miércoles, 1 de mayo de 2013

Arte rupestre de Amambay


Las muestras de arte rupestre halladas hace tres años [2009] en el noreste de Paraguay pueden respaldar a este país ante una posible candidatura a Patrimonio de la Humanidad, afirmó hoy el investigador español José Antonio Lasheras.

El arqueólogo destacó a EFE que, aunque ese arte es transversal a países y regiones, los hallazgos en el departamento de Amambay, en la frontera con Brasil, evidencian “los mejores ejemplos, la mayor densidad, la mayor variedad y la mayor antigüedad”.

“Creo que hay que valorar que eso está representando un momento cultural de impacto universal”, refirió Lasheras tras presentar el informe final del Inventario Nacional del Patrimonio Arqueológico y del Arte Rupestre en la Región Oriental.

La investigación, centrada en el área del Parque Nacional Cerro Corá, cerca del cerro Yasuka Vendá, sitio sagrado de la etnia “Paî Tavyterâ, ha permitido saber que el primer poblamiento humano en Paraguay tiene más de 5000 años”, apuntó Lasheras.

Añadió que también se conocen cuáles eran las herramientas de ese período del Arcaico Medio, tipos de utillaje, expresión gráfica, forma de vida y que ese arte se ha extendido a los países del Cono Sur americano, pero las dataciones más antiguas son las de Paraguay.

“Probablemente aquí surgieran unos discursos, unas ideas que acompañadas de esos signos se extendieran y se desparramaran por las otras regiones”, acotó Lasheras, responsable científico del proyecto y director del Museo español de Altamira.

El proyecto, que demandó tres años de investigación, fue coordinado por la Secretaría Nacional de Cultura y tuvo además el apoyo financiero y técnico de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).

“Esto es el primer capítulo de mucho trabajo por hacer (…), podemos trabajar para incluir esto en la lista indicativa del Patrimonio Mundial, valorando y haciendo partícipe a todos los ciudadanos de esto”, concluyó el investigador.

Fuente: ABC Color. Asunción, 30 de Mayo de 2012.


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

lunes, 1 de abril de 2013

Viaje de los vikingos a América


Recuento de la incursión vikinga en América del siglo X realizada por el docente y escritor uruguayo Hyalmar Blixen (1917-2006). Aborda el encuentro entre los nórdicos y algunos grupos indígenas, el origen de algunos significativos topónimos americanos como asimismo la presencia de los “indios blancos”.



En la “Saga de Erick el Rojo” se habla bastante de este personaje que por problema de enfrentamientos con otros vecinos, en los que resultó que hubo muertes por uno y otro bando, tras sancionársele en la Asamblea de Thorsnes y declararlo proscripto, decidió emigrar hacia un lugar más al oeste, ya descubierto, pero no habitado. Era la isla que llamó Groenland (Groenlandia, “Tierra Verde”) nombre dado para animar a otros compañeros y amigos a que se alojaran en ese lugar, cosa que logró.

Hay muchos episodios, unos sobre lo que él realizó, pues se instaló en distintos lugares y otros de varios de sus amigos, respecto de los que sería interesante narrar algo, pero que están fuera de lo que deseamos dar a conocer.

Erick el Rojo se había casado con Thjodhild y nacieron de ese matrimonio dos hijos, Thorstin y el otro Leif.

El primero vivió junto a su padre; el segundo en cambio, se aventuró bastante en el Mar del Norte, tan lleno de peligros que el viento lo llevaba de un lado al otro, y tardaban entre tanto, de arribar a donde se quería. Por ejemplo, Leif, queriendo ir a Noruega sintió que el viento y las mareas lo llevaron a las Hébridas, que como se recordará, son un conjunto de islas e islotes que están al norte de Escocia. Los vikingos se detenían bastante en ellas e incluso las ocuparon un tiempo durante el siglo IX.

