sábado, 6 de junio de 2015

Araucanía - Berchtesgaden


El mito es la verdadera historia.

 Descendientes de los antiguos araucanos con atuendos ceremoniales y máscaras –kollón– barbadas de Cautín,
en la Región de la Araucanía, en el sur de Chile (Fotografía de Gustave Millet, alrededor de 1900).


Significativamente, los “atuendos” mágico-religiosos de la tradición de los antiguos y ya desaparecidos araucanos de la zona centro-sur de Chile guardan relación con una costumbre del sur de Alemania. ¿Coincidencia? Casualidad? ¿Sincronía?

Los atuendos de los araucanos se caracterizan por constituir una especie de “abrigo” de paja que cubre todo el cuerpo. Lo mismo acontece en Alemania con los Buttnmandl del valle de Berchtesgaden, aun cuando mucho de la celebración germana contemporánea esté revestida de factores cristianos. Al igual que en las representaciones de los araucanos, algunos de los Buttnmandl poseen cuernos, sobre los cuales ha explicado el profesor Roberto Rengifo: Los cuernos han sido símbolos de dioses y héroes.

Resulta llamativo constatar que los araucanos portaban máscaras o kollón caracterizadas en su gran mayoría por la barba y los bigotes, factores fisonómicos usualmente ajenos a las poblaciones indígenas de origen protomongoloide y mongoloide de Asia. ¿Cuál es su origen entonces? ¿Cuál es el modelo del cual ha surgido esta representación tradicional en el Chili Mapu?

 Los Buttnmandl del valle de Berchtesgaden en Alemania.


He aquí nuevamente –aunque sea de modo indirecto– la evidencia de una población absolutamente distinta de la indígena, hecho que de modo necesario debiese replantear los dogmas de la historiografía oficial en torno al origen del hombre americano, los estadios de desarrollo cultural y la cronología del poblamiento. Esto, por cuanto las representaciones de las máscaras de los araucanos refieren a sus “ancestros”, es decir, a los antupainko, los Hijos del Sol, el tronco ario-andino primordial, la población dolicoide de América de la cual nadie arriesga u osa escribir.

¿Cuál es su relación o conexión con los Buttnmandl de los Alpes? ¿Cuál es, en definitiva, el origen: Germania, Chile? Sin siquiera aventurar una respuesta después de siglos y siglos de manipulación y control por parte del cristianismo y sus agentes destructores del paganismo y las “idolatrías”, es plausible intuir una fuente de la cual esta representación haya surgido y que ha pervivido en el valle de Berchtesgaden, mas no así en la Araucanía, donde la tradición sacra y hermética de los lituche-araucanos se sumergió con el antiguo Sol.

Estos son los ecos de la Ante-Historia.

Rafael Videla Eissmann
5 de Mayo de 2015


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

viernes, 5 de junio de 2015

Breve reseña histórica de los vikingos



Los bárbaros nórdicos pusieron pie en América cuatro siglos antes que Cristóbal Colón. Haciendo de los mares un camino real y de los ríos, senderos, los “hombres del fiordo” conquistaron casi media Europa entre los siglos IX y XI.

Uno de los pueblos de navegantes más notables, no sólo de la Edad Media, sino que de toda la historia del mundo, fue el de los “hombres del norte” o normandos, más conocidos como vikingos, palabra que literalmente en antiguo escandinavo significa “el que frecuenta un fiordo”. Procedían de las regiones escandinavas, Suecia, Noruega y Dinamarca, y constituyeron el más importante núcleo de invasores, que cual manga de langostas se lanzó sobre el continente europeo durante el transcurso del siglo IX, tras el desmembramiento del imperio carlovingio. Los vikingos eran muy semejantes a los bárbaros germanos que habían convergido sobre Roma en siglos pasados, tanto racialmente como en los aspectos de organización social, religión y costumbres. Sin embargo, la gran diferencia con aquéllos fue que sus hordas guerreras operaban fundamentalmente por mar.

Ante todo, los vikingos fueron intrépidos marinos que, en frágiles naves de unos 25 metros de largo y con tripulaciones de sesenta hombres cada una, no vacilaron en aventurarse a vela y remo por los mares del norte e introducirse en los grandes ríos navegables de Europa, realizando asaltos rapidísimos que les permitían retornar a sus tierras cargados de botín. Pero muy pronto estos osados aventureros dejaron de lado los apresamientos en el mar y comenzaron a saquear las ciudades costeras, instalándose en ellas y emprendiendo la conquista de los países en que habían desembarcado. Y como si esto no les bastara, abordaron seguidamente empresas náuticas de largo aliento, descubriendo nuevas tierras hacia el occidente y llegando incluso a realizar la portentosa hazaña de atravesar el Atlántico y poner pie en tierras americanas, nada menos que cuatro siglos antes de que Cristóbal Colón llegara a América.


Los bárbaros nórdicos

Cuando en el curso del siglo IX los escandinavos infestaban las costas de Europa occidental practicando en gran escala la piratería, el término “vikingo” pasó a ser sinónimo de pirata o “parásito del mar”, sustituyendo esta nueva acepción al significado etimológico de “hombres del fiordo”. Sin embargo, lejos de ser vulgares bandidos, los vikingos representaban a la joven aristocracia escandinava y poseían sus propias leyes, así como evidenciaban también un alto grado de sentido de gobierno y de disciplina. Asimismo, no todos los pueblos escandinavos pueden ser considerados en rigor vikingos, puesto que existían también entre ellos labradores que cultivaban tranquilamente sus tierras sin salir de sus patrias, preocupándose poco de las depredaciones de sus fieros hermanos. En definitiva, los vikingos se vieron impelidos a surcar los mares por lo superpoblada que se hallaba la pobre y montuosa Escandinavia, así como por los hábitos piratescos ancestrales desarrollados a través de siglos de morar a orillas del mar.

Mientras los pueblos germanos habían avanzado lentamente por tierra, los vikingos hicieron del mar un camino real, y de los ríos, senderos. Esto no significó que en tierra firme no fueran igualmente efectivos, ya que cuando querían operar en ella, cogían caballos y movíanse velozmente por el interior de los países, cual consumados jinetes. No obstante el elemento líquido constituyó de preferencia el gran escenario de sus proezas. En sus largas naves abiertas, de altas proas, velas cuadradas, numerosos remos, y bordas de las cuales pendían los escudos de los combatientes, los vikingos efectuaban viajes increíbles, iniciando su vida en el mar a muy temprana edad, a veces a los doce años.

