miércoles, 10 de abril de 2019

La mano de un hówen-divya en Tinguiririca


La mano plasmada de un divya-dios en la cordillera de Tinguiririca, de los Andes,
en la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, en Chile.


En relación  con las enigmáticas «ideas-formas» que se observan en la cordillera de los Andes y su relación con el sustrato primigenio del Chili-Mapu, Miguel Serrano ha trazado sobre el “Complejo Cultural Maipo-Rapel”, una fundamental aproximación en su obra Manú. Por el Hombre que Vendrá (1991): 

Una mano esculpida por los Dioses en las sierras de la Cordillera del Tinguiririca en Chile, donde una misteriosa raza de gigantes rubios y blancos también pintara las cavernas. Son los mismos que levantaron el Intihuatana de las playas de Santo Domingo y ascendieron desde allí hasta las altas cordilleras en un tiempo sin historia (Miguel Serrano, Manú. Por el Hombre que Vendrá. Página 241).

La mano esculpida, plasmada, en la cordillera andina, es un símbolo de los hówen-aesir.

Rafael Videla Eissmann
13 de Marzo de 2019


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Se prohíbe su reproducción).

lunes, 1 de abril de 2019

La Ante-Historia


La Piedra del Sol (Intihuatana o “Lugar donde se amarra el Sol”) en el balneario
de Rocas de Santo Domingo, en la Región de Valparaíso, en Chile.


Determinadas huellas observadas en distintos puntos de Chile evidencian la existencia de un sustrato cultural que no sólo antecede a los pueblos prehispánicos –erróneamente denominados “pueblos originarios” pues la evidencia arqueológica demuestra que son elementos inmigrados en el Chili-Mapu: Es la diferencia entre las poblaciones de cráneos dolicocéfalos y aquellas de cráneos braquicéfalos– sino que también dejó sus indelebles huellas.

Ahora bien, este sustrato primordial plasmó en megalitos manifiestas «ideas-formas» asociadas al ANTHROPOS, al Urmnesch, el Hombre Primigenio, como así también a animales totémicos y por cierto, a los símbolos del plano astral que en su conjunto conforman las huellas de su Weltanschauung o cosmovisión.

Estas fascinantes marcas se descubren en Aysén, Chiloé, en Cachillahue, en Curacautín (Retricura/Malacahuello), en Altos de Vilches, en Rocas de Santo Domingo, en el Valle del Encanto, la Isla Damas y en Tara –entre otras zonas del país–.

A este respecto, y especialmente sobre el conjunto de megalíticos de Rocas de Santo Domingo en la zona central de Chile, Miguel Serrano en su ensayo No celebraremos la muerte de los Dioses Blancos (1992) ha escrito:

Aquí en Chile también hay huellas de un pasado remotísimo y desconocido totalmente. En las playas de Santo Domingo aparece un enorme complejo de rocas, muchas de ellas con características tan especiales que no parecen obras de la Naturaleza. Y entre ellas, un Intihuatana, monolito destinado a calcular la hora, la posición del Sol y del cielo, con una gran silla de piedra a su lado. Fue descubierto por el investigador Óscar Fonck, quien se lo atribuyó a los egipcios, los que, según él, habrían sido atacados por los araucanos, que los obligaron a abandonar la zona y a remontar el río Maipo, hasta la cordillera del volcán Tinguiririca, donde se encuentran hoy cavernas con extrañas pinturas rupestres.

También intercambié opiniones con Jacques de Mahieu sobre Santo Domingo y las montañas de Tinguiririca, con las teorías de Fonck sobre los egipcios en Sudamérica. De Mahieu pensaba que fueron los “libios rubios” (es decir, hiperbóreos, que hasta el África llegaron) los que en el remoto Chile crearon el “Complejo Cultural Maipo-Rapel”, remontando esas corrientes de agua, desde su desembocadura en el mar, hasta las cumbres andinas (Miguel Serrano, No celebraremos la muerte de los Dioses Blancos. Páginas 12 y 13).

