sábado, 22 de diciembre de 2012

La Cosmogonía Glacial

 
La pirámide del dios blanco Kukulkán, evocación de la Serpiente Emplumada.


Parece haber sido una misma raza
la que escribió en los Andes y en los Pirineos.
Roberto Rengifo


La antigüedad de las culturas y civilizaciones de la América Aborigen han sido ostensiblemente limitadas por las concepciones de las escuelas historiográficas y antropológicas fundamentadas en una visión evolucionista y materialista que, a pesar de las evidencias arqueológicas y de las numerosas pruebas de la existencia del grupo pre-indígena, es decir, los indios blancos, comprobada por los cráneos dolicocéfalos descubiertos desde Tierra del Fuego hasta Canadá, por numerosas crónicas y fuentes etnohistóricas como asimismo por la iconografía precolombina, ha cimentado la exclusiva y amputada historia indigenista.

 Representaciones de los Viracochas o Dioses Blancos: Un petroglifo en el norte de Chile y la efigie en la Puerta del Sol de Tiahuanaco, respectivamente.


Los indios blancos fueron los descendientes de los Viracochas, los Dioses Blancos, los Hombres-Dioses de la tradición áurea. Por estas razones el historiador Diego Barros Arana ha establecido que la existencia del hombre en América en una época muy remota, está comprobada por los vestigios de una antiquísima civilización, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Se hallan en diferentes partes del suelo americano ruinas monumentales de construcciones gigantescas, a las cuales no se puede asignar razonablemente una edad probable sino fijándola en algunos millares de años. He llegado a sostener con razones cuyo peso no es posible desconocer, que cuando los otros continentes estaban habitados por salvajes nómadas de la Edad de Piedra, América se hallaba poblada por hombres que construían ciudades y monumentos grandiosos, manifestaciones de un estado social muy avanzado.

Esa remotísima civilización, que ha debido ser la obra de una incalculable serie de siglos, es de origen exclusivamente americano. De cualquiera parte que provenga el hombre que habitaba nuestro continente, parece fuera de toda duda que su cultura nació y se desarrolló aquí, sin influencias extrañas, que aquí formó sus diversas lenguas, creó y perfeccionó en varios puntos instituciones sociales que suponen una elaboración secular, y que levantó las construcciones cuyos restos no pueden verse sin una respetuosa admiración (Diego Barros Arana, Historia general de Chile. 1884-1902. Página 18).

El origen de los primigenios habitantes americanos se encuentra en el archipiélago antártico, definido por el profesor Roberto Rengifo como el gran centro de la humanidad blanca y clara (Roberto Rengifo, El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. 1935. Página 8).

El marco para comprender la antigüedad de las culturas y civilizaciones de América -y del mundo- lo ha entregado la Cosmogonía Glacial (Hörbigers Glazial Kosmogonie - Eine neue Entwicklungsgeschichte des Weltalls und des Sonnensystems. R. Voigtländer’s Verlag. Leipzig, 1913) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth. La Cosmogonía Glacial fue concluida en el mes de Diciembre de 1912. Esta magna obra ha planteado las interrogantes fundamentales: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Es, en suma, una concepción del universo, de la Tierra y del hombre. Los postulados de la Cosmogonía Glacial han sido revolucionarios: Otorgan una nueva concepción del origen y desarrollo del sistema solar y de la Tierra, y por lo tanto, de su historia geológica, lo que quiere decir también, una nueva visión de la historia del hombre.

 
Hans Hörbiger y Philipp Fauth, los visionarios de los mundos del hielo.


En la Cosmogonía Glacial se ha establecido la captura por parte de la Tierra de varias lunas que han generando grandes catástrofes planetarias y desastrosos diluvios, cuyos ecos son el sumergimiento de la ahora mítica Atlántida y la destrucción de la ciudad-puerto de Tiahuanaco. Su evocación también fue preservada por los mapuches por medio del mito de la lucha entre las serpientes KaiKai de las aguas y ThrengThreng de las montañas. Fue el Diluvio noético, el Götterdämmerung o “Crepúsculo de los Dioses” de los Edda, el Diluvio de Manú de la India aria, el Llocllavuno pachacuti o Gran Agua de los Incas o Apachiohualiztli de los mayas.

Hoy celebramos el centenario de la Cosmogonía Glacial y hacemos nuestras las palabras de Georg Hinzpeter: “El triunfo de la Cosmogonía Glacial estaba tempranamente determinado como una cuestión de principios, y todo lo que queda para los adversarios de la Cosmogonía Glacial es una retracción parcialmente honesta, como es el caso que ya ha sucedido en algunos campos. Y puede, debido a esto, existir en el futuro, algún difícil e incomprensible juicio en torno a la Cosmogonía Glacial por razones científicas. No perderemos el rumbo, conocemos la verdad en el camino, y conocemos el “sí” de nuestra convicción y con ello el “sí” de nuestra creencia y la inconvertible lealtad a Hans Hörbiger y su trabajo”.

Rafael Videla Eissmann
Solsticio de Invierno, 2012



El Nuevo Mundo o Insula Atlantica (1540). Mapa de Sebastian Munster.


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viernes, 9 de noviembre de 2012

El misterio de los “indios blancos”

 El dios blanco y barbado de Mesoamérica, Quetzalcoatl (La “Serpiente Emplumada”). Manuscrito siglo del XVI.


Coincidimos con la detección realizada por el antropólogo Jacques de Mahieu, de grupos precolombinos de características totalmente distintas a la de los indígenas: Poblaciones altas, de piel clara o blanca, cabellos y ojos claros. Pertenecen a los cráneos de tipo dolicocéfalos descubiertos prácticamente a lo largo y ancho de América.

