domingo, 11 de enero de 2015

La Colina de los Misterios en New Hampshire: ¿Fueron los monolitos construidos por celtas?



Una variedad de características han alimentado la teoría de que los monolitos de América fueron construidos por los europeos en el 2000 a. C.

El estudio del origen de los megalitos en la bien llamada Colina de los Misterios (también conocidos como Monolitos de América) despiertan la curiosidad, pero no la satisfacen, a menos que uno satisfaga su entusiasmo sólo con el misterio de la confusión.

En un sitio de North Salem, en New Hampshire, Estados Unidos, hay monolitos de piedra y cámaras repartidas en 30 acres. Se dice que las piedras tienen alineaciones astronómicas complejas. Una losa de piedra de 4,5 toneladas parece ser el foco de este sitio que pudo haber servido de altar para sacrificios. Está esculpida con un canal para drenaje, posiblemente para que corra la sangre de alguna víctima.

Una variedad de características han alimentado la teoría de que los Monolitos de América fueron construidos por europeos en el 2000 a. C.; miles de años antes de la primera evidencia de colonización vikinga en América del Norte. Los arqueólogos están divididos. Algunos dicen carecer de evidencia para apoyar esta teoría y que el sitio pudo haber sido construido en tiempos relativamente recientes.

Muchos sitios similares se encuentran en el tramo de Maine hasta Connecticut, aunque ninguno es tan extenso como la Colina de los Misterios. He aquí un vistazo a las características del sitio y opiniones de diversos expertos.


¿Por qué pueden haber sido los celtas?

1. Los glifos parecen sugerir una lengua irlandesa arcaica, aunque todo desciframiento de glifos ha sido controversial.

2. Al parecer, por la alineación astronómica, los megalitos marcan el cruce de cuartos en días festivos. Estas fiestas son celebradas sólo por los celtas, de acuerdo con el astrónomo Alan Hill. Algunos han comparado los megalitos con monolitos.

3. “Resultados del carbono 14 coinciden con la fecha de una inmigración importante de los celtas”, según un libro de David Goudsward y Robert Stone titulado Monolitos de América: La historia de la Colina Misteriosa desde la Edad de Hielo a la Edad de Piedra. Stone compró el sitio en la década de 1950 y lo abrió al público para futuras investigaciones. Goudsward y Stone continúan: “Los celtas [gente de habla celta de la Península Ibérica] interactuaron con cartagineses, quienes, casi seguramente tuvieron la habilidad para cruzar el Atlántico. Sin embargo, no es la ornamentación sobre las piedras lo que podría sugerir que pertenecieron a los celtas”.


Razón por la que pudieron haber sido los nativos

1. Los arqueólogos han encontrado artefactos nativos americanos en instalaciones que tienen más de mil años de antigüedad.
2. El uso de herramientas de piedra sobre piedra muestra la mano de obra similar a la empleada por los nativos americanos.


¿Glifos de los celtas?

Un ejemplo de escritura oghámica.


El ogham es un tipo de escritura irlandesa utilizada en los siglos V y VI que de trazos rectos. Los glifos que pueden ser ogham se dice han sido encontrados en las rocas.

Karen Wright escribió un artículo para Discovery Magazine en 1998, después de visitar la Colina Misteriosa. Allí describió lo que sintió ser un dudoso desciframiento: “Varios autores [han hecho interpretaciones] refiriéndose al idioma ogham como si fuera el ruso”.

La interpretación más antigua es una traducción basada en ibérico/púnico, fue atribuido a tres surcos paralelos espaciados uniformemente con color óxido fundido: “Esto está dedicado en Baal a favor de los cananeos”, dice la traducción.

“Decidí que esto era un equivalente arqueológico a la escena de Lassie cuando el perro ladra una vez, y Jimmy entiende que la pierna de una niña de seis años llamada Sally estaba atrapada bajo un árbol de 30 m caído al norte de las cataratas en Coldwater Creek, cerca de la vieja mina y ah!, a propósito, también es diabética, así que traigan algo de insulina”.


Datación de carbono

En 1969, el arqueólogo James Whittall desenterró herramientas líticas en el lugar, junto a escamas de carbón que podrían contener carbono radioactivo. La radiación mostró que las herramientas eran de alrededor de 1000 a. C., según Goudsward y Stone.

Whittall recuperó el carbón de varios otros lugares del sitio y la radiación por carbono osciló entre 2000 a. C. y 400 a. C.


Datación empleando alineaciones astronómicas

Las alineaciones astrológicas coinciden. El astrónomo Dr. Louis Winkler, el científico más importante del sitio, encontró que las posiciones de algunas piedras se alinean en el lugar donde las estrellas y otros objetos celestes hubieran estado hace unos 2000 años. También ha realizado estudios de radiocarbono y dataciones con teodolito láser, para apoyar su origen en la Edad de Bronce (2000 a. C. a 1500 a. C.).