Allí Leif gustó de una muchacha de cierta alcurnia llamada Thorgunna y tuvieron un hijo que ella se lo envió a Groenlandia, habiéndole puesto el nombre de Thorgils. Cuando Leif Erikson llegó a Noruega, que era el deseo de su viaje, saliendo de las Hébridas, fue recibido en la corte por el rey Olaf Tryggvason durante un tiempo, y el monarca le encomendó que tratara de introducir el cristianismo en Groenlandia. Partió al tiempo con esa idea, y otra tormenta lo llevó a lugar más lejano, no conocido por él, más al oeste de Groenlandia, donde halló allí a unos náufragos a los que recogió. En esa tierra desconocida, había campos de trigo silvestre, viñas, árboles de los llamados arce y cortaron árboles tan grandes que arrastraron en el agua, hasta que retornaron a la casa de su padre, Erick Rauda (el Rojo). Allí habló de la importancia del cristianismo, lo que no cayó bien al padre, pero su madre Thjodhild, lo aceptó, y se convirtió enseguida y construyeron una iglesia pequeña, desde luego, en Brattagild. Y tras esto, la esposa ya no quiso tener acceso sexual con Erick, lo que mortificó mucho a éste.

Y el caso es que se comenzó a hablar de esa tierra donde Leif había hallado a unos hombres a los que pudo recoger y salvar.

Se discutió bastante si era conveniente o no conocer esas tierras para ellos desconocidas, a las que a causa de lo hallado le llamaron Vinland y se conversaba respecto de los pro y los contra de ese viaje. Pero ese lugar, más al oeste no quedaba tan lejos; valía la pena ir hasta allá y ver si era una isla o algo más grande.

Lo que yo, al detenerme aquí un momento, no puedo menos de pensar: ¿No habrían venido antes otros vikingos arrastrados por el viento y el mar y que se supusieron perdidos por aquellos lugares y no supieron o no quisieron volver? ¿No? ¿Sí? Lo que me hace pensar es que cuando se decía que alguna embarcación se habría hundido, y eran bastantes, podrían haber llegado a occidente y radicarse en algún lugar.

Cuando Colón llegó a América halló en una de las islas descubiertas un indígena que tenía un collar y una medallita rara, que quiso ver mejor, se la pidió al indígena y éste le respondió que se la había dado un viajero amigo suyo. Y Colón creyó que sería de la India, pues pensaba que había llegado a Asia por el lado más corto. Y cuando el enviado de Pizarro recorrió el río Amazonas halló a unas mujeres blancas que eran guerreras. Vivían, aparentemente, separadas de los hombres. Pero ¿no serían los hombres también blancos? ¿Invento? Pero, cuando Francisco de Orellana, enviado por Pizarro, a descubrir tierras y aguas entró en el Amazonas, entre muchas peripecias que cuenta, en Junio de 1541 se encontró en una comarca gobernada por las contrapallaras, mujeres altas y rubias, desnudas y armadas con largas flechas que por su aspecto y trenzas parecían de una raza del norte. Después de sostener varios combates con ellas, victorioso para los españoles se embarcaron de nuevo sin detenerse en un espacio de ciento cincuenta leguas. Tras otras aventuras llegaron al Atlántico. Pero en otro texto, en lugar más cercano a la salida del Amazonas, hubo, según  leí algo parecido a propósito de ellas; allí se llamaban las “Aikeambenanas” (mujeres guerreras que vivían solas). Habría más datos.

Es posible que vikingos, grandes viajeros, hayan llegado antes de los que volvieron con Leif a Groenlandia.

Bien, pero sigamos con la expedición. Se decidió ir en busca de Vinland y los más decididos fueron Karlsefni y Snorri, que ya habían viajado con Leif Erickson. Decidieron explorar esa tierra de occidente, se juntaron unos ciento sesenta hombres, y algunas mujeres y alejándose hacia el oeste, sobre botes de remos, bajaron a la tierra; era un lugar donde había cantidad de zorros polares en sitio de abundancia de piedras planas y grandes, y eso hizo que le llamaran al lugar Hellu Land en razón de lo que vieron. Y siguieron navegando, pero como las barcas los alejaban del mar, volvían en este caso a una costa donde la tierra era muy arbolada, y eran visibles animales salvajes. Y había una isla cerca de una entrada, y en ella hallaron a un oso y le llamaron “Tierra del Oso”. Y al resto del lugar tan lleno de vegetación le llamaron Markland, “Tierra de Bosques”.