Estos grupos fueron denominados como los “indios blancos” desde el “Descubrimiento”, la “Conquista” y la Colonia e incluso, fueron consignados en numerosos reportes etnohistóricos en el transcurso del siglo XX. Al respecto, De Mahieu ha escrito:

Las tradiciones de los distintos pueblos considerados [de Centro y Sudamérica] se encadenan, pues perfectamente. Nos muestran a un grupo de guerreros blancos, de tipo nórdico, que desembarca en la costa mexicana y deja algo de su cultura en el Anáhuac, el Yucatán y zonas adyacentes. Con el apodo de Quetzalcoatl en el país náhuatl, de Kukulkán en tierras mayas, de Votán en Guatemala, de Zuhé en Venezuela y de Bóchica en Colombia, el jefe blanco, que verosímilmente se llamaba Ullman, se convierte en el recuerdo indígena, con el tiempo, en un dios civilizador, a pesar de las dificultades encontradas por él durante su estada en los distintos países. ¿Cuánto tiempo dura exactamente el viaje que lleva a los blancos hasta la costa colombiana del Pacifico, y cuando muere Ullman? No lo sabemos. Pero sí la tradición nos muestra a los nórdicos, ya al mando de un nuevo jefe, Heimlap o Heimdallr, llegan en barcos de piel de lobo al Ecuador, donde fundan el Reino de Quito, y luego al Perú, donde se radican en la zona del lago Titicaca y empiezan a construir una metrópoli: Tiahuanaco. Vencidos, después de unos dos siglos, por una invasión de indios chilenos, los blancos se dispersan. Unos se desplazan por la costa hacia el norte y se embarcan en balsas que los conducen hasta las islas oceánicas. Otros escapan del Altiplano y desaparecen en la selva amazónica, donde se encuentran, hasta hoy, sus descendientes. Unos pocos, en fin, se refugian en la montaña desde donde, con la ayuda de indios leales, reconstruye su imperio.

La tradición nos permite, gracias a los nombres y títulos que nos ha transmitido, identificar a los blancos que capitaneaba el Dios-Sol. En efecto, Ullman y Heimlap o Heimdallr son nombres escandinavos y encontramos el mismo origen para los títulos sciri (de skirr, puro), ayar (de jarl, conde) e inca o inga (de ing, descendiente), así como para el apodo Huirakocha que viene del antiguo escandinavo hvit, blanco, y god, dios.

Sin embargo, los textos nos señalan la actuación anterior, en Mesoamérica, de un dios blanco de características diferentes -pacifico y ascético- que, en el Anáhuac, se confunde en el recuerdo con Quetzalcoatl y le da una segunda personalidad incompatible con la primera, pero, en el país maya, conserva, con el nombre de Itzamná, una realidad autónoma (Jacques de Mahieu, El gran viaje del Dios-Sol. Páginas 89 y 90).

Ciertamente, el esquema teórico que De Mahieu creyó ver en el contexto precolombino -grupos de características “nórdicas”, es decir, población blanca aborigen- debía explicarse por las incursiones de grupos vikingos, normandos, e incluso celtas, en América. Estas incursiones no se debaten ni refutan. Pues es un hecho que estos grupos europeos arribaron al continente antes de la irrupción peninsular del siglo XV. Sin embargo, no fueron ellos los impulsores o gestores de las altas civilizaciones americanas. Pues, ¿dónde, en Europa, se encuentra algo semejante, siquiera, al estilo megalítico-astronómico de Tiahuanaco o del Cuzco? ¿Dónde se descubre en Europa la fuente de la Puerta del Sol de Tiahuanaco y su sistema calendárico o el estilo de los monolitos antropomorfos de la gran metrópolis andina (Como el “Monolito Benett”, el “Monolito Ponce” o el “Monolito El Fraile”(¡!)? Si estos prodigios de arquitectura e ingeniería tuviesen su origen en cualquiera cultura europea, lo lógico sería encontrar algo semejante o aproximado allí, pero ello, sencillamente, no ocurre, a pesar del eurocentrismo insostenible propugnado por De Mahieu.

El Señor de Sipán (Perú). El iris es de color azul.


Los monumentos megalíticos americanos -Tiahuanaco, Puma Punku, Cuzco, Sacsaihuamán, El Enladrillado, etc.- son de hecho, anteriores al poblamiento de los indígenas. Se remontan al último período prediluvial conforme a la Cosmogonía Glacial (1912) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth. Corresponden, en consecuencia, a vestigios de la raza primigenia de América. Como se ha indicado en textos anteriores (Los Viracochas, los Dioses Blancos de América, 1º de Enero de 2012 y El misterio de las momias blancas precolombinas, 9 de Octubre de 2012), conforme a la evidencia arqueológica, los paleoamericanos, que han sido caracterizados como dolicocéfalos, fue el grupo aborigen que habitó el continente, con anterioridad a la irrupción de los grupos provenientes desde distintos puntos de Asia, que posteriormente fueron conocidos como indígenas.

Ellos fueron los descendientes de los viracochas, los Dioses Blancos de la tradición áurea.

Rafael Videla Eissmann
1º de Noviembre de 2012


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martes, 9 de octubre de 2012

El misterio de las momias blancas precolombinas

 
Imagen I. Cráneo de tipo ario nórdico encontrado en una runa funeraria arawak del Amazonas
(Foto de Marcel Homet).


Los siguientes párrafos fueron escritos por el antropólogo Jacques de Mahieu. Abordan la misteriosa existencia de las “momias blancas” del mundo precolombino, campo absolutamente prohibido e ignorado por la historiografía ortodoxa, pues sencillamente desestructura la visión dogmática de la América indígena y sus habitantes:

Si todavía hoy, después del proceso de mestización que inevitablemente ha producido un contacto multisecular, encontramos a “indios blancos” en Sudamérica, la lógica indica que se debería hallar también rastros de sus antepasados, más puros, en antiguas sepulturas. Desgraciadamente, mucho antes de que arqueólogos y antropólogos se dedicaran a hacer excavaciones con fines científicos, la inmensa mayoría de las tumbas precolombinas habían sido violadas por buscadores de tesoros, que no se preocupaban en absoluto por los restos humanos que en ellas descansaban. En las regiones colonizadas por los españoles y portugueses, a menudo no hay garantía de que tal o cual esqueleto de características arias no provenga, aun cuando se lo encuentre en un cementerio indígena, de algún blanco o mestizo posterior a la Conquista. De vez en cuando se descubre, sin embargo, en aéreas prácticamente inexploradas, restos humanos inconfundiblemente europoides que pertenecen a tribus “autóctonas”. Es esto lo que sucedió con unos esqueletos (Imagen I) hallados, en 1959, por Marcel Homet en urnas funerarias de la Serra do Machado, en el Amazonas.

En un caso, sin embargo, la situación se ha presentado muy diferente: El de cientos de momias descubiertas, a partir de fines del siglo pasado, en tumbas prehispánicas del Perú y, especialmente, las que se encontraron, en 1925, en cuevas de la península de Paracas, a 18 km de Pisco. Estas momias no son representativas de la población toda. Pues si algunas se conservaron naturalmente en razón del clima seco de la región o por haber sido enterradas en la arena, la mayor parte de ellas fueron embalsamadas y pertenecían, por lo tanto, a miembros de las familias dirigentes de la época.

