miércoles, 22 de febrero de 2017

Bibliografía selecta de Ruth Rodríguez Sotomayor


Ruth Rodríguez Sotomayor.


Como complemento de la entrada anterior, Preamérica: El origen de la civilización indo-germana. Las trascendentales investigaciones de Ruth Rodríguez Sotomayor, entregamos ahora un listado bibliográfico de esta extraordinaria escritora. La importancia de su trabajo –lamentablemente en su mayor parte inédito– radica en proponer el origen civilizador de un remoto sustrato americano que se irradiará a otras latitudes, alcanzando India y Europa.

Se trata, en realidad, de ecos de la historia prohibida.

Bibliografía selecta de Ruth Rodríguez Sotomayor

Historia de las bibliotecas. Desde la Edad Antigua hasta la Edad Moderna. Departamento de Publicaciones. Editorial de la Universidad de Guayaquil. Guayaquil, 1971.

Un estudio sobre la Espiral Logarítmica. El Orden del Universo y el concepto del Tiempo en el asombroso mundo de los mayas. En: Revista Mundo Desconocido. Barcelona, 1972.

La sabiduría en Preamérica. Un estudio sobre el yoga primigenio: El yoga preamericano. 1979 (Inédito).

La rebelión de los objetos. 1981 (Inédito).

Kryashakti. El misterio de la auto-reproducción o la transformación de Nanociwatzin, la Mujer-Madre, Señora de los hombres. La dinastía Chandravamsa en Preamérica. Estudio comparativo de la organización de las mujeres preamericanas y las mujeres de Roma. 1981 (Inédito).

Los precursores de la imprenta. 1981 (Inédito).

Lo que no se ha dicho sobre los orígenes del fútbol o balompié. 1982 (Inédito).

Tezkatlipoka, Espejo Humeante. 1982 (Inédito).

La verdadera historia de la fitoterapia. 1983 (Inédito).

Un estudio sobre el agua, sustancia divina. Los Dioses del Agua de las antiguas civilizaciones: El simbolismo de Tláloc y Chalchiutlicue y las civilizaciones hidráulicas. 1985 (Inédito).

Historia del telar y del arte de tejer. 1991 (Inédito).

Relaciones ancestrales de Preamérica con Egipto. Los fundadores de Egipto eran preamericanos y el Runa Simi en Egipto (Los faraones Tut-Ankh-Amon y Akhenaton eran de origen qheswa. Análisis de la fonética de los nombres egipcios). 1994. (Inédito).

Descubrimiento de los orígenes de Yuya y Tuya. 2002 (Inédito).

Claves matemáticas en piezas arqueológicas andinas. Símbolos mayas en escalpelo de cultura Lambayeque. 2002 (Inédito).

Kara Maya, raza madre de la humanidad. 2004 (Inédito).

Runa Simi. Una lengua universal en un pasado remoto. Separata de la obra Kara Maya, raza madre de la humanidad (Ponencia). 2004 (Inédito).

Los Señores de la Cruz del Sur. Los fenicios un pueblo de ascendencia pre-americana. 2005 (Inédito).

Diccionario o Enciclopedia de los símbolos de los sistemas de escritura preamericanos. 2007 (Inédito).

Historia de las bibliotecas preamericanas (5 volúmenes). 2009 (Inédito).

Nuevos descubrimientos en reliquias arqueológicas del Reino de los Kitus. 2010 (Inédito).

El origen preamericano de la informática. Sistemas de cómputo preamericanos. Ministerio de Cultura. Archivo Histórico del Guayas. Guayaquil, 2012.

El mensaje oculto de los libros líticos andinos. El origen de los arios está en Preamérica. Liberfactory. Madrid, 2013 [Descubrimiento extraordinario en reliquias arqueológicas antediluvianas de las culturas andinas. El origen de los arios está en Preamérica (2010)].

Descubrimiento del origen de los mayas. La patria ancestral de los mayas está en el Reino de los Kitus. Nuevo resurgimiento de la historia del Reino de los Kitus. Estudio y análisis de la obra del clérigo Juan de Velasco (1789). Revitalización y revalorización de los topónimos y antropónimos antiguos. M. I. Municipalidad de Guayaquil. Guayaquil, 2016 (3 tomos).

Descubrimiento de escritura cuneiforme en el Reino de los Kitus. La escritura cuneiforme tuvo su origen en los Andes. I Fase del Proyecto Enciclopedia de los Símbolos Escriturarios Preamericanos. 2017 (Inédito).


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miércoles, 1 de febrero de 2017

Preamérica: El origen de la civilización indo-germana

–Las trascendentales investigaciones de Ruth Rodríguez Sotomayor–

 Detalle de la monolítica Puerta del Sol de Tiahuanaco, la metrópolis
de los viracochas, los Dioses Blancos de América.