Más lejos, pues las naves se alejaban y se acercaban a la tierra, llegaron a un lugar de larga costa sin bahías, con playas ricas en arenales. Pues allí encontraron la quilla de una nave. Así, al cabo que había allí entre dos grandes playas, le pusieron de nombre Kjalarnes (o sea “Cabo de la quilla”). Eso hace pensar de nuevo, si algunos hombres navegaron hasta allí, o si la quilla fue arrastrada por haber sido roto el navío y muertos o no, los navegantes.

Utilizaron a dos escoceses, un muchacho Hakin y una muchacha Hekja, que se habían hecho muy conocidos por su velocidad, y que por eso, al recibir la orden de explorar esos lugares, recorrieron durante tres días una gran extensión de tierra; al volver ellos, él traía como muestra, uvas y ella, trigo silvestre.

Ello hizo pensar a todos, y especialmente a Karlsefni, que se trataba de una tierra apta para los cultivos. Continuaron navegando y llegaron a una entrada grande, delante de la cual había un fjord. Esa isla, que naturalmente era un mejor refugio para las aves, estaba rodeada de fortísimas corrientes de agua. Ese lugar que llamaron Straumsey, estaba lleno de aves que ponían cantidad de huevos, tantos que para caminar en la isla era difícil no pisar algunos. Siguieron hasta el fondo del fjord y allí anclaron las naves y sacaron de ellas los animales que habían traído, que se sintieron bien enseguida. Y desde el punto de vista geográfico, el lugar era bello, con montañas hermosas, hierba abundante y a veces incluso altas.

Decidieron pasar el verano, pues el lugar era atractivo, en esa tierra que después sería conocida como un continente, ya habitado por otros seres que todavía no habían sido vistos, pero que no faltaba mucho para que supieran que esa tierra estaba habitada. Claro, venían sólo por la costa.

En cierto momento de los viajes vikingos hubo un cambio de opiniones. Thorhall, el cazador, opinaba que convenía volver al norte para encontrar el Vinland (“Tierra del Vino”). Pero la opinión, sin duda la más acertada, era seguir hacia el sur, que fue la sostenida por Karlsefni. Él consideraba que hacia el sur la tierra sería más extensa; sin duda las costas, no bien determinadas, darían impresión de menos tierra y no tantas riquezas. Se discutió el caso bastante tiempo y la mayoría le dio la razón, y sólo un grupo pequeño quiso volver hacia el norte, el cual, por otra parte, digamos que tuvo poca suerte: Algunos esclavizados, y otros muertos. Sigamos pues el viaje de Karlsefni.  

 Mapa de Vinland, presumiblemente del siglo XV aun cuando sus orígenes se remontan a siglos anteriores.


Esa expedición siguió hacia el sur y entraron donde había grandes islas, y a la entrada del estuario, donde el mar se abría grandemente y le llamaron “Bahía de la exclusa terrestre”. Advirtieron, dícese en la saga, amplia tierra, alguna vegetación interesante, como ser viñedos y el trigo silvestre. 

¿Qué animales podrían ver en esa zona? En general se supone que no demasiado grandes, y como no se aclara bien cuál es el lugar, no se puede citar con demasiada seguridad el sitio donde se detuvieron. Dícese desde luego que había algunas fieras, que serían posiblemente los leopardos y otros tipos de animales.

Y ahora viene lo más interesante y que cambia el ambiente de esta región. Ellos estaban en las naves y un día vieron que parte de una tribu indígena, en buen número, aparecía ante ellos; no en tierra en ese primer momento, sino en algunos botes. Tras un tiempo, largo, relativamente, de estadía en esa región, llegaron unas pequeñas embarcaciones, las cuales estaban formadas de pieles. Los indígenas que en ellas venían traían en cada una, un palo que no se sabía bien para qué. ¿Podía ser para pesca o para combate?