Las momias en cuestión corresponden a dos tipos raciales bien diferenciados. Unas son innegablemente mongoloides: Baja estatura, cara achatada, cabeza braquicéfala y pelo negro azulado, y pertenecen a individuos semejantes a los indios que todavía pueblan la región. Las demás, por el contrario, son de alta estatura, cara alargada, cabeza dolicocéfala y pelo claro, con variaciones que van desde el castaño al rubio “paja”, pasando por todos los matices del rojo, sin descoloración artificial. Quien viera, sin indicaciones de procedencia, la momia reproducida en la imagen II  no vacilaría en atribuirla a una mujer aria de raza nórdica. No se trata de meras apariencias y los especialistas opinan del mismo modo. Algunos pensaron, en un primer momento, que las medidas de la cara y del cráneo podían provenir de una deformación artificial como la que efectivamente, los indios peruanos producían a menudo en los niños, y que el color del pelo podía ser la consecuencia de la acción del tiempo. Estas hipótesis tuvieron que ser desechadas.

(…)

La presencia, en el Perú precolombino, de blancos de biotipo nórdico no puede, por consiguiente, ponerse en duda. El problema es saber a qué época pertenecen las momias que lo prueban. Como siempre cuando se trata de cronología prehispánica, las opiniones varían al respecto en cientos y miles de años (Jacques de Mahieu, El gran viaje del Dios-Sol. Páginas 63-65).

Imagen II. Momia de tipo ario nórdico, con trenzas rubias de pelo natural, descubierta en Paracas, Perú
(Foto Museo Nacional de Antropología y Arqueología, Lima).


De Mahieu ha atribuido el origen de estas “momias blancas” a las irrupciones de grupos nórdicos en el continente americano, con mucha antelación al arribo de los peninsulares a partir del siglo XV. Su conclusión se basaba en el marco contextual que él creyó vislumbrar: La presencia de características “europoides”, es decir, de “indios blancos” en América, necesariamente debería atribuirse a poblaciones de origen europeo.

Sin embargo, tal como lo prueba la evidencia arqueológica, el tronco primigenio americano -los paleoamericanos- el cual ha sido precisamente caracterizado como dolicocéfalo, fue el grupo aborigen que habitó el continente, con anterioridad a la irrupción de los grupos provenientes desde distintos puntos de Asia, que posteriormente serán conocidos como indígenas.

La superposición y coexistencia de estos dos grupos, permite explicar las dos variantes de tipos craneales descubiertos en la península de Pisco.

El origen de este grupo blanco precolombino se puede rastrear en las propias tradiciones míticas como a su vez en las numerosas crónicas y fuentes etnohistóricas de la época del “Descubrimiento”, Conquista y Colonia. Pues ellos fueron los descendientes de los Viracochas, los venerados Dioses Blancos de la América Aborigen.

Rafael Videla Eissmann
1º de Octubre de 2012

La Dama de la Máscara, momia wari de ojos azules, descubierta en 2008 en la Huaca Pucllana en Lima, Perú, que comprueba la existencia en tiempos precolombinos de población blanca americana.


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jueves, 6 de septiembre de 2012

Los símbolos rúnicos de América y Europa

Esquema comparativo de runas europeas y americana. De la obra Símbolos rúnicos
en América, de Rafael Videla Eissmann (2011).


El arribo de poblaciones del norte europeo a Huitramannaland-América a partir del siglo XI y XII de la era cristiana fue, en realidad, el retorno a la tierra ancestral. Como señaló el historiador José Toribio Medina en su fundamental obra Los Aborígenes de Chile (1882), ya antes hemos indicado que todos concurren a creer que en la noche de los siglos moró en Chile una raza de hombres que dejó las huellas de su paso escritas en el granito de los Andes, y que se supone desaparecida a consecuencia de los grandes cataclismos que en una época geológica reciente ha debido experimentar este continente.

Esta desaparición a la que elude Medina, fue una extensa migración hacia otras latitudes tras el último Diluvio. De allí el conocimiento en antiguas sagas y mitos europeos de una tierra o bien, una “gran isla” al occidente, más allá de las Columnas de Hércules. De este modo, el arribo al continente de América fue en realidad el regreso a la tierra ancestral.

Los símbolos rúnicos encontrados en América -constatados en petroglifos, alfarería, textiles, esculturas y en diversos monumentos- corresponden así, a expresiones tanto de los aborígenes del continente -los primitivos indios blancos- y también, sobre todo en Norteamérica a partir del siglo XIII, a las huellas de grupos nórdicos que arribaron posteriormente en diversas oleadas.

Acaso por estos motivos, el profesor Roberto Rengifo declarase que parece haber sido una misma raza la que escribió en los Andes y en los Pirineos.

En consecuencia, las runas se encuentran en Europa y América-Huitramannaland como señal de la expansión de la raza primigenia en una época no abordada por los campos de la frágil y dogmática historiografía ortodoxa.

Paulatina y paralelamente, en base a estas evidencias, se cimenta una revisión del pasado de la América Aborigen.
Rafael Videla Eissmann
1º de Septiembre de 2012


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lunes, 6 de agosto de 2012

El Ocaso de los Dioses

El combate del gigante Hymir y Thor contra la serpiente Jörmundgander. El último combate entre Thor y la serpiente fue en el Ragnarök o Destino Final de los Dioses, cuando Jörmundgander se arrastró fuera del océano y envenenó los cielos. Es en realidad, un eco del Diluvio, el Götterdämmerung de acuerdo a la cosmología de los pueblos germanos.


Un día Loki se escapará del Hel, encabezando a los “condenados en los Infiernos”, y, con la ayuda de los gigantes, descendientes de la familia que había sobrevivido al Diluvio, del lobo Fénrir y sus hijos y de la Serpiente del Mundo, que Thor había tratado vanamente de pescar y que Odín había echado al mar que rodea la Tierra, se lanzará al asalto de Asgard. Llegará el Ragnarök, el “Ocaso de los Dioses”. Pues éstos serán vencidos. El lobo Fénrir y la Serpiente del Mundo, antes de morir en el combate, devorarán el Sol y la Luna. Las heladas se apoderaran del mundo y todo habrá terminado. Pero Bálder, el Redentor, resucitará a los dioses y un nuevo cosmos nacerá.

La misma concepción del “fin del mundo”, formaba parte de las creencias mesoamericanas. Cuatro Soles, o sea, cuatro Mundos, fueron destruidos hasta llegar al nuestro: El Sol de Tierra o de Noche, el Sol de Aire, el Sol de Lluvia de Fuego y el Sol de Agua. El Quinto Sol, o Sol de los Cuatro Movimientos, perecerá a su vez cuando los Monstruos del Crepúsculo surjan del fondo del Occidente, instigados por Tezcatlipoca, el “dios malo”, para destruir a los seres vivos, mientras el Monstruo de la Tierra quiebre el globo entre sus fauces. Se acabará el género humano. Pero nacerá un Sexto Sol: Un Nuevo Mundo en que los hombres estarán sustituidos por los planetas, vale decir por los dioses.

