época o tiempo actual (Colección del Aula de Arte Nuestros Pueblos Originarios de la Universidad Católica de Chile / Fotografía de Rafael Videla Eissmann, 2018).

En tanto, el Ollin Tonatiuhtlan –es decir, “Tonatiuhtlan de Ollin” o “Sol de Movimiento”– o Piedra de los Soles, conocida erróneamente como calendario azteca, es una representación de las creaciones y destrucciones del mundo.

Así, se puede apreciar en su centro, en el primer círculo, el rostro de Tonatiuh como Nahui Ollin –“Movimiento”– o Quinto Sol. En el segundo círculo aparecen en los cuadrángulos, los cuatro soles o edades anteriores, ya destruidos: Nahui Ehecatl, Nahui Ocelotl, Nahui Atl y Nahui Quihitl. Su lectura comienza en el cuadrángulo superior de la derecha; luego arriba a la izquierda; abajo izquierda y por último, abajo a la derecha. Es decir, presenta un sentido levógiro o contrario a las manecillas del reloj. El tercer círculo contiene los glifos de los días; el cuarto círculo, con piedras preciosas como chalchíhuitl y xíhuitl –jades y esmeraldas–; el quinto círculo describe los rayos solares; y el sexto y último círculo posee dos Serpientes de Fuego o Xiuhcoatl, frente a frente, completando el círculo como símbolo de totalidad –¿un símil de la lucha entre ThrengThreng, la serpiente de las montañas y KaiKai, la serpiente de las aguas del Mythos diluvial de los antiguos araucanos?–.

Por cierto, estas antiquísimas relaciones entre la América del Sur y Mesoamérica fueron observadas por el arqueólogo Arthur Posnansky en Conexiones prehistóricas México-centroamericanas con la antigua Metrópolis de los Andes, estudio presentado en el VII Congreso Científico Panamericano (1932) y en el capítulo IV, Puntos de contacto lingüístico y dogmático en la América Prehispánica de su obra El pasado prehistórico del Gran Perú (1940) .

Las huellas de la cultura de los chili-viracochas y sus proyecciones –las primeras civilizaciones que se esparcieron por el continente, marchando de sur a norte hasta México, y, progresando en lenguas y cultura con la distancia y los siglos–, se descubren en las relaciones míticas y en numerosos campos arqueológicos como se observa en la tradición hierática de los cinco soles –el kultrún y el Ollin Tonatiuhtlan–.

Rafael Videla Eissmann
13 de Mayo de 2021


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martes, 20 de abril de 2021

La tradición del Ajna Chakra: Patagonia-Mesoamérica


El símbolo del Tercer Ojo. Izquierda: Cráneo del hijo del cacique de Liempichum, y sobrino del cacique Sacamata, en un grabado en la obra de René Verneau, Les anciens Patagons. Contribution a l’étude des races précolombiennes de l’Amérique du Sud (1903). Derecha: Cráneo maya con incrustaciones de jade ([los chiles] se esparcieron por el continente, marchando de sur a norte hasta México, y, progresando en lenguas y cultura con la distancia y los siglos – Roberto Rengifo). 


En la primera parte de El Secreto de la América Aborigen, Noticias y comentarios arqueológicos, trabajo publicado en Santiago de Chile en 1919, el profesor Roberto Rengifo consignó la existencia de la primigenia civilización andina, estableciendo que al ser conocida y respetada, le venía principalmente por haber sido el centro u origen de las primeras civilizaciones que se esparcieron por el continente, marchando de sur a norte hasta México, y, progresando en lenguas y cultura con la distancia y los siglos. Se ve que la lengua  se formó completamente en Chiloé y Llanquihue entre los huilliches (Cañas Pinochet), y que así como el salvajismo aumenta hasta el Cabo de Hornos, la cultura se ve, a pasos, alcanzar de sur a norte el grado que manifiestan las ideas escritas en el Chalinga. Natural es que de aquí siguiera la misma dirección y progreso hasta el Titicaca y, desde ahí para adelante se estancara en la zona tropical, excepto en las alturas andinas, y tomara nuevo vigor en el mar Caribe, arribara a Yucatán y siguiera más allá de México.

