domingo, 18 de enero de 2015

Nuevas evidencias de la presencia de vikingos en América antes de la empresa de Cristóbal Colón



Un equipo de arqueólogos ha encontrado restos de esta civilización en la zona ártica de Canadá.

Nuevamente, la ciencia ha encontrado evidencias de que América fue «descubierta» por los vikingos, y no por el marino genovés Cristóbal Colón. Así lo afirman, al menos, varios arqueólogos de la Universidad Estatal de Michigan, los cuáles han encontrado restos de varios artefactos en el sur de la isla de Buffin (ubicada en la parte ártica de Canadá).

Según publica la revista Sci News, el hallazgo se ha realizado en una excavación abierta desde 1960. Más de 50 años después, los investigadores acaban de descubrir lo que –según afirman– es un crisol para fundir bronce. A falta de pruebas previas, este artefacto podría estar fechado entre los siglos VIII y XIV lo que corroboraría nuevamente que este pueblo llegó antes que Colón a tierras americanas.

A pesar de que se han encontrado varios objetos, el que más destaca es este pequeño recipiente de piedra (una vasija) que contiene en su interior pequeños fragmentos de bronce y esferas de vidrio. Esto hace suponer que podría haber sido utilizado para fundir armas u adornos por los vikingos, ya que los pueblos indígenas del norte de América no practicaban la metalurgia en aquellos años.

El artefacto descubierto en Canadá.


“El objeto cuenta con 48 mm de alto […]. Parece haber sido más o menos circular en su planta, con un diámetro de expansión de 35 mm en base y 48 mm en el borde. La base tiene un espesor de 15 mm, con paredes estrechas de 6 mm. El exterior tiene un acabado liso, pero las porciones del interior están marcadas por el rascado o raspado”, han destacado los investigadores.

En palabras de los expertos, lo que une este objeto con los vikingos es que esta civilización empleó este tipo de recipientes en Europa. “Se han recuperado crisoles de piedra similares en Oslo”, han señalado los investigadores. Con todo, también han hecho referencia a que puede ser una evidencia temprana de la aplicación de la metalurgia en América del Norte.

Fuente: ABC. 27 de Diciembre de 2014.

martes, 13 de enero de 2015

Confirman que los vikingos pisaron América en el siglo X


Los vestigios vikingos en L’Anse aux Meadows, en la isla de Terranova, en Canadá.



Descubrimiento histórico: Una exposición recrea en Washington la travesía de Leif Ericson.

En la isla canadiense de Terranova están las ruinas de un asentamiento vikingo, que data de aquella época.



L’Anse aux Meadows, en el extremo norte de la isla de Terranova, en Canadá, es el sitio que los arqueólogos coinciden en señalar como el primer y único asentamiento vikingo auténtico en América del Norte, establecido quinientos años antes de los viajes de Colón. Y las ruinas de ocho casas y talleres en ese sitio se convertirán este año en el eje de la conmemoración de la cultura vikinga.

“Este asentamiento por fin nos condujo a Vinland”, ha señalado Birgitta Linderoth Wallace, arqueóloga de Parks Canada que estudia el lugar desde hace años. Las excavaciones confirmaron que hay muchos elementos de verdad en las historias sobre los intrépidos aventureros de Noruega y Escandinavia que cruzaron el Atlántico Norte y saborearon las moras y uvas de América del Norte, su Vinland.

Es cierto que eran guerreros temibles y que asolaron las costas europeas y las islas británicas, entre los años 750 y 1050. Eran grandes armadores navales y su red comercial llegaba hasta Rusia, Roma y Bagdad. Su expansión hacia Occidente dio lugar al primer contacto entre el Viejo y el Nuevo Mundo.

Las nuevas interpretaciones sobre los vikingos y sus descendientes están ilustradas en la exposición Vikingos: La leyenda del Atlántico Norte, que se inauguró días atrás en el Museo Nacional de Historia Natural de Washington y se extenderá hasta Agosto. William W. Fitzhugh, principal curador de la muestra, declaró que como exploradores, los vikingos dieron los primeros pasos para “conectar a los pueblos en un único sistema global”.

A fines del siglo X, Leif Ericson y su grupo vikingo salieron de la colonia de Groenlandia en una embarcación alargada. Un navegante que había perdido el rumbo había visto tierra hacia el oeste. Y Ericson quería comprobar si el navegante decía la verdad. Entonces su comitiva se dirigió primero hacia el noroeste.