Jacques de Mahieu
(Extracto de El gran viaje del Dios-Sol.
Página 108).


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lunes, 2 de julio de 2012

Baldrs Draumar eða Vegtamskvida

Odín montando el caballo Sleipnir. Ilustración del Edda realizada por Olafur Brynjulfsson (hacia 1867).


El relato áureo de los pueblos germanos vertidos hacia 1220 en el Edda (Snorra Edda) del historiador y poeta islandés Snorri Sturlusson (1179-1241)  describen lo que ocurre antes, durante y después de la batalla de los asen (dioses) que culmina con el Ragnarök, el “Destino final de los Dioses”, es decir, el último Diluvio.

Los sueños de Baldur corresponden a los acontecimientos previos a la muerte de Baldur, el hijo de Odín (Wotan) y Frigga, hecho que desencadenará el “Crepúsculo de los Dioses”, el Götterdämmerung.

Los sueños de Baldur

1 Reunidos estaban los ases y las asinias,
todos hablaban; discutían los dioses,
las nobles potencias, por qué tuvo Baldur
aquellos sueños de tan grande horror.

2 Se levantó Odín, el padre de los dioses,
en el lomo de Sleipnir coloca la silla:
Cabalga hasta el Niflhel, y allí un perro encuentra
saliendo del Reino de Hel.

3 Su pecho estaba rojo de sangre,
aulló largo rato al gran hechicero;
Odín sigue la marcha, y la tierra retumba,
y después llega a casa de Hel.

4 Odín cabalga a las puertas de oriente,
donde, él lo sabía, enterraron a la völva;
empleó sortilegios, recitó conjuros,
obligó a la muerta que habló cual cadáver:

5 «¿Cuál de los hombres, al que no conozco,
ha venido a agobiar mi triste viaje?
La ventisca me cubría, me azotaba la lluvia,
la escarcha me helaba; muerta he estado».

6 «Vegtham es mi nombre, y mi padre es Veltham,
háblame ahora, yo lo hago en la tierra,
¿de quién es el banco lleno todo de joyas,
de quién el asiento cubierto de oro?».

7 «Listo ya está el hidromiel para Baldur, 
la clara bebida, bajo un escudo; 
ansiosos todos los dioses esperan;
obligada he hablado, ahora he de callar».

8 «¡No calles, völva! Pues quiero aún preguntar,
hasta que todo se llegue a saber:
¿Quién matará un día a Baldur, 
al hijo de Odín la vida ha de quitar?»

9 «Hödr es quien lanzará al muy noble la tan famosa rama;
él, pues, a Baldur un día ha de matar
y al hijo de Odín la vida ha de quitar.
Obligada he hablado, ahora he de callar».

10 «¡No calles, völva! Quiero todavía preguntar,
hasta que todo se llegue a saber:
¿Quién, lleno de odio, en Hödr le vengará,
y al asesino de Baldur llevará a la pira?».

11 «Allá, en occidente, Rind engendró a Váli,
apenas nacido, al hijo de Odín matará:
No lavará sus manos, ni peinará sus cabellos,
antes de llevar a la pira al enemigo de Baldur.
Obligada he hablado, ahora he de callar».

12 «¡No calles, völva! Quiero todavía preguntar,
hasta que todo se llegue a saber:
¿Quiénes son las doncellas que habrán de llorar
y sus mantos, del cuello hacia lo alto han de lanzar?»

13 «Tú no eres Vegtam como yo pensé,
sino que eres Odín, el viejo gauta».
«Tú no eres la völva, ni una sabia mujer,
sino que eres la madre de tres gigantes».

14 «Regresa a casa, Odín, glorioso,
y nunca más volverá hombre alguno a preguntarme,
hasta que Loki esté libre ya de los nudos
y llegue al final el gran Ragnarök».

   
La muerte de Baldur. Ilustración del Edda realizada por Olafur Brynjulfsson (hacia 1867).


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martes, 5 de junio de 2012

Antes de Colón

Wotan, en un relieve de Tjangvide, Gotland, Suecia (Siglo VIII). 


Posiblemente uno de los primeros trabajos de la historiografía moderna en establecer la existencia de población normanda en la costa atlántica de América del Norte es la obra desarrollada por Kart Wilhelm titulada Amerikas Upptäckande Gewan Norrmännerne soocar faäre Columbus, publicada originalmente en Estocolmo en 1843.

Nicolás Palacios, autor de la monumental obra Raza Chilena (1904) ha comprobado a su vez la presencia de grupos vikingos en nuestro continente, expresando que ni siquiera la primacía del descubrimiento y colonización de este hemisferio es de la raza latina. Sin amenguar en nada la grande hazaña de Colón, puesto que lo ignoraba, lo cierto es que islandeses, los noruegos, habían descubierto y poblado una parte de América, que ellos llamaron Markland y Vinland, más de cuatrocientos años de que arribaran a sus playas Colón y sus godos.

Por su parte, el historiador Eugen Georg, en su obra Verschollene Kulturen. Das Menschheitserlebnis. Ablauf und Deutungsversuch (“Culturas desaparecidas. La experiencia de la humanidad. El curso de los eventos y su interpretación”), quien ha abordado asimismo el arribo de población nórdica al continente americano alrededor del año 1000 de la era cristiana, quienes habrían propagado ciertos elementos de su religión entre las culturas precolombinas, como los sacramentos, la hostia y el símbolo de la cruz.

Las huellas de población nórdica a partir del siglo XI en América se encuentran en las investigaciones desarrolladas por el antropólogo Jacques de Mahieu: La lucha mortal de los Dioses Solares. Los vikingos en Paraguay (1973); La agonía del Dios Sol. Los vikingos en la América del Sur (1974); La Piedra Sagrada del Dios Sol. Los vikingos en Brasil (1975); El gran viaje del Dios Sol. Los vikingos en México y Perú, 967-1532 (1976); Drakkares en el Amazonas (1977); Los sabios de Ippir. Los vikingos en Amambay (1978); El rey vikingo del Paraguay (1979) y El imperio vikingo de Tiahuanaco (1981)* .

El profesor Vicente Pistilli ha continuado esta huella en valiosos trabajos como Vikingos en el Paraguay. La aldea vikinga-guaraní en la Cuenca del Plata (1978); La cronología de Ulrich Schmidel (1980), Etnología y etnografía americana (1990) y Vikingos en América (2000).