Los estudios historiográficos desarrollados por la bibliotecaria egresada de la Universidad de Guayaquil, la investigadora del Archivo Histórico del Guayas y conferencista Ruth Rodríguez Sotomayor son extraordinarios.

Sus estudios van más allá de los límites de la historiografía tradicional, o mejor dicho, trascienden los lindes de la escuela ortodoxa, pues Ruth Rodríguez Sotomayor rescata y expone a través del estudio de los símbolos, las artes, las ciencias y la filología, un pasado casi ignoto de América.

Y hablar de América es hablar del continente de los dioses civilizadores cuyas huellas son hoy silentes vestigios de la Edad Dorada.

Ciertamente, la labor de Rodríguez Sotomayor se opone a la mentada versión ortodoxa, u oficial, deviniendo por ello, en consecuencia, en una revolucionaria propuesta.

Uno de los campos de mayor importancia de sus estudios es la prefiguración del origen del hombre en América del Sur y la irradiación de su civilización hacia otros continentes. Se entroncan, por lo mismo, con los esenciales trabajos de eximios investigadores como el multidisciplinario Francisco P. Moreno, el filólogo y etnólogo Emeterio Villamil de Rada y el antropólogo Roberto Rengifo, pues Rodríguez Sotomayor reconoce en América –o Preamérica como ella adecuadamente ilumina, es decir, la América anterior a la América conocida–, el núcleo de donde surgió el grupo civilizador que migra y se proyecta a distintos centros del globo, expandiendo su civilización.

Ruth Rodríguez Sotomayor
(Foto de Carlota Ramírez Salvador).


De forma significativa, en las tradiciones mítico-históricas de Asia y de la propia Europa, antes del embuste del “Descubrimiento” de 1492, se tenía conocimiento de un gran continente al oriente y al poniente, respectivamente. Y de aquí, por ejemplo, la comprensión cabal del nombre dado por los navegantes nórdicos a América: Huitramannaland. Es decir, White Men’s Land, la “tierra de los hombres blancos”. Albania-América.

Los conceptos trazados por Ruth Rodríguez Sotomayor son, ciertamente, resonancias de la tradición mítica de los hombres-dioses que se evocan por medio de una bien fundamentada, sorprendente y fecunda línea de investigación en torno a los símbolos, la lengua, las artes y las ciencias de las culturas pre-americanas, es decir, de la América Aborigen.

Vestigios de los dioses en Preamérica. Izquierda: Tableta de San Pedro de Atacama, Chile, con la efigie del Supremo Viracocha. Centro: La Dama de la Máscara, momia wari descubierta en 2007 en la huaca Pucllana, en Lima, Perú. Derecha: Mascarilla moche, de Loma Negra, en Perú.


Algunos de sus trabajos son La sabiduría en Preamérica. Un estudio sobre el yoga primigenio: El yoga preamericano (1979), Kryashakti. El misterio de la auto-reproducción o la transformación de Nanociwatzin, la Mujer-Madre, Señora de los hombres. La dinastía Chandravamsa en Preamérica. Estudio comparativo de la organización de las mujeres preamericanas y las mujeres de Roma (1981), Un estudio sobre el agua, sustancia divina. Los Dioses del Agua de las antiguas civilizaciones: El simbolismo de Tláloc y Chalchiutlicue y las civilizaciones hidráulicas (1985), Relaciones ancestrales de Preamérica con Egipto. Los fundadores de Egipto eran preamericanos y el Runa Simi en Egipto (Los faraones Tut-Ankh-Amon y Akhenaton eran de origen qheswa. Análisis de la fonética de los nombres egipcios (1994), Kara Maya, raza madre de la humanidad (2004), Historia de las bibliotecas preamericanas (2009), El origen preamericano de la informática. Sistemas de cómputo preamericanos (2012), El mensaje oculto de los libros líticos andinos. El origen de los arios está en Preamérica (2013) y Descubrimiento del origen de los mayas. La patria ancestral de los mayas está en el Reino de los Kitus (2016).

En tanto, algunos de sus más elocuentes artículos son ¿Conocían la hibernación en Preamérica? (1982) y ¿Era el alargamiento del cráneo una antigua técnica para provocar la evolución cerebral? La transformación del cráneo, ¿rito o ciencia? (1985). Estas investigaciones son respaldadas de modo certero con cuadros cronológicos presentados en sus conferencias como es el caso de Migraciones preamericanas, 12.000 a. C. (2011) y Cronología ancestral preamericana (2012).