Las sagas o tradiciones heroicas y mitológicas de la antigua Escandinavia describen a los vikingos como “hombres corpulentos y rubios, fuertes y duros de corazón, potentes y siempre victoriosos guerreros, de fiera mente, adustos, y cortos en palabras”. Así, no fue extraño que su aparición atemorizase en tan alto grado a los habitantes de las costas inglesas y francesas, sobre las que se dirigieron las mayores ofensivas vikingos. “De la furia de los normandos líbranos, Señor”, fue el rezo más socorrido de los sacerdotes ingleses de aquellos tiempos, que debieron lamentar la destrucción de sus monasterios y la pérdida de cuantiosas cantidades en plata y oro, botín predilecto de los bárbaros nórdicos.


Los dioses vikingos

Primitivamente los vikingos fueron paganos y sacrificaron animales y aun seres humanos a sus dioses, de quienes tenían en sus templos imágenes en madera. Más tarde fueron convirtiéndose al cristianismo, a contar del momento en que los daneses, por su tratado con Alfredo de Inglaterra, en 878, consintieron en ser bautizados, hasta fines del siglo XI, en que el paganismo había desaparecido casi por completo de entre ellos. Los mitos de sus dioses, así como las sagas o epopeyas de sus héroes, se fueron transmitiendo verbalmente por sus bardos de generación en generación, hasta que los intelectuales islandeses del siglo XIII los transcribieron al fin. Constituyen en su conjunto un magnífico legado de la literatura nórdica, comparable en majestuosidad y belleza a las leyendas de los griegos.

Los mitos nórdicos se remontan al principio de las cosas, relatando la lucha entre los dioses y los gigantes (las Fuerzas del Mal) y aludiendo al gran fresno, Igdrassil, el árbol de la existencia, siempre verde, cuyas tres raíces nacen en el mundo subterráneo y cuyas ramas alcanzan hasta Asgard, la Ciudad de los Dioses, que cubren con su sombra. En las estancias de esa ciudad o Walhalla, es donde Odín recibe a los héroes muertos en combate. Los muros son brillantes espadas; las techumbres están constituidas por relucientes escudos, y dan acceso al lugar quinientas cuarenta puertas. Allí los héroes se entregan a un festín interminable, servido por las valquirias, o bien se embarcan en sus naves para pelear a la manera vikinga, pues las frágiles barcas de los navegantes nórdicos son constantes protagonistas de toda la tradición mitológica escandinava.

Los antiguos dioses nórdicos eran abundantes y variados. Odín era el padre de todos, dios de la guerra y la sabiduría y creador del rúnico, la primitiva escritura sagrada. Sus dos cuervos (el Pensamiento y la Memoria) le cuchicheaban al oído sin cesar, estando a menudo sus consejos encaminados a sugerirle que enviara a los navegantes a descubrir nuevas rutas o ricas tierras en que pudieran hacerse de un suculento botín. Su esposa se llamaba Frigga, la reina de los dioses. Le seguía en importancia Thor, dios del Trueno, que con su gran martillo, símbolo de su fuerza, infundía místico pavor a los tripulantes de las barcas vikingas en las noches de tormenta y marejada. Otros dioses eran Frey, dios de la Lluvia, el Sol y los productos de la tierra; Freya, su hermana, diosa de la Belleza y el Amor; y Balder, el mejor y más bello de todos, señor de la Luz y el verano, muerto por el muérdago (invierno). Sin embargo, la divinidad más importante para los navegantes normandos que se aventuraban por mares y ríos desconocidos era Niord, dios de las costas, el mar, la pesca y el comercio. Nunca los vikingos se lanzaron a una aventura náutica sin encomendarse previamente a Niord, el cual a todas luces respondió con creces a aquella fervorosa devoción, recompensándolos con la posesión de vastos territorios europeos y el hallazgo de lejanas tierras al otro lado del Atlántico.

Mascarón de proa. La imagen de un feroz animal iba ahuyentar, según los vikingos,
a los pueblos del litoral y a los crueles piratas del norte.


A la conquista de Europa

Las incursiones vikingos sobre la Europa occidental empezaron poco antes del año 800 y prosiguieron durante más de doscientos años. El primero de los invasores nórdicos cuyo nombre ha llegado hasta nosotros fue Turgesios, quien a partir del 795 se fue apoderando de la mitad de Irlanda. Hacia esa misma época, otros vikingos rodearon la costa septentrional de Escocia, se adueñaron de las islas Orkney y Shettland, y siempre depredando descendieron por la costa oeste, instalándose luego en la Escocia sudoriental, el nordeste de Inglaterra y la Irlanda oriental, utilizando la isla de Man como base central de operaciones en el mar de Irlanda.

No encontrando, al parecer, las islas británicas lo bastante ricas como para satisfacer su desmesurada avidez de botín, los vikingos comenzaron a tentar suerte en otras regiones europeas a mediados del siglo IX. Así, remontaron los ríos Rin, Escalda y Sena, llegando el año 885 a asediar vanamente París con una gigantesca flota de setecientas barcas y cuarenta mil hombres. Antes, habían saqueado e incendiado las poblaciones de Roven, Nantes y Burdeos, sin que los reyes pudieran contener la ola invasora nórdica que amenazaba con destruir todas las grandes ciudades del reino franco, especialmente las situadas a orillas de vías fluviales.

Pero aunque los vikingos no estaban llamados a señorear permanentemente en Francia como lo hicieron en Inglaterra, supieron sí aprovechar la debilidad de los últimos reyes carlovingios para instalarse a lo largo del Sena en la región hoy llamada Normandía, bajo el mando de su jefe Rollón. En el año 912, el rey de Francia, Carlos el Simple, agobiado por las destructoras incursiones normandas, firmó con Rollón un tratado por el cual éste se reconoció su vasallo, a cambio del título de duque y de la cesión en feudo de dicha región. Los descendientes de estos normandos instalados en Francia fueron quienes conquistaron la totalidad de Inglaterra hacia 1066, conducidos a través del Canal de la Mancha por Guillermo el Conquistador.

El tratado del año 912 que reconoció el señorío de los vikingos en Normandía, señaló el fin de sus asedios contra Francia. Pero de ninguna manera puso término a sus expediciones navales, que como una serie de sucesivas oleadas, cada vez más poderosas, fueron abarcando ámbitos más extensos. Primero practicaron incursiones en España y luego en el Mediterráneo, tras pasar el Estrecho de Gibraltar, culminando esos viajes con la conquista del sur de Italia y Sicilia, hacia el año 1090, y extendiendo también su dominio sobre gran parte de la costa del norte de África.