Tortuga megalítica Rocas de Santo Domingo, en la Región de Valparaíso, en Chile
(Ilustración en la obra de Óscar Fonck Sieveking Vikingos y berberiscos de 1978).

La Piedra Sagrada de Curacautín (Retricura), en la Región
de la Araucanía, en el sur de Chile.

La Piedra del Sol de San Pedro de Álcantara, en la Región
del Libertador Bernardo O’Higgins, en Chile.


No se trata, en realidad, de egipcios ni de los “libios rubios” como creyó el antropólogo Jacques de Mahieu, ni de otros grupos inmigrados sino de los rastros de los hówen, los dioses o “espíritus” de la tradición austral.

Los hówen-aesir (divyas) es el sustrato primordial y civilizador emanado del Polo (Irminsul) del cual dan cuenta las tradiciones tanto del hemisferio austral como boreal. 

Son ellos y sus descendientes quienes plasman estas «ideas-formas» en el paisaje sagrado del Chili-Mapu, en edades que anteceden a la feble cronología indigenista de la historiografía “oficial”.

Estos vestigios, como se ha expresado, son las manifestaciones de su visión de mundo.

Rafael Videla Eissmann
12 de Marzo de 2019


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sábado, 16 de marzo de 2019

Sobre un instrumento musical atlante-andino (II)


Un ángel tañedor de salterio en la Portada del Nacimiento
de la Catedral de Sevilla (Siglo XV).


Enlace a una muestra del sonido del instrumento musical salterio:



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viernes, 15 de marzo de 2019

Sobre un instrumento musical atlante-andino (I)


 Salterio de origen europeo (moderno).


Una interesantísima referencia a la conexión atlante-griega-andina realizó el ensayista Max Daireaux (1883-1954) en su obra sobre el décimo quinto presidente boliviano, Manuel Mariano Melgarejo (1864-1871), en el libro que lleva precisamente como título Melgarejo, un tyran romantique (Calmann-Lévy. Paris, 1945) en torno al instrumento musical de cuerda similar a un arpa conocido como salterio:

Cochabamba es una ciudad feliz. En esa época [segunda mitad del siglo XIX] contaba con veinte o veinticinco mil habitantes, indios en su mayoría. Su tierra era tan rica que no era necesario trabajarla para que produjese y así la vida se deslizaba perezosa, indolente y fácil.

Se le dominaba la ciudad de los ciegos, a causa del gran número de éstos que podían verse a toda hora del día por calles y plaza improvisando “yaravíes”, esos cantos tristes de los Incas cuyo canto es infinito.

Estos cantores de ojos muertos se acompañaban con guitarras y, cosa singular, con salterios… En efecto, Cochabamba es el único lugar de América donde en todo tiempo fue conocido el salterio griego, llegado ahí del Egeo en tiempo de la Atlántida (Max Daireaux, Melgarejo. Editorial Orbe. Santiago de Chile. Impreso en Argentina, 1963. Página 21).

Músicos con salterios en las Cantigas de Santa María (Siglo XIII).

Detalle de un salterio. Adviértase el símbolo solar giratorio.


¿Cuál es el origen del salterio en el mundo andino? ¿Cómo se explica la existencia de este instrumento musical tanto en la “Vieja” Europa como en el “Nuevo Mundo”? ¿No es esto una evocación de lo expuesto por el navegante y cosmógrafo Pedro Sarmiento de Gamboa en su Historia Indica (1572) sobre la vinculación lingüística entre Europa y América– y el origen de los náhuatl-mexicas y de ciertos sustratos andinos en los descendientes de la Atlántida?

Es el enigma de la América ancestral. De América-Huitramannaland.

Rafael Videla Eissmann
21 de Febrero de 2019


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viernes, 1 de marzo de 2019

Viracocha Inga


Viracocha Inga, con los signos sagrados en su yacolla. Nótese que es un inca barbado.
Los indígenas por lo general no desarrollan vello facial. Ilustración de Felipe Guamán Poma
de Ayala en El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno (1583-1615).


La presente imagen es una ilustración del octavo soberano incásico, Viracocha Inga, realizada por el historiador Felipe Guamán Poma de Ayala en su obra El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno (1583-1615).