Atravesaron la bahía Baffin y llegaron a una costa rocosa que llamaron Helluland, actualmente la isla Baffin. Luego navegaron por la costa hacia el sur, y finalmente ingresaron a una bahía y esperaron que la marea alta los llevara a tierra. Hasta que en las verdes praderas de L’Anse aux Meadows, establecieron la cabeza de su Vinland.

Según Tamara Ricks, supervisora del Parque Histórico Nacional del lugar, esa zona fue empleada por grupos vikingos durante tres o cinco años para pasar el invierno, cazar, pescar y reparar sus naves. Para los expertos, Vinland estaba más al sur por la costa que rodea el golfo de Saint Lawrence, en Nueva Escocia y New Brunswick. En referencia a Vinland, Adam de Bremen escribió en el año 1070: “Ahí crecían uvas silvestres”. Los estudios climatológicos indican que nunca hubo uvas en Terranova, pero que probablemente las hubiera en Nueva Escocia.

Si quedaba alguna duda de que los vikingos viajaron a estas costas del sur, quedó eliminada cuando los arqueólogos encontraron en las ruinas del lugar cierto tipo de nuez procedente de nogales que abundan en New Brunswick. Helge Ingstad y su esposa arqueóloga Anne Stine Ingstad llegaron a esta pequeña aldea de pescadores en 1960. Y descubrieron los contornos de ocho casas, tres de las cuales se habrían usado como viviendas y tenían capacidad para unas treinta y cinco personas.

La construcción era del tipo de las casas de Islandia: Los techos, estructuras de madera que luego cubrían con hierba. Los análisis de radiocarbono demostraron que databan de entre 980 y 1020, la época de las expediciones de Ericson.

El trabajo de los Ingstad “demostró que los hombres del norte o vikingos llegaron a América quinientos años antes que Colón”, señaló Fitzhugh. En excavaciones posteriores, la arqueóloga Wallace descubrió nuevos objetos que confirmaron que se trataba de un emplazamiento vikingo. Frente a una de las casas se halló un alfiler de bronce de cabeza redonda, que los vikingos utilizaban para sujetarse las capas.

Entre los ochocientos objetos que encontraron los arqueólogos también hay lámparas de aceite, jabón, una aguja de hueso y clavos de hierro. Por lo que parece, algunas de las construcciones más pequeñas funcionaban como talleres de carpintería. El hallazgo de la nuez de un huso demostró que se hacían trabajos de tejido. Como los vikingos consideraban que ése era un trabajo femenino, se estima que en algunas de las expediciones deben de haber participado mujeres.

Es probable que la exploración vikinga de Vinland no se haya prolongado mucho más de diez años.

Una de las ventajas del campamento de L’Anse aux Meadows era que estaba a una prudente distancia de los indios americanos. En otros asentamientos, los vikingos tuvieron varios encuentros cruentos con los indios. Los vikingos luchaban con lanzas y hachas, una desventaja ante los indios, que utilizaban arcos y flechas y los superaban en número.

“Los conflictos internos y la hostilidad de los indios terminaron por obligarlos a irse”, concluyó Gisli Sigurdsson, profesor del Instituto Arni Magnusson de Islandia. “Llegamos a la Luna, pero todavía no establecimos bases ahí –dijo Wallace–. Lo mismo pasó con los nórdicos y la tierra en la que estuvieron los vikingos”.

Fuente: Clarín. Buenos Aires, 20 de Mayo de 2000.

domingo, 11 de enero de 2015

La Colina de los Misterios en New Hampshire: ¿Fueron los monolitos construidos por celtas?



Una variedad de características han alimentado la teoría de que los monolitos de América fueron construidos por los europeos en el 2000 a. C.

El estudio del origen de los megalitos en la bien llamada Colina de los Misterios (también conocidos como Monolitos de América) despiertan la curiosidad, pero no la satisfacen, a menos que uno satisfaga su entusiasmo sólo con el misterio de la confusión.

En un sitio de North Salem, en New Hampshire, Estados Unidos, hay monolitos de piedra y cámaras repartidas en 30 acres. Se dice que las piedras tienen alineaciones astronómicas complejas. Una losa de piedra de 4,5 toneladas parece ser el foco de este sitio que pudo haber servido de altar para sacrificios. Está esculpida con un canal para drenaje, posiblemente para que corra la sangre de alguna víctima.