Dragón o serpiente. Animales fantásticos, elegidos
por los vikingos, para sus barcos.


Los vikingos en América

Más hacia el este, los vikingos suecos, a quienes se daba el nombre de varegos, penetraron profundamente en las tierras de los eslavos. Rurik, jefe de una de sus bandas, los rus, ocupó Novgorod, situado al sudeste de la actual Leningrado (San Petersburgo), tras penetrar con sus naves hasta el fondo del golfo de Finlandia. Los sucesores de Rurik, encabezados por su hijo Igor, descendieron hacia el sur e hicieron a Kiev capital de su reino, la futura Rusia, para más tarde avanzar hacia los mares Negro y Caspio, siguiendo el curso de los ríos rusos. Su espíritu aventurero impulsó a los varegos a lanzarse en sus barcas por el Dniéper y el mar Negro, hasta llegar a las mismas puertas de Constantinopla, mandados por el gran duque Olaf, después de haber navegado más de mil millas.

Pero si bien las incursiones de los vikingos hacia el este representaron un considerable esfuerzo náutico para su época, fueron sus expediciones hacia el oeste las que alcanzaron resultados más notables, pues culminaron con el hallazgo de tierras hasta entonces completamente desconocidas. Así, el vikingo Naddord descubrió Islandia, la antigua Tulé, en el año 861. En esta gran isla no tardaron en establecerse ilustres familias de Escandinavia, fundándose allí un floreciente Estado. Años después, en el 877, un navegante islandés, Gumbiern, avanzó hacia el oeste, y descubrió una costa muy montañosa, que muchos años más tarde, en 983, sería explorada por otro aventurero vikingo llamado Frico el Rojo, quien le dio el nombre de Groenlandia o “tierra verde”.

Erico el Rojo exploró durante tres años las costas de la inmensa Groenlandia hasta encontrar tierras habitables, a las que trasladó veinticinco naves de colonos reclutados en Islandia, de las que sólo llegaron catorce, naufragando las restantes en un temporal. Con los que llegaron, se fundó en Groenlandia una colonia, de la cual no tardaron en salir a su vez nuevas exploraciones.

Un islandés establecido en Groenlandia, llamado Bejarne, refirió a Erico que siendo arrastrado por una tempestad había divisado un país fértil al sudoeste. Como Erico el Rojo estaba ya muy viejo para hacerse a la mar, equipó una nave que confió al mando de su hijo, Leif Ericsen y la hizo aventurarse en aquella dirección. El viaje de Leif fue extraordinariamente fructífero ya que le permitió descubrir Helluland o “tierra de las piedras” (Terranova) y Markland o “tierra de la madera”, la que corresponde a las costas de Nueva Escocia. Siguiendo más al sur, la expedición de Leif alcanzó la costa meridional de Canadá.

Así, pues, los vikingos fueron los descubridores de América, en cuyas tierras fundaron varias colonias. El más notable de los colonizadores normandos fue el islandés Thornfinn, rico comerciante que visitó Groenlandia y se casó con una hija de Erico el Rojo. Thornfinn inició la colonización de las tierras de América del Norte, encabezando varias expediciones que partiendo de Groenlandia e Islandia llegaron hasta las regiones que hoy corresponden a los Estados de Nueva York y Nueva Jersey, como lo atestiguan las ruinas y antigüedades escandinavas descubiertas en Estados Unidos.

Pero la colonización de las tierras americanas por los vikingos no pudo continuarse porque Islandia cayó bajo la dominación de Noruega, la cual la privó de sus libertades municipales y le prohibió todo comercio con el extranjero.

Nave vikinga de Oseberg. Este navío fue restaurado en el museo de Oslo. Las incursiones 
vikingas sobre Europa Occidental empezaron poco antes del 800 y prosiguieron durante más
de doscientosaños consecutivos. 


Efectos de las invasiones vikingas

Aparte de la proeza de haber descubierto América, las expediciones e invasiones vikingas tuvieron diversos significados. La influencia de sus incursiones en el continente europeo varió según los países, siendo más fuerte en Inglaterra, Escocia e Irlanda y más local y limitada en Francia, Germania e Italia. El primero y más claro de sus resultados fue la pérdida y destrucción de vidas y propiedades en una escala desproporcionada al reducido número de los atacantes. Por algún tiempo, los vikingos detuvieron el largo proceso civilizador de siglos enteros. “Las ciudades están despobladas, los monasterios arruinados y quemados, la campiña reducida a soledad... Los hombres se devoran mutuamente como los peces en el mar”, se lamentaba un eclesiástico del siglo X. Se dice que todas las poblaciones de Francia fueron destruidas una vez como mínimo por los vikingos, en el curso de los siglos IX y X.

Pero pese a las destrucciones que ocasionaron, las invasiones escandinavas fueron beneficiosas en muchos sentidos. La mezcla de sangre vikinga en los pueblos del nordeste de Europa fue un factor de gran trascendencia futura. Los vikingos, amén de su condición de guerreros, se revelaron como audaces aventureros extraordinarios marinos y hábiles comerciantes. Cuando sus actividades piratas declinaron, se dedicaron con gran ahínco a comercio, convirtiéndose en precursores del tráfico marítimo en gran escala, que tanto auge iba a alcanzar con el correr de los siglos.

Los escandinavos dieron muestras, asimismo, de amar profundamente la libertad. Aunque ilegales en su trato con los pueblos conquistados, concedieron, sin embargo, mucha importancia a los usos jurídicos, hasta el punto de que la palabra inglesa “law” (ley) es de neto origen escandinavo. En Islandia, los colonizadores vikingos llegaron a crear una Asamblea Nacional de toda la isla, que fue el primer parlamento de su género que existió en el mundo, con funciones legislativas y judiciales. Pero, por sobre todo, la importancia mayor de los vikingos fue que con sus viajes al oeste anticiparon un movimiento naval que llegaría a ser de máxima importancia cuatro siglos más tarde, a partir de la gran travesía de Cristóbal Colón en 1492 en procura de “una nueva ruta hacia las Indias”.

La historia de la navegación. Revista Sucesos.
Número 20 (Madrid. Sin fecha de edición).

viernes, 8 de mayo de 2015

En 1963 se anunció la existencia de un asentamiento vikingo en América, 500 años antes de Colón


 El asentamiento vikingo en L’Anse aux Meadows, en Canadá.