Ahora bien, las materias abordadas por Rodríguez Sotomayor resultan sugestivas y fascinantes. Sus trabajos deslumbran por la fuerza de sus propuestas. Su principal obra es La historia de las bibliotecas preamericanas, trabajo enciclopédico en cinco volúmenes que inició en 1975 y concluyó en 2009 y que examina los libros, los sistemas de escritura y las bibliotecas preamericanas. Esto es, la ciencia y arte de los libros creados y empleados por los antiguos habitantes del continente.

Aún inédita, La historia de las bibliotecas preamericanas, evidencia que las fuentes, los sistemas de escritura y en general las obras colosales definen una cronología que comienza en la era antediluviana, representada por los libros líticos y las construcciones monumentales. En tal sentido, estos libros líticos no son por cierto trazos aleatorios o del azar producto de la ociosidad sino que conforman símbolos escriturarios e ‘ilustraciones’ tallados con verdadero arte y contenido científico.

Esta datación coincide con la cronología conservada por los sabios nativos y que fue relegada y destruida por los inquisidores españoles. Concuerda además con la cronología de India y con la de Grecia, diferenciándose para Rodríguez Sotomayor únicamente en que sólo en Preamérica se presenta el registro prediluvial mientras que la India y Grecia comienzan sus cronologías en la Edad de Oro (Satya Yuga) y la Edad de Plata (Tetra Yuga), respectivamente.

En este trabajo se demuestra la existencia de cinco sistemas de escritura preamericanos, a saber:

I. El sistema de escritura uri de tipo geométrico-matemático, creado por las mujeres de la Dinastía Lunar, conjuntamente con la tinta negra y roja, de su uso exclusivo. Este sistema de escritura tuvo relación con la astronomía y la filosofía religiosa.
II. La escritura cuneiforme de la raza wara de Tiahuanaco.
III. Un sistema de escritura pictográfico.
IV. El sistema de escritura jeroglífico de la raza de los chan-chanes o mayas clásicos y la cultura de Rapa Nui, el Ombligo del Mundo.
V. Un sistema de escritura fonética.

Es a partir de La historia de las bibliotecas preamericanas –obra única en su género y proyección– de donde surgen los siguientes campos de indagación de Rodríguez Sotomayor y que se tornan en trabajos monográficos sobre las ciencias, artes y lenguas del continente.

Así, por ejemplo, La rebelión de los objetos (1981) constituye un ensayo que trata de una profecía plasmada en un mural de la majestuosa Pirámide de la Luna en Chan Chán, en Perú, donde se reflejan escenas en que las máquinas e inventos del ‘proyecto’ humano se rebelan contra éste y buscan su destrucción. Esta presagio presentaría ecos asimismo en el Popol Vuh mesoamericano, en los Vedas indios como también en otros libros sagrados de antiguas culturas, nefasto augurio que para la autora se vería consumado a través de la Revolución Industrial de los siglos XX y XXI.

Por otra parte, destaca el sugerente Runa Simi, una lengua universal en un pasado remoto (2004) donde se cifra la existencia de la remota lengua Runa Simi –erróneamente conocida como quecha (qheswa), el idioma de Tiahuanaco y del altiplano andino en general–. De acuerdo a Rodríguez Sotomayor esta lengua correspondería en realidad al sánscrito primordial, es decir, el idioma de los viracochas, los Dioses Blancos, hecho que vincula, de tal manera, esta investigación con aquella desarrollada en torno a la filología y lingüística por Emeterio Villamil de Rada en La Lengua de Adán y el hombre de Tiahuanaco (1888) y a la lengua primigenia o lengua antártica vislumbrada por Roberto Rengifo en el Arte gráfico y poético de los primitivos y los chiles (1920).

Es desde esta Lengua Raíz en su primer estadio aglutinante de donde emana ulteriormente el sánscrito y las lenguas indogermánicas.

A este respecto, Rodríguez Sotomayor ha manifestado en este estudio que los Vedas, libros sagrados de la India, contienen datos de incalculable valor histórico sobre la raza kara maya o naga maya, instructora de los brahmanes en la cosmogonía, las ciencias y las artes, cuyo origen era Pushkara o Preamérica. Los símbolos que identificaban a esta raza primigenia eran la Serpiente Emplumada y la svástica.

Izquierda: Ruth Rodríguez Sotomayor explicando el significado de una pieza arqueológica americana (Foto de Carlota Ramírez Salvador). Derecha: Detalle de la Fuente Magna, un cuenco lítico prehispánico descubierto en las inmediaciones de Tiahuanaco, la metrópolis de los dioses, en la cual se puede observar caracteres cuneiformes.


En esta misma línea destaca Descubrimiento de escritura cuneiforme en el Reino de los Kitus (2007) el cual dilucida los símbolos de la escritura cuneiforme americana perteneciente a la cultura gatti, rama de la dinastía Kara, la que formaba parte de la raza wara, la primera raza blanca que descendió de Tiahuanaco después del Diluvio y durante su expansión