El antropólogo Bob Goodby de la Sociedad Arqueológica de New Hampshire (NHAS) dijo que las alineaciones son “coincidencias”.

“Con tanta piedra alrededor, no sería muy difícil encontrar algunas alineaciones que correspondan a objetos celestiales: Goodby dijo a Bridge, una publicación de la Universidad de Boston. Esta no es la única “coincidencia” citada por los críticos en teoría de origen europeo antiguo, ni la única citada como demasiado “coincidente” por partidarios de la teoría.

Por ejemplo, el crítico Richard Boisvert, arqueólogo delegado del Estado de New Hampshire, admitió que las estructuras se asemejan a los antiguos megalíticos europeos, y que se trata de una coincidencia. Él expresó a Discovery que se trata de un caso similar de forma ajustada con la misma función.

El profesor de Astronomía del Instituto Técnico Alan Hill de New Hampshire, no ve las alineaciones astronómicas como coincidencia. Él dijo a New York Times que los megalitos marcan el cruce en cuartos de días, la mitad entre los solsticios y equinoccios.

Los celtas son los únicos que celebran fiestas en cuartos cruzados, dijo él. Hill rechazó la teoría de que las estructuras son sótanos construidos en los últimos siglos, en parte porque las puertas no son lo suficientemente anchas como para que puedan pasar carretillas.

David Brody, un abogado y novelista de obras de misterio, dijo al Times que hay demasiadas piedras similares que desconciertan y muchas estructuras en la región para tomarlas como coincidencia.

Los vestigios de la Colina de los Misterios.


Herramientas de piedra sobre piedra sugieren ser de constructores primitivos

Los constructores aparentemente usaron herramientas de piedra y no metálicas. El jefe de Boisvert, el arqueólogo del Estado de New Hampshire, Gary Hume, dijo a Discovery, que la mano de obra de piedra sobre piedra es similar a la de los nativos americanos.

Él se mostró reacio a decir que los megalitos podrían tener 4000 años de antigüedad, dejando abierta la posibilidad. Él dijo que no iba a cuestionar a “los dos inspectores de renombre que habían garantizado las alineaciones”, escribió Wright.

Los nativos y los celtas no son los únicos grupos que han sido señalados como potenciales constructores por los arqueólogos.

Algunos dicen que pueden haber sido los fenicios, habitantes de un antiguo reino del Mediterráneo. Los monolitos están alineados con la posición de la estrella polar Thuban durante la época fenicia, según Wright.

Jonathan Pattee, un zapatero y su familia vivieron en el lugar durante gran parte del siglo XIX, y muchos dicen que él y sus familiares construyeron las estructuras. Dennis Stone, hijo de Robert Stone quien también es actualmente propietario y operador del lugar, dijo a Discovery que algunas de las estructuras probablemente fueron construidas por Pattee, pero ciertamente no todas.

Otros también han dicho que las complejidades y alineación de la construcción probablemente no fueron realizadas por la familia Pattee, y la familia hubiera utilizado herramientas de metal, no de piedra.

Goodby y otros críticos hablan de la teoría del origen diciendo que los arqueólogos habrían encontrado vestigios de individuos que vivieron en o en las cercanías del sitio, como cementerios. Goodby dijo que la Piedra de Sacrificios realmente era un lugar para hacer jabón de los habitantes de la historia más reciente. Cualesquiera que sean las teorías, como Goudsward y Stone escriben: “Se ha producido tanto daño en los últimos cuatro milenios que no importa quién crea Usted que construyó el lugar; hay evidencia física suficiente como para justificar una investigación a lo largo de esa línea. Esto ha producido una gama de teorías tan amplias y expansivas como los cielos que pueden o no ser trazados por los antiguos monolitos”.

 Tara MacIsaac
Epoch Times.
15 de Mayo de 2014

jueves, 1 de enero de 2015

El Saludo al Sol


 Ilustración de Apolo en el Carro Solar, estampado en una vasija helena.


Desde la más remota antigüedad, las culturas y civilizaciones solares de América, Asia y Europa, desarrollaron sociedades de carácter guerrero con un sentido trascendental de la existencia. Diversas son las manifestaciones culturales que permiten constatar su origen en una fuente común.

Así, en términos ideográficos se comprueban las similitudes de los símbolos rúnicos y runoides y del símbolo sagrado del Sol: Es la cruz gamada, Hakenkreuz, Ugunskrust, la swastika o la “Cruz de Nuestros Ancestros”. A su vez, en el campo arquitectónico, por ejemplo, destacan los monumentos megalítico-astronómicos tales como menhires, dólmenes y crónlechs, las estructuras piramidales y la tradición funeraria de los túmulos (los Grab hügelgräber, mounds y kuel).