Una variedad de características han alimentado la teoría de que los Monolitos de América fueron construidos por europeos en el 2000 a. C.; miles de años antes de la primera evidencia de colonización vikinga en América del Norte. Los arqueólogos están divididos. Algunos dicen carecer de evidencia para apoyar esta teoría y que el sitio pudo haber sido construido en tiempos relativamente recientes.

Muchos sitios similares se encuentran en el tramo de Maine hasta Connecticut, aunque ninguno es tan extenso como la Colina de los Misterios. He aquí un vistazo a las características del sitio y opiniones de diversos expertos.


¿Por qué pueden haber sido los celtas?

1. Los glifos parecen sugerir una lengua irlandesa arcaica, aunque todo desciframiento de glifos ha sido controversial.

2. Al parecer, por la alineación astronómica, los megalitos marcan el cruce de cuartos en días festivos. Estas fiestas son celebradas sólo por los celtas, de acuerdo con el astrónomo Alan Hill. Algunos han comparado los megalitos con monolitos.

3. “Resultados del carbono 14 coinciden con la fecha de una inmigración importante de los celtas”, según un libro de David Goudsward y Robert Stone titulado Monolitos de América: La historia de la Colina Misteriosa desde la Edad de Hielo a la Edad de Piedra. Stone compró el sitio en la década de 1950 y lo abrió al público para futuras investigaciones. Goudsward y Stone continúan: “Los celtas [gente de habla celta de la Península Ibérica] interactuaron con cartagineses, quienes, casi seguramente tuvieron la habilidad para cruzar el Atlántico. Sin embargo, no es la ornamentación sobre las piedras lo que podría sugerir que pertenecieron a los celtas”.


Razón por la que pudieron haber sido los nativos

1. Los arqueólogos han encontrado artefactos nativos americanos en instalaciones que tienen más de mil años de antigüedad.
2. El uso de herramientas de piedra sobre piedra muestra la mano de obra similar a la empleada por los nativos americanos.


¿Glifos de los celtas?

Un ejemplo de escritura oghámica.


El ogham es un tipo de escritura irlandesa utilizada en los siglos V y VI que de trazos rectos. Los glifos que pueden ser ogham se dice han sido encontrados en las rocas.

Karen Wright escribió un artículo para Discovery Magazine en 1998, después de visitar la Colina Misteriosa. Allí describió lo que sintió ser un dudoso desciframiento: “Varios autores [han hecho interpretaciones] refiriéndose al idioma ogham como si fuera el ruso”.

La interpretación más antigua es una traducción basada en ibérico/púnico, fue atribuido a tres surcos paralelos espaciados uniformemente con color óxido fundido: “Esto está dedicado en Baal a favor de los cananeos”, dice la traducción.

“Decidí que esto era un equivalente arqueológico a la escena de Lassie cuando el perro ladra una vez, y Jimmy entiende que la pierna de una niña de seis años llamada Sally estaba atrapada bajo un árbol de 30 m caído al norte de las cataratas en Coldwater Creek, cerca de la vieja mina y ah!, a propósito, también es diabética, así que traigan algo de insulina”.


Datación de carbono

En 1969, el arqueólogo James Whittall desenterró herramientas líticas en el lugar, junto a escamas de carbón que podrían contener carbono radioactivo. La radiación mostró que las herramientas eran de alrededor de 1000 a. C., según Goudsward y Stone.

Whittall recuperó el carbón de varios otros lugares del sitio y la radiación por carbono osciló entre 2000 a. C. y 400 a. C.


Datación empleando alineaciones astronómicas

Las alineaciones astrológicas coinciden. El astrónomo Dr. Louis Winkler, el científico más importante del sitio, encontró que las posiciones de algunas piedras se alinean en el lugar donde las estrellas y otros objetos celestes hubieran estado hace unos 2000 años. También ha realizado estudios de radiocarbono y dataciones con teodolito láser, para apoyar su origen en la Edad de Bronce (2000 a. C. a 1500 a. C.).

El antropólogo Bob Goodby de la Sociedad Arqueológica de New Hampshire (NHAS) dijo que las alineaciones son “coincidencias”.

“Con tanta piedra alrededor, no sería muy difícil encontrar algunas alineaciones que correspondan a objetos celestiales: Goodby dijo a Bridge, una publicación de la Universidad de Boston. Esta no es la única “coincidencia” citada por los críticos en teoría de origen europeo antiguo, ni la única citada como demasiado “coincidente” por partidarios de la teoría.