Sin embargo, como acertadamente ha explicado Hassler, si las tribus germánicas del norte consiguieron cruzar el Atlántico durante los primeros mil años de la era cristiana en sus barcos de fondo chato -que más tarde se convirtieron en las naves de los vikingos-, podemos explicar al Wotán de la tradición sur y centro americana, pero continuamos estando inseguros en cuanto al origen de su cultura de las pirámides, o a cualquier cosa que resulte paralela a las civilizaciones del Nilo o la Mesopotamia.
 
Por consiguiente, nos vemos obligados a abandonar la conveniente teoría de que la avanzada de cultura egipcia fue transportada a las Américas (con o sin los barcos de papiro). Ni los egipcios, ni los fenicios, ni los cretenses u otros pueblos mediterráneos pudieron haber sido responsables del florecimiento cultural de Sur y Centroamérica por haber llevado sus propias civilizaciones avanzadas a esas regiones en los siglos III o II a.C. Las culturas avanzadas de las Américas datan de un período anterior, o deben ser ubicadas por lo menos mil años más tarde.

Ciertamente, a la luz de de las fuentes etnohistóricas, la evidencia arqueológica y los registros históricos consignados en los mitos, la historia del mundo precolombino deberá ser reescrita, redescubriendo la presencia de los vikingos, los atlantes y los dioses americanos de la época pre-indígena.

 Rafael Videla Eissmann
1º de Junio de 2012

Izquierda: Tapiz de un drakkar vikingo del siglo XI. Derecha: Una barca de los uros del lago Titicaca. La similitud es extraordinaria.


* A pesar de la rigurosidad de las investigaciones de Jacques de Mahieu, basada en numerosas crónicas, fuentes etnohistóricas y vestigios arqueológicos, subyace un eurocentrismo insostenible que queda de manifiesto al expresar, por ejemplo, que Tiahuanaco habría sido construido por un grupo vikingo. ¿Dónde, en todo el extenso territorio abarcado por los vikingos en Europa, existe algo similar al estilo megalítico de Tiahuanaco? Ello no resta valor a las propuestas de De Mahieu sobre las incursiones nórdicas en el continente sudamericano. Pero sí al sostener que las civilizaciones americanas son el resultado de la influencia vikinga.



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martes, 1 de mayo de 2012

Las runas del mundo andino

La runa Odal en textiles de los mapuches de Chile.

 
Desde la más remota antigüedad, en diversos campos como petroglifos, textiles y alfarería, los símbolos conocidos en Europa como runas, han sido estampados en las manifestaciones culturales del mundo andino prehispánico.

Ciertamente, las runas andinas poseen los mismos atributos mágico-esotéricos de sus homólogas europeas, además de presentar formas muy similares en algunos casos, o bien, claras estilizaciones en otros.

A pesar de estar asociados siempre a los dioses del firmamento (Sol, trueno, rayo) y a los elementos de la naturaleza (fuego, aire, tierra y agua), su origen se pierde en la noche de los tiempos y sobre todo tras la “extirpación de las idolatrías” llevada a cabo a lo largo y ancho del continente por los celosos guardianes de la fe monoteísta. Fueron, por ello, los símbolos sagrados de los dioses aborígenes, los Viracochas o Huiracochas, los Dioses Blancos (Vira, Hui, del antiguo norrés Hvitr, White, es decir blanco; Co, que originalmente era Got, God, es decir, Dios -más apropiadamente, Dioses-; y Cha, de la raíz aborigen che, hombre, hombres).

Variaciones de la runa Odal en textiles mapuches.


En Europa, de acuerdo a la información consignada en el Discurso del Altísimo del Edda de Sæmund, da cuenta de la obtención de las runas por el dios Odín (Wotan):

(…)
Ni pan ni copa alguna recibí;
fijo en lo hondo observé;
las runas tracé, las obtuve entre gritos;
caí a la tierra de nuevo.


(…)

Todo saber yo entonces alcancé,
de poder me llené y de gran gozo:
de palabra a palabra la palabra me fue,
de acción en acción la acción me llevó.
Averigua las runas y aprende los signos,
las runas de mucha fuerza,
las runas de mucho poder,
que el Tulr supremo (Odín) trazó
y los altos poderes hicieron
y el Señor de los Dioses (Odín) grabó
.

Estas mismas runas fueron trazadas en la América Aborigen, incluso antes del arribo de los vikingos y de otros grupos germánicos con antelación a la irrupción del navegante Cristóbal Colón y su empresa comercial de 1492 de “salvación” y riquezas. Así, culturas indígenas como la mapuche (araucana), diaguita, tiahuanacota, wari, incásica y kuna, preservaron y transmitieron estos signos de poder mágico y sobrenatural, como herencia de los dioses prediluviales.

Rafael Videla Eissmann
1° de Mayo de 2012

La runa Sieg en textiles incásicos.

Estilizaciones del símbolo del rayo, la runa Sieg, en textiles incas.

Variación y estilización de la runa Sieg en textiles del mundo andino.


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lunes, 2 de abril de 2012

Sobre los vikingos sudamericanos


 Manuscrito Northumbrio (Siglo X).


Pacientemente hemos propuesto hipótesis de trabajo sobre la presencia de los nórdicos en Paraguay [y en América]. Muchas de ellas fueron contrastadas en diversos sectores de la cultura, razón por la cual elaboramos una teoría. Esta se afianza cada vez más, pues nunca, nadie ha logrado señalar algún error de fundamentación y pruebas en todos los órdenes: arqueológico, etnológico, lingüístico, antropofísico y epigráfico.

Pues así es, en el Paraguay existen inscripciones rúnicas, pruebas terminantes de la presencia de sus portadores, los vikingos, que hablaban el norrés (dano-noruego; pro-nórdico).

Ahora llegan los “críticos” munidos de su arma predilecta: la parola. Su misión es encubrir, como siempre. Opinan y opinan; prejuzgan, juzgan, enjuician y condenan. Se dedicar a erigir epitafios sin contar con el acta de defunción. Proceden dogmáticamente y lo lamentable es que viene de la “culta” Europa, donde se descubrió el método experimental, derribando el principio de la mera “autoridad”. Allí se comprobó que el “hábito no hace al monje”, una excelente admonición para los que juzgan por las apariencias. En efecto, todavía se cree que es suficiente mencionar el cargo que uno ostenta para hablar como lo hacían en ciencias antes de Galileo: “Magister dixit”. Lo malo es que algunos “periodistas” les hacen el “juego” a los piratas de la cultura, pues sólo preguntan y anotan respuestas, muy felices ellos, sin pedir pruebas de las afirmaciones negativas universales que hacen  estos mistificadores de la ciencia. Es claro que para eso, hay que conocer la lógica y su valor como “Organon” de la ciencia.