El arte de navegar es innegable en esta región y también lo es y lo fue en la de Chiloé, facilitado en gran parte por la corriente de Humboldt en su avance de sur a norte. De este modo la misma emigración chilena, puede haber alcanzado en los más primitivos tiempos, las dos costas de Norteamérica y haberla poblado (Rengifo, R. El Secreto de la América Aborigen. I. Noticias y comentarios arqueológicos. Página 31).

Esta fundamental concepción basada en la tradición aborigen y en los vestigios arqueológicos estudiados por el profesor Rengifo, se corrobora por medio de la toponimia, de los ancestrales símbolos sagrados –como la estrella de Venus, el tetraskélion y el “signo escalonado”– y las construcciones megalítico-astronómicas. Junto a estos campos, un elemento significativo se observa en la “marca” de la epífisis cerebral o Glándula Pineal –el Ajna Chakra– en los cráneos dolicocéfalos de patagones y de mayas.

Son los resabios de la corriente civilizadora y mágico-espiritual de los chili-viracochas. De los Dioses Blancos de la América preindígena.

Rafael Videla Eissmann

20 de Abril de 2021

Bibliografía

Rengifo, Roberto

El Secreto de la América Aborigen. I. Noticias y comentarios arqueológicos. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1919.

_ El Secreto de la América Aborigen. II. Estractos de Actas de la Sociedad Científica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1920.

_ El Secreto de la América Aborigen. III. Los chiles. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1920.

_ Arte gráfico y poético de los primitivos y los chiles. Impreso en los Talleres de la Empresa Zig-Zag. Santiago de Chile [1920].

_ El Secreto de la América Aborigen. IV. Extractos de Actas de la Sociedad Científica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1921.

_ El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1935.


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domingo, 11 de abril de 2021

La antiquísima civilización andina fundadora de Uruk


El culto ancestral arya del Sol. Izquierda: Kunduru o estela con la representación del rey babilónico Meli-Shipak II presentando a su hija a la deidad anunna Ḫunnubat-Nanaya –lo anunna son deidades del Mundo Subterráneo– y a los astros regidores, Venus, la Luna y el Sol (Musée du Louvre).  Derecha: Ilustración de Felipe Guamán Poma de Ayala en su obra El Primer Nueva Corónica del Buen Gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala (1583-1615) con la representación del culto de los hermanos Ayar –los Hijos del Sol– a las deidades del Mundo Subterráneo emergidas de la montaña Uana Cauri, Tanbo Toco, o los agujeros del tampu, y Pacari Tanbo. De manera significativa, el ordenamiento espacial del culto a los astros es inverso al de Sumeria: El Sol, la Luna y Venus.


Contra toda premisa de la historiografía oficial, El profesor Roberto Rengifo escribió en El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica (1935) que si los primeros humanos vivían en las regiones antárticas y de ellos nos viene la tradición más antigua, es obligatorio que alrededor de ellas haya sucedido la catástrofe, y, por consiguiente, en la región austral de América. Quizás fue el hundimiento de las tierras que rodeaban al Polo Sur y en donde, por lo que he venido diciendo, debió haber principiado a existir la humanidad. Sólo se salvaron unos pocos primitivos en los tres continentes que avanzan sus extremidades hacia el sur (Rengifo, R. El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Página 7 ~ Los destacados son nuestros).

A continuación, Rengifo asentó que cuando hubo un exceso de población en el archipiélago antártico, que por entonces decenas de miles de años atrás, era el gran centro de la humanidad blanca y clara, los primeros que emigraron por las costas de América, en sus barcas, hacia el norte, tuvieron la preferencia para elegir clima y formas topográficas semejantes a las que habían abandonado obligadamente, y se establecieron en los archipiélagos polares del norte (Rengifo, R. El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Página 8 ~ Los destacados son nuestros).