Las similitudes desde la perspectiva antropológica son múltiples y son calificadas de manera general por la historiografía ortodoxa como meras coincidencias sin profundizar, lógicamente, las raíces comunes de estas culturas y civilizaciones.
 Relieve escultórico de Amaravati, en Guntur, Andhra Pradesh, India,
del I siglo a. C. (Musée Guimet).


Una de estas semejanzas se descubre en el saludo al Sol, el que consiste en el brazo derecho alzado con la mano extendida. Así se constata en la representación del dios Apolo –nótese el símbolo de la cruz gamata sobre el pecho–, o bien, en el significativa representación escultórica que sería del rey maurya Ashoka (304-232 a. C.) de India; o bien, en ejemplos contempéranos del saludo solar de los sioux de América del Norte que fueron registrados por el fotógrafo Edward S. Curtis a comienzos del siglo XX.

Rafael Videla Eissmann
1º de Enero de 2015


El Danzante del Sol (Sioux. Fotografía de Edward S. Curtis, 1907).

 Invocación (Sioux. Fotografía de Edward S. Curtis, 1907).



 * (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

viernes, 12 de diciembre de 2014

Gudrid Thorbjarnardottir y Snorri, el niño vikingo de América


Estatua deGudrid Thorbjarnardottir y su hijo realizada por Ásmundur Sveinsson
en Laugarbrekka, Islanudia.


La islandesa Gudrid Thorbjarnardottir exploró América casi quinientos años antes que Cristóbal Colón, alumbró al primer bebé europeo del nuevo continente, peregrinó a Roma y se hizo monja.

Una sombra se proyectó desde la puerta y una mujer entró. Llevaba una túnica negra y ceñida; era más bien baja y tenía una cinta en su cabello castaño (...). Caminó hacia Gudrid y dijo:

– ¿Cómo te llamas?

– Me llamo Gudrid, ¿y tú?

– Me llamó Gudrid–, contestó la mujer.


La conversación tuvo lugar en Norteamérica en los albores del siglo XI, casi quinientos años de que Cristóbal Colón llegara al mar Caribe. La protagonizaron la islandesa Gudrid Thorbjarnardottir y una india algonquina. El bebé de Gudrid, llamado Snorri, el primer niño europeo nacido en América, estaba en la cuna. El contacto tuvo lugar probablemente en la isla canadiense de Terranova, en un asentamiento vikingo situado no muy lejos del que había construido antes Leiv Erikson, el hijo de Erik el Rojo y primer escandinavo que colonizó Norteamérica.

El hecho se menciona en la Saga de los Groenlandeses, uno de los relatos legendarios de Islandia. Otra narración, la Saga de Eric, describe a Gudrid como una mujer de belleza sorprendente. Tenía un antepasado irlandés, el esclavo Vifil, que le transmitió el cristianismo de raíz céltica. Fue comerciante, madre y monja. Antes de irse a vivir a una iglesia había peregrinado a Roma, donde es posible que contara sus aventuras. A esa conclusión llegó el escritor islandés Halldor Laxness, premio Nobel de Literatura en 1955.

Gudrid tuvo una vida azarosa y sorprendente para la época en que vivió. La Saga de los Groenlandeses cuenta que Leiv Erikson la rescató en el mar a la vuelta de su expedición a América en el año 1000. Ella formaba parte de un grupo de quince náufragos que habían encallado con su barco en la costa norteamericana. Era la esposa del capitán.

Leiv Erikson los condujo a todos a Groenlandia, donde Erik el Rojo se había establecido con su comunidad. Gudrid enviudó y volvió a casarse con otro hijo de Erik, Thorsteinn, que también murió. Convertida en una mujer rica e influyente, tuvo una aventura sentimental que no cuajó y se casó por tercera vez con el mercader noruego Thorfinn Karlsefni. A instancias de ella, ambos decidieron viajar al poblado que Leiv Erikson había fundado en Terranova y buscaron sus propias tierras. La expedición estaba formada por colonos de Groenlandia, esclavos irlandeses y ganado. Durante tres inviernos se dedicaron al trueque con los indios (cambiaron paños por cuero y pieles). Allí Gudrid dio a luz a Snorri y conoció a la enigmática nativa.

Los arqueólogos han creído encontrar la aldea de Leiv Erikson en L’Anse aux Meadows (L’Anse-aux-Meduses o Ensenada de las Medusas), al norte de Terranova. En 1960 hallaron en aquel lugar un asentamiento vikingo que data de entre los años 1000 y 1020. Pudo albergar a unas noventa personas y se componía de tres viviendas, una herrería, un aserradero para barcos y tres almacenes. El territorio hipotéticamente explorado por Leiv y los navegantes escandinavos posteriores se extendía desde la isla de Baffin y la península de Labrador, al norte del actual Canadá, hasta Terranova e incluso el actual Estado de Maine.

