viernes, 19 de febrero de 2016

El Kristo de la Atlántida


 El Kristo de la Atlántida: Wotan, plasmado en Externsteine, en Teutoburger Wald, Alemania.


La fabulosa efigie del Kristo atlante plasmada en Externsteine –el Jardín de los Asen, As-Gart (Asgard)–, en Teutoburger Wald, Alemania, corresponde a una figuración arquetípica del Hombre-Dios, el Dios-Cruz (Kreuz-Gott).

Kristo es un dios de la antiquísima tradición germana de acuerdo a Karl Maria Wiligut.

Un tardío eco de esta tradición de los aesir se descubre en el Discurso del Altísimo del Edda de Sæmund:

Sé que pendí nueve noches enteras
en el Árbol que mece el viento (Irminsul);
herido por una lanza y ofrecido a Odín
–yo ofrecido a mí mismo–,
colgué del Árbol del que nadie sabe
de dónde comienzan sus raíces.

El árbol es el símbolo del Eje Cósmico, la columna vertebral, el pilar que une los planos o mundos. De aquí emana también el origen de Askr y Embla (“EL-ELLA”) del Midgard, pareja ancestral de donde descienden los hombres.

Significativamente, una figura similar a esta de Externsteine fue descubierta en Limache, en la Región de Valparaíso, en el Chilli-Mapu, según dio cuenta el misionero y cronista Alonso de Ovalle en su Historica relacion del Reyno de Chile y de las missiones y ministerios que exercita en la Compañía de Jesus, obra publicada en Roma en 1646. De acuerdo a De Ovalle un indio encontró la imagen de Kristo en el tronco de un árbol cuando estaba cortando leña. La imagen fue llevada a una hacienda en las inmediaciones donde fue venerada y reconocida por el Obispo de Santiago.

El Kristo atlante plasmado en el árbol sagrado conocido como la Cruz de Limache, en la Región de Valparaíso. Ilustración de Alonso de Ovalle en su Historica relacion del Reyno de Chile y de las missiones y ministerios
que exercita en la Compañía de Jesus, de 1646.


Quizás, una aproximación al origen de esta singular imagen se hallaría en la toponimia de Limache (Llimachi): Lli: Peña o peñasco y mache, de machi, es decir, La Peña de los Machis. Los machis eran la casta sacerdotal de los lituche-araucanos.

Una representación semejante fue posteriormente registrada en México. Se trata del Santísimo Christo de la Ensina [sic] que se apareció en el campo de Alcántara. La pintura se encuentra hoy en la iglesia de San Mateo en Cáceres, España, y representa la conversión de un indígena mexicano. La pintura, conocida como Cristo de la Encina, es un óleo realizado alrededor de 1753. Esta imagen, no obstante, se basa en un grabado anónimo del siglo XVII.

El Cristo de la Encina (Ca. 1753).

El Santísimo Christo de la Ensina que se apareció en el campo de Alcántara (Siglo XVII).


La idea del Dios-Cruz (Kreuz-Gott), Wotan-Kristos, el Hombre-Dios crucificado en el Árbol-Runa Man, de la Vida, de la Resurrección (la “Vida Eterna”), se aprecia asimismo en la Iglesia del Crucifico de Puente la Reina en Navarra, España donde el Hijo del Hombre se encuentra crucificado en la runa Man.

[Jesús]Kristo en el Árbol-Runa Man, en la Iglesia del Crucifico de Puente la Reina en Navarra, España.

El Kristo rúnico, en un tapiz resguardado en el sur de Chile.


¿Cómo se puede explicar la presencia de esta figura en diversos puntos del orbe? ¿Cuál fue el origen y sentido inicial de estas representaciones cúlticas?

Se colige, en definitiva, que esta imagen del Hombre-Dios-Árbol es un arquetipo de la tradición solar y pagana de Europa y la América Aborigen y que fue, por cierto, astutamente plagiada en el ícono del Jesús-Cristo de la iglesia de Roma con todo su trasfondo semítico, la cual preserva, no obstante, en términos simbólicos la representación del Dios-Cruz.