Guamán Poma de Ayala (1534 - 1615), fue un cronista de ascendencia incaica en la época del Virreinato del Perú. Debido a su origen y a sus numerosos viajes en Perú, desarrolló la peculiar obra El Primer Nueva Corónica y Buen Gobierno en el cual si bien se observan elementos cristianos superpuestos al sustrato de la cosmovisión andina, conserva fundamentales campos de la tradición remota como es el origen del hombre, de los dioses y de la civilización y los ciclos catastróficos. Aún más: Hay determinados campos en el ámbito iconográfico-simbólico que esta misma razón, ‘sortearon’ todo filtro de la religión monoteísta medio-oriental. Es el caso de las yacolla o ‘túnicas’ y tukapu o ‘franjas’ de los soberanos del Tahuantinsuyu, esto es, los Incas, los Hijos del Sol (Véase al respecto mis trabajos Signos rúnicos en la América del Sur de 2006 y Símbolos rúnicos en América. El regreso a la tierra ancestral, con un prólogo del profesor Vicente Pistilli, de 2011).

Ahora bien, y específicamente en relación con la ilustración de Viracocha Inga –donde se observan signos runoides y astrales en su yacolla– es posible advertir que se trata de un hombre barbado, factor étnico por lo general ausente entre los indígenas braquicéfalos.

Se evidencia, una vez más, la existencia de población blanca nativa en América. Es el grupo dolicocéfalo descendiente de los remotos dioses civilizadores, es decir, de los viracochas, los Dioses Blancos del continente.

Rafael Videla Eissmann
29 de Enero de 2019


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jueves, 28 de febrero de 2019

Pachacútec Inga y el emblema del Sol Negro


 Retrato anónimo de Pachacútec Inga Yupanqui en el Beaterio del Convento de la Virgen de Copacabana en Lima, Perú. Junto a la maskaypacha o borla real y el saturri o vara de poder, el Hijo del Sol porta el emblema sagrado del Sol Negro.


Pachacútec Inga Yupanqui Cápac Intichuri (Ca. 1400-1471) –es decir, «Inga Hijo del Sol que Transforma el Mundo» en quechua y cuyo nombre de nacimiento era Cusi Yupanqui–, fue hijo del Inca Huiracocha –otra grafía Wiracocha y Viracocha– y de Mama Runtu.

Pachacútec Inga Yupanqui fue el primer emperador Inga del Tahuantinsuyo (1438-1471). De hecho, fue durante su gobierno que consolidó el curacazgo incásico frente a amenazas de diversos señoríos locales y lo transformó en el Tahuantinsuyo –el “Imperio de las Cuatro Regiones”–, iniciando de esta manera una época expansiva para la estirpe real de los Hijos del Sol

Así, Pachacútec Inga Yupanqui realizó numerosas expediciones de conquista y delegó otras tanto a su hermano Inga Urco como a su hijo Túpac Inca Yupanqui.

Además, Pachacútec Inga Yupanqui impulsa la “división” tetraespacial del floreciente imperio en cuatro suyus, siendo el centro de esta concepción la ciudad sagrada del Cuzco –el “Ombligo del Mundo” conformándose esta “división” en el Antisuyu (Este), el Contisuyu (Oeste), el Chinchaysuyu (Norte) y el Collasuyu (Sur).

Junto con ser un gran emperador, Pachacútec Inga Yupanqui fue un extraordinario filósofo-guerrero. Su primera gran obra político-arquitectónica fue la reedificación del Templo del Sol o Inticancha, es decir, la “Casa del Sol” que será luego conocido como Koricancha o “Casa de Oro” en el Cuzco. En este sentido, el cronista Juan de Betanzos escribió en Suma y narración de los Incas (Ca. 1551):

Y visto por él [Pachacútec] el sitio donde a él mejor le pareció que la casa debía se edificada, mandó que allí fuese traído un cordel, y siéndole traído, levantáronse del lugar donde estaban él y los suyos, y siendo ya en el sitio donde había de ser la casa edificada, él mismo por sus manos con el cordel midió y trazó la Casa del Sol; y habiéndola trazado, partió de allí con los suyos y fue a un pueblo que dicen Sallu, que es casi cinco leguas de esta ciudad [Cuzco], que es donde se sacan las canteras, y midió las piedras para el edificio de esta casa, y así medidas, de los pueblos comarcanos pusieron las piedras que les fue señaladas y las que fueron bastantes para el edificio de esta casa (...) así como el Inca Yupanqui la había trazado e imaginado.