Leiv Erikson llamó Vinland («tierra de las vides») a la región situada más al sur (no se sabe exactamente cuál era). El motivo fue que uno de sus hombres encontró en ella una baya y debió de confundirla con un grano uva. Pero en el año 1000 no crecían viñas al norte de Maine.

Al llegar a Terranova, Gudrid y Karlsefni permanecieron unos meses en el poblado de Leiv y luego fundaron el suyo. Las crónicas dicen que la mujer india que contempló a Gudrid y a su hijo Snorri fue una «aparición»; pero Jonathan Clements, autor de Breve historia de los vikingos (2008), cree que el encuentro no tuvo nada de especial. Sólo podía tratarse de «una inquisitiva muchacha india que repitió las primeras frases en nórdico que había escuchado».

Aquel día ocurrieron más cosas en la comunidad vikinga. Fuera de la estancia donde se encontraron las mujeres, los colonos luchaban contra unos nativos porque les habían robado una espada. El ladrón murió y sus compañeros huyeron. Jonathan Clements sugiere que la indígena de la historia también intentaba robar algo a Gudrid aprovechando el desconcierto general.

Las hostilidades eran frecuentes. Los indios, a quienes los vikingos llamaban skraelings, una expresión que podría traducirse como «miserables» o «salvajes», reaparecieron en el poblado y fueron derrotados. Pero los colonos se hartaron del hostigamiento, sin olvidar que entre ellos apenas había cinco mujeres, de modo que regresaron a Groenlandia cargados de pieles y madera. Hubo al menos otro intento de colonización en Terranova, pero también fracasó.

Cuando Karlsefni y Gudrid regresaron de América, Snorri había cumplido tres años. La familia se estableció en una granja que el padre tenía en Islandia. A la muerte de éste, la viuda y el hijo cogieron las riendas. Más tarde, Snorri se casó y la madre abandonó el país; se fue al sur, lo que en el lenguaje de las sagas se interpreta como una peregrinación a Roma. Mientras estaba fuera, Snorri construyó una iglesia en sus propiedades. A su regreso, Gudrid se quedó a vivir en ella como monja.

Cuatro obispos islandeses se encuentran entre sus descendientes, subraya Jenny Jochens, autora de una escueta biografía de Gudrid incluida en el libro Hombres y mujeres de la Edad Media (2013), coordinado por el historiador Jacques Le Goff (recientemente fallecido). Jochens se detiene en ese hecho bastante extraordinario para destacar la importancia de Gudrid, que es una heroína en Islandia.

Pero la autora encuentra otra razón para detenerse en el personaje: Es plausible que Gudrid relatara sus viajes por Norteamérica cuando visitó Roma. Si ello ocurrió, pudo ser la primera en divulgar fuera de Escandinavia la existencia de un “continente nuevo”. No es descabellado pensar que los clérigos medievales propagaran la noticia y la cotejasen con otras narraciones.

La primera mención que se conoce de Vinland es muy anterior a las sagas islandesas, escritas en los siglos XIII y XIV. Data aproximadamente de 1070 y corresponde al canónigo sajón Adán de Bremen, que se apoya en la información de un rey de Dinamarca, Svend II Estridson, para escribir: Muchos de sus hombres habían descubierto en este océano otra isla, llamada Vinland, porque la vid se daba allí espontáneamente. Noticia que debemos a un testimonio digno de fe de los daneses.

El religioso islandés Ari el Sabio, de la misma época que Adán de Bremen, menciona a los indios de Vinlandia. Y los Anales islandeses hablan en 1121 de un obispo llamado Erik que partió hacia aquellas tierras. La misma fuente relata la arribada a Islandia en 1347 de un barco que había zarpado originalmente hacia la costa americana y fue arrastrado por una tempestad. Al recopilar estas informaciones, en un capítulo de la Historia universal de las exploraciones (1967), el historiador Michel Mollat no puede resistir la tentación de evocar al rey galo Madoc: Según la leyenda, marchó en 1170 al lejano oeste y que, dos viajes, habría fundado una colonia de varios centenares de hombres, pero no habría jamás regresado.

Pero Gudrid Thorbjarnardottir sí volvió y se fue a vivir a la iglesia que le construyó su hijo. Tuvo todo el tiempo que para entretener a su familia y a sus visitantes con la historia de su vida, especula Jenny Jochens. ¿Quién más sino Gudrid habría podido transmitir tan bien esas historias?

Javier Muñoz
Diario El Correo.
Vizcaya, 6 de Abril de 2014.

viernes, 5 de diciembre de 2014

¿Fue Quetzalcóatl un guerrero vikingo? No; fue un dios blanco de América


Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada (Códice Telleriano).