El 5 de Noviembre de 1963 los arqueólogos Helge Ingstad y su esposa Anne Stine Ingstad hicieron público su descubrimiento de asentamientos vikingos en América, en el sitio L’Anse aux Meadows o “Ensenada de las Medusas”, en New Foundland, situado en la punta septentrional de la isla de Terranova, en Canadá.

Los restos encontrados ahí se ubican entre los años 989 y 1020, lo que ubica la llegada de los europeos al Nuevo Mundo casi 500 años antes de que lo hiciera Cristóbal Colón, porque además existen evidencias de que los vikingos antes de llegar a este lugar estuvieron en Groenlandia.

Se cree que el explorador islandés Leif Ericson, hijo segundo de Eric el Rojo, alcanzó la costa de lo que denominó Vinlandia antes del año 1000; de regreso a su lugar de origen describieron el lugar como rico en madera y, por tanto, muy adecuado económicamente para los islandeses, cuya tierra carece prácticamente de árboles.

A principios de 1960, los arqueólogos Helge Ingstad y Anne Stine Ingstad realizaron una búsqueda cerca de las costas de Terranova y Labrador. Ingstad, era un investigador de los pueblos nórdicos, quien había pasado la mayor parte de su carrera estudiando las civilizaciones del nórdicas y del Ártico, y fue el seguimiento de las leyendas sobe exploraciones vikingas de los siglos X y XI, lo que lo llevó a realizar la búsqueda en tierras canadienses.

Helge Ingstad y Anne Stine Ingstad.


En 1961, la exploración dio sus frutos, y los investigadores descubrieron un asentamiento vikingo en L’Anse aux Meadows.

Ahí recuperaron artefactos nórdicos del siglo X, por cientos, que incluía un malacate de de costura y un pin de bronce con anillo, así como otro hierro. Las pruebas de radiocarbono realizadas dataron la ocupación en el sitio entre los años 990-1030 de la era cristiana.

El asentamiento estaba formado por al menos ocho edificios: Tres viviendas, una forja con tecnología de extracción de hierro idéntica a la de los vikingos, un aserradero para abastecer a un astillero y tres almacenes. El mayor de los edificios medía 28,8 m de largo y 15,6 m de ancho, y estaba dividido en varias habitaciones. La construcción era del tipo de las casas de Islandia. Los techos eran estructuras de madera que luego cubrían con hierba.

La ubicación geográfica de L’Anse aux Meadows.


Según la saga, antes de dirigirse a Vinlandia, Eriksson se detuvo en la isla de Baffin para caminar por una costa de nombre Helluland, una antigua palabra nórdica que significa “Piedra de la losa de la tierra”, la cual se ha buscado intensamente en la costa de Terranova, hasta ahora sin resultados.

Álef
5 de Noviembre de 2013

viernes, 1 de mayo de 2015

Fenicios, templarios y vikingos en América



La fama de los fenicios recae en el hecho de que eran excelentes navegantes y su flota era muy avanzada para su época. ¿Es posible que los fenicios hayan llegado a América antes que Cristóbal Colón? 

Esta teoría es parecida a la egipcia, pero en vez de Punt, la extraña y lejana tierra que aparece en sus historias se llama Ofir. 

Según la misma Biblia, Salomón pidió al rey Irma de Tiro que le mandara carpinteros para construir una flota sobre el mar Rojo, así como marinos para llevar esta flota hasta el país de Ofir. ¿Dónde quedaba esta tierra? La localización geográfica de Ofir está exactamente en la misma situación que la tierra de Punt. Ambos países se hallan “lejos, en el sudeste”; el viaje empieza de un puerto en el mar Rojo y dura tres años, entre ida y vuelta, para ambos destinos. 

Los productos de Ofir coinciden en general con los que los egipcios traían de Punt y sus escalas: oro, maderas preciosas, especias, inciensos, esclavos, etc. 

Uno de los datos que indican que los fenicios visitaron América se hayan en la costa peruana, más concretamente en el Templo de Sechim, en el Valle de Casma, donde según los investigadores existen dos naves fenicias en las estelas centrales del templo. 

Un hallazgo más curioso es el del brasileño Bernardo Silva Ramos quien ha recorrido la selva amazónica durante más de veinte años buscando, fotografiando y copiando 2800 inscripciones rupestres, reconociendo la mayor parte de ellas como fenicias y las otras como griegas. 

La conocida como Piedra de Paraiba, descubierta en 1872 y reiteradamente estudiada al presentar caracteres fenicios, parece ser uno de los indicativos que sugieren la llegada de este pueblo, junto a otras numerosas estelas grabadas con signos del mismo alfabeto, del hebreo y también del egipcio. 

450 años a. C., existió en Egipto un emperador llamado Necao II quien contrató a una flota fenicia para que circunnavegara el África. Según Herodoto, la expedición duró tres años y hay quienes proponen que es probable que una de las naves de esta expedición haya sido desviada por la corriente Benguela hasta el Brasil. 


Templarios 

¿Llegaron los templarios a América antes que Colón? Una reciente investigación de José Antonio Hurtado defiende la idea de que una flota mallorquina llegó hasta América unos 150 años antes que Colón, siguiendo la llamada Ruta TyD. Esa visita americana por parte de mallorquines tenía fines comerciales y supuestamente parecen haber indicios de que es la misma ruta que había usado nada más y nada menos que los miembros de la Orden del Templo –mejor conocidos como templarios–. 

Cada vez son más los expertos que opinan que la flota templaria alcanzó América y estableció una ruta comercial secreta que posteriormente les pudo servir para escapar cuando la orden fue perseguida en el año 1307. Algunos grabados con simbología templaria descubiertos en la costa estadounidense de Maine, o en diversos enclaves de Centro y Sudamérica, lo sugieren, así como representaciones de amerindios en monumentos templarios europeos. Se vincula también la riqueza templaria al comercio de plata con los pueblos precolombinos. También hay quienes piensas que estas historias son parte de la mitología en torno a los templarios ya que “su interés estaba en Oriente, Tierra Santa y nunca al oeste”. 


Los vikingos 

Para la mayoría de los que aceptan que Colón no fue el primer extranjero en visitar América, los vikingos son sus candidatos principales. Sin lugar a dudas la teoría vikinga es la que cuenta con mayor probidad y fundamento gracias a los hallazgos y las historias que cuentan las sagas, que no son más que relatos islandeses originados en la Edad Media en los que se haya presente una historia acerca de una tierra llamada Vinland. 