Hace tres lustros que estamos investigando a los vikingos del Paraguay e incluso hemos observado sus vestigios en los museos de Europa, consultando documentos, observando a algunos de sus descendientes, conversando con ellos para familiarizarnos con la fonética de sus expresiones, gravando en sueco y guaraní, con asombro del sueco que colaboró en la experiencia de campo. Hemos conversando con los guayakíes, raza blanca en algunos casos y de la aborigen en otros, lo cual confirma que la mezcla, fue “reciente” y no prehispánica.

Los cronistas europeos del “Descubrimiento” ya se percataron de sus rasgos singulares: tupida barba, tonsura y piel blanca. Hemos detectado sus vías de comunicación, totalmente señalizadas e incluso con “postes de indicadores” como lo constituye el paso del Yvytyrusú (Thor-Rok = La puerta rocosa). Por allí pasó Alvar Núñez enterándose del hecho Irala por intermedio de los parehára. Alejo García también transitó por los caminos del oro y de la plata, desde el Atlántico hasta el Potosí, cruzando por el cerro San Fernando Norte; parte de este camino estaba consolidado y por eso lo llamaron Tap Weg Avirú (tape-avirú), que en la lengua de los vikingos significa camino hecho y consolidado.


Metodologías

La aplicación de los principios de la Hermenéutica ha llevado a ser prudentes en la selección de los textos, la descripción y la explicación. Las diversas fuentes consultadas, nos han permitido establecer una perfecta correlación entre ellas, formando un cuadro coherente, sobre el cual ensayamos una interpretación.

Tratamos de ser objetivos, entendiendo que las causas son fundamentalmente decisiones humanas, las cuales son libres y variables, a pesar de su dependencia del ambiente y la época, sin olvidar los medios que interactúan e influyen en los resultados finales.

En vista de estas consideraciones, nos parece que podemos puntualizar, a modo de reflexión, los siguientes aspectos a considerar en futuras investigaciones, sobre temas tan importantes, para la Historia Americana.

1. Proseguir los estudios epigráficos en los países americanos, para clasificar el tema de la escritura americana precolombina.
2. Vencer los prejuicios, como los tenían los europeos de principios del siglo XX, pensando que el “indio no escribía”.
3. Insistir en los estudios lingüísticos, para facilitar la comprensión de las diversas culturas, conociendo su procedencia.
4. Propulsar los estudios arqueológicos, para ampliar la base de las investigaciones, mediante la exhumación de los vestigios.
5. Analizar los mapas americanos, para dilucidar el significado de los vocablos atesorados por los documentos de archivo.
6. Indagar en la iconografía plasmada en la cerámica, pinturas, dibujos y esculturas, para precisar la fisonomía de los americanos.
7. Incursionar en la mitología, separando los mitos originarios de los incorporados en épocas precolombinas, que todavía perduran.
8. Las leyendas recuperadas, nos permitirán comprender mejor, quienes cambiaron la cultura de algunas etnias americanas, con algunas novedades en la agricultura, la medicina, las artesanías y las artes.
9. Escudriñar las piezas de museos clasificadas como pertenecientes a determinada cultura, sin conocer su procedencia.
10. Datar los restos óseos de animales (caballos y vacas) para dilucidar el fenómeno de las grandes manadas encontradas por los conquistadores del siglo XVI, quienes creían que eran sus animales “perdidos” domesticados pero rápidamente convertidos en “salvajes”.

Vicente Pistilli
(Extracto de la obra Los vikingos en América.
Asunción, 2000).


 * Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción.

jueves, 1 de marzo de 2012

Quetzalcoatl, Odín y Kristo

 -Segunda parte de El Árbol Sagrado y las runas-

 Sé de un fresno que se alza, se llama Yggdrasil,
árbol alto, bañado de blanca humedad;
de él desciende el rocío que cae sobre los valles;
se alza en la verde fuente de Urd.

De allí vienen las Nornas de gran sabiduría,
son tres, desde el mar que mana el árbol;
Urd se llama una; Verdandi la otra,
- en ramas graban letras-; Skuld es la tercera;
las leyes hacían, elegían las vidas
de todos los hombres; el futuro predicen.
Recuerdan al gran combate, el primero del mundo,
cuando a Gullveig traspasaron con lanzas,
y en la Mansión de Hár la quemaron;
tres veces la quemaron, tres veces renació,
de nuevo, sin cesar, y aún sigue viviendo. 
La profecía de la vidente
Völuspá


El árbol sacro de los mayas, es el Irminsul de los germanos, el Esche; el Árbol-Runa Man; origen del símbolo egipcio Tau y de la Crux-Ansata. Es el Árbol del Mundo, el Árbol de la Vida. Ideografía-emblema de la Divinidad.


Sobre el dios blanco y civilizador Quetzalcoatl, en  el capítulo I de la Historia de la Nación Chichimeca, obra escrita entre 1610 y 1640, Fernando de Alva Ixtlilxochitl ha indicado:

Y estando en la mayor prosperidad de él, llegó a esta tierra un hombre a quien llamaron Quetzalcóatl y otros Huémac por sus grandes virtudes, teniéndolo por justo, santo y bueno; enseñándoles por obras y palabras el camino de la virtud y evitándoles los vicios y pecados, dando leyes y buena doctrina; y para refrenarles de sus deleites y deshonestidades les constituyó el ayuno, y el primero que adoró y colocó la cruz que llamaron Quiahutzteotlchicahualiztéotl y otros Tonacaquáhuitl, que quiere decir: Dios de las lluvias y de la salud y Árbol del sustento o de la Vida. El cual habiendo predicado las cosas referidas en todas las más de las ciudades de los ulmecas y xicalancas, y en especial en la de Cholula, en donde asistió más, y viendo el poco fruto que hacía con su doctrina, se volvió por la misma parte de donde había venido, que fue por la de oriente, desapareciéndose por la costa de Coatzacoalco; y al tiempo que se iba despidiendo de estas gentes les dijo, que en los tiempos venideros, en un año que se llamaría Ce ácatl, volvería, y entonces su doctrina sería recibida y sus hijos serían señores y poseerían la tierra, y que ellos y sus descendientes pasarían muchas calamidades y persecuciones; y otras muchas profecías que después muy a las claras se vieron.