El artículo anterior, que aborda la visión de Lucie Dufresne en su libro Quetzalcóatl. El hombre huracán (2008), el cual estipula el origen nórdico de la Serpiente Emplumada, aun cuando contribuye a ampliar la visión general de la dogmatizada historiografía de la América prehispánica, hace eco del eurocentrismo característico del siglo XX y que encuentra en figuras como el profesor Jacques de Mahieu, uno de sus máximos promotores.

De Mahieu ha sostenido en diversos trabajos –La lucha mortal de los Dioses Solares. Los vikingos en Paraguay (1973), La agonía del Dios Sol. Los vikingos en la América del Sur (1974), El gran viaje del Dios Sol. Los vikingos en México y Perú (1975), La Piedra Sagrada del Dios Sol. Los vikingos en Brasil (1975), Los sabios de Ippir. Los vikingos en Amambay (1978) y El imperio vikingo de Tiahuanaco (1981)– que civilizaciones americanas como la tiahuanacota y la azteca fueron impulsadas por la presencia de vikingos y otros pueblos nórdicos. Lamentablemente, De Mahieu desconoció el hecho que estas civilizaciones –como otras del continente, por cierto– remontan sus orígenes a la época prediluvial, es decir, anterior a 13.000 años y que la cronología de estos pueblos antecede ampliamente el desarrollo cultural de los pueblos nórdicos. Por otra parte, si los vikingos fueron los impulsores de estas civilizaciones, ¿cómo es posible que no existan construcciones piramidales en Escandinavia, ni registros cronológicos como el de la Puerta del Sol de Tiahuanaco o los de la Piedra del Sol de los aztecas –que da cuenta de la creación y destrucción de cinco soles/eras, tal como lo ha postulado Hörbiger en la Cosmogonía Glacial?

Es un hecho que el así denominado “Descubrimiento” de 1492 es una absurda invención hispanista, cimentada en su trasfondo judeo-cristiano y las justificaciones político-económicas para el saqueamiento de las riquezas y la destrucción sistematizada de las huellas de los hombres-dioses aborígenes, es decir, de los Dioses Blancos, por parte de los celosos monjes de la fe monoteísta.

El continente americano tuvo desde la más remota antigüedad contactos transoceánicos –en el Pacífico como en el Atlántico–. Esto se sabía pero la historiografía moderna lo ha tergiversado. A modo de ejemplo: Fray Gregorio García en su obra El origen de los indios del Nuevo Mundo e Indias Occidentales (1607), explicaba que América ha sido poblada en tiempos diferentes, por diversas naciones o tribus, llegadas unas por el oriente y otras por el occidente; en tanto, Georg Horn en su tratado De Originibus Americanis (1652) sostenía una idea similar al expresar que el continente había sido poblado sucesivamente por los fenicios, los cántabros y otros pueblos de Occidente, y más tarde por los chinos, los hunos y otros pueblos de Oriente.

Es imposible, entonces, hablar de “Descubrimiento”, sea este atribuido a los hispanos o a los nórdicos.

La atribución del origen nórdico de los Dioses Blancos se basa en la creencia que el continente americano ha sido única y exclusivamente habitado por el indígena, es decir, por aquellos grupos de características braquicéfalas que hicieron irrupción en América desde distintas regiones de Asia y que constituyeron el elemento numéricamente predominante hacia 1492. Antes que ellos, el continente fue habitado por el elemento dolicocéfalo o dolicoide, es decir, por los descendientes de los Dioses Blancos, cuyos últimos retoños fueron descritos por diversos cronistas y observadores europeos como indios blancos.

Las tradiciones de los viracochas y kukulkanes fueron registradas, al menos parcialmente, en las crónicas y en algunos trabajos etnohistóricos. Son los hombres-dioses Tromé, Viracocha, Bochica, Tunupa, Parr y Quetzalcóatl, entre otros.

Las características dolicocéfalas de los paleoamericanos comprueban, en definitiva, que antes de los indígenas hubo otro grupo en el continente, al que comúnmente se le denomina como paleoamericanos.

Es la raza primigenia. Los Dioses Blancos de la América Aborigen.

Rafael Videla Eissmann
1º de Diciembre de 2014


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

lunes, 1 de diciembre de 2014

¿Fue Quetzalcóatl un guerrero vikingo?



Lucie Dufresne estima que el dios prehispánico fue un vikingo que naufragó en las costas mexicanas en el año 1000. Su novela especula sobre la posibilidad de que el dios de la Serpiente Emplumada fue un vikingo.

Quetzalcóatl, divinidad de los antiguos mexicanos, primitivamente adorada por los toltecas, habría sido un vikingo alto y barbado que llegó por equivocación al Nuevo Mundo, mucho antes que los españoles, de acuerdo con la hipótesis de la escritora Lucie Dufresne, autora de la novela Quetzalcóatl. El hombre huracán.