Por ejemplo, el crítico Richard Boisvert, arqueólogo delegado del Estado de New Hampshire, admitió que las estructuras se asemejan a los antiguos megalíticos europeos, y que se trata de una coincidencia. Él expresó a Discovery que se trata de un caso similar de forma ajustada con la misma función.

El profesor de Astronomía del Instituto Técnico Alan Hill de New Hampshire, no ve las alineaciones astronómicas como coincidencia. Él dijo a New York Times que los megalitos marcan el cruce en cuartos de días, la mitad entre los solsticios y equinoccios.

Los celtas son los únicos que celebran fiestas en cuartos cruzados, dijo él. Hill rechazó la teoría de que las estructuras son sótanos construidos en los últimos siglos, en parte porque las puertas no son lo suficientemente anchas como para que puedan pasar carretillas.

David Brody, un abogado y novelista de obras de misterio, dijo al Times que hay demasiadas piedras similares que desconciertan y muchas estructuras en la región para tomarlas como coincidencia.

Los vestigios de la Colina de los Misterios.


Herramientas de piedra sobre piedra sugieren ser de constructores primitivos

Los constructores aparentemente usaron herramientas de piedra y no metálicas. El jefe de Boisvert, el arqueólogo del Estado de New Hampshire, Gary Hume, dijo a Discovery, que la mano de obra de piedra sobre piedra es similar a la de los nativos americanos.

Él se mostró reacio a decir que los megalitos podrían tener 4000 años de antigüedad, dejando abierta la posibilidad. Él dijo que no iba a cuestionar a “los dos inspectores de renombre que habían garantizado las alineaciones”, escribió Wright.

Los nativos y los celtas no son los únicos grupos que han sido señalados como potenciales constructores por los arqueólogos.

Algunos dicen que pueden haber sido los fenicios, habitantes de un antiguo reino del Mediterráneo. Los monolitos están alineados con la posición de la estrella polar Thuban durante la época fenicia, según Wright.

Jonathan Pattee, un zapatero y su familia vivieron en el lugar durante gran parte del siglo XIX, y muchos dicen que él y sus familiares construyeron las estructuras. Dennis Stone, hijo de Robert Stone quien también es actualmente propietario y operador del lugar, dijo a Discovery que algunas de las estructuras probablemente fueron construidas por Pattee, pero ciertamente no todas.

Otros también han dicho que las complejidades y alineación de la construcción probablemente no fueron realizadas por la familia Pattee, y la familia hubiera utilizado herramientas de metal, no de piedra.

Goodby y otros críticos hablan de la teoría del origen diciendo que los arqueólogos habrían encontrado vestigios de individuos que vivieron en o en las cercanías del sitio, como cementerios. Goodby dijo que la Piedra de Sacrificios realmente era un lugar para hacer jabón de los habitantes de la historia más reciente. Cualesquiera que sean las teorías, como Goudsward y Stone escriben: “Se ha producido tanto daño en los últimos cuatro milenios que no importa quién crea Usted que construyó el lugar; hay evidencia física suficiente como para justificar una investigación a lo largo de esa línea. Esto ha producido una gama de teorías tan amplias y expansivas como los cielos que pueden o no ser trazados por los antiguos monolitos”.

 Tara MacIsaac
Epoch Times.
15 de Mayo de 2014

jueves, 1 de enero de 2015

El Saludo al Sol


 Ilustración de Apolo en el Carro Solar, estampado en una vasija helena.


Desde la más remota antigüedad, las culturas y civilizaciones solares de América, Asia y Europa, desarrollaron sociedades de carácter guerrero con un sentido trascendental de la existencia. Diversas son las manifestaciones culturales que permiten constatar su origen en una fuente común.

Así, en términos ideográficos se comprueban las similitudes de los símbolos rúnicos y runoides y del símbolo sagrado del Sol: Es la cruz gamada, Hakenkreuz, Ugunskrust, la swastika o la “Cruz de Nuestros Ancestros”. A su vez, en el campo arquitectónico, por ejemplo, destacan los monumentos megalítico-astronómicos tales como menhires, dólmenes y crónlechs, las estructuras piramidales y la tradición funeraria de los túmulos (los Grab hügelgräber, mounds y kuel).