La figura del dios Quetzalcoatl se funde en ocasiones con la del rey-sacerdote de Tula de la época tolteca, Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl, hijo de la madre-virgen Chimalma, quien era de piel clara y barbado. De acuerdo al Codex Ramírez (o Manuscrito Tovar), Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl fue representado con escudo, capa, portando un cuchillo curvo y con sombrero cónico -u Ocelocopilli, tocado confeccionado en piel de tigre y adornado con piedras preciosas; símbolo del Sol y de Venus-. Significativamente, esta representación guarda relación con la figura encontrada en el sur de Chile, perteneciente al Museo Chileno de Arte Precolombino, y que según el profesor Vicente Pistilli, correspondería al propio Odín.

De acuerdo a Pistilli, Odín era el As de los Ases, il Padre Odino como decían los italianos, el Tharl Universal, el conde por excelencia montado en su caballo de ocho patas [Sleipnir] con su famosa lanza [Gungnir] y su casco cónico de oro, Jefe de los Ejércitos de Héroes [Einherier], seleccionados entre los muertos de las grandes batallas, con los cuales inició el Ragnarök, dando origen al Ocaso de los Dioses, siendo el mismo tragado por el lobo Fenris, el cual produce los eclipses, al deglutir al Sol y la Luna, siendo la Luna, la Madre de Odín.

Odín se auto-inmola colgándose de los pies en el Árbol del Mundo, convirtiéndose en enano para poder ingresar en las fuentes donde se sumergían las raíces del Gran Fresno, el árbol de las embarcaciones nórdicas y la materia prima del ser humano. Así Odín cumplía un Rito Mágico para asegurar su Resurrección.

 
Izquierda: Quetzalcoatl, Dios particular de los Chulula. La figura del Quetzalcoatl mítico se funde con la del rey-sacerdote de Tula de la época tolteca, Ce Acatl Topiltzin Quetzalcoatl, quien era de piel clara y barbado,  y que según los tres sistemas de cronología, reinó del 873 al 895; o del 925 al 947, o bien del 977 al 999. Aquí ha sido representado con sombrero cónico, escudo y capa, portando un cuchillo curvo, de acuerdo a la información consignada por el jesuita Juan de Tovar en el Codex Ramírez (o Manuscrito Tovar). Derecha: La extraordinaria figura hallada en el sur de Chile, perteneciente a la colección del Museo Chileno de Arte Precolombino de Santiago. La leyenda del museo indica: Cultura no identificada. La figura ciertamente no representa a un indígena. De acuerdo al profesor Pistilli esta figura sería una representación de Odín. Ambas figuras portan un gorro o tocado cónico, que corresponde en Mesoamérica al Ocelocopilli, símbolo solar y venusino.


La misma concepción se encuentra en Quetzalhuexolotl, es decir, “Sauce Hermoso”, o Quetzalcoatl transformado en el árbol (eje) que sostuvo los cielos derrumbados tras el Gran Diluvio, conocido como Apachiohualiztli en la tradición mesoamericana; Götterdämmerung, en la tradición germánica y Pachacuti en el mundo andino.

El árbol Quetzalhuexolotl se presenta aquí como símbolo de la salvación (“arca”), eje inmutable, lugar de la salvación. Posee su símil en el propio fresno sagrado Irminsul-Yggdrasil, donde dos seres humanos también escaparán [escaparon] la destrucción del mundo ocultándose profundamente dentro de la madera del árbol Yggdrasil que no sufrió la destrucción de Surt. Les llamarán Líf y Lífþrasir. 

Líf y Lífþrasir es la pareja que sobrevivió al Diluvio de acuerdo a las tradiciones germánicas precristianas.

Izquierda: Figura vikinga que representa a un guerrero con gorro cónico. Derecha: Ídolo particular de Tlaxcala. Corresponde en realidad a Camaxtli, el Dios de la Guerra de los habitantes de Tlaxcala, “lugar de las tortas de maíz”. Porta un casco cónico similar al de Quetzalcoatl. Ilustración del Codex Ramírez (1585).

Representación del Árbol sagrado del Hinduismo, sobre el Huevo del Mundo,
con el movimiento de los tres soles. El árbol-runa Man.


Ahora bien, el dios autosacrificado, inmolado para conseguir la “salvación” se encuentra ciertamente en Odín, colgado en el Irminsul, el Árbol del Espanto (de la Vida, de la Muerte, de la Resurrección), para obtener el conocimiento de las runas, según da cuenta el Discurso del Altísimo del Edda de Sæmund:

Sé que pendí nueve noches enteras
en el Árbol que mece el viento (Irminsul);
herido por una lanza y ofrecido a Odín
-yo ofrecido a mí mismo-,
colgué del Árbol del que nadie sabe
de dónde comienzan sus raíces.

De aquí emergerá también la figura del dios germánico Krist, el Kristo de la Atlántida, el Dios-Cruz (Kreuzgot), plasmado en la piedra-columna de Externsteine, el Jardín de los Asen, Asgard, que muy posteriormente será sincretizada con la figura de Jesús-Cristo del Medio Oriente y su crucifixión en un madero (Árbol), que guarda en esencia, asimismo, la noción de “salvación”.

¿Es posible que Quetzalcoatl y Odín (Wotan), hombres-dioses, guías de sus pueblos solares y guerreros, correspondan en realidad a una misma figura perteneciente a una remota tradición que solo fue vertida en ambos lados del océano Atlántico -el mundo mesoamericano y el mundo germánico- tras la última gran catástrofe diluvial?

El Kristo de la Atlántida también fue registrado en Chile, plasmado en un árbol sagrado en Limache, según diera cuenta Alonso de Ovalle en su Historica relacion del Reyno de Chile y de las missiones y ministerios que exercita en la Compañía de Jesus, obra publicada originalmente en Roma en 1646.

Rafael Videla Eissmann
1° de Marzo de 2012.

El Kristo de la Atlántida en Alemania y Chile. Izquierda: Wotan, el Kristo rúnico plasmado en Externsteine, en Teutoburger Wald. Derecha: Wotan-Kristo plasmado en el árbol sagrado conocido como la Cruz de Limache, en la Región de Valparaíso. Ilustración de Alonso de Ovalle en su Historica relacion del Reyno de Chile y de las missiones y ministerios que exercita en la Compañía de Jesus, de 1646.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El Árbol Sagrado y las runas

Sé que pendí nueve noches enteras en el Árbol
que mece el viento (Irminsul); herido por una lanza y ofrecido
a Odín -yo ofrecido a mí mismo-, colgué del Árbol
del que nadie sabe de dónde comienzan sus raíces.
Discurso del Altísimo del Edda de Sæmund 


 
Izquierda: El Irminsul (Yggdrassil), árbol sagrado de los germanos. Derecha: El Yggdrassil en el tapiz vikingo Överhogdal. Sobre el árbol, el gallo Gullinkambi, anunciador del fatídico Ragnarök, el “Destino Final de los Dioses”.