Las informaciones consignadas en las crónicas permiten una aproximación parcial a la concepción trascendental proyectada por Pachacútec Inga Yupanqui Cápac Intichuri sobre el imperio solar del Tahuantinsuyo y sus profundas raíces mágico-religiosas sustentadas en la red de ceques del mundo andino.

La estirpe real incásica –al igual que otros sustratos civilizadores americanos como tiahuanacota, aymara y chachapoya, entre otros– era blanca y de características dolicocéfalas –recordemos a este respecto lo constatado por el antropólogo Paul Rivet en Los orígenes del hombre americano (1943): Lo cierto es que, en muchas regiones, la tradición conservaba el recuerdo de hombres blancos y barbados que habían precedido a las poblaciones actuales, especialmente en Perú, en la región de Guamanga y en las islas del Titicaca–. Y esto, pues un retrato anónimo de Pachacútec Inga Yupanqui existente en el Beaterio del Convento de la Virgen de Copacabana en Lima, Perú –Efigies de los Incas o Reyes del Perú (Ca. 1746-1759)–, presenta una singular representación del Hijo del Sol: Se trata de un hombre de tipo mediterráneo (blanco), facciones europeas y de tipo dolicocéfalo. Ostenta el maskaypacha o borla real y el saturri o vara de poder en su mano derecha. Más aún: Porta, en su mano izquierda, un emblema que se ve interrumpido por la leyenda que acompaña a la representación. Este emblema presenta tres triángulos isósceles de color rojo, uno al lado del otro –¿la Cordillera de los Andes (Anda)?– sobre el símbolo del Sol Negro (Inti Yana).

Detalle del rostro de Pachacútec Inga Yupanqui.

Reconstrucción ideal del símbolo del Sol Negro portado
por Pachacútec Inga Yupanqui.


El Sol Negro es el “Sol de Todos los Soles” y su presencia en la iconografía del mundo andino –aun cuando el retrato en el Convento de la Virgen de Copacabana sea de la época colonial es el reflejo de la simbología sagrada prehispánica–, refuerza el origen de la estirpe real de los Hijos del Sol en el sustrato civilizador de los portentosos Dioses Blancos die weißen Götter– emanados de la región polar.

Rafael Videla Eissmann
28 de Febrero de 2019


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miércoles, 20 de febrero de 2019

Representaciones prehispánicas de ojos azules (II)


Como continuación del enlace anterior (http://losvikingosenamerica.blogspot.com/2019/02/representaciones-prehispanicas-de-ojos.html), este conjunto de máscaras prehispánicas que presentan la peculiar característica de ojos azules, evidencia iconográfica de la existencia de la población blanca en el continente americano.

Rafael Videla Eissmann
13 de Diciembre de 2018


 Máscara wari con ojos azules (Perú).

 Efigie tiahuanacota cuyos ojos son azules (Bolivia).

 Sacrificador tallado en tableta de la cultura San Pedro del norte de Chile
(Museo Arqueológico Gustavo Le Paige).

 Máscara mortuoria labrada en oro de la cultura Lambayeque
de Perú (National Museum of the American Indian).

 Detalle de una máscara mortuoria de la cultura Lambayeque (Perú)
con ojos azules.

 Representación del dios creador Ai Apaec de la cultura mochica.
Sus ojos son azules.

 Máscara labrada en oro perteneciente al ajuar funerario
del Señor de Sipán. Cultura mochica (Perú).

Máscara mortuoria wari conocida como la “Dama de la Máscara”
descubierta en la huaca Pucllana en Lima, Perú.


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