sábado, 12 de diciembre de 2015

Huellas del símbolo del Eje Polar (II)


El Árbol como Axis Mundi. Izquierda: Yaxché, árbol sacro de los mayas. Centro: El Irminsul de los germanos, el Esche, el árbol-runa Man. Derecha: Representación del árbol sagrado del hinduismo, sobre el Huevo del Mundo, con el movimiento de los tres soles.


En la entrada anterior (8 de Diciembre de 2015) se hizo un sucinto esbozo del símbolo del Eje Polar como Árbol del Mundo, encontrándose representaciones de esta figura primordial en América como Europa. Es, en realidad, una representación ideográfica arquetípica, eco de una imagen invisible, la Columna-Vertebral, el Eje del Mundo, proyectándose sus extremos en los polos.

De allí su conocimiento preservado precisamente por los pueblos polares a lo largo del tiempo y sus ciclos. Como ejemplo de esto, las representaciones del Axis Mundi como Árbol del Mundo se descubre en una misma figura entre grupos de India, Germania y el Anáhuac: Se trata, respectivamente, del árbol sagrado del hinduismo, representado sobre el Huevo del Mundo, con el movimiento de los tres soles; el Irminsul germano (Esche), como ideografía-emblema de la Divinidad; y por último, el árbol sacro de los mayas, el Yaxché.

En el mundo precolombino, una clave de este conocimiento se encuentra plasmada de manera figurativa en la foja 1 del Códice Fejérváry Mayer donde dentro de la riquísima simbología de la América Central basada en símbolos, figuras y colores, se puede apreciar el árbol-eje del mundo en cada una de las cuatro esquinas del cielo. Cada una de estas figuras simbólicas del árbol se encuentra sostenida por los baacab a ambos lados. En términos espaciales es un plano cósmico reflejado en la superficie de la Tierra, y en cuyo centro se ubica una deidad guerrera y solar.

Foja 1 del Códice Fejérváry Mayer donde se puede apreciar el árbol-eje
del mundo en cada una de las cuatro esquinas del cielo.


Adviértase que esta figura es en esencia un símil del árbol-runa Man. El Árbol de la Vida y del Conocimiento de los pueblos arios.

Rafael Videla Eissmann
12 de Diciembre de 2015


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Huellas del símbolo del Eje Polar (I)


El Yaxché, el Árbol del Mundo de la tradición mesoamericana, estampado en el Códice Madrid.


En la tradición indogermana, el Irminsul (Irminsäulen), es el Árbol del Mundo. Figura-símbolo inmutable que evoca el eje polar, la Columna Invisible, es reflejo al mismo tiempo del Árbol Cósmico (Véase http://losvikingosenamerica.blogspot.cl/2014/11/irminsul-el-arbol-del-mundo.html). 

La figura de este símbolo se caracteriza por una columna-tronco del cual se extienden dos ramas o brazos paralelos y en sentido ascendente.

Posiblemente, una de las escasas representaciones originales del Irminsul se encuentre en Externsteine, en el Bosque de Teutoburgo, en Ostwestfalen-Lippe, Alemania, donde un altorrelieve describe al fresno sagrado doblado, acaso como indicador de la irrupción de los guardianes de la fe monoteísta; otra representación del Árbol del Mundo se halla en la iglesia de San Pedro en Obermarsberg, también en Alemania.

 Izquierda: Altorrelieve del Irminsul en Externsteine, en el Bosque de Teutoburgo, en Ostwestfalen-Lippe, Alemania. Derecha: Representación lítica del Irminsul en la iglesia de San Pedro en Obermarsberg, Alemania.

Un  aríbalo de la cultura Arica, en el norte de Chile.

Representaciones líticas del Irminsul descubiertas por Arthur Posnansky en Tiahuanaco,
la metrópolis de los viracochas.

Una manta prehispánica de Sihuas, en el Departamento de Áncash, Perú.


Ahora bien, la iconografía prehispánica ha preservado innumerables ejemplos del Irminsul, el Eje Polar. De esta manera, diversas representaciones ostentan el símbolo, desde el cono austral del continente hasta Norteamérica. Así se descubre en el fabuloso arte petroglífico, en aríbalos, ceramios y textiles y coronando, en ocasiones, las cabezas de dioses y hombres-dioses.

Un significativo ejemplo en la América Aborigen se encuentra en la Foja 53 del Códice Borgia y en las fojas 41 y 42 del Códice de Madrid donde se descubre al Yaxché, el árbol sacro de las culturas mesoamericanas, esto es, el Eje del Mundo, elevándose desde el cuerpo de la Madre-Tierra.

La similitud del Yaxché con el Irminsul es sencillamente extraordinaria e indica su procedencia de una fuente común.

Quizás como ilustración de su vasta antigüedad, conviene señalar que no se encuentran tradiciones americanas conocidas sobre este símbolo, salvo en determinadas excepciones. Por ejemplo, una antiquísima tradición preservada por los juruna de Xingú, en Brasil, hace referencia a un poste bifurcado, es decir, al símbolo del eje de la Tierra, que al ser derribado ocasionará el “fin del mundo” o la próxima Gran Catástrofe, el Götterdämmerung:

Sinaa fue el antepasado felino de los juruna, una tribu india de la región del río Xingu, en el Brasil. El padre de Sinaa fue un gigantesco jaguar, y su madre, una mujer.

Por alguna razón desconocida, el padre y el hijo tenían los ojos colocados en la parte de atrás de sus cabezas. Sinaa era muy viejo “pero volvía a ser joven cada vez que tomaba un baño y se despojaba de la piel por encima de la cabeza, como un saco”.

El fin del mundo sobrevendrá, según los juruna, cuando Sinaa decida derribar el enorme poste bifurcado que sostiene el cielo.

Algunos de los petroglifos del sector I-A de Pusharo, en las riberas del río Palotoa,
en el Parque Nacional del Manú, en Perú.

Un ídolo labrado en oro procedente del actual territorio colombiano,
con la estilización del símbolo del Árbol del Mundo en su cabeza.


La ausencia de información sobre este símbolo en el mundo prehispánico, se debe también al hecho de constituir un conocimiento hermético, sagrado e iniciático el cual, ciertamente, no podía ser transmitido a individuos ajenos a la propia iniciación entre los aborígenes, ulteriormente los indígenas y por supuesto, luego con la irrupción de los europeos del Descubrimiento y la Conquista y de sus monjes y evangelizadores, los despiadados agentes que buscaban destruir los vestigios de los Dioses Blancos. De allí, entonces, que este conocimiento y su origen sólo haya sido preservado como un signo mudo, un símbolo comprensible sólo bajo la luz de la Tradición Sacra, es decir, la tradición polar de los Caminantes del Alba.

Rafael Videla Eissmann
8 de Diciembre de 2015


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

domingo, 15 de noviembre de 2015

La momia del cerro Aconcagua posee un “nuevo linaje genético” de 14.300 años


La momia del cerro Aconcagua: Un kapakocha.