Según los investigadores, la tierra de Vinland no es más que la zona del Golfo de San Lorenzo, Nueva Brunswick y Nueva Escocia en Norteamérica, siendo el área explorada a partir de un asentamiento llamado Leifbundir alrededor del año 1000 en Terranova (hoy Canadá). Este pequeño asentamiento aparentemente no duró mucho, pero su mención en las sagas arrojó la posibilidad de que los vikingos fueran los primeros extraños que se asentaron en América. 

Durante mucho tiempo se creyó que estas historias eran solo una fantasía, pero en 1961 las dudas finalizaron luego del hallazgo de ruinas de arquitectura vikinga en el área de L’Anse-aux-Meadows, en la costa norte de la isla de Terranova. Las dataciones por Carbono 14 indicaron edades en torno al año 1000 lo cual confirmaba la veracidad de la presencia vikinga en América del Norte. Según las mismas sagas, estos asentamientos fueron abandonados debido a la hostilidad de los nativos de aquellas zonas. 

Fuente: Diario Libre (República Dominicana). 15 de Mayo de 2007

sábado, 25 de abril de 2015

El Árbol Sagrado


Representaciones petroglíficas del “Árbol del Mundo”, el “Árbol-Hombre”, ideografías
sacras de los lituches, los primigenios habitantes de Chile, del Chilli-Mapu.


La ideografía del “Árbol del Mundo”, asociado intrínsicamente como figuración y representación del “Árbol de la Vida” y “Árbol del Conocimiento”, es posiblemente uno de lo símbolos más sagrados de los arios en América, Asia y Europa.

Su origen y antigüedad se remonta al Satya Yuga, a la Edad Solar de los hombres-dioses y su Orden Sacro.

Esta ideografía se conforma por un trazo vertical del cual se desprenden, en ángulos agudos y en ambos lados, una o más ramas. 

Quizás una de sus más antiguas representaciones se halle en el árbol-runa Man: La runa de la “Vida”, de la “Muerte” y la “Resurrección”. El simbolismo del Irminsul-Yggdrassil, como árbol-mundo, es significativo: Sus raíces y ramas mantienen unidos los diferentes planos: Asgard, Midgard, Helheim, Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y el Jötunheim.

Detalle de un tapiz escandinavo del siglo XII en el cual se ha representado a Odín,
Thor y Freya. Junto a Odín, el árbol-runa.


Es, también, el símbolo del hombre, de la columna vertebral, de las vértebras-vórtices, del eje-polo-vertical, el Árbol-Fuego, el Árbol de Fuego.

Desde los distantes ecos de la Ante-Historia, este hieros-glifo se asocia a deidades solares como Brahmã, Agni-Surya, Odín-Wotan, Dieva-Laima, Perun y el kukulkán Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, el Dios Blanco de América Central.

De izquierda a derecha: Símbolo lituche-araucano del “Árbol de la Vida”; signo maya
del “Árbol de la Vida”; la runa Man, de la Vida, del Futhark germánico, el “hombre-árbol”;
una variaciones del símbolo báltico de Laima (Trīs Laimes).


El intangible arquetipo del “Árbol de la Vida”, se cristaliza en el sacro Irminsul de los germanos; en el Bodhi de Siddhartha Gautama y de la tradición pre-lamaísta del Bö; en la Palma del dios Apolo; el Világfa y Életfa de los táltos de Hungría; en el roble Perón y el Haorma avéstico; en el Yaxché mesoamericano y en los propios árboles-pilares que sostienen los cielos junto a los Bacab.

Se observa, asimismo, en innumerables representaciones culturales prehispánicas de la América del Sur, como petroglifos, alfarería, armas y templos.

La ideografía, ciertamente, corresponde a la imagen de un árbol, es decir, una representación del árbol como signo de los ciclos de la fuerza vibrante de la Naturaleza (Gottos). La profunda veneración al árbol, a los bosques, es propia de las culturas y civilizaciones arias en el mundo: Allí, entre las luces y sombras proyectadas por ramas y hojas, en perpetúa transmutación, se erguían los templos a los dioses, a los ancestros, a las fuerzas de la Naturaleza.

Petroglifos del “Árbol del Mundo” de El Cenajo, en Hellín, España.


La raíz de estos conceptos, en su conjunto, se encuentra en una Weltanschauung total y trascendente en la cual el hombre era parte integrante del mundo –en clara oposición a las doctrinas de las religiones monoteístas y su ontología antropocentrista que han devastado los reinos de la Naturaleza, socavando, al mismo tiempo, la propia esencia del hombre–. Fue la proyección del Hombre-Dios, en el estado primordial, en el Unus Mundus, cuando el hombre, los animales y los minerales conformaban una totalidad, una integridad, base de la antigua veneración y amor a la tierra, a la Patria-Matria, al Paisaje Mágico, en comunión con los espíritus del fuego, de las aguas, de la tierra y del aire, una suerte de antiguo «nacionalismo» mágico y místico.

De tal manera, el árbol, para las culturas y civilizaciones arias, ha sido el símbolo viviente de los ciclos de la Naturaleza y sus leyes, es decir, de los ciclos de la vida, la muerte y la resurrección, a la vez que la representación del Axis Mundi, el Eje del Mundo.

El Bhagavad Gita (XV, 1. 4), indica al respecto:

Indestructible es el Ashwattha, el árbol sagrado, símbolo del universo,
que tiene las raíces hacia arriba y las ramas hacia abajo.

Sus hojas son los Vedas. Quien los conoce, conoce los Vedas. 

Sus ramas se alimentan con la savia de las tres cualidades.

Sus brinquillos son los órganos de los sentidos, algunos
de los cuales crecen hacia arriba y otros hacia abajo. 

Las raíces, que se extienden por el plano
de los hombres, son los lazos de acción.

No es posible en este mundo conocer su forma,
ni su origen, ni su fin, ni sus conexiones.

Cuando el hombre abata este corpulento árbol con la tajante
hacha del discernimiento y la abstención, a pesar de su firmísimo
raigambre, podrá buscar aquel ulterior sendero del que no se vuelve,
y encaminarse hacia el supremo Espíritu del que surgieron
las almas de los seres y de las cosas.

Rafael Videla Eissmann
25 de Abril de 2015 


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

lunes, 20 de abril de 2015

El misterio de Odín y la Gran Guerra: Grímnismál (“El Discurso de Grímnir”)


Wilde jagd (1856-57) de Johann Wilhelm Cordes.