La escritora canadiense explicó, que de acuerdo con su libro, editado por Grijalbo, el antiguo dios fue un hombre muy especial y carismático, que ante la adulación de los pobladores originarios, se embriagó de poder y debió ser expulsado de la ciudad de Tajín, en Veracruz.

Esta descripción de la deidad, señaló, “es una hipótesis, no hay ninguna certeza, pero es una posibilidad porque aparece Quetzalcóatl como un hombre diferente de barba roja, al mismo tiempo que los vikingos exploran la costa de América, y en las sagas cuentan que llegaron hasta islas que no tenían en los mapas, son las islas del Caribe, posiblemente”.

A partir de estas narraciones, Dufresne recrea la vida del sur de Mesoamérica en el año 1000, cuando después de haber pasado el invierno en una costa este del norte de América, una expedición vikinga lleva su exploración hacia el sur.

Atrapados en el ojo de un huracán, la expedición llega a un mundo desconocido, la tierra que hoy ocupa México, sin embargo, sólo dos hombres sobreviven al naufragio: Uno es Ari, hijo natural de Erik el Rojo, y un esclavo cristiano de nombre Melkolf.

La novela, primera en la producción de Dufresne, “trata de un choque cultural, de un navegante que vino del norte y se perdió, pero que llegó al Tajín, a un lugar que antes se llamaba Mictlán y entonces para sobrevivir tuvo que adaptarse a un sociedad muy distinta de la que provenía”, manifestó.

Este hombre, es Ari a quien los pobladores atribuyen un origen divino, por ser un sujeto “muy diferente, un ser europeo que cayó en la sociedad tolteca y cuya venida, dejó un impacto muy fuerte que lo recordaron durante siglos como un dios”.

Para escribir Quetzalcóatl. El hombre huracán, la autora realizó una ardua investigación, “sobre todo acerca de los sitios donde sucede la acción y también está documentada en los tipos de sociedad, los grupos que los formaban, sus creencias, sus formas de vivir”.

La experiencia de Dufresne (1951, Québec, Canadá) incluye el estudio de poblaciones rurales mayas, lo que la llevó a pasar períodos largos en Yucatán y Quintana Roo, además de trabajar muchos años con el campesinado venezolano.

En la novela, señaló, “Quetzalcóatl fue un dios, pero sabemos que los dioses fueron hombres, fue un rey que existió, que reinó sobre la ciudad de Tollán, no se sabe bien de dónde vino y a dónde fue, hay muchos mitos que son contradictorios”.

No obstante, lo que sí se sabe, a través de un dibujo que supuestamente existió y de acuerdo con crónicas antiguas, “es que era muy grande y que tenía una larga barba roja”.

Este hombre, enfatizó, “ha debido ser muy especial, que de ser tan especial se creyó casi un dios y entonces se le puso el mito de un dios que ya existía antes, en Teotihuacán después evolucionó porque se veía como un dios de la guerra y acá era más bien un dios de la creación, de la vegetación, de la vida”.

Seguramente, concluyó la autora, “ese rey tenía mucho carisma, era muy hábil y muy buen estratega, reinó por muchos años e hizo crecer mucho su ciudad, pero el poder lo embriagó y no supo guardar su capacidad de analizar, no lo mataron, pero lo sustituyeron y lo mandaron a emigrar y fundar una nueva Tollán en Chichén Itza”.

Fuente: EFE - Diario El Universal de México, 14 de Abril de 2008.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Irminsul: El Árbol del Mundo


  Izquierda: Una clava talismánica de los araucanos del sur de Chile. Derecha: Ilustración
del Irminsul, el Árbol del Mundo.


El Irminsul (Irminsäulen) o Yggdrassil de los pueblos germanos, es el Árbol del Mundo. Es la Columna Invisible cuyos extremos alcanzan los polos (“El hierro lanzará del mundo él solo, / y de un linaje de oro, el más preciado, / el uno poblará y el otro polo”. Égloga IV –Sicelides– de Virgilio). Es, simbólicamente, el Árbol-Eje del Cielo-Tierra, a la vez que conexión entre Asgard-Agartha, el Reino de los Dioses, es decir, los asen; el Thursenheim o Jötunnheim, esto es, el Reino de los Gigantes; el Nebelhiem o Nifleheim, Reino del Hielo; el Muspelheim o Reino del Fuego y por último, Mittgard, la Tierra del Medio, donde habitan los hombres.

La representación ideográfica del Árbol del Mundo entre los germanos se caracteriza por una columna/pilar o tronco, en cuya parte superior se desprenden en sentidos opuestos dos ramas o brazos de proporción y extensión simétrica. Así se aprecia en un altorrelieve en Externsteine, en el Bosque de Teutoburgo y en una figura labrada en piedra, desenterrada en 1938, hoy en la iglesia de San Pedro en Obermarsberg (Eresburg), en Alemania.