Nota del Editor: Se corrobora aquí, parcialmente, el origen preincaico del culto a las montañas y más aún, la antigüedad de algunos grupos que precedieron a las culturas indígenas en el mundo prehispánico: Se trata, en realidad, de un grupo prediluvial (Vorflut), tal como apropiadamente lo estableciera el arqueólogo Edmund Kiss en sus estudios en el altiplano andino.


Un equipo de científicos ha logrado por primera vez secuenciar la totalidad del genoma mitocondrial de una momia de un niño de unos siete años sacrificado en un rito practicado hace medio milenio, y que fue hallado en 1985 por excursionistas. 

El trabajo, que además identifica un nuevo linaje genético, se publica en la revista Scientific Reports del grupo Nature, y está liderado por investigadores de centros de Santiago de Compostela de España. 

La momia fue hallada congelada y parcialmente enterrada en el borde occidental del sur del cerro Aconcagua, a 5300 metros de altitud en la base de la montaña de Pirámide, en la provincia argentina de Mendoza, informó hoy en una nota de prensa la Universidad de Santiago de Compostela (USC). 

El equipo, en el que también han colaborado expertos de Argentina y Alemania, consiguió extraer y secuenciar la totalidad del genoma mitocondrial de ADN procedente de una biopsia de pulmón de la momia. 

Los investigadores compararon los resultados con bases de datos de aproximadamente 28.000 mitogenomas de laboratorios de otras partes del mundo para tratar de ubicar el perfil genético. 

La comparación posibilitó señalar en el perfil genético de la momia un nuevo linaje genético (haplogrupo) bautizado como C1bi y que “no había sido identificado previamente en poblaciones contemporáneas”, según los investigadores. 

En su análisis, los autores averiguaron que “podría haber descendientes del linaje viviendo actualmente en Perú y Bolivia”, según la USC. 

La momia representa “un sub-clado genético raro de antepasados maternos humanos que surgieron hace aproximadamente 14.300 años en el actual territorio de Perú, lo que es consistente a su vez con hallazgos arqueológicos”, apunta la citada universidad. 

Según los investigadores, estudios arqueológicos y antropológicos previos indican que pudo ser víctima de un ritual de sacrificio inca conocido como capacocha hace aproximadamente cinco siglos. 

El estudio está pendiente de completarse con nuevos análisis de genética nuclear que permitirán “ampliar el conocimiento sobre una de las mayores y complejas civilizaciones de la América precolombina”, indica la USC. 

La investigación ha sido dirigida por el genetista Antonio Salas Ellacuriaga, profesor de la Facultad de Medicina de la USC, y por el jefe de Pediatría Clínica, Infectológica y Traslacional del hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela, Federico Martinón Torres.

Fuente: EFE - La Tercera. 13 de Noviembre de 2015.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Yephun-Oiehuen


 La estrella de ocho puntas en un petroglifo en las cercanías del río Colorado, en San José de Maipo
en la Región Metropolitana de Santiago, en Chile.


Como una sinfonía prácticamente inaudible, los iniciados del Chilli-Mapu escuchan aún los movimientos del sonido-color de la estrella de Venus. Es el misterio insondable del origen que se remonta al Wenu-Mapu, la «tierra del cielo». La totalidad fragmentada del Dios-Diosa, la Deidad de Dos Rostros, Wuñelvefucha/Wuñelvekushe, personificados en la pareja de ancianos Wanlén Fucha y Wanlén Kushe y la pareja de jóvenes Wanlén Weche Wentru y Wanlén Ülcha Domo, es decir, el Andro-Gyno (Hombre-Mujer), la Totalidad, en sus dos proyecciones: Pasado y Futuro, que se unen, o reúnen, en el tiempo presente –la concientización–, más allá del espacio y del tiempo y del Eterno Retorno de lo Mismo.

En la eternidad del tiempo.

Estrella de piedra de ocho puntas con la evocación de la lucha entre ThrengThreng y KaiKai,
descubierta en el sur de Chile (Museo Chileno de Arte Precolombino).

Vasija bicromática de la cultura Aconcagua de la zona central de Chile, con una estrella
de ocho puntas con irradiaciones (Museo Arqueológico de Los Andes).


Este ignoto misterio se haya plasmado en el símbolo de la estrella de ocho puntas, el signo de EL-ELLA, la estrella doble Yephun-Oiehuen, de los Caminantes de la Aurora: Dos cruces (hombre y mujer; masculino y femenino) cuyos brazos se yuxtaponen, proyectándose –juntos y separados al mismo tiempo–, como un círculo, es decir, la Totalidad.

En Chile, este símbolo se encuentra ampliamente difundido en diversos campos en el mundo prehispánico –como señal de su origen y destino: El Wenu-Mapu y el Chilli-Mapu, la patria de los hombres primigenios, los uros– desde donde se difundirá hacia el norte en remotas edades, como señal de la migración de los míticos viracochas, los Dioses Blancos de América.

Rafael Videla Eissmann
8 de Noviembre de 2015


El misterio del origen: Una machi junto a chemamüll y tótems, en la Araucanía,
en el sur Chile. Nótese a la izquierda, tótems coronados con el símbolo de la estrella
de ocho puntas (Fotografía de O. Heffer, 1910).


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

viernes, 30 de octubre de 2015

Hopi-ibero


 La Dama de Elche (Imagen colorizada).


La Dama de Elche, la fabulosa escultura íbera descubierta el 4 de Agosto de 1897 en Elche, Alicante (España), en un montículo llamado Helike en griego y que los romanos ulteriormente denominaran Colonia Iulia Illici Augusta («Elche»), fue labrada en piedra caliza alcanzando 56 cm de altura. Se caracteriza por sus ricos atavíos y joyas, siendo acaso una de sus principales características el tocado que cubre ambos costados de su cabeza.

Una figura que presenta similitudes a la Dama de Elche es la Dama de Cabezo Lucero, también conocida como Dama de Guardamar, descubierta en 1987 en el yacimiento arqueológico de Cabezo Lucero, Guardamar del Segura, también en Alicante.

La Dama de Guardamar (Alicante, España).

La Dama de Elche (Alicante, España).


Diversas han sido las aproximaciones realizadas por arqueólogos e historiadores que han buscado dilucidar los orígenes de estas manifestaciones culturales en la península. Contrariamente a las premisas de las escuelas de historiografía ortodoxa, las raíces de la cultura íbera se remontan al sustrato atlante.

Significativamente, en el continente transatlántico, la tribu de los hopis de lengua uto-azteca, asentados en las mesetas de Arizona, en Estados Unidos, entregan una notable similitud en el tocado. ¡Fue sólo una mera coincidencia? ¿Hubo alguna conexión o vinculación en ignotas edades? Un aspecto a considerar es la latitud: Arizona se ubica en los 34º17’12”N 111º39’25”O. En tanto, Alicante se halla en 38º20’43”N 0º28’59”O.

Mujer hopi (Arizona, Estados Unidos).

Otra mujer  de origen hopi (Arizona, Estados Unidos).