Rafael Videla Eissmann
18 de Febrero de 2016


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domingo, 24 de enero de 2016

Sahasrara


Izquierda: El Irminsul, el Árbol-Eje del Mundo. La Columna Invisible. Derecha: Aríbalo descubierto en el norte de Chile con una figura antropomorfa en cuya cabeza se yergue el Irminsul, el Árbol del Mundo.


Los más remotos mitos resguardan las claves de la historia verdadera del origen del hombre y su devenir. Es el Mythos Legein, la “Palabra Verdadera”. Los símbolos, en tanto, preservan las claves casi olvidadas de la tradición primordial de la raza polar y sus extensos movimientos migratorios en el transcurso de las edades y sus ciclos.

La historia mítica y la historia “oficial” se proyectan en direcciones totalmente opuestas: Mientras la primera se remonta al Polo la segunda lo hace a África; la primera señala los ciclos involutivos –Satya Yuga; Treta Yuga; Duapara Yuga y Kali Yuga– de una humanidad divina, la segunda noción plantea la fantástica idea de la “evolución” lineal de los hombres-monos…

En el transcurso de las últimas décadas esta segunda concepción se ha impuesto como la “historia oficial”, hoy transformada en un auténtico e incuestionable dogma científico que astutamente ha depreciado y ridiculizado a las antiguas tradiciones primordiales calificándolas de “fábulas” y “mitos” que obedecían a la estructura primitiva de la psiquis del hombre.

¡De igual modo nosotros nos referimos a la “fábula” de la evolución de la psiquis del decadente hombre moderno!

Ahora bien, por medio de los mitos y símbolos se pueden rastrear las raíces comunes en pueblos hoy geográficamente distantes entre sí los cuales, no obstante, presentan gran similitud precisamente en sus registros míticos y símbolos los que no pasan de ser a juicio de los historiadores y antropólogos de la historiografía “oficial” meras coincidencias o simples casualidades que no poseen vinculación alguna. Mas, allí se encuentran, como ejemplo, los vestigios megalítico-astronómicos, las estructuras piramidales y los túmulos y las ideografías solares de la swastika-cruz gamada –el símbolo del Sol, de la Vida, del Dios Increado– y la estrella helíaca –la luz más bella, la estrella de Venus– como evidencia del origen común de los grupos culturales en América, Europa y Asia. En este sentido, un símbolo fundamental se descubre asimismo en distintas regiones: El Árbol-Eje del mundo, la Columna Invisible del Polo.

Petroglifo escandinavo del Árbol del Mundo.


Representaciones de deidades de la tradición polar portan sobre sus cabezas, sobre el shakra coronario Sahasrara, o bien, en sus tocados, el símbolo del Eje del Mundo, el Árbol Cósmico-Polar, la Columna Invisible conocida como Irminsul por los pueblos germanos y Yaxché en el Náhuac (Véase al respecto: http://losvikingosenamerica.blogspot.cl/2014/06/raices-comunes-ii.html ; http://losvikingosenamerica.blogspot.cl/2015/12/huellas-del-simbolo-del-eje-polar.html y http://losvikingosenamerica.blogspot.cl/2015/12/huellas-del-simbolo-del-eje-polar-ii.html ).

Este símbolo se caracteriza por su eje central (o tronco) y dos brazos (ramas). Así se descubre este símbolo en la América Aborigen, en Europa, Egipto, Mesopotamia e India, asientos de la divina raza de los arios, los Hijos del Sol.

Sello descubierto en el Valle del Indo con la representación del tricéfalo Shiva Pashupati como deidad cornuda.

El Pilar de los Navegantes con la representación de Cerunnos, deidad celto-germana representada con dos cuernos.

Diosa egipcia en cuya cabeza se descubre el Árbol del Mundo proyectado en direcciones opuestas: Nun o el “cielo”, y Duat, el “inframundo”. Esta figura junto a otras dos –también femeninas- custodiaban el corazón de Tut-Enkh-Amón.