Las similitudes desde la perspectiva antropológica son múltiples y son calificadas de manera general por la historiografía ortodoxa como meras coincidencias sin profundizar, lógicamente, las raíces comunes de estas culturas y civilizaciones.
 Relieve escultórico de Amaravati, en Guntur, Andhra Pradesh, India,
del I siglo a. C. (Musée Guimet).


Una de estas semejanzas se descubre en el saludo al Sol, el que consiste en el brazo derecho alzado con la mano extendida. Así se constata en la representación del dios Apolo –nótese el símbolo de la cruz gamata sobre el pecho–, o bien, en el significativa representación escultórica que sería del rey maurya Ashoka (304-232 a. C.) de India; o bien, en ejemplos contempéranos del saludo solar de los sioux de América del Norte que fueron registrados por el fotógrafo Edward S. Curtis a comienzos del siglo XX.

Rafael Videla Eissmann
1º de Enero de 2015


El Danzante del Sol (Sioux. Fotografía de Edward S. Curtis, 1907).

 Invocación (Sioux. Fotografía de Edward S. Curtis, 1907).



 * (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

viernes, 12 de diciembre de 2014

Gudrid Thorbjarnardottir y Snorri, el niño vikingo de América


Estatua deGudrid Thorbjarnardottir y su hijo realizada por Ásmundur Sveinsson
en Laugarbrekka, Islanudia.


La islandesa Gudrid Thorbjarnardottir exploró América casi quinientos años antes que Cristóbal Colón, alumbró al primer bebé europeo del nuevo continente, peregrinó a Roma y se hizo monja.

Una sombra se proyectó desde la puerta y una mujer entró. Llevaba una túnica negra y ceñida; era más bien baja y tenía una cinta en su cabello castaño (...). Caminó hacia Gudrid y dijo:

– ¿Cómo te llamas?

– Me llamo Gudrid, ¿y tú?

– Me llamó Gudrid–, contestó la mujer.


La conversación tuvo lugar en Norteamérica en los albores del siglo XI, casi quinientos años de que Cristóbal Colón llegara al mar Caribe. La protagonizaron la islandesa Gudrid Thorbjarnardottir y una india algonquina. El bebé de Gudrid, llamado Snorri, el primer niño europeo nacido en América, estaba en la cuna. El contacto tuvo lugar probablemente en la isla canadiense de Terranova, en un asentamiento vikingo situado no muy lejos del que había construido antes Leiv Erikson, el hijo de Erik el Rojo y primer escandinavo que colonizó Norteamérica.

El hecho se menciona en la Saga de los Groenlandeses, uno de los relatos legendarios de Islandia. Otra narración, la Saga de Eric, describe a Gudrid como una mujer de belleza sorprendente. Tenía un antepasado irlandés, el esclavo Vifil, que le transmitió el cristianismo de raíz céltica. Fue comerciante, madre y monja. Antes de irse a vivir a una iglesia había peregrinado a Roma, donde es posible que contara sus aventuras. A esa conclusión llegó el escritor islandés Halldor Laxness, premio Nobel de Literatura en 1955.

Gudrid tuvo una vida azarosa y sorprendente para la época en que vivió. La Saga de los Groenlandeses cuenta que Leiv Erikson la rescató en el mar a la vuelta de su expedición a América en el año 1000. Ella formaba parte de un grupo de quince náufragos que habían encallado con su barco en la costa norteamericana. Era la esposa del capitán.

Leiv Erikson los condujo a todos a Groenlandia, donde Erik el Rojo se había establecido con su comunidad. Gudrid enviudó y volvió a casarse con otro hijo de Erik, Thorsteinn, que también murió. Convertida en una mujer rica e influyente, tuvo una aventura sentimental que no cuajó y se casó por tercera vez con el mercader noruego Thorfinn Karlsefni. A instancias de ella, ambos decidieron viajar al poblado que Leiv Erikson había fundado en Terranova y buscaron sus propias tierras. La expedición estaba formada por colonos de Groenlandia, esclavos irlandeses y ganado. Durante tres inviernos se dedicaron al trueque con los indios (cambiaron paños por cuero y pieles). Allí Gudrid dio a luz a Snorri y conoció a la enigmática nativa.

Los arqueólogos han creído encontrar la aldea de Leiv Erikson en L’Anse aux Meadows (L’Anse-aux-Meduses o Ensenada de las Medusas), al norte de Terranova. En 1960 hallaron en aquel lugar un asentamiento vikingo que data de entre los años 1000 y 1020. Pudo albergar a unas noventa personas y se componía de tres viviendas, una herrería, un aserradero para barcos y tres almacenes. El territorio hipotéticamente explorado por Leiv y los navegantes escandinavos posteriores se extendía desde la isla de Baffin y la península de Labrador, al norte del actual Canadá, hasta Terranova e incluso el actual Estado de Maine.