Los vestigios evidencian el hecho que ambas fueron culturas solares y poseyeron conocimientos sobre los símbolos proto-rúnicos y rúnicos. En este sentido, la presencia de hiero-glypho del tetraskelión (la swastika, el Hakenkreuz, o la “cruz de nuestros ancestros”), es ilustrativa en cuanto revela su unidad de origen. A esto, se debe agregar además, a su procedencia en la patria mítica de los hombres-dioses de Aztalán-Atlantis en sus respectivas tradiciones

Tawa es el dios-Sol de los hopis. Y Tīwaz (Tīw o su variante latinizada, Tius; y Tuiso) es el hijo de Odín de los pueblos germano-iberos.

Un eco de la tradición primordial de los hombres-dioses se descubre en los mitos hopis, cuyos descendientes aún esperan el regreso del errante dios blanco Pahana. 

Rafael Videla Eissmann
29 de Octubre de 2015


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

martes, 29 de septiembre de 2015

Huellas de los indios blancos en los Andes Centrales


 Una de las joyas del Señor de Sipán (Perú).


La iconografía prehispánica entrega irrefutables muestras de la existencia de un grupo étnica y culturalmente distinto a los conocidos indígenas. Se trata del grupo primigenio de los indios blancos, descendientes de los míticos Dioses Blancos o viracochas cuya existencia ha sido ignorada y marginada por la historiografía ortodoxa.

De hecho, es desde la irrupción de los peninsulares y la empresa comercial de 1492 y luego, con la “Extirpación de las Idolatrías”, que se buscó realmente la destrucción de las huellas de los Dioses Blancos y su magnífica civilización astral. De este modo, en cada uno de los rincones del vasto continente americano, los emisarios y agentes de la religión monoteísta de Medio Oriente, amparados bajo diversos subterfugios, destruyeron los vestigios de estos hombres-dioses que cimentaron una extensa civilización a escala continental –el Imperio General, entre cuyos vestigios se reconocen los símbolos solares como la sagrada cruz gamada y el Árbol de la Vida; el culto a los antepasados; los monumentos megalítico-astronómicos y las estructuras piramidales.

La Dama de la Máscara, momia wari de ojos azules, descubierta en la huaca Pucllana, en Lima, Perú.

Máscara mortuoria de la cultura wari (Perú) que describe a un individuo de ojos azules.



Los testimonios registrados por los cronistas son ilustrativos. Así, por ejemplo, Pedro Cieza de León indicó en la Crónica del Perú (1551) que en la isla de Titicaca en los siglos pasados hubo unas gentes barbadas blancas como nosotros; y que saliendo del valle de Coquimbo, un capitán, que había por nombre Cari, llegó donde ahora es Chuquito [Tiahuanaco], de donde después de haber hecho algunas nuevas poblaciones pasó con su gente a la isla y dio tal guerra a esta gente que digo que los mató a todos.

Y más abajo, indica en relación a los templos-monumentos de Viñaque: El mayor río de ellos tiene por nombre Viñaque, adonde están unos grandes y muy antiquísimos edificios, que cierto según están gastados y arruinados debe haber pasado por ellos muchas edades. Preguntando a los indios comarcanos quién hizo aquella antigualla, responden que otras gentes barbadas y blancas como nosotros, los cuales muchos tiempos antes que los Incas reinasen, dicen que vinieron a estas partes e hicieron allí su morada. Y de esto y de otros edificios antiguos que hay en este reino me parece, que no son la traza de ellos como los que los Incas hicieron o mandaron hacer. Porque este edificio era cuadrado y los de los Incas largos y angostos. Y también hay fama que se hallaron ciertas letras en una losa de este edificio. Lo cual ni lo afirmo, ni dejo de tener para mí que en los tiempos pasados hubiese llegado aquí alguna gente de tal juicio y razón, que hiciese estas cosas y otras que no vemos.

 Máscara de la cultura chancay (Perú) que posee ojos azules.

El Señor de Ucupe, cuya tumba fue descubierta en la base de la huaca El Pueblo, en el Distrito de Lagunas (Chiclayo), una pirámide escalonada de ladrillos de barro, situada a unos 750 kilómetros al norte de Lima (Perú). Posee ojos de color verde.


Cieza de León sintetiza que lo cierto es que, en muchas regiones, la tradición conservaba el recuerdo de hombres blancos y barbados que habían precedido a las poblaciones actuales, especialmente en Perú, en la región de Guamanga y en las islas del Titicaca.

Estos hombres blancos y barbados que habían precedido a las poblaciones actuales, es decir, a los indígenas, fueron los descendientes de los Dioses Blancos.

Como se ha señalado al inicio, la iconografía del arte prehispánico –en este caso, de los Andes Centrales–, otorga categóricos ejemplos de este grupo, los verdaderos aborígenes de América.

Rafael Videla Eissmann
29 de Septiembre de 2015


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

sábado, 15 de agosto de 2015

El misterio de la estrella de Venus

Es entonces cuando Quetzalcóatl se transforma en violento
guerrero, Tlahuizcalpantecuhtli, y lanza un dardo al Sol
para ponerlo en movimiento. El Sol comienza a iluminar,
por lo tanto, Tlahuizcalpantecuhtli es el “Señor de la Aurora”,
el hacedor de la luz del alba, el que propicia,
el que instiga el primer dinamismo solar.
A. F.

 La estrella doble de Venus: Detalle de una vasija incásica del Cuzco, Perú.


Desde ignotas edades, el símbolo sagrado de la estrella de Venus ha sido venerado por los habitantes del Chili-Mapu. Así se descubre en antiquísimas formas líticas, en petroglifos, geoglifos y en innumerables representaciones de alfarería y textiles. Es un símbolo astral que evoca el misterio insondable del origen de los “primeros hombres” (ur-os), su aparición y migración de sur a norte por la geografía preglacial americana.

Es el recorrido de los viracochas, los Dioses Blancos. Los Caminantes de la Aurora.

De acuerdo a la Cosmogonía Glacial (1913) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth, Venus es la luz más bella.

En la América pre-indígena, es decir, en la América Aborigen, el astro venusino es la patria estelar de los hombres-dioses. Su proyección como estrella doble –Estrella Matutina y Estrella Vespertina– entrega una clave de su asociación con el Sol –como astro visible y símbolo–. Venus es la “estrella anunciadora del rayo solar”.

Quetzalcóatl descendiendo desde el firmamento. Su símbolo es la cruz
con cuatro círculos. Foja 58 del Códice de Dresde.

Collar ceremonial de los sac de Kansas, en Estados Unidos. Se constata la asociación entre la estrella
de Venus como anunciadora de la aparición del Sol –el tetraskelión, swastika o cruz gamada–.