Se quedaron mirándose los indígenas de las nueve pequeñas barcas y los vikingos. Aquellos pusieron los palos en dirección al Sol; no sabían al principio, qué quería decir eso, y luego se dieron cuenta que poner todos los palos en esa dirección, es decir, al considerado Dios en todas las religiones antiguas, era, en ese caso, señal de amistad. Al darse cuenta de que eso era un saludo, y no una acción de combate, los vikingos levantaron un escudo blanco, y los señalaron a los indígenas también como forma de saludo. Lo importante es que los viajeros vieron por primera vez, gente de raza americana, a pesar de haber navegado largamente por la costa.

Después de ese tipo de saludos realizados por ambas partes, los indígenas se retiraron.

El comentario respecto de ellos, por parte de los viajeros fue bastante negativo. Los hallaron demasiado pequeños, pero la verdad es que los escandinavos tienen en general una alta estatura, por lo que el considerarlos pequeños es sólo algo relativo al tamaño natural de cada una de las dos razas. También los hallaron de un color, por lo menos para ellos, demasiado moreno. Cierto; pero ellos eran de cutis sumamente blanco en general y predominantemente rubios. Los hallaron de ojos bastante grandes y en cuanto a los pómulos en gran medida amplios. No mucho más podían decir de ellos...  Sino que además los cabellos de esos indígenas les resultaron feos.

Pasado eso, se dispusieron a levantar las casas en ese lugar y como observaron que allí no había nieve les pareció factible edificarlas.

Pasó un tiempo, llegó la primavera y en uno de esos días ocurrió el primer encuentro. El lugar parecía bueno y lo sería, sí. Pero un día volvieron los mismos indígenas en número mucho mayor. Tornaron a levantar los palos en buena señal de amistad y los viajeros saludaron levantando los escudos. Y entonces ellos empezaron a intercambiar productos, pues en ambos lados se trató de un asunto comercial y todo eso iba bien. Como eran muchos los indígenas y recibían de los viajeros paños blancos; al fin tuvieron que cortarlos, porque no tenían tal cantidad de paño, pero ellos igual los aceptaban. Ellos daban según la crónica, pellejos, pero eso no es demasiado claro, cosa que no tiene importancia. Lo valioso era el intercambio.

Pero ocurrió algo imprevisible en esa visita. Los indígenas vieron que aparecían uno o más toros, y que además en vez de hablar, mugían muy fuertemente. La visión de esos animales desconocidos, que supusieron quizá como diablos o quién sabe qué creyeron que eran, los aterró, de modo tal que se fueron a sus propios botes y emprendieron una impresionante huída.

Pero después de unos días, los que habían huido ante el toro y que recibieron de los viajeros el nombre de Skroelingsi, retornaron, pero esta vez en señal de guerra. En el primer momento ya se comprendió que habían cambiado la intención, pues las lanzas estaban colocadas todas distintas a la anterior; no eran señaladas hacia el Sol, sino en un sentido contrario. Venían en son de guerra. ¿Y por los toros? Bueno. Los habían creído seres diabólicos o quién sabe qué. Descendieron de sus pequeñas embarcaciones y avanzaron dispuestos a matar a los visitantes. ¿Creerían que los toros eran los dioses diabólicos de ellos?

Sea lo que sea, el caso es que había que defenderse. Los indígenas empezaron tirando flechas, que herían, o que los viajeros detenían con sus escudos. Pero eso no era todo. Levantaron entre dos postes un objeto que tenía forma de pelota, la lanzaron y cuando explotó hizo un tremendo ruido. Eso, algo poco previsto, asustó a los viajeros, pues podía ser la forma de un mal imposible de prever, y no lo podían adivinar. Llegaron hasta el borde del río y allí lucharon duramente por salvar sus vidas.

Lo interesante es el episodio de la esposa, Freydis; ella se asomó y les increpó su huída:

“–¿Por qué huís, desgraciados?”. Estaba convencida de que hombres tan valientes como vosotros, pondríais a éstos fuera de combate. Si yo tuviera un arma creo que sabría luchar mejor que cualquiera de vosotros”.

Lo que ocurría es que los hombres huían perseguidos por los indígenas, y ella, al verse sola tuvo que huir, pero como estaba embarazada, iba más despacio. Encontró a un blanco muerto por los indígenas, tomó la espada de éste y se dispuso a defender. Y para que vieran que la que se defendía era una mujer, sacó hacia arriba sus senos, y los golpeó de plano con esa espada. Al verla así, esos indígenas echaron a correr hacia los botes y se alejaron remando. 

Decidieron los vikingos volver hacia el norte, pero no todos. Parece que Bjarni y Freidis con cien hombres quedaron atrás. ¿Cuántos volvieron? Eso no lo sé, por lo menos no se dice de modo claro y es posible que algunos hayan quedado en América.

Habría bastante más que decir; pero para interesar a los lectores, si desean leer esta saga basta. Pero fuera de este tema queda esta pregunta: ¿Son éstos los primeros vikingos que vinieron? Pienso que hay datos, vagos sí, pero posibles, de anteriores blancos, siempre rubios, casi seguro que vikingos, estuvieron antes de éstos.

Hyalmar Blixen
Suplemento El Día.
Montevideo, Julio de 1972


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viernes, 1 de marzo de 2013

Etnología de los Pa’ î Tavyterâ

Guerrero mbyʼá de Paraguay.


Etnología de los Pa’ î Tavyterâ

La determinación del origen de una etnia es tarea compleja, razón por la cual se analiza en esta nota la hipótesis presentada por la arqueóloga Sofía Gil de Escobar, en el estudio publicado por ABC el 3 de Enero de 2010.

Es pertinente tener en cuenta la síntesis de Susnick sobre los tipos raciales del Paraguay:

a) Tipo láguido–melanesio.
b) Tipo pámpido–australiano.
c) Tipo amazónico proto–malayo. En este género se incluye a las etnias guaraníes: Mby’a; chiripá; pa’î tavy terâ y asche.

Primera hipótesis: Naturaleza de la etnia. “Los ancestros de los pa’î tavy terâ son los primeros en ocupar las selvas del Amambay”.

Siendo los primeros ocupantes del Amambay los kainganges–Gé, del tipo racial láguido–melanesio, la hipótesis queda: “Los ancestros de los pa’î tavy terâ son láguidos–melanesios”.

Para Melía y Grunbert, los ancestros de los pa’î tavy terâ son los itatî, quienes tienen por ancestros a los proto–mby’a del tipo racial amazónico proto–malayo. Entonces: “Los ancestros de los pa’î tavy terâ son amazónido–protomalayos”. 

Por contradecir a la investigación antropológica, la primera hipótesis es falsa.

Segunda hipótesis: Recíproca de la anterior: “De acuerdo con lo afirmado por Branislava Susnik, los pa’î tavy terâ, serían descendientes de los láguido–melanesios”.

De la síntesis sobre los tipos raciales del Paraguay, se concluye: “Los pa’î tavy terâ son los descendientes de los amazónicos proto–malayos”.

La segunda hipótesis también es falsa “basada” en lo que Susnik no dijo.

Sofía Gil de Escobar usó la falacia conocida como argumento de autoridad, basada en el prestigio de Susnik como etnógrafa.
 
Tercera hipótesis: Antigüedad de la etnia. “Los pa’î tavy terâ están en el territorio que hoy habitan desde el principio de los principios, porque sus ancestros son de cultura paleolítica que ya vivieron en las selvas del Amambay hace más de seis siglos”.

Esta hipótesis es falsa porque está basada en las dos anteriores, también falsas. Además:

a) Las etnias del Paleolítico son nómadas, no sedentarias, siendo Itaguy un paradero temporal. Los kainganges–Gé vivían de la caza y la recolección de frutas.

b) Los kainganges–Gé estuvieron en cerro Guasú por breve tiempo, desplazándose luego hacia Pedro Juan Caballero (Amambay) para internarse al Brasil. Cascán, el arqueólogo y geólogo español formado en Altamira, recogió los vestigios de la etnia, formando una colección privada (Periódico Crisol de Pedro Juan Caballero en 1974).

c) Supongo que en la medida de los tiempos está desorientada, pues habrá querido decir sesenta siglos o seis milenios, equivalencia de los 6000 años, pues la antigüedad de seis siglos, ubica a los kainganges–Gé en el Amambay, un siglo antes de la llegada de los españoles, quedando en el limbo la expresión teológica “El principio de los principios”.

d) La arqueóloga desconoce la noción de “estratigrafía arqueológica”, suponiendo que la primera etnia que ocupó un sitio, le dio a la última las mismas características raciales y culturales, en un instante, para la escala temporal etnográfica.

Cuarta hipótesis: Vestigios líticos y arte rupestre. “Investigadores españoles de Altamira, fueron a conocer cerro Guasú, hallando vestigios líticos tales como herramientas de piedra y arte rupestre en abundancia. La antigüedad de tales objetos y figuras es de 5000 años”. La verdad sobre esta cuestión es que los kainganges–Gé y los pa’î Tavyterâ, son racial y culturalmente distintos, identificándolos se confunden sitios, tiempos, vestigios materiales y testimonios culturales.

He aquí una síntesis por etnias:

a) Los kainganges–Gé del Paleolítico dejaron herramientas y armas talladas, cuya antigüedad se estima en 5000 años.

b) Los proto–mby’a del Neolítico dejaron herramientas y armas de piedra pulida, resto de cerámica, cestería, tejido, con una antigüedad de 2000 años.

c) Los ka’aygua llegaron al Amambay como un desplazamiento de los itatines. Sus vestigios son similares a los dejados por los proto–mby’a aunque más evolucionados, con una antigüedad de 700 años.

d) Los pa’î Tavyterâ, de cultura neolítica con influencias del Medioevo europeo, tienen mitología, leyenda y organización muy evolucionada, con una antigüedad de 300 años con ese nombre.

e) Los vikingos, de cultura histórica con una antigüedad de 700 años, dejaron en los cerros del Amambay, frases lapidarias sobre sus creencias y costumbres, mejorando el nivel del Neolítico. Se tradujeron un centenar de inscripciones rúnicas alfabéticas, otras simbólicas y crípticas. El arte rupestre expresa los mitos, las leyendas y costumbres de pueblos nórdicos, sin perder aspectos de su estilo lineal. No faltan símbolos astronómicos y emblemáticos.
Dejaron en el idioma guaraní de los pa’î Tavyterâ, términos nórdicos trans-fonetizados, como Pa’ î Tavyterâ que León Cadogan traduce “Habitantes de la ciudad del Centro (de la tierra)” (Traducción correcta para Pistilli, con raíces nórdicas).

Quinta hipótesis: Mapa rupestre mundial: “Estamos ante la comprobación científica del hombre Paleolítico en la zona del Amambay. Esta verificación tiene extraordinario valor para el Paraguay, pues así ingresa en el mapa rupestre internacional”.

Esta hipótesis también es falsa, pues Friedrich Christian Mayntzhusen presentó sus investigaciones sobre el Paleolítico en el Paraguay al Congreso Americanista en Chicago en 1910, cumpliéndose un siglo en 2010. Luego volvió a presentar otro informe ampliado en el Congreso de San Pablo en 1928, siendo verificada la tesis por el antropólogo Oswald Menghin. Susnik determinó la antigüedad del Paleolítico Paraguayo en 6000 años. Con esto, el Paraguay ya entró en el mapa rupestre mundial, a pesar del despojo que se intentó hacer a Mayntzhusen de su autoría científica.

Conclusión: Una reflexión final sobre la finalidad de difundir hipótesis contradictorias a la etnográfica paraguaya, nos lleva a una teoría sobre el poblamiento de América, en la cual se postula:

a) El primer americano cruza el “puente de hielo” que cubría el Estrecho de Bering hace 15.000 años.

b) No existe otras posibilidades de ingreso, ni por el Pacifico ni por el Atlántico.

c) Después del primer americano, el único que llegó hace quinientos años, fue Colón.

Esta teoría es falsa pues la desmiente la cartografía americana, el arte de la navegación y la etnografía americana.

Vicente Pistilli
Asunción,
Febrero de 2010


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Entrevistas radiales al Profesor Pistilli

Profesor Vicente Pistllli.


Entrevista al profesor Vicente Pistilli realizada en los Estudios Ñanduti, en Asunción, Paraguay, el 15 de Octubre de 2009, sobre la Orden del Temple y la presencia de grupos escandinavos en América del Sur:



Entrevista al profesor Vicente Pistilli sobre los vikingos en América del Sur:


viernes, 4 de enero de 2013

El símbolo sagrado del Sol

  Machi con el tambor sagrado o kultrún, donde se ha estampado el símbolo sagrado del Sol.


“El mapuche vive desde que es mundo,
antediluviamos somos nosotros. Chao Ngenechen
nos creó y nos dio la tierra en que vivimos”.


El kultrún o tambor sagrado de los mapuches (araucanos), microrepresentación de la tierra o Mapu, posee estampado el símbolo sagrado del Sol (Antu), es decir, la cruz gamada. Este símbolo ha sido descubierto en prácticamente todas las regiones del planeta y se le ha conocido entre otros nombres como Swastika, Hakenkreuz, Lauburu, Yung-Drung o Manji. En las tradiciones prehispánicas se le denomina generalmente como la “Cruz de nuestros Ancestros”.

 
El kultrún y los cuatro soles en movimiento.


El origen de este símbolo en el territorio de Chile se remonta a los Lituches, es decir, los sobrevivientes del Diluvio. De acuerdo a la información consignada por el  jesuita Juan Ignacio Molina en su Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776), los chilenos llaman a los primeros hombres, de los cuales descienden, Peñi Epatun, que quiere decir, los hermanos Epatun, pero, a excepción del nombre, no saben otra cosa de la historia de estos hermanos sus patriarcas. Los llaman también Glyche, esto es, hombres primitivos o del principio, y en sus congregaciones los invocan, junto con sus divinidades, entonando en alta voz: Pom, pum, pum, Mari epunamun, animalhuen, peñi epatun, etc. Los tres primeros vocablos son al presente de incierta significación y podrían tomarse por una suerte de interjección, si la voz puon con que los chinos nombran al primer hombre creado o salvado de las aguas, no nos indujese a sospechar que podrían tener una noción análoga. Los lamas o sacerdotes del Tíbet pronuncian también frecuentemente en sus rosarios las tres sílabas hom, ha, hum, o om, aum, como dicen los habitantes del Indostán, los cuales en cierta manera corresponden a las chilenas arriba dichas.

 
 Machi con el kultrún, donde se ha estampado el símbolo sagrado del Sol.


Estos Lituche o Glyche, fueron los hombres-dioses de la edad prediluvial, los Antupainko o ancestros deificados, quienes transmitieron a sus descendientes y a las futuras generaciones sus conocimientos codificados en símbolos y las tradiciones (Ad Mapu).

La cruz gamada en el kultrún, equivale también al Sol en movimiento, pues tal como ha expresado una descendiente de una machi de Nueva Imperial, en el sur de Chile, “cuatro soles se han visto”. Estos soles corresponden a las edades previas, concepción que guarda clara relación con la cosmovisión mesoamericana de la Leyenda de los Soles y también con los postulados de la Cosmogonía Glacial (1913) de Hans Hörbiger.

En el territorio de Chile, como en el altiplano andino, Centro y Norteamérica, Europa, Asia Menor y el Lejano Oriente, este venerado símbolo es el emblema de los ancestros y de la Divinidad Suprema.

Rafael Videla Eissmann
3 de Enero de 2013

 Curandero navajo de Arizona en Nuevo México, Estados Unidos.


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