Desde la más remota antigüedad, las culturas paganas de Asia, Europa y la América prehispánica, han considerado al Árbol como un símbolo de la Vida y de sus ciclos. También, por su condición vertical, ha sido considerado un canal de unión de los tres planos o dimensiones: el Inframundo (Niflheim / Alsó világ), la Tierra (Midgard / Középső világ) y el Cielo (Asgard / Felső világ), es decir, un símbolo visible del eje cósmico y polar, esto es, el eje inmutable o Axis Mundi.

 
Las runas Man, Yr, Wend-horn y Hagal.


Sus ramas y raíces, proyectadas en direcciones contrarias, que alcanzan el plano superior e inferior, respectivamente, han sido representadas por medio de las runas Man e Yr. La runa Man (“Vida”) invertida, es la runa Yr (“Muerte”), ideografías opuestas y complementarias, que cuando unidas, conforman la runa Hagal, Hag•Al, del “todo”, que supera la dualidad (la vida y la muerte). De allí el concepto de Árbol de la Vida y Árbol de la Muerte, del cual se obtiene el “Licor de la Vida”, el Hidromiel, el Soma y el “agua de la vida eterna” que mana del árbol sicomoro de la diosa Nut, madre de Isis y Osiris.

Es el “Árbol del Espanto” del cual pendió por nueve noches Odín-Wotan, para obtener el conocimiento de las runas.

Un símbolo similar al de la runa Hagal (Man-Yr-Wend-horn) es el Gromoviti znaci de la deidad balto-eslava Perun (Pervo Rune / Perkūnas), otorgador de las runas (El símbolo ha dado origen, asimismo, a herramientas mágicas como el Tridente de Poseidón y el Vajra doble).

La runa germana Hagal y su equivalente balto-eslavo, Gromoviti znaci.


Sobre la proyección doble del árbol como símbolo y figura, René Guénon, ha señalado: De los dos términos sánscritos que sirven principalmente para designar el “Árbol del Mundo”, uno, Nyagrodha, da lugar a una observación interesante a ese mismo respecto, pues significa literalmente “que crece hacia abajo”, no solo porque tal crecimiento está representado de hecho por el de las raíces aéreas en la especie de árbol que lleva ese nombre, sino también porque cuando se trata del árbol simbólico, éste mismo se considera como invertido. A esta posición del árbol se refiere, pues, propiamente el nombre Nyagrodha, mientras que la otra designación, Açvattha, se concibe como la “estación del caballo” (Açva-stha), donde éste, que es aquí el símbolo de Agni o del Sol, o de ambos a la vez, debe considerarse como llegado al término de su curso y detenido una vez alcanzado el “Eje del Mundo”. Recordaremos, a este respecto, que en diversas tradiciones la imagen del Sol se encuentra asociada también a la del árbol de otra manera, pues se lo representa como el fruto del “Árbol del Mundo”; al comienzo de un ciclo abandona su árbol y viene a posarse nuevamente en él al final del mismo, de modo que, también en este caso, el árbol es efectivamente la “estación del Sol”.


Izquierda: El Árbol Sagrado de los mayas, ilustrado en el Códice Borgia. Sus ramas superiores presentan flores, emblemas o símbolos del Sol y del Cielo, mientras que sus raíces son representadas por una especie de dragón o lagarto, ser primordial que habita el Inframundo. Derecha: El símbolo báltico de Laima (Laima slotina), la diosa del nacimiento y del destino (Trīs Laimes).

Diversos signos rúnicos asociados al Árbol Sagrado, símbolo de la Vida y la Luz.



De este modo, el árbol ha constituido un símbolo fundamental en las antiguas cosmogonías y religiones, siendo por ello el “Árbol del Mundo”, el “Árbol de la Vida” y el “Árbol del Conocimiento” (Kundalini), asociado a Brahmã, Agni, Odín, Perun y Quetzalcoatl-Kukulkán, entre otros dioses solares de la antigüedad pagana, el cual derivó posteriormente en el Lichterbaum o “Árbol de Luz”, es decir, el “Árbol de Navidad” que ilumina el solsticio de invierno del hemisferio norte.

Izquierda: Arte rupestre escandinavo. Tres figuras antropomorfas (¿Odín, Thor y Freya? ¿Las Nornas?) portan báculos o cetros, símbolos del “Árbol de la Vida”. Derecha: La barca mágica de Odín, que le permitía viajar sobre mar y tierra. Aquí, junto al “Árbol del Mundo”.

 
Izquierda: Aríbalo inca, con el símbolo del árbol-runa Man. Derecha: Detalle de un tapiz
escandinavo del siglo XII, donde figura Odín, Thor y Freya. Junto a Odín, el árbol-runa.

La runa Man, de la Vida, del Futhark germánico, el “Árbol de la Vida”
y el signo maya del “Árbol de la Vida”.


El “Árbol de la Vida” de Anáhuac, es el Irminsul (Yggdrasil) de los germanos, el Árbol-Runa Man; el Bodhi de Siddhartha Gautama y del Bö; el Saosis de Isis y Osiris; la palma de Apolo, el Világfa y Életfa de los iniciados táltos de Hungría; es el roble de Perun; el Haorma avéstico; concepción que tiene sus equivalentes en el canelo-rehue de los antiguos araucanos, el wuanámei andino, el genipa de los shipibo-conibo, el lupuna de los yagua y los ticuna, el Yax Imix Che (la Gran Madre Ceiba) de los mayas y el ahuehuete de Tule, en México.

En numerosos petroglifos, motivos de alfarería, armas, monumentos funerarios y en los antiguos templos de las divinidades solares, se encuentra estampado este trascendental símbolo, ideografía del Árbol del Mundo y emblema de la Divinidad, del Dios Increado (Dyeva, Theos, Pradjapati, Œseus, Kneph, Tzakol) y de la Vida (Eterna).

Rafael Videla Eissmann
1° de Febrero de 2012.

Diversos petroglifos de la runa Man de varios brazos, es decir, representaciones
del “Árbol de la Vida”, en el centro y sur de Chile, respectivamente.

Izquierda: La “caída” del árbol sagrado maya (Códice Borgia). Derecha: El relieve
del Irminsul doblado en Externsteine, Alemania.