Leiv Erikson llamó Vinland («tierra de las vides») a la región situada más al sur (no se sabe exactamente cuál era). El motivo fue que uno de sus hombres encontró en ella una baya y debió de confundirla con un grano uva. Pero en el año 1000 no crecían viñas al norte de Maine.

Al llegar a Terranova, Gudrid y Karlsefni permanecieron unos meses en el poblado de Leiv y luego fundaron el suyo. Las crónicas dicen que la mujer india que contempló a Gudrid y a su hijo Snorri fue una «aparición»; pero Jonathan Clements, autor de Breve historia de los vikingos (2008), cree que el encuentro no tuvo nada de especial. Sólo podía tratarse de «una inquisitiva muchacha india que repitió las primeras frases en nórdico que había escuchado».

Aquel día ocurrieron más cosas en la comunidad vikinga. Fuera de la estancia donde se encontraron las mujeres, los colonos luchaban contra unos nativos porque les habían robado una espada. El ladrón murió y sus compañeros huyeron. Jonathan Clements sugiere que la indígena de la historia también intentaba robar algo a Gudrid aprovechando el desconcierto general.

Las hostilidades eran frecuentes. Los indios, a quienes los vikingos llamaban skraelings, una expresión que podría traducirse como «miserables» o «salvajes», reaparecieron en el poblado y fueron derrotados. Pero los colonos se hartaron del hostigamiento, sin olvidar que entre ellos apenas había cinco mujeres, de modo que regresaron a Groenlandia cargados de pieles y madera. Hubo al menos otro intento de colonización en Terranova, pero también fracasó.

Cuando Karlsefni y Gudrid regresaron de América, Snorri había cumplido tres años. La familia se estableció en una granja que el padre tenía en Islandia. A la muerte de éste, la viuda y el hijo cogieron las riendas. Más tarde, Snorri se casó y la madre abandonó el país; se fue al sur, lo que en el lenguaje de las sagas se interpreta como una peregrinación a Roma. Mientras estaba fuera, Snorri construyó una iglesia en sus propiedades. A su regreso, Gudrid se quedó a vivir en ella como monja.

Cuatro obispos islandeses se encuentran entre sus descendientes, subraya Jenny Jochens, autora de una escueta biografía de Gudrid incluida en el libro Hombres y mujeres de la Edad Media (2013), coordinado por el historiador Jacques Le Goff (recientemente fallecido). Jochens se detiene en ese hecho bastante extraordinario para destacar la importancia de Gudrid, que es una heroína en Islandia.

Pero la autora encuentra otra razón para detenerse en el personaje: Es plausible que Gudrid relatara sus viajes por Norteamérica cuando visitó Roma. Si ello ocurrió, pudo ser la primera en divulgar fuera de Escandinavia la existencia de un “continente nuevo”. No es descabellado pensar que los clérigos medievales propagaran la noticia y la cotejasen con otras narraciones.

La primera mención que se conoce de Vinland es muy anterior a las sagas islandesas, escritas en los siglos XIII y XIV. Data aproximadamente de 1070 y corresponde al canónigo sajón Adán de Bremen, que se apoya en la información de un rey de Dinamarca, Svend II Estridson, para escribir: Muchos de sus hombres habían descubierto en este océano otra isla, llamada Vinland, porque la vid se daba allí espontáneamente. Noticia que debemos a un testimonio digno de fe de los daneses.

El religioso islandés Ari el Sabio, de la misma época que Adán de Bremen, menciona a los indios de Vinlandia. Y los Anales islandeses hablan en 1121 de un obispo llamado Erik que partió hacia aquellas tierras. La misma fuente relata la arribada a Islandia en 1347 de un barco que había zarpado originalmente hacia la costa americana y fue arrastrado por una tempestad. Al recopilar estas informaciones, en un capítulo de la Historia universal de las exploraciones (1967), el historiador Michel Mollat no puede resistir la tentación de evocar al rey galo Madoc: Según la leyenda, marchó en 1170 al lejano oeste y que, dos viajes, habría fundado una colonia de varios centenares de hombres, pero no habría jamás regresado.