 
Izquierda: Altorrelieve del Irminsul en Externsteine, en el Bosque de Teutoburgo, en Ostwestfalen-Lippe, Alemania. Derecha: Representación lítica del Irminsul en la iglesia de San Pedro en Obermarsberg, Alemania.


Este símbolo se descubre, significativamente, en el mundo prehispánico, como se puede observar por ejemplo en los códices mesoamericanos, en la representación del Yaxché, esto es, el Árbol-Columna del Mundo, el cual guarda las mismas características del Irminsul.

 
  El Yaxché, el Árbol del Mundo de la tradición mesoamericana (Códice Madrid).

 
Izquierda: La “caída” del árbol sagrado maya en el Códice Borgia. Derecha: Otra estampa
del relieve del Irminsul doblado en Externsteine, Alemania.


¿Puede ser mera coincidencia las representaciones similares de un símbolo con incluso significados semejantes en culturas que de acuerdo a la historiografía ortodoxa jamás tuvieron vinculación alguna?

En América del Sur también se evidencian las representaciones del Árbol del Mundo o Weltenbaum, el Árbol Vertebral, aun cuando los motivos tienden más bien a la abstracción: Así se colige en las formas de un aríbalo encontrado en el norte de Chile o bien, en una escudilla hallada en Santiago –ambos de la época precolombina–; o bien, en una clava-talismán de la tradición lituche-araucana del sur del país.

Izquierda: Aríbalo encontrado en el norte de Chile (Museo Chileno de Arte Precolombino).
Derecha: Escudilla prehispánica descubierta en Santiago de Chile.


Otro ejemplo lo constituyen las figuras de bronce del Irminsul que han sido descubiertas en Tiahuanaco y que eran portadas como talismanes, encontrándose incluso en poblaciones indígenas durante las primeras décadas del siglo XX,  según dio cuenta el arqueólogo Arthur Posnansky.

Representaciones líticas del Irminsul descubiertas en Tiahuanaco por Arthur Posnansky.


La existencia de manifestaciones culturales análogas en América y Europa –como por ejemplo, la religión heliolátrica, el culto al Fuego Sagrado, la presencia de los símbolos rúnicos y runoides y el culto a los ancestros divinos, entre otros aspectos– induce a determinar un origen en común. Las extraordinarias representaciones en el mundo precolombino del símbolo del Árbol del Mundo confirma esta idea.

De acuerdo al historiador Jürgen Spanuth, el templo supremo de Poseidón, rey de la Atlántida (Aztlán), se encontraba coronado por un gigantesco Irminsul. De allí que algunas crónicas germanas refieran a Irmansuli pyramides, lo que parece indicar que las columnas del culto de los antiguos germanos se elevaban en la cima de pirámides escalonadas, semejantes a los zigurats babilónicos o a las estructuras piramidales mayas. Conforme a Spanuth, Huth cree que la torre [o Templo de Poseidón] tenía la forma de pirámide truncada, con tres pisos superpuestos, terminada por una plataforma que sostenía la Columna del Cielo; esta clase de construcción tenía por modelo la «Montaña Celeste», monumento característico de las civilizaciones megalíticas.

El Árbol del Mundo, la Columna Invisible o la Montaña Cósmica, son figuras-símbolos arquetípicos que refieren al Eje del Mundo de las culturas y civilizaciones solares de América, Europa y Asia, cuyos orígenes se remontan a la mítica raza aria.

Rafael Videla Eissmann
1º de Noviembre de 2014


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

sábado, 1 de noviembre de 2014

Sobre el origen de las momias rubias del mundo andino


 Momia dolicocéfala de cabello rojizo, perteneciente a la cultura Nazca, de Perú.


La historiografía ortodoxa de América ha propuesto una línea de poblamiento y cronología ocupacional del continente de norte a sur, por medio del cual diversas oleadas de grupos protomongoloides y mongoloides –originarios de distintos puntos de Asia–, fueron paulatinamente habitando el “Nuevo Mundo”.

Esta teoría ocupacional ha determinado, de esta manera, no sólo la cronología cultural sino también una exclusiva tipología del habitante prehispánico, es decir, las características étnicas de los habitantes de la América Aborigen.

Contra el dogma cronológico-ocupacional aparecen aún en la misma concepción historiográfica oficial sitios como Pedra Furada en São Raimundo Nonato, en Brasil, con presencia humana que oscila entre 60.000 a 32.000 a. p.; Piedra Museo, en la Provincia de Santa Cruz, en Argentina, con vestigios de 13.000 años a. p. (11.000 a. C.); la cueva de Piquimachay, en el Departamento de Ayacucho en Perú, con fechas en torno a los 11.000 años a. C.; y Monte Verde en la Región de Los Lagos, en el sur de Chile, donde las investigaciones han identificado dos asentamientos: Monte Verde I (MV-I) y Monte Verde II (MV-II), teniendo MV-I aproximadamente 33.000 años de antigüedad y MV-II entre 12.800 y 12.300 años.