Este es el Mito, la «Narración Sagrada» del Pasado-Futuro, el cual resguarda y proyecta el velado misterio de la Sangre y del Suelo. He aquí las claves de la Weltansachauung germana y de la Gran Guerra de los mundos.

En el Crepúsculo de los Dioses o Götterdämmerung, Odín desaparece y se asienta en el Refugio Inexpugnable, al interior de la Montaña Sagrada, junto a los Einherjar, el Batallón Furioso, a la espera del combate final, la guerra astral y definitiva que instaura un Nuevo Sol, la Nueva Edad, el Satya Yuga de los hombres-dioses.


Sobre los hijos del rey Hraudung

El rey Hraudung tenía dos hijos, Agnar y Geirröd. Agnar tenía diez inviernos de edad y Geirröd ocho cuando fueron a remar en un bote para pescar. Mas, el viento les empujó mar adentro. Durante la noche embarrancaron en la orilla y encontraron a un labrador con el que pasaron el invierno. Su esposa adoptó a Agnar, y el hombre tomó cuidado de Geirröd, enseñándole su sabiduría.

En primavera, el viejo les consiguió una barca, y la pareja llevó a los dos hermanos a la playa. El viejo habló aparte con Geirröd.

Tuvieron viento favorable y arribaron a la tierra de su padre. Geirröd iba en la parte delantera de la barca; saltó a tierra y empujó la barca de la orilla, diciendo: «¡Vete, que te lleven los demonios!». La barca se alejó. Geirröd subió a casa, donde fue bienvenido, pero su padre había muerto. Entonces Geirröd fue hecho rey.

Odín y Frigg estaban en Hlidskjálf viendo todos los mundos. Odín dijo: «¿Ves a Agnar, tu hijo adoptivo, que va a engendrar un hijo con una giganta, allá en Hel? En cambio Geirröd, mi hijo adoptivo, es rey y gobierna sobre esta tierra». Frigg dijo: «Él mata de hambre a su pueblo y tortura a sus huéspedes si le parece excesivo su número». Odín respondió que esto era una gran mentira; e hicieron una apuesta para averiguar la verdad.

Frigg envió a su doncella, llamada Fulla, a Geirröd. Ella le dijo al rey que se mantuviera alerta, que se cuidara de un hábil mago que había llegado a la tierra para embrujarle y que no podría ser reconocido porque no había perro tan fiero que osara acercársele. Era una gran falsedad que Geirröd no fuera hospitalario. Así, ordenó a los suyos apresar a cualquier hombre al que no se le acercaran los perros. Llevaba un manto azul oscuro, dijo llamarse Grímnir, y no dijo nada más de sí mismo aunque se lo preguntaran.

El rey lo torturó para que hacerle hablar, poniéndolo entre dos fuegos durante ocho noches. El rey Geirröd tenía un hijo de ocho inviernos de edad, que se llamaba Agnar como su tío. Agnar fue hacia Grímnir, y le dio un cuerno lleno de bebida, diciendo que el rey hacía mal en torturarle sin causa. Grímnir bebió del cuerno. El fuego había crecido tanto que le abrasaba el manto. 

Dijo:

1 Eres cálido, fuego, muy en demasía;
aléjate de mí, salvaje llama;
mi manto se abrasa aunque lo alzo en el aire,
su piel se chamusca y arde sin llama.

2 Durante ocho noches no me he movido,
nadie me ofreció comida o alimento
excepto Agnar, hijo de Geirröd,
sea él señor de la tierra de los godos.

3 ¡Salve, Agnar! la fortuna te ofrece
el Altísimo,
por un solo trago tu recompensa 
será mayor que la que ningún hombre jamás tuvo.

4 Es sagrada la tierra que se extiende cerca
de las casas de los hombres y de los elfos;
pero en Thrúdheim, ha de estar Thor
hasta que mueran los dioses.

5 Ídalir se llama la tierra de Ull,
donde hizo sus salas;
el Álfheim a Frey regalaron los dioses
en tiempos remotos.

6 Hay una tercera estancia donde los magnánimos dioses
techaron con plata una sala;
Válasjálf es llamado; un asen la construyó
en tiempos remotos.

7 Skökkvabekk, la cuarta, y allí las ondas frías
podían romper;
Allí Odín bebe todo el día con Sága,
alegres, en jarras de oro.

8 Gladsheim, la quinta, brillante como el oro,
donde el Valhalla se extiende;
allí, Hropt elige cada día
a los guerreros muertos por las armas.

9 Fácilmente, los que llegan allí, reconocen 
la Mansión de Odín;
techada está con astas, tejada con escudos,
cubierto el suelo de corazas.

10 De manera fácil, los que allí llegan, reconocen
la Mansión de Odín;
cuelga un lobo al oeste de las puertas,
y las águilas se ciernen.

11 Thrymheim es la sexta, la morada
de Thjazi, el terrible gigante;
Ahora allí Skadi, clara novia de los dioses,
se sienta en el trono de su padre.

12 Breidablik es la séptima, donde Baldr
se construyó una mansión;
un lugar bendito, la mejor de las tierras,
donde pocas cosas horribles hay.

13 Himinbjörg, la octava, allí Heimdall
gobierna la tierra y los templos;
el guardián de los dioses bebe en la apacible mansión,
alegre, el buen hidromiel.

14 Fólkvang, la novena, donde Freyja indica
dónde los guerreros deben sentarse;
la mitad de los caídos siguen a la diosa,
mientras que la otra parte pertenece a Odín.

15 Glítnit la décima, con cimientos de oro
y un rico techado de plata;
allí Forseti viene a menudo
y apacigua los pleitos.

16 Nóatún la onceava, donde Njörd
construyó una sala;
el príncipe de los hombres, el afable, rige
los templos de altos muros.

17 Vídar vive en la tierra llamada Bosque,
donde cañas y hierba crecen;
allí el hijo desciende, del lomo del caballo,
valeroso, a vengar a su padre.

18 Andhrímnir pone en Eldhrímnir
a cocer a Saehrímnir;
y es la carne mejor, pero pocos saben
qué comen los Einherjar.

19 A Geri y Fraki nutre el avezado en luchas,
el glorioso Herjafödr:
Y sólo con vino, magnífico en las armas,
vive siempre Odín.

20 Hugin y Munin vuelan cada día
sobre la vasta tierra;
padezco por si Hugin no puede regresar,
pero más sufro por Munin.