¿A qué fecha correspondería esta catástrofe aducida por Rengifo? Nos inclinamos a pensar que más bien se trataría de la Gran Catástrofe que se inició en torno a 580.000 años atrás con motivo de la asimilación y desintegración de la Luna Terciaria (Tertiär-Mond). Este magno proceso cósmico-planetario duró hasta ±200.000-100.000 años atrás de acuerdo a la Cosmogonía Glacial de Hans Hörbiger y Phillip Fauth y que diversas culturas y civilizaciones resguardaron por medio de mitos y leyendas que evidencian el incuestionable hecho que hubo observadores y supervivientes del magno fenómeno y cuyos descendientes sentaron las bases de las remotas civilizaciones conocidas.

El símbolo sagrado del Sol. Izquierda: Ilustración del esquema espacial trazado sobre el kultrún o tambor ceremonial lituche-araucano del sur de Chile. El símbolo del venerado tetraskélion corresponde a las cuatro grandes eras o soles. Derecha: Una vasija de Cimarra hallada en Hassua, Sumeria –al unir los trazos de la figura central se conforma el tetraskélion de sentido dextrógiro– (Alrededor del V milenio a. C.).


Fue el verdadero Crepúsculo de los Dioses –los æsir o asen–, el Götterdämmerung, el “Destino Final” de los hombres-dioses.

El hundimiento del continente polar, la Hiperbórea del Polo Sur.

Es el inicio de la migración de los Caminantes de la Aurora.

La visión de Rengifo ciertamente se entronca con los fundamentales estudios de Francisco P. Moreno, Emeterio Villamil de Rada y Edmund Kiss –aun cuando cada uno varía el rango cronológico, las causas y rutas migratorias–, aduciendo movimientos migratorios desde América-Huitramannaland hacia Europa y Asia: La última migración importante partió de TalTal en la costa norte de Chile, hace 9000 años, fueron los uros que, por estar ya todas las demás costas y países poblados, buscando uno inhabitado llegaron al fondo del Golfo Pérsico y fundaron la ciudad de Uruk, llevando allá la cerámica y los metales; ciudad que fue el germen de las civilizaciones arias o indo-europeas con la cual comienza la Proto-Historia, siendo todo lo anterior, Pre-Historia y siendo Historia sólo los 2500 años últimos, desde que se descubrió la escritura alfabética (Rengifo, R. El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Página 11).

Rafael Videla Eissmann

10 de Abril de 2021


Bibliografía

Rengifo, Roberto

El Secreto de la América Aborigen. I. Noticias y comentarios arqueológicos. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1919.

_ El Secreto de la América Aborigen. II. Estractos de Actas de la Sociedad Científica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1920.

_ El Secreto de la América Aborigen. III. Los chiles. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1920.

_ Arte gráfico y poético de los primitivos y los chiles. Impreso en los Talleres de la Empresa Zig-Zag. Santiago de Chile [1920].

_ El Secreto de la América Aborigen. IV. Extractos de Actas de la Sociedad Científica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1921.

_ El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1935.

_ El Secreto de la América Aborigen. Edición desarrollada por Rafael Videla Eissmann. Distribución privada. Santiago de Chile, 2001.

_ Los chilingas. Comentarios de Roberto Rengifo. Edición desarrollada por Rafael Videla Eissmann. Ediciones Riapantú. Santiago de Chile, 2006.

_ El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica y el origen polar antártico del hombre (1935). Prólogo, notas y edición de Rafael Videla Eissmann. Ediciones Tierra Polar. Santiago de Chile, 2007.

_ El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. El origen polar antártico del hombre (1935). Edición y prólogo de Rafael Videla Eissmann. Edición limitada y numerada. Ediciones Tierra Polar. Santiago de Chile, 2015.


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