Pero Gudrid Thorbjarnardottir sí volvió y se fue a vivir a la iglesia que le construyó su hijo. Tuvo todo el tiempo que para entretener a su familia y a sus visitantes con la historia de su vida, especula Jenny Jochens. ¿Quién más sino Gudrid habría podido transmitir tan bien esas historias?

Javier Muñoz
Diario El Correo.
Vizcaya, 6 de Abril de 2014.

viernes, 5 de diciembre de 2014

¿Fue Quetzalcóatl un guerrero vikingo? No; fue un dios blanco de América


Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada (Códice Telleriano).


El artículo anterior, que aborda la visión de Lucie Dufresne en su libro Quetzalcóatl. El hombre huracán (2008), el cual estipula el origen nórdico de la Serpiente Emplumada, aun cuando contribuye a ampliar la visión general de la dogmatizada historiografía de la América prehispánica, hace eco del eurocentrismo característico del siglo XX y que encuentra en figuras como el profesor Jacques de Mahieu, uno de sus máximos promotores.

De Mahieu ha sostenido en diversos trabajos –La lucha mortal de los Dioses Solares. Los vikingos en Paraguay (1973), La agonía del Dios Sol. Los vikingos en la América del Sur (1974), El gran viaje del Dios Sol. Los vikingos en México y Perú (1975), La Piedra Sagrada del Dios Sol. Los vikingos en Brasil (1975), Los sabios de Ippir. Los vikingos en Amambay (1978) y El imperio vikingo de Tiahuanaco (1981)– que civilizaciones americanas como la tiahuanacota y la azteca fueron impulsadas por la presencia de vikingos y otros pueblos nórdicos. Lamentablemente, De Mahieu desconoció el hecho que estas civilizaciones –como otras del continente, por cierto– remontan sus orígenes a la época prediluvial, es decir, anterior a 13.000 años y que la cronología de estos pueblos antecede ampliamente el desarrollo cultural de los pueblos nórdicos. Por otra parte, si los vikingos fueron los impulsores de estas civilizaciones, ¿cómo es posible que no existan construcciones piramidales en Escandinavia, ni registros cronológicos como el de la Puerta del Sol de Tiahuanaco o los de la Piedra del Sol de los aztecas –que da cuenta de la creación y destrucción de cinco soles/eras, tal como lo ha postulado Hörbiger en la Cosmogonía Glacial?

Es un hecho que el así denominado “Descubrimiento” de 1492 es una absurda invención hispanista, cimentada en su trasfondo judeo-cristiano y las justificaciones político-económicas para el saqueamiento de las riquezas y la destrucción sistematizada de las huellas de los hombres-dioses aborígenes, es decir, de los Dioses Blancos, por parte de los celosos monjes de la fe monoteísta.

El continente americano tuvo desde la más remota antigüedad contactos transoceánicos –en el Pacífico como en el Atlántico–. Esto se sabía pero la historiografía moderna lo ha tergiversado. A modo de ejemplo: Fray Gregorio García en su obra El origen de los indios del Nuevo Mundo e Indias Occidentales (1607), explicaba que América ha sido poblada en tiempos diferentes, por diversas naciones o tribus, llegadas unas por el oriente y otras por el occidente; en tanto, Georg Horn en su tratado De Originibus Americanis (1652) sostenía una idea similar al expresar que el continente había sido poblado sucesivamente por los fenicios, los cántabros y otros pueblos de Occidente, y más tarde por los chinos, los hunos y otros pueblos de Oriente.

Es imposible, entonces, hablar de “Descubrimiento”, sea este atribuido a los hispanos o a los nórdicos.

La atribución del origen nórdico de los Dioses Blancos se basa en la creencia que el continente americano ha sido única y exclusivamente habitado por el indígena, es decir, por aquellos grupos de características braquicéfalas que hicieron irrupción en América desde distintas regiones de Asia y que constituyeron el elemento numéricamente predominante hacia 1492. Antes que ellos, el continente fue habitado por el elemento dolicocéfalo o dolicoide, es decir, por los descendientes de los Dioses Blancos, cuyos últimos retoños fueron descritos por diversos cronistas y observadores europeos como indios blancos.

Las tradiciones de los viracochas y kukulkanes fueron registradas, al menos parcialmente, en las crónicas y en algunos trabajos etnohistóricos. Son los hombres-dioses Tromé, Viracocha, Bochica, Tunupa, Parr y Quetzalcóatl, entre otros.