Venus es Yephun-Oiehuen de los araucanos, herederos de la tradición cultural de los antiku-pu-che –los Hijos del Sol– y de los lituche; Čauk-kola de los uros; es la estrella solitaria Quyllur de la tradición aymará y Ch’aska Quyllur de los quechuas e Incas (Ingas); los quichés de Mesoamérica la describieron como la Gran Estrella o Icoquih; los mayas, en tanto, la reconocieron en sus diferentes fases: Xux Ek (la “Estrella Avispa”), Nok Ek (la “Gran Estrella del Firmamento”), Sastal Ek (la “Estrella Brillante”), Chac Ek (la “Estrella Roja del Horizonte”) y Ahzab Kab Ek (la “Estrella Matutina”), concepción vinculada con Chaac, Deidad de la Lluvia; es la Gran Estrella o Huey Citlalín de los aztecas asociada a Ehecatl –también vinculado a la lluvia–, una de las manifestaciones del kukulkán Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, el dios blanco y barbado.

El misterio del origen. Una machi junto a chemamüll y tótems, en la Araucanía, en Chile. Nótese
a la izquierda, las estrellas de ocho puntas que coronan los tótems (Fotografía de O. Heffer, 1910).


En Venus-Wüñülfe se encuentra el Dios-Diosa, la Deidad de Dos Caras, Wuñelvefucha/Wuñelvekushe: El misterio de EL-ELLA.

Rafael Videla Eissmann
15 de Agosto de 2015


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

lunes, 6 de julio de 2015

Representaciones contemporáneas de la cruz swastika de los araucanos


 Un rehue moderno. En su parte posterior se encuentra una estructura
metálica con el símbolo de Antü (Sol)-swastika.


En un artículo anterior (http://losvikingosenamerica.blogspot.com/2014/10/la-cruz-swastika-de-los-araucanos.html) se ha esbozado una aproximación al origen y significado de la cruz swastika de los antiguos araucanos.

La presencia de este sublime símbolo, ideografía que cristaliza en sí las nociones de la Divinidad (Dios-Diosa, el Chau Guenu-Pillán o “Espíritu del Cielo”), la Naturaleza y la Vida, revela su procedencia en el tronco ario-dolicocéfalo primitivo de América. Se entronca, de tal manera, con la civilización prediluvial de los lituche, o el “principio de la generación de los hombres”, los héroes culturales, hombres-dioses civilizadores de la Patagonia, del cono austral del continente.


Bandera mapuche en cuyo centro aparece un kultrún.
Uno de sus símbolos es la swastika.


En la actualidad, a pesar de cierto grado de estilización, el símbolo de la swastika de los antiguos araucanos se descubre aún en diversos campos –aun cuando, muy posiblemente, su polisemántico significado sea ignorado hoy–.

Estas son las silenciosas huellas de la población primigenia del Chilli-mapu,  los antüpainko, los “Hijos del Sol”, epíteto que ulteriormente fue adoptado por el linaje incásico.

Rafael Videla Eissmann
5 de Julio de 2015.

 Un trarilonko moderno con swastikas.

 Una escultura con dos figuras antropomorfas. Sobre ellos
la cruz gamada, la cruz swastika.

 Una mujer mapuche con un kultrún.

 Un diseño moderno de un kultrún.

Un kultrún con símbolos tradicionales de los mapuche u “hombres de la tierra”.



* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

sábado, 6 de junio de 2015

Araucanía - Berchtesgaden


El mito es la verdadera historia.

 Descendientes de los antiguos araucanos con atuendos ceremoniales y máscaras –kollón– barbadas de Cautín, en la Región de la Araucanía, en el sur de Chile (Fotografía de Gustave Millet, alrededor de 1930).


Significativamente, los “atuendos” mágico-religiosos de la tradición de los antiguos y ya desaparecidos araucanos de la zona centro-sur de Chile guardan relación con una costumbre del sur de Alemania. ¿Coincidencia? Casualidad? ¿Sincronía?

Los atuendos de los araucanos se caracterizan por constituir una especie de “abrigo” de paja que cubre todo el cuerpo. Lo mismo acontece en Alemania con los Buttnmandl del valle de Berchtesgaden, aun cuando mucho de la celebración germana contemporánea esté revestida de factores cristianos. Al igual que en las representaciones de los araucanos, algunos de los Buttnmandl poseen cuernos sobre lo cual ha explicado el profesor Roberto Rengifo: Los cuernos han sido símbolos de dioses y héroes.

Resulta llamativo constatar que los araucanos portaban máscaras o kollón caracterizadas en su gran mayoría por la barba y los bigotes, factores fisonómicos usualmente ajenos a las poblaciones indígenas de origen protomongoloide y mongoloide de Asia. ¿Cuál es su origen entonces? ¿Cuál es el modelo del cual ha surgido esta representación tradicional en el Chili-Mapu?

 Los Buttnmandl del valle de Berchtesgaden en Alemania.


He aquí que nuevamente –aunque sea de modo indirecto– la evidencia de una población absolutamente distinta de la indígena, hecho que de modo necesario debiese replantear los dogmas de la historiografía oficial en torno al origen del hombre americano, los estadios de desarrollo cultural y la cronología del poblamiento. Esto, por cuanto las representaciones de las máscaras de los araucanos refieren a sus “ancestros”, es decir, a los antuipanko, los Hijos del Sol, el tronco ario-andino primordial, la población dolicoide de América de la cual nadie arriesga u osa escribir.

¿Cuál es su relación o conexión con los Buttnmandl de los Alpes? ¿Cuál es, en definitiva, el origen: Germania, Chile? Sin siquiera aventurar una respuesta después de siglos y siglos de manipulación y control por parte del cristianismo y sus agentes destructores del paganismo y las “idolatrías”, es plausible intuir una fuente de la cual esta representación haya surgido y que ha pervivido en el valle de Berchtesgaden, mas no así en la Araucanía, donde la tradición sacra y hermética de los lituche-araucanos se sumergió con el antiguo Sol.

Estos son los ecos de la Ante-Historia.

Rafael Videla Eissmann
5 de Mayo de 2015


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos.
Se prohíbe su reproducción).

viernes, 5 de junio de 2015

Breve reseña histórica de los vikingos



Los bárbaros nórdicos pusieron pie en América cuatro siglos antes que Cristóbal Colón. Haciendo de los mares un camino real y de los ríos, senderos, los “hombres del fiordo” conquistaron casi media Europa entre los siglos IX y XI.

Uno de los pueblos de navegantes más notables, no sólo de la Edad Media, sino que de toda la historia del mundo, fue el de los “hombres del norte” o normandos, más conocidos como vikingos, palabra que literalmente en antiguo escandinavo significa “el que frecuenta un fiordo”. Procedían de las regiones escandinavas, Suecia, Noruega y Dinamarca, y constituyeron el más importante núcleo de invasores, que cual manga de langostas se lanzó sobre el continente europeo durante el transcurso del siglo IX, tras el desmembramiento del imperio carlovingio. Los vikingos eran muy semejantes a los bárbaros germanos que habían convergido sobre Roma en siglos pasados, tanto racialmente como en los aspectos de organización social, religión y costumbres. Sin embargo, la gran diferencia con aquéllos fue que sus hordas guerreras operaban fundamentalmente por mar.