Odín y sus cuervos. De fondo, el Árbol del Mundo.


21 Ruge Thund; prosperan los peces
en las aguas de Thjódvitnir;
la corriente del río no parece vadeable
a las huestes de los Einherjar.

22 Valdrid es la verja que se alza en el llano
ante las sagradas puertas;
antigua es la verja, pero pocos saben
cómo se cierra.

23 Quinientas puertas y cuarenta más
creo que tiene el Valhalla;
ochocientos Einherjar saldrán por una sola,
a luchar contra el lobo.

24 Quinientas estancias y cuarenta más
así creo que está hecho Bílskirnir;
de aquellas mansiones que sé que se alzan
creo que es más grande la de mi hijo.

25 Heidrún es la cabra, en las salas de Herjafödr,
muerde las ramas de Laerad;
llenará un cántaro con claro hidromiel,
no puede agotarse el aguardiente.

26 Eikthynir es el ciervo, en las salas de Herjafödr,
muerde las ramas de Laerad;
y de sus astas gotea sobre Hvergelmir,
de él surgen todos los ríos.

27 Síd y Víd Soekin y Eikin,
Svöl y Gunnthrö,
Fjörn y Fimbulthul,
Rín y Rennandi,
Gipul y Göpul,
Gömul y Geirvimul
ciñen los tesoros de los dioses,
Thyn y Vin, Thöl y Höl,
Grád y Gunnthorin.

28 Vína se llama uno, Vergsvin el otro,
Thjódnuma el tercero,
Nyt y Nót, Nönn y Hrönn,
Slíd y Hríd, Sylg e Ylg,
Výd y Ván, Vönd y Strönd,
Gjöll y Leiptr, caen junto a los hombres,
caen hasta Hel.

29 Körmt y Örmt y los dos Kerlaug,
Thor los vadeará
cada día al ir a juzgar
en el fresno de Yggdrassil,
porque el Asdrú arderá todo en llamas,
hierven las aguas sagradas.

30 Glad y Gyllir, Glaer y Skeidbrimir,
Silfintopp y Sinir,
Gísl y Falhófnir, Gulltopp y Léttfeti,
corceles que los ases cabalgan
cada día al ir a juzgar
en el fresno Yggdrassil.

31 Tres raíces expanden tres caminos
bajo el fresno Yggdrassil:
Hel habita bajo una, los trols del cielo bajo otra,
los hombres bajo la tercera.

32 Ratatosk es la ardilla que habrá de correr
en el fresno de Yggdrasil;
las palabras del águila llevará, abajo,
las dirá a Nídhögg.

33 Hay cuatro ciervos, y su misión 
es roer, echada atrás la cabeza,
Dáin y Dvalin,
Duneyr y Durathrór.

34 Más serpientes hay, bajo el fresno Yggdrassil,
que imaginen los tontos simios;
Góin y Móin, –son hijos de Grafvitnir–.
Grábak y Grafvöllud;
Ofnir y Sváfnir, creo que siempre
raerán las ramas del árbol.

35 El fresno Yggdrassil padece tormentos,
nadie sabe cuántos;
un ciervo le muerde abajo, se pudren sus costados,
Nidhögg lo recorta.

36 Hrist y Mist quiero que me traigan el cuerno,
Skeggjöld y Skógul,
Hildi y Thrídi Hlökk y Herfjötur,
Göll y Geirökull;
Randgríd y Radgríd y Reginleif,
llevan cerveza a los Einherjar.

37 Árvak y Alsvid subirán el Sol,
los enjutos caballos;
y bajo sus lomos ocultaron los dioses,
los ases, sus fuelles.

38 Svöll se llama, se yergue ante el sol,
el escudo, claro sacerdote,
montañas y mares sé que arderán
si cae desde allí.

39 Sköl, sigue al hombre-dios de claro rostro
al abrigo de los bosques;
y otro es Hati, hijo de Hródvitnir,
ante la clara novia del cielo.

40 De la carne de Ymir se creó la Tierra,
y el salado mar, de su sangre.
De los huesos, el monte, los árboles, del pelo,
y del cráneo el cielo.

41 Y de sus pestañas hicieron los dioses
el Midgard a los hombres;
y de su cerebro las desagradables
nubes todas crearon.

42 Tiene el favor de Ull y de todos los dioses
quien toca el primero la llama,
pues se abren los mundos a los hijos de los ases
al levantar el caldero.

43 Los hijos de Ívaldi fueron, en tiempos remotos,
a crear Skídbladnir de las naves,
el mejor de los barcos, para el brillante Frey,
el provechoso hijo de Njörd.

Frigga (1930) de Max Koch.


44 Es el fresno Yggdrassil el mayor de los árboles,
y Skídbladnir de las naves,
y Odín de los ases, Sleipnir de los corceles,
Bifröst de los puentes, Bragi de los poetas,
Hábrók de los halcones, y de los perros, Garm.

45 La mirada ha elevado a los triunfantes dioses,
y así atraerá su ayuda;
a todos los ases se les dirá,
en los bancos de Aegir,
en el festín de Aegir.

46 Me llamo Grím, me llamo Gangleri,
Herjan, Hjálmberi;
Thekk y Thridi, Thund y Ud,
Helblindi y Hár.

47 Sadr y Svipall y Sanngetall,
Herteit y Hnikar,
Bileigr, Báleyg, Bölverk, Fjöllnir,
Grím y Grímnir, Glapsvid y Fjölsvid.

48 Sidhött, Sídskegg, Sigfödr, Hnikud,
Alfödr, Valfödr, Atríd y Farmatýr;
con un sólo nombre nunca me llamo
desde que viajo entre los hombres.

49 Grímnir me llamaron en casa de Geirröd,
y Jálk en la de Osmund,
y también Kjalar cuando fui en trineo;
Thrör en la asamblea,
Vildur en el combate,
Óski y Ómi, Jafnhár y Biflindi,
Göndlir y Hárbárd entre los dioses.

Götterdämmerung (1876) de Josef Hoffmann.


50 Svidur y Svidrir, en casa de Sökkmínir,
mentí a aquel viejo gigante,
cuando del hijo ilustre de Midvinir
fui el único asesino.

51 Estás borracho Geirröd, bebiste demasiado;
mucho has perdido; perdiste mi ayuda,
la gracia de Odín, de todos los Einherjar.