Las características dolicocéfalas de los paleoamericanos comprueban, en definitiva, que antes de los indígenas hubo otro grupo en el continente, al que comúnmente se le denomina como paleoamericanos.

Es la raza primigenia. Los Dioses Blancos de la América Aborigen.

Rafael Videla Eissmann
1º de Diciembre de 2014


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Fue Quetzalcóatl un guerrero vikingo?



Lucie Dufresne estima que el dios prehispánico fue un vikingo que naufragó en las costas mexicanas en el año 1000. Su novela especula sobre la posibilidad de que el dios de la Serpiente Emplumada fue un vikingo.

Quetzalcóatl, divinidad de los antiguos mexicanos, primitivamente adorada por los toltecas, habría sido un vikingo alto y barbado que llegó por equivocación al Nuevo Mundo, mucho antes que los españoles, de acuerdo con la hipótesis de la escritora Lucie Dufresne, autora de la novela Quetzalcóatl. El hombre huracán.

La escritora canadiense explicó, que de acuerdo con su libro, editado por Grijalbo, el antiguo dios fue un hombre muy especial y carismático, que ante la adulación de los pobladores originarios, se embriagó de poder y debió ser expulsado de la ciudad de Tajín, en Veracruz.

Esta descripción de la deidad, señaló, “es una hipótesis, no hay ninguna certeza, pero es una posibilidad porque aparece Quetzalcóatl como un hombre diferente de barba roja, al mismo tiempo que los vikingos exploran la costa de América, y en las sagas cuentan que llegaron hasta islas que no tenían en los mapas, son las islas del Caribe, posiblemente”.

A partir de estas narraciones, Dufresne recrea la vida del sur de Mesoamérica en el año 1000, cuando después de haber pasado el invierno en una costa este del norte de América, una expedición vikinga lleva su exploración hacia el sur.

Atrapados en el ojo de un huracán, la expedición llega a un mundo desconocido, la tierra que hoy ocupa México, sin embargo, sólo dos hombres sobreviven al naufragio: Uno es Ari, hijo natural de Erik el Rojo, y un esclavo cristiano de nombre Melkolf.

La novela, primera en la producción de Dufresne, “trata de un choque cultural, de un navegante que vino del norte y se perdió, pero que llegó al Tajín, a un lugar que antes se llamaba Mictlán y entonces para sobrevivir tuvo que adaptarse a un sociedad muy distinta de la que provenía”, manifestó.

Este hombre, es Ari a quien los pobladores atribuyen un origen divino, por ser un sujeto “muy diferente, un ser europeo que cayó en la sociedad tolteca y cuya venida, dejó un impacto muy fuerte que lo recordaron durante siglos como un dios”.

Para escribir Quetzalcóatl. El hombre huracán, la autora realizó una ardua investigación, “sobre todo acerca de los sitios donde sucede la acción y también está documentada en los tipos de sociedad, los grupos que los formaban, sus creencias, sus formas de vivir”.

La experiencia de Dufresne (1951, Québec, Canadá) incluye el estudio de poblaciones rurales mayas, lo que la llevó a pasar períodos largos en Yucatán y Quintana Roo, además de trabajar muchos años con el campesinado venezolano.

En la novela, señaló, “Quetzalcóatl fue un dios, pero sabemos que los dioses fueron hombres, fue un rey que existió, que reinó sobre la ciudad de Tollán, no se sabe bien de dónde vino y a dónde fue, hay muchos mitos que son contradictorios”.

No obstante, lo que sí se sabe, a través de un dibujo que supuestamente existió y de acuerdo con crónicas antiguas, “es que era muy grande y que tenía una larga barba roja”.

Este hombre, enfatizó, “ha debido ser muy especial, que de ser tan especial se creyó casi un dios y entonces se le puso el mito de un dios que ya existía antes, en Teotihuacán después evolucionó porque se veía como un dios de la guerra y acá era más bien un dios de la creación, de la vegetación, de la vida”.

Seguramente, concluyó la autora, “ese rey tenía mucho carisma, era muy hábil y muy buen estratega, reinó por muchos años e hizo crecer mucho su ciudad, pero el poder lo embriagó y no supo guardar su capacidad de analizar, no lo mataron, pero lo sustituyeron y lo mandaron a emigrar y fundar una nueva Tollán en Chichén Itza”.

Fuente: EFE - Diario El Universal de México, 14 de Abril de 2008.