Estos asentamientos arqueológicos quiebran la cronología, pero no el dogma darwinista de la evolución tecnológica.

Momias de cabellos rojizo y rubio. Corresponden, respectivamente, a descubrimientos realizados
en Nazca, Paracas y Nazca (Perú).

 
Dos estampas de una momia del Cementerio de Chauchilla en Perú.


En cuanto a la tipología del habitante prehispánico, caracterizado por la braquicefalia, el pelo negro e hirsuto, el color cobrizo de la piel y la estatura promedio de 1,60 m, características que por cierto se encuentran en los indígenas y sus descendientes, pero que de modo alguno son EXCLUSIVAS para todos los habitantes del mundo precolombino. Así, se ha constatado en numerosas crónicas y registros etnohistóricos la existencia de los indios blancos desde la invención hispánica del “Descubrimiento” de 1492 hasta las observaciones realizadas por diversos exploradores durante las primeras décadas del siglo XX.

Los ejemplos de esta población aborigen se descubren en el arte y la iconografía prehispánica, como en las mentadas crónicas y escritos elaborados por conquistadores, misioneros y cronistas (Sobre este campo véanse http://losvikingosenamerica.blogspot.com.es/2012/10/el-misterio-de-las-momias-blancas.html , http://losvikingosenamerica.blogspot.com.es/2012/11/el-misterio-de-los-indios-blancos.html y http://losvikingosenamerica.blogspot.com.es/2014/10/la-poblacion-primigenia-americana-los.html ).

El descubrimiento de las denominadas momias rubias del mundo andino durante las últimas décadas, refuerza las exigencias de revisar las pautas de la historiografía ortodoxa, aun cuando sus acólitos conscientemente ignoren las evidencias que no se amoldan al edificio cognitivo que han construido sobre bases tan precarias.

El antropólogo Jacques de Mahieu, intentando explicar la presencia de este grupo blanco nativo en América, escribía en su libro El gran viaje del Dios Sol. Los vikingos en México y Perú, 967-1532 (1976) sobre las momias encontradas hacia 1925 en la  península de Paracas, cerca de Pisco, en Perú: Las momias en cuestión corresponden a dos tipos raciales bien diferenciados. Unas son innegablemente mongoloides: Baja estatura, cara achatada, cabeza braquicéfala y pelo negro azulado, y pertenecen a individuos semejantes a los indios que todavía pueblan la región. Las demás, por el contrario, son de alta estatura, cara alargada, cabeza dolicocéfala y pelo claro, con variaciones que van desde el castaño al rubio “paja”, pasando por todos los matices del rojo, sin descoloración artificial. Quien viera, sin indicaciones de procedencia, la momia reproducida en la imagen II  no vacilaría en atribuirla a una mujer aria de raza nórdica. No se trata de meras apariencias y los especialistas opinan del mismo modo. Algunos pensaron, en un primer momento, que las medidas de la cara y del cráneo podían provenir de una deformación artificial como la que efectivamente, los indios peruanos producían a menudo en los niños, y que el color del pelo podía ser la consecuencia de la acción del tiempo. Estas hipótesis tuvieron que ser desechadas (Jacques de Mahieu, El gran viaje del Dios-Sol. Páginas 63-65).

 
Momias de cabellos rojizos en sus fardos, en el Cementerio de Chauchilla, en Perú.
Una momia de una mujer con cabellos rubios y trenzados, de origen incásico (Perú).


El profesor De Mahieu atribuía el origen de las momias rubias a la población nórdica arribada al continente antes de la empresa peninsular de finales del siglo XV, obedeciendo no sólo a un insostenible eurocentrismo sino también a la única explicación que él pudo vislumbrar. Desconocía De Mahieu el hecho fundamental que la presencia de población de tipo “europoide”, es decir, los indios blancos, corresponden en realidad a los paleoamericanos caracterizados por los cráneos dolicocéfalos o dolicoides –véase por ejemplo, la reconstrucción del rostro del Hombre de Kennewick, un paleoamericano cuyos restos fueron descubiertos en el banco del río Columbia en el Estado de Washington, en los Estados Unidos–, quienes vivieron en América antes de la irrupción de los grupos procedentes desde distintos regiones de Asia y que posteriormente serán conocidos como indígenas y a quienes, erróneamente, se les atribuye ser la población originaria del continente.

El origen de las poblaciones de los indios blancos, de acuerdo a la tradición mítica y a la evidencia arqueológica, se remonta al núcleo zoogénico antártico: La Patagonia.

Rafael Videla Eissmann
1º de Noviembre de 2014


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