52 Mucho te dije, mas poco recuerdas;
tus amigos te engañan;
veo la espada, allí, de mi amigo,
empapada en sangre.

53 El cadáver traspasado será ahora de Ygg,
sé que concluyó tu vida;
hostiles son las doncellas, mira ahora a Odín,
acércate a mí si puedes.

54 Othin me llamo ahora, Ygg, me llamé antes,
aún antes me llamé Thund,
Vak y Skilfing, Váfud y Hroptatýr,
Gaut y Jálk entre los dioses,
Ofnir y Sváfnir, creo que todos se hicieron
uno solo en mí.

El rey Geirröd estaba sentado con la espada sobre las rodillas, desenvainada a medias. Y cuando oyó que Odín había llegado, se levantó y quería sacar a Odín del fuego. Pero la espada se le escapó de la mano con las guardas hacia abajo. El rey tropezó y cayó, y la espada le atravesó y quedó muerto.

Odín desapareció.

Y desde aquel tiempo, Agnar fue rey durante mucho tiempo.

domingo, 12 de abril de 2015

Aproximación al alfabeto íbero-rúnico


Estela funeraria ibérica de Sinarques (Museo de Prehistoria de Valencia).


Contrariamente a la concepción que vincula, y más aún, que busca el origen del alfabeto íbero en el fenicio, en el cretense, chipriota, etrusco, celta e incluso, en el latín, éste se remonta en realidad, al alfabeto rúnico o Futhark –o a algunas de sus variaciones arcaicas–, las primitivas ideografías mágicas-religiosas de los arios.

Los vestigios del alfabeto íbero, el cual se rastrea por medio de inscripciones en diversos objetos que se extienden principalmente en la zona mediterránea de la península ibérica y que fue hablada por pueblos prerromanos como los ausetanos, ilergetes, layetanos, cossetanos, ilercavones, edetanos y oretanos, presenta inconfundibles semejanzas con el trazado y fórmulas de la runología germana.

Tésera celtibérica procedente de Huete (Cuenca), con símbolos rúnicos.

Tésera celtibérica descubierta en Sasamón (Burgos) con runas (Anverso y reverso).


¿Quiénes fueron los íberos? ¿Cuál es su origen? En la historiografia tradicional se les describe como los habitantes pre-indogermanos, arribados en un período que abarca entre el 5000 a. C. hasta el 3000 a. C. y que se asentaron en el Levante, en el sur peninsular y en el suroccidente de Francia y del cual escribieron autores tales como Hecateo de Mileto, Heródoto, Estrabón y Rufo Festo Avieno.

La lengua paleohispánica de los íberos se reconoce en fuentes escritas como el signario ibero nororiental –o levantino–; esporádicamente en el signario ibero suroriental –o meridional– y por último en variaciones en el alfabeto greco-ibérico.

Interesantes aproximaciones al origen y la cultura de los íberos se encuentra en las siguientes obras: Francisco María Tubino: Los aborígenes ibéricos o los beréberes en la Península (Secretaría de la Sociedad Antropológica. Madrid, 1876); Nicolás de Soraluce y Zubizarreta: Los iberos ó sean euskaros y el euskara (Memoria. [S. l.], 1879); Víctor Gebhardt: Los dioses de Grecia y Roma ó mitología greco-romana: Historia de los dioses, semidioses y héroes del gentilismo clásico, de sus dogmas, misterios, fiéstas y ceremonias, con el relato de las tradiciones heroico-mitológicas y observaciones calidad y artísticas (Biblioteca ilustrada de Espasa y Compa. Barcelona, 1880); Vicente de Arana: Los últimos iberos. Leyendas de Euskaria (Librería de Fernando Fé. Madrid, 1882). Arturo Campión: Orígenes del pueblo euskaldún: Íberos, keltas y baskos (Imprenta y Librería de J. García. Pamplona, Ca. 1927-1931); Manuel Gómez-Moreno: Materiales de arqueología española (José Blass y Cía. Madrid, 1912); De epigrafía ibérica: El plomo de Alcoy (En: Revista de Filología Española. Tomo IX. Madrid, 1922); Sobre los iberos y su lengua (Hernando. Madrid, 1925) y Adam y la prehistoria. Discurso sobre la historia primitiva del hombre (Editorial Tecnos. Madrid, 1958) y Domingo Fletcher: Inscripciones ibéricas (Museo de Prehistoria. Valencia, 1953).

Ahora bien, aun cuando estos trabajos resultan de gran importancia, se enmarcan de una u otra manera en los conceptos propios de la historiografia oficial: El evolucionismo, el difusionismo y en una escueta cronología que busca sus raíces en las fuentes mediterráneas y no en la tradición polar.

Plomo de Ullastret, inscrita sobre una placa de plomo, hallada en Ullastret (Gérona).


Ciertamente, se puede afirmar que en la península ibérica confluyeron diversas culturas a través de flujos y reflujos en el transcurso de las edades, hecho que se plasma y se constata por medio de los vestigios arqueológicos conocidos, los que no obstante se adosan y sobreponen a una fuente original y arcaica de procedencia aria: Obsérvese el inconfundible estilo escultórico expresado en la fabulosa Dama de Elche o bien, en la Dama de Baza o la Dama del Cerro de los Santos; o las extraordinarias esculturas de animales sagrados como lobos, toros y linces y de híbridos, como la fenomenal Bicha de Bazalote.

La Dama de Elche (Museo Arqueológico Nacional de España).

Cerámica con inscripciones runo-íberas (Tossal de Sant Miguel).


El arte íbero es excepcional y se identifica, generalmente, por su estilo sobrio y estilizado. Junto con presentar características propias del sustrato indogermano, revela además las huellas atlantes.

En su conjunto, se puede colegir que el culto al Sol, a los ancestros, a la Naturaleza y sus ciclos y especialmente, la presencia del alfabeto mágico rúnico en diversos objetos como urnas funerarias, exvotos, téseras, plomos y armas (falcatas), revela la vinculación de los íberos en el gran árbol ario, en un capítulo apenas vislumbrado por algunos historiadores.

Las claves de la historia de Iberia –y de la historia en general– se encuentran en la Cosmogonía Glacial que determina los factores geológicos y medio-ambientales que definen a su vez, los movimientos del Völkerwanderungen, es decir, los peregrinos, los Caminantes del Alba.

Rafael Videla Eissmann
11 de Abril de 2015

 Estela de Santa Perpetua de la Moguda (Cataluña).

Plomo con inscripciones rúnico-ibéricas (Museo monográfico de Ullastret).


 * (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).