¿Cuál es el significado de la ubicación de este símbolo sobre las cabezas de los hombres-dioses? ¿Se trata de una clave simbólica-geográfica del shakra polar, del origen geográfico polar y la procedencia de los reyes-sacerdotes, de los portadores de la Tradición Primordial? ¿Qué clave encubre su representación?

Por lo demás, ¿cuál es la antigüedad de esta figuración del Árbol-Eje planetario sobre el shakra Sahasrara? ¿Cuál fue la vía de su irradiación en la historia conocida?

En este antiquísimo símbolo, o atributo, se descubriría por lo demás el origen de las representaciones de las deidades con cuernos, astas o protuberancias que fueron posteriormente demonizadas por la religión monoteísta judeo-cristiana y sus celosos evangelizadores.

Rafael Videla Eissmann
21 de Enero de 2016 


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sábado, 12 de diciembre de 2015

Huellas del símbolo del Eje Polar (II)


El Árbol como Axis Mundi. Izquierda: Yaxché, árbol sacro de los mayas. Centro: El Irminsul de los germanos, el Esche, el árbol-runa Man. Derecha: Representación del árbol sagrado del hinduismo, sobre el Huevo del Mundo, con el movimiento de los tres soles.


En la entrada anterior (8 de Diciembre de 2015) se hizo un sucinto esbozo del símbolo del Eje Polar como Árbol del Mundo, encontrándose representaciones de esta figura primordial en América como Europa. Es, en realidad, una representación ideográfica arquetípica, eco de una imagen invisible, la Columna-Vertebral, el Eje del Mundo, proyectándose sus extremos en los polos.

De allí su conocimiento preservado precisamente por los pueblos polares a lo largo del tiempo y sus ciclos. Como ejemplo de esto, las representaciones del Axis Mundi como Árbol del Mundo se descubre en una misma figura entre grupos de India, Germania y el Anáhuac: Se trata, respectivamente, del árbol sagrado del hinduismo, representado sobre el Huevo del Mundo, con el movimiento de los tres soles; el Irminsul germano (Esche), como ideografía-emblema de la Divinidad; y por último, el árbol sacro de los mayas, el Yaxché.

En el mundo precolombino, una clave de este conocimiento se encuentra plasmada de manera figurativa en la foja 1 del Códice Fejérváry Mayer donde dentro de la riquísima simbología de la América Central basada en símbolos, figuras y colores, se puede apreciar el árbol-eje del mundo en cada una de las cuatro esquinas del cielo. Cada una de estas figuras simbólicas del árbol se encuentra sostenida por los baacab a ambos lados. En términos espaciales es un plano cósmico reflejado en la superficie de la Tierra, y en cuyo centro se ubica una deidad guerrera y solar.

Foja 1 del Códice Fejérváry Mayer donde se puede apreciar el árbol-eje
del mundo en cada una de las cuatro esquinas del cielo.


Adviértase que esta figura es en esencia un símil del árbol-runa Man. El Árbol de la Vida y del Conocimiento de los pueblos arios.

Rafael Videla Eissmann
12 de Diciembre de 2015


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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Huellas del símbolo del Eje Polar (I)


El Yaxché, el Árbol del Mundo de la tradición mesoamericana, estampado en el Códice Madrid.


En la tradición indogermana, el Irminsul (Irminsäulen), es el Árbol del Mundo. Figura-símbolo inmutable que evoca el eje polar, la Columna Invisible, es reflejo al mismo tiempo del Árbol Cósmico (Véase http://losvikingosenamerica.blogspot.cl/2014/11/irminsul-el-arbol-del-mundo.html). 

La figura de este símbolo se caracteriza por una columna-tronco del cual se extienden dos ramas o brazos paralelos y en sentido ascendente.

Posiblemente, una de las escasas representaciones originales del Irminsul se encuentre en Externsteine, en el Bosque de Teutoburgo, en Ostwestfalen-Lippe, Alemania, donde un altorrelieve describe al fresno sagrado doblado, acaso como indicador de la irrupción de los guardianes de la fe monoteísta; otra representación del Árbol del Mundo se halla en la iglesia de San Pedro en Obermarsberg, también en Alemania.

 Izquierda: Altorrelieve del Irminsul en Externsteine, en el Bosque de Teutoburgo, en Ostwestfalen-Lippe, Alemania. Derecha: Representación lítica del Irminsul en la iglesia de San Pedro en Obermarsberg, Alemania.

Un  aríbalo de la cultura Arica, en el norte de Chile.

Representaciones líticas del Irminsul descubiertas por Arthur Posnansky en Tiahuanaco,
la metrópolis de los viracochas.

Una manta prehispánica de Sihuas, en el Departamento de Áncash, Perú.


Ahora bien, la iconografía prehispánica ha preservado innumerables ejemplos del Irminsul, el Eje Polar. De esta manera, diversas representaciones ostentan el símbolo, desde el cono austral del continente hasta Norteamérica. Así se descubre en el fabuloso arte petroglífico, en aríbalos, ceramios y textiles y coronando, en ocasiones, las cabezas de dioses y hombres-dioses.

Un significativo ejemplo en la América Aborigen se encuentra en la Foja 53 del Códice Borgia y en las fojas 41 y 42 del Códice de Madrid donde se descubre al Yaxché, el árbol sacro de las culturas mesoamericanas, esto es, el Eje del Mundo, elevándose desde el cuerpo de la Madre-Tierra.

La similitud del Yaxché con el Irminsul es sencillamente extraordinaria e indica su procedencia de una fuente común.

Quizás como ilustración de su vasta antigüedad, conviene señalar que no se encuentran tradiciones americanas conocidas sobre este símbolo, salvo en determinadas excepciones. Por ejemplo, una antiquísima tradición preservada por los juruna de Xingú, en Brasil, hace referencia a un poste bifurcado, es decir, al símbolo del eje de la Tierra, que al ser derribado ocasionará el “fin del mundo” o la próxima Gran Catástrofe, el Götterdämmerung:

Sinaa fue el antepasado felino de los juruna, una tribu india de la región del río Xingu, en el Brasil. El padre de Sinaa fue un gigantesco jaguar, y su madre, una mujer.

Por alguna razón desconocida, el padre y el hijo tenían los ojos colocados en la parte de atrás de sus cabezas. Sinaa era muy viejo “pero volvía a ser joven cada vez que tomaba un baño y se despojaba de la piel por encima de la cabeza, como un saco”.

El fin del mundo sobrevendrá, según los juruna, cuando Sinaa decida derribar el enorme poste bifurcado que sostiene el cielo.

Algunos de los petroglifos del sector I-A de Pusharo, en las riberas del río Palotoa,
en el Parque Nacional del Manú, en Perú.

Un ídolo labrado en oro procedente del actual territorio colombiano,
con la estilización del símbolo del Árbol del Mundo en su cabeza.


La ausencia de información sobre este símbolo en el mundo prehispánico, se debe también al hecho de constituir un conocimiento hermético, sagrado e iniciático el cual, ciertamente, no podía ser transmitido a individuos ajenos a la propia iniciación entre los aborígenes, ulteriormente los indígenas y por supuesto, luego con la irrupción de los europeos del Descubrimiento y la Conquista y de sus monjes y evangelizadores, los despiadados agentes que buscaban destruir los vestigios de los Dioses Blancos. De allí, entonces, que este conocimiento y su origen sólo haya sido preservado como un signo mudo, un símbolo comprensible sólo bajo la luz de la Tradición Sacra, es decir, la tradición polar de los Caminantes del Alba.

Rafael Videla Eissmann
8 de Diciembre de 2015


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domingo, 15 de noviembre de 2015

La momia del cerro Aconcagua posee un “nuevo linaje genético” de 14.300 años


La momia del cerro Aconcagua: Un kapakocha.