Ante todo, los vikingos fueron intrépidos marinos que, en frágiles naves de unos 25 metros de largo y con tripulaciones de sesenta hombres cada una, no vacilaron en aventurarse a vela y remo por los mares del norte e introducirse en los grandes ríos navegables de Europa, realizando asaltos rapidísimos que les permitían retornar a sus tierras cargados de botín. Pero muy pronto estos osados aventureros dejaron de lado los apresamientos en el mar y comenzaron a saquear las ciudades costeras, instalándose en ellas y emprendiendo la conquista de los países en que habían desembarcado. Y como si esto no les bastara, abordaron seguidamente empresas náuticas de largo aliento, descubriendo nuevas tierras hacia el occidente y llegando incluso a realizar la portentosa hazaña de atravesar el Atlántico y poner pie en tierras americanas, nada menos que cuatro siglos antes de que Cristóbal Colón llegara a América.


Los bárbaros nórdicos

Cuando en el curso del siglo IX los escandinavos infestaban las costas de Europa occidental practicando en gran escala la piratería, el término “vikingo” pasó a ser sinónimo de pirata o “parásito del mar”, sustituyendo esta nueva acepción al significado etimológico de “hombres del fiordo”. Sin embargo, lejos de ser vulgares bandidos, los vikingos representaban a la joven aristocracia escandinava y poseían sus propias leyes, así como evidenciaban también un alto grado de sentido de gobierno y de disciplina. Asimismo, no todos los pueblos escandinavos pueden ser considerados en rigor vikingos, puesto que existían también entre ellos labradores que cultivaban tranquilamente sus tierras sin salir de sus patrias, preocupándose poco de las depredaciones de sus fieros hermanos. En definitiva, los vikingos se vieron impelidos a surcar los mares por lo superpoblada que se hallaba la pobre y montuosa Escandinavia, así como por los hábitos piratescos ancestrales desarrollados a través de siglos de morar a orillas del mar.

Mientras los pueblos germanos habían avanzado lentamente por tierra, los vikingos hicieron del mar un camino real, y de los ríos, senderos. Esto no significó que en tierra firme no fueran igualmente efectivos, ya que cuando querían operar en ella, cogían caballos y movíanse velozmente por el interior de los países, cual consumados jinetes. No obstante el elemento líquido constituyó de preferencia el gran escenario de sus proezas. En sus largas naves abiertas, de altas proas, velas cuadradas, numerosos remos, y bordas de las cuales pendían los escudos de los combatientes, los vikingos efectuaban viajes increíbles, iniciando su vida en el mar a muy temprana edad, a veces a los doce años.

Las sagas o tradiciones heroicas y mitológicas de la antigua Escandinavia describen a los vikingos como “hombres corpulentos y rubios, fuertes y duros de corazón, potentes y siempre victoriosos guerreros, de fiera mente, adustos, y cortos en palabras”. Así, no fue extraño que su aparición atemorizase en tan alto grado a los habitantes de las costas inglesas y francesas, sobre las que se dirigieron las mayores ofensivas vikingos. “De la furia de los normandos líbranos, Señor”, fue el rezo más socorrido de los sacerdotes ingleses de aquellos tiempos, que debieron lamentar la destrucción de sus monasterios y la pérdida de cuantiosas cantidades en plata y oro, botín predilecto de los bárbaros nórdicos.


Los dioses vikingos

Primitivamente los vikingos fueron paganos y sacrificaron animales y aun seres humanos a sus dioses, de quienes tenían en sus templos imágenes en madera. Más tarde fueron convirtiéndose al cristianismo, a contar del momento en que los daneses, por su tratado con Alfredo de Inglaterra, en 878, consintieron en ser bautizados, hasta fines del siglo XI, en que el paganismo había desaparecido casi por completo de entre ellos. Los mitos de sus dioses, así como las sagas o epopeyas de sus héroes, se fueron transmitiendo verbalmente por sus bardos de generación en generación, hasta que los intelectuales islandeses del siglo XIII los transcribieron al fin. Constituyen en su conjunto un magnífico legado de la literatura nórdica, comparable en majestuosidad y belleza a las leyendas de los griegos.

Los mitos nórdicos se remontan al principio de las cosas, relatando la lucha entre los dioses y los gigantes (las Fuerzas del Mal) y aludiendo al gran fresno, Igdrassil, el árbol de la existencia, siempre verde, cuyas tres raíces nacen en el mundo subterráneo y cuyas ramas alcanzan hasta Asgard, la Ciudad de los Dioses, que cubren con su sombra. En las estancias de esa ciudad o Walhalla, es donde Odín recibe a los héroes muertos en combate. Los muros son brillantes espadas; las techumbres están constituidas por relucientes escudos, y dan acceso al lugar quinientas cuarenta puertas. Allí los héroes se entregan a un festín interminable, servido por las valquirias, o bien se embarcan en sus naves para pelear a la manera vikinga, pues las frágiles barcas de los navegantes nórdicos son constantes protagonistas de toda la tradición mitológica escandinava.

Los antiguos dioses nórdicos eran abundantes y variados. Odín era el padre de todos, dios de la guerra y la sabiduría y creador del rúnico, la primitiva escritura sagrada. Sus dos cuervos (el Pensamiento y la Memoria) le cuchicheaban al oído sin cesar, estando a menudo sus consejos encaminados a sugerirle que enviara a los navegantes a descubrir nuevas rutas o ricas tierras en que pudieran hacerse de un suculento botín. Su esposa se llamaba Frigga, la reina de los dioses. Le seguía en importancia Thor, dios del Trueno, que con su gran martillo, símbolo de su fuerza, infundía místico pavor a los tripulantes de las barcas vikingas en las noches de tormenta y marejada. Otros dioses eran Frey, dios de la Lluvia, el Sol y los productos de la tierra; Freya, su hermana, diosa de la Belleza y el Amor; y Balder, el mejor y más bello de todos, señor de la Luz y el verano, muerto por el muérdago (invierno). Sin embargo, la divinidad más importante para los navegantes normandos que se aventuraban por mares y ríos desconocidos era Niord, dios de las costas, el mar, la pesca y el comercio. Nunca los vikingos se lanzaron a una aventura náutica sin encomendarse previamente a Niord, el cual a todas luces respondió con creces a aquella fervorosa devoción, recompensándolos con la posesión de vastos territorios europeos y el hallazgo de lejanas tierras al otro lado del Atlántico.

Mascarón de proa. La imagen de un feroz animal iba ahuyentar, según los vikingos,
a los pueblos del litoral y a los crueles piratas del norte.


A la conquista de Europa

Las incursiones vikingos sobre la Europa occidental empezaron poco antes del año 800 y prosiguieron durante más de doscientos años. El primero de los invasores nórdicos cuyo nombre ha llegado hasta nosotros fue Turgesios, quien a partir del 795 se fue apoderando de la mitad de Irlanda. Hacia esa misma época, otros vikingos rodearon la costa septentrional de Escocia, se adueñaron de las islas Orkney y Shettland, y siempre depredando descendieron por la costa oeste, instalándose luego en la Escocia sudoriental, el nordeste de Inglaterra y la Irlanda oriental, utilizando la isla de Man como base central de operaciones en el mar de Irlanda.