Nota del Editor: Se corrobora aquí, parcialmente, el origen preincaico del culto a las montañas y más aún, la antigüedad de algunos grupos que precedieron a las culturas indígenas en el mundo prehispánico: Se trata, en realidad, de un grupo prediluvial (Vorflut), tal como apropiadamente lo estableciera el arqueólogo Edmund Kiss en sus estudios en el altiplano andino.


Un equipo de científicos ha logrado por primera vez secuenciar la totalidad del genoma mitocondrial de una momia de un niño de unos siete años sacrificado en un rito practicado hace medio milenio, y que fue hallado en 1985 por excursionistas. 

El trabajo, que además identifica un nuevo linaje genético, se publica en la revista Scientific Reports del grupo Nature, y está liderado por investigadores de centros de Santiago de Compostela de España. 

La momia fue hallada congelada y parcialmente enterrada en el borde occidental del sur del cerro Aconcagua, a 5300 metros de altitud en la base de la montaña de Pirámide, en la provincia argentina de Mendoza, informó hoy en una nota de prensa la Universidad de Santiago de Compostela (USC). 

El equipo, en el que también han colaborado expertos de Argentina y Alemania, consiguió extraer y secuenciar la totalidad del genoma mitocondrial de ADN procedente de una biopsia de pulmón de la momia. 

Los investigadores compararon los resultados con bases de datos de aproximadamente 28.000 mitogenomas de laboratorios de otras partes del mundo para tratar de ubicar el perfil genético. 

La comparación posibilitó señalar en el perfil genético de la momia un nuevo linaje genético (haplogrupo) bautizado como C1bi y que “no había sido identificado previamente en poblaciones contemporáneas”, según los investigadores. 

En su análisis, los autores averiguaron que “podría haber descendientes del linaje viviendo actualmente en Perú y Bolivia”, según la USC. 

La momia representa “un sub-clado genético raro de antepasados maternos humanos que surgieron hace aproximadamente 14.300 años en el actual territorio de Perú, lo que es consistente a su vez con hallazgos arqueológicos”, apunta la citada universidad. 

Según los investigadores, estudios arqueológicos y antropológicos previos indican que pudo ser víctima de un ritual de sacrificio inca conocido como capacocha hace aproximadamente cinco siglos. 

El estudio está pendiente de completarse con nuevos análisis de genética nuclear que permitirán “ampliar el conocimiento sobre una de las mayores y complejas civilizaciones de la América precolombina”, indica la USC. 

La investigación ha sido dirigida por el genetista Antonio Salas Ellacuriaga, profesor de la Facultad de Medicina de la USC, y por el jefe de Pediatría Clínica, Infectológica y Traslacional del hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, Federico Martinón Torres.

Fuente: EFE - La Tercera. 13 de Noviembre de 2015.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Yephun-Oiehuen


 La estrella de ocho puntas en un petroglifo en las cercanías del río Colorado, en San José de Maipo
en la Región Metropolitana de Santiago, en Chile.


Como una sinfonía prácticamente inaudible, los iniciados del Chilli-Mapu escuchan aún los movimientos del sonido-color de la estrella de Venus. Es el misterio insondable del origen que se remonta al Wenu-Mapu, la «tierra del cielo». La totalidad fragmentada del Dios-Diosa, la Deidad de Dos Rostros, Wuñelvefucha/Wuñelvekushe, personificados en la pareja de ancianos Wanlén Fucha y Wanlén Kushe y la pareja de jóvenes Wanlén Weche Wentru y Wanlén Ülcha Domo, es decir, el Andro-Gyno (Hombre-Mujer), la Totalidad, en sus dos proyecciones: Pasado y Futuro, que se unen, o reúnen, en el tiempo presente –la concientización–, más allá del espacio y del tiempo y del Eterno Retorno de lo Mismo.

En la eternidad del tiempo.

Estrella de piedra de ocho puntas con la evocación de la lucha entre ThrengThreng y KaiKai,
descubierta en el sur de Chile (Museo Chileno de Arte Precolombino).

Vasija bicromática de la cultura Aconcagua de la zona central de Chile, con una estrella
de ocho puntas con irradiaciones (Museo Arqueológico de Los Andes).


Este ignoto misterio se haya plasmado en el símbolo de la estrella de ocho puntas, el signo de EL-ELLA, la estrella doble Yephun-Oiehuen, de los Caminantes de la Aurora: Dos cruces (hombre y mujer; masculino y femenino) cuyos brazos se yuxtaponen, proyectándose –juntos y separados al mismo tiempo–, como un círculo, es decir, la Totalidad.

En Chile, este símbolo se encuentra ampliamente difundido en diversos campos en el mundo prehispánico –como señal de su origen y destino: El Wenu-Mapu y el Chilli-Mapu, la patria de los hombres primigenios, los uros– desde donde se difundirá hacia el norte en remotas edades, como señal de la migración de los míticos viracochas, los Dioses Blancos de América.

Rafael Videla Eissmann
8 de Noviembre de 2015


El misterio del origen: Una machi junto a chemamüll y tótems, en la Araucanía,
en el sur Chile. Nótese a la izquierda, tótems coronados con el símbolo de la estrella
de ocho puntas (Fotografía de O. Heffer, 1910).


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viernes, 30 de octubre de 2015

Hopi-ibero


 La Dama de Elche (Imagen colorizada).


La Dama de Elche, la fabulosa escultura íbera descubierta el 4 de Agosto de 1897 en Elche, Alicante (España), en un montículo llamado Helike en griego y que los romanos ulteriormente denominaran Colonia Iulia Illici Augusta («Elche»), fue labrada en piedra caliza alcanzando 56 cm de altura. Se caracteriza por sus ricos atavíos y joyas, siendo acaso una de sus principales características el tocado que cubre ambos costados de su cabeza.

Una figura que presenta similitudes a la Dama de Elche es la Dama de Cabezo Lucero, también conocida como Dama de Guardamar, descubierta en 1987 en el yacimiento arqueológico de Cabezo Lucero, Guardamar del Segura, también en Alicante.

La Dama de Guardamar (Alicante, España).

La Dama de Elche (Alicante, España).


Diversas han sido las aproximaciones realizadas por arqueólogos e historiadores que han buscado dilucidar los orígenes de estas manifestaciones culturales en la península. Contrariamente a las premisas de las escuelas de historiografía ortodoxa, las raíces de la cultura íbera se remontan al sustrato atlante.

Significativamente, en el continente transatlántico, la tribu de los hopis de lengua uto-azteca, asentados en las mesetas de Arizona, en Estados Unidos, entregan una notable similitud en el tocado. ¡Fue sólo una mera coincidencia? ¿Hubo alguna conexión o vinculación en ignotas edades? Un aspecto a considerar es la latitud: Arizona se ubica en los 34º17’12”N 111º39’25”O. En tanto, Alicante se halla en 38º20’43”N 0º28’59”O.

Mujer hopi (Arizona, Estados Unidos).

Otra mujer  de origen hopi (Arizona, Estados Unidos).


Los vestigios evidencian el hecho que ambas fueron culturas solares y poseyeron conocimientos sobre los símbolos proto-rúnicos y rúnicos. En este sentido, la presencia de hiero-glypho del tetraskelión (la swastika, el Hakenkreuz, o la “cruz de nuestros ancestros”), es ilustrativa en cuanto revela su unidad de origen. A esto, se debe agregar además, a su procedencia en la patria mítica de los hombres-dioses de Aztalán-Atlantis en sus respectivas tradiciones

Tawa es el dios-Sol de los hopis. Y Tīwaz (Tīw o su variante latinizada, Tius; y Tuiso) es el hijo de Odín de los pueblos germano-iberos.

Un eco de la tradición primordial de los hombres-dioses se descubre en los mitos hopis, cuyos descendientes aún esperan el regreso del errante dios blanco Pahana. 

Rafael Videla Eissmann
29 de Octubre de 2015


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