No encontrando, al parecer, las islas británicas lo bastante ricas como para satisfacer su desmesurada avidez de botín, los vikingos comenzaron a tentar suerte en otras regiones europeas a mediados del siglo IX. Así, remontaron los ríos Rin, Escalda y Sena, llegando el año 885 a asediar vanamente París con una gigantesca flota de setecientas barcas y cuarenta mil hombres. Antes, habían saqueado e incendiado las poblaciones de Roven, Nantes y Burdeos, sin que los reyes pudieran contener la ola invasora nórdica que amenazaba con destruir todas las grandes ciudades del reino franco, especialmente las situadas a orillas de vías fluviales.

Pero aunque los vikingos no estaban llamados a señorear permanentemente en Francia como lo hicieron en Inglaterra, supieron sí aprovechar la debilidad de los últimos reyes carlovingios para instalarse a lo largo del Sena en la región hoy llamada Normandía, bajo el mando de su jefe Rollón. En el año 912, el rey de Francia, Carlos el Simple, agobiado por las destructoras incursiones normandas, firmó con Rollón un tratado por el cual éste se reconoció su vasallo, a cambio del título de duque y de la cesión en feudo de dicha región. Los descendientes de estos normandos instalados en Francia fueron quienes conquistaron la totalidad de Inglaterra hacia 1066, conducidos a través del Canal de la Mancha por Guillermo el Conquistador.

El tratado del año 912 que reconoció el señorío de los vikingos en Normandía, señaló el fin de sus asedios contra Francia. Pero de ninguna manera puso término a sus expediciones navales, que como una serie de sucesivas oleadas, cada vez más poderosas, fueron abarcando ámbitos más extensos. Primero practicaron incursiones en España y luego en el Mediterráneo, tras pasar el Estrecho de Gibraltar, culminando esos viajes con la conquista del sur de Italia y Sicilia, hacia el año 1090, y extendiendo también su dominio sobre gran parte de la costa del norte de África.

Dragón o serpiente. Animales fantásticos, elegidos
por los vikingos, para sus barcos.


Los vikingos en América

Más hacia el este, los vikingos suecos, a quienes se daba el nombre de varegos, penetraron profundamente en las tierras de los eslavos. Rurik, jefe de una de sus bandas, los rus, ocupó Novgorod, situado al sudeste de la actual Leningrado (San Petersburgo), tras penetrar con sus naves hasta el fondo del golfo de Finlandia. Los sucesores de Rurik, encabezados por su hijo Igor, descendieron hacia el sur e hicieron a Kiev capital de su reino, la futura Rusia, para más tarde avanzar hacia los mares Negro y Caspio, siguiendo el curso de los ríos rusos. Su espíritu aventurero impulsó a los varegos a lanzarse en sus barcas por el Dniéper y el mar Negro, hasta llegar a las mismas puertas de Constantinopla, mandados por el gran duque Olaf, después de haber navegado más de mil millas.

Pero si bien las incursiones de los vikingos hacia el este representaron un considerable esfuerzo náutico para su época, fueron sus expediciones hacia el oeste las que alcanzaron resultados más notables, pues culminaron con el hallazgo de tierras hasta entonces completamente desconocidas. Así, el vikingo Naddord descubrió Islandia, la antigua Tulé, en el año 861. En esta gran isla no tardaron en establecerse ilustres familias de Escandinavia, fundándose allí un floreciente Estado. Años después, en el 877, un navegante islandés, Gumbiern, avanzó hacia el oeste, y descubrió una costa muy montañosa, que muchos años más tarde, en 983, sería explorada por otro aventurero vikingo llamado Frico el Rojo, quien le dio el nombre de Groenlandia o “tierra verde”.

Erico el Rojo exploró durante tres años las costas de la inmensa Groenlandia hasta encontrar tierras habitables, a las que trasladó veinticinco naves de colonos reclutados en Islandia, de las que sólo llegaron catorce, naufragando las restantes en un temporal. Con los que llegaron, se fundó en Groenlandia una colonia, de la cual no tardaron en salir a su vez nuevas exploraciones.

Un islandés establecido en Groenlandia, llamado Bejarne, refirió a Erico que siendo arrastrado por una tempestad había divisado un país fértil al sudoeste. Como Erico el Rojo estaba ya muy viejo para hacerse a la mar, equipó una nave que confió al mando de su hijo, Leif Ericsen y la hizo aventurarse en aquella dirección. El viaje de Leif fue extraordinariamente fructífero ya que le permitió descubrir Helluland o “tierra de las piedras” (Terranova) y Markland o “tierra de la madera”, la que corresponde a las costas de Nueva Escocia. Siguiendo más al sur, la expedición de Leif alcanzó la costa meridional de Canadá.

Así, pues, los vikingos fueron los descubridores de América, en cuyas tierras fundaron varias colonias. El más notable de los colonizadores normandos fue el islandés Thornfinn, rico comerciante que visitó Groenlandia y se casó con una hija de Erico el Rojo. Thornfinn inició la colonización de las tierras de América del Norte, encabezando varias expediciones que partiendo de Groenlandia e Islandia llegaron hasta las regiones que hoy corresponden a los Estados de Nueva York y Nueva Jersey, como lo atestiguan las ruinas y antigüedades escandinavas descubiertas en Estados Unidos.

Pero la colonización de las tierras americanas por los vikingos no pudo continuarse porque Islandia cayó bajo la dominación de Noruega, la cual la privó de sus libertades municipales y le prohibió todo comercio con el extranjero.

Nave vikinga de Oseberg. Este navío fue restaurado en el museo de Oslo. Las incursiones 
vikingas sobre Europa Occidental empezaron poco antes del 800 y prosiguieron durante más
de doscientosaños consecutivos. 


Efectos de las invasiones vikingas

Aparte de la proeza de haber descubierto América, las expediciones e invasiones vikingas tuvieron diversos significados. La influencia de sus incursiones en el continente europeo varió según los países, siendo más fuerte en Inglaterra, Escocia e Irlanda y más local y limitada en Francia, Germania e Italia. El primero y más claro de sus resultados fue la pérdida y destrucción de vidas y propiedades en una escala desproporcionada al reducido número de los atacantes. Por algún tiempo, los vikingos detuvieron el largo proceso civilizador de siglos enteros. “Las ciudades están despobladas, los monasterios arruinados y quemados, la campiña reducida a soledad... Los hombres se devoran mutuamente como los peces en el mar”, se lamentaba un eclesiástico del siglo X. Se dice que todas las poblaciones de Francia fueron destruidas una vez como mínimo por los vikingos, en el curso de los siglos IX y X.

Pero pese a las destrucciones que ocasionaron, las invasiones escandinavas fueron beneficiosas en muchos sentidos. La mezcla de sangre vikinga en los pueblos del nordeste de Europa fue un factor de gran trascendencia futura. Los vikingos, amén de su condición de guerreros, se revelaron como audaces aventureros extraordinarios marinos y hábiles comerciantes. Cuando sus actividades piratas declinaron, se dedicaron con gran ahínco a comercio, convirtiéndose en precursores del tráfico marítimo en gran escala, que tanto auge iba a alcanzar con el correr de los siglos.

Los escandinavos dieron muestras, asimismo, de amar profundamente la libertad. Aunque ilegales en su trato con los pueblos conquistados, concedieron, sin embargo, mucha importancia a los usos jurídicos, hasta el punto de que la palabra inglesa “law” (ley) es de neto origen escandinavo. En Islandia, los colonizadores vikingos llegaron a crear una Asamblea Nacional de toda la isla, que fue el primer parlamento de su género que existió en el mundo, con funciones legislativas y judiciales. Pero, por sobre todo, la importancia mayor de los vikingos fue que con sus viajes al oeste anticiparon un movimiento naval que llegaría a ser de máxima importancia cuatro siglos más tarde, a partir de la gran travesía de Cristóbal Colón en 1492 en procura de “una nueva ruta hacia las Indias”.

La historia de la navegación. Revista Sucesos.
Número 20 (Madrid. Sin fecha de edición).

viernes, 8 de mayo de 2015

En 1963 se anunció la existencia de un asentamiento vikingo en América, 500 años antes de Colón


 El asentamiento vikingo en L’Anse aux Meadows, en Canadá.


El 5 de Noviembre de 1963 los arqueólogos Helge Ingstad y su esposa Anne Stine Ingstad hicieron público su descubrimiento de asentamientos vikingos en América, en el sitio L’Anse aux Meadows o “Ensenada de las Medusas”, en New Foundland, situado en la punta septentrional de la isla de Terranova, en Canadá.

Los restos encontrados ahí se ubican entre los años 989 y 1020, lo que ubica la llegada de los europeos al Nuevo Mundo casi 500 años antes de que lo hiciera Cristóbal Colón, porque además existen evidencias de que los vikingos antes de llegar a este lugar estuvieron en Groenlandia.

Se cree que el explorador islandés Leif Ericson, hijo segundo de Eric el Rojo, alcanzó la costa de lo que denominó Vinlandia antes del año 1000; de regreso a su lugar de origen describieron el lugar como rico en madera y, por tanto, muy adecuado económicamente para los islandeses, cuya tierra carece prácticamente de árboles.

A principios de 1960, los arqueólogos Helge Ingstad y Anne Stine Ingstad realizaron una búsqueda cerca de las costas de Terranova y Labrador. Ingstad, era un investigador de los pueblos nórdicos, quien había pasado la mayor parte de su carrera estudiando las civilizaciones del nórdicas y del Ártico, y fue el seguimiento de las leyendas sobe exploraciones vikingas de los siglos X y XI, lo que lo llevó a realizar la búsqueda en tierras canadienses.

Helge Ingstad y Anne Stine Ingstad.


En 1961, la exploración dio sus frutos, y los investigadores descubrieron un asentamiento vikingo en L’Anse aux Meadows.

Ahí recuperaron artefactos nórdicos del siglo X, por cientos, que incluía un malacate de de costura y un pin de bronce con anillo, así como otro hierro. Las pruebas de radiocarbono realizadas dataron la ocupación en el sitio entre los años 990-1030 de la era cristiana.

El asentamiento estaba formado por al menos ocho edificios: Tres viviendas, una forja con tecnología de extracción de hierro idéntica a la de los vikingos, un aserradero para abastecer a un astillero y tres almacenes. El mayor de los edificios medía 28,8 m de largo y 15,6 m de ancho, y estaba dividido en varias habitaciones. La construcción era del tipo de las casas de Islandia. Los techos eran estructuras de madera que luego cubrían con hierba.

La ubicación geográfica de L’Anse aux Meadows.


Según la saga, antes de dirigirse a Vinlandia, Eriksson se detuvo en la isla de Baffin para caminar por una costa de nombre Helluland, una antigua palabra nórdica que significa “Piedra de la losa de la tierra”, la cual se ha buscado intensamente en la costa de Terranova, hasta ahora sin resultados.

Álef
5 de Noviembre de 2013

viernes, 1 de mayo de 2015

Fenicios, templarios y vikingos en América



La fama de los fenicios recae en el hecho de que eran excelentes navegantes y su flota era muy avanzada para su época. ¿Es posible que los fenicios hayan llegado a América antes que Cristóbal Colón? 

Esta teoría es parecida a la egipcia, pero en vez de Punt, la extraña y lejana tierra que aparece en sus historias se llama Ofir. 

Según la misma Biblia, Salomón pidió al rey Irma de Tiro que le mandara carpinteros para construir una flota sobre el mar Rojo, así como marinos para llevar esta flota hasta el país de Ofir. ¿Dónde quedaba esta tierra? La localización geográfica de Ofir está exactamente en la misma situación que la tierra de Punt. Ambos países se hallan “lejos, en el sudeste”; el viaje empieza de un puerto en el mar Rojo y dura tres años, entre ida y vuelta, para ambos destinos. 

Los productos de Ofir coinciden en general con los que los egipcios traían de Punt y sus escalas: oro, maderas preciosas, especias, inciensos, esclavos, etc. 

Uno de los datos que indican que los fenicios visitaron América se hayan en la costa peruana, más concretamente en el Templo de Sechim, en el Valle de Casma, donde según los investigadores existen dos naves fenicias en las estelas centrales del templo. 

Un hallazgo más curioso es el del brasileño Bernardo Silva Ramos quien ha recorrido la selva amazónica durante más de veinte años buscando, fotografiando y copiando 2800 inscripciones rupestres, reconociendo la mayor parte de ellas como fenicias y las otras como griegas. 

La conocida como Piedra de Paraiba, descubierta en 1872 y reiteradamente estudiada al presentar caracteres fenicios, parece ser uno de los indicativos que sugieren la llegada de este pueblo, junto a otras numerosas estelas grabadas con signos del mismo alfabeto, del hebreo y también del egipcio. 

450 años a. C., existió en Egipto un emperador llamado Necao II quien contrató a una flota fenicia para que circunnavegara el África. Según Herodoto, la expedición duró tres años y hay quienes proponen que es probable que una de las naves de esta expedición haya sido desviada por la corriente Benguela hasta el Brasil. 


Templarios 

¿Llegaron los templarios a América antes que Colón? Una reciente investigación de José Antonio Hurtado defiende la idea de que una flota mallorquina llegó hasta América unos 150 años antes que Colón, siguiendo la llamada Ruta TyD. Esa visita americana por parte de mallorquines tenía fines comerciales y supuestamente parecen haber indicios de que es la misma ruta que había usado nada más y nada menos que los miembros de la Orden del Templo –mejor conocidos como templarios–. 

Cada vez son más los expertos que opinan que la flota templaria alcanzó América y estableció una ruta comercial secreta que posteriormente les pudo servir para escapar cuando la orden fue perseguida en el año 1307. Algunos grabados con simbología templaria descubiertos en la costa estadounidense de Maine, o en diversos enclaves de Centro y Sudamérica, lo sugieren, así como representaciones de amerindios en monumentos templarios europeos. Se vincula también la riqueza templaria al comercio de plata con los pueblos precolombinos. También hay quienes piensas que estas historias son parte de la mitología en torno a los templarios ya que “su interés estaba en Oriente, Tierra Santa y nunca al oeste”. 


Los vikingos 

Para la mayoría de los que aceptan que Colón no fue el primer extranjero en visitar América, los vikingos son sus candidatos principales. Sin lugar a dudas la teoría vikinga es la que cuenta con mayor probidad y fundamento gracias a los hallazgos y las historias que cuentan las sagas, que no son más que relatos islandeses originados en la Edad Media en los que se haya presente una historia acerca de una tierra llamada Vinland. 

Según los investigadores, la tierra de Vinland no es más que la zona del Golfo de San Lorenzo, Nueva Brunswick y Nueva Escocia en Norteamérica, siendo el área explorada a partir de un asentamiento llamado Leifbundir alrededor del año 1000 en Terranova (hoy Canadá). Este pequeño asentamiento aparentemente no duró mucho, pero su mención en las sagas arrojó la posibilidad de que los vikingos fueran los primeros extraños que se asentaron en América. 

Durante mucho tiempo se creyó que estas historias eran solo una fantasía, pero en 1961 las dudas finalizaron luego del hallazgo de ruinas de arquitectura vikinga en el área de L’Anse-aux-Meadows, en la costa norte de la isla de Terranova. Las dataciones por Carbono 14 indicaron edades en torno al año 1000 lo cual confirmaba la veracidad de la presencia vikinga en América del Norte. Según las mismas sagas, estos asentamientos fueron abandonados debido a la hostilidad de los nativos de aquellas zonas. 

Fuente: Diario Libre (República Dominicana). 15 de Mayo de 2007

sábado, 25 de abril de 2015

El Árbol Sagrado


Representaciones petroglíficas del “Árbol del Mundo”, el “Árbol-Hombre”, ideografías
sacras de los lituches, los primigenios habitantes de Chile, del Chilli-Mapu.


La ideografía del “Árbol del Mundo”, asociado intrínsicamente como figuración y representación del “Árbol de la Vida” y “Árbol del Conocimiento”, es posiblemente uno de lo símbolos más sagrados de los arios en América, Asia y Europa.

Su origen y antigüedad se remonta al Satya Yuga, a la Edad Solar de los hombres-dioses y su Orden Sacro.

Esta ideografía se conforma por un trazo vertical del cual se desprenden, en ángulos agudos y en ambos lados, una o más ramas. 

Quizás una de sus más antiguas representaciones se halle en el árbol-runa Man: La runa de la “Vida”, de la “Muerte” y la “Resurrección”. El simbolismo del Irminsul-Yggdrassil, como árbol-mundo, es significativo: Sus raíces y ramas mantienen unidos los diferentes planos: Asgard, Midgard, Helheim, Niflheim, Muspellheim, Svartalfheim, Alfheim, Vanaheim y el Jötunheim.

Detalle de un tapiz escandinavo del siglo XII en el cual se ha representado a Odín,
Thor y Freya. Junto a Odín, el árbol-runa.


Es, también, el símbolo del hombre, de la columna vertebral, de las vértebras-vórtices, del eje-polo-vertical, el Árbol-Fuego, el Árbol de Fuego.

Desde los distantes ecos de la Ante-Historia, este hieros-glifo se asocia a deidades solares como Brahmã, Agni-Surya, Odín-Wotan, Dieva-Laima, Perun y el kukulkán Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, el Dios Blanco de América Central.

De izquierda a derecha: Símbolo lituche-araucano del “Árbol de la Vida”; signo maya
del “Árbol de la Vida”; la runa Man, de la Vida, del Futhark germánico, el “hombre-árbol”;
una variaciones del símbolo báltico de Laima (Trīs Laimes).


El intangible arquetipo del “Árbol de la Vida”, se cristaliza en el sacro Irminsul de los germanos; en el Bodhi de Siddhartha Gautama y de la tradición pre-lamaísta del Bö; en la Palma del dios Apolo; el Világfa y Életfa de los táltos de Hungría; en el roble Perón y el Haorma avéstico; en el Yaxché mesoamericano y en los propios árboles-pilares que sostienen los cielos junto a los Bacab.

Se observa, asimismo, en innumerables representaciones culturales prehispánicas de la América del Sur, como petroglifos, alfarería, armas y templos.

La ideografía, ciertamente, corresponde a la imagen de un árbol, es decir, una representación del árbol como signo de los ciclos de la fuerza vibrante de la Naturaleza (Gottos). La profunda veneración al árbol, a los bosques, es propia de las culturas y civilizaciones arias en el mundo: Allí, entre las luces y sombras proyectadas por ramas y hojas, en perpetúa transmutación, se erguían los templos a los dioses, a los ancestros, a las fuerzas de la Naturaleza.

Petroglifos del “Árbol del Mundo” de El Cenajo, en Hellín, España.


La raíz de estos conceptos, en su conjunto, se encuentra en una Weltanschauung total y trascendente en la cual el hombre era parte integrante del mundo –en clara oposición a las doctrinas de las religiones monoteístas y su ontología antropocentrista que han devastado los reinos de la Naturaleza, socavando, al mismo tiempo, la propia esencia del hombre–. Fue la proyección del Hombre-Dios, en el estado primordial, en el Unus Mundus, cuando el hombre, los animales y los minerales conformaban una totalidad, una integridad, base de la antigua veneración y amor a la tierra, a la Patria-Matria, al Paisaje Mágico, en comunión con los espíritus del fuego, de las aguas, de la tierra y del aire, una suerte de antiguo «nacionalismo» mágico y místico.

De tal manera, el árbol, para las culturas y civilizaciones arias, ha sido el símbolo viviente de los ciclos de la Naturaleza y sus leyes, es decir, de los ciclos de la vida, la muerte y la resurrección, a la vez que la representación del Axis Mundi, el Eje del Mundo.

El Bhagavad Gita (XV, 1. 4), indica al respecto:

Indestructible es el Ashwattha, el árbol sagrado, símbolo del universo,
que tiene las raíces hacia arriba y las ramas hacia abajo.

Sus hojas son los Vedas. Quien los conoce, conoce los Vedas. 

Sus ramas se alimentan con la savia de las tres cualidades.

Sus brinquillos son los órganos de los sentidos, algunos
de los cuales crecen hacia arriba y otros hacia abajo. 

Las raíces, que se extienden por el plano
de los hombres, son los lazos de acción.

No es posible en este mundo conocer su forma,
ni su origen, ni su fin, ni sus conexiones.

Cuando el hombre abata este corpulento árbol con la tajante
hacha del discernimiento y la abstención, a pesar de su firmísimo
raigambre, podrá buscar aquel ulterior sendero del que no se vuelve,
y encaminarse hacia el supremo Espíritu del que surgieron
las almas de los seres y de las cosas.

Rafael Videla Eissmann
25 de Abril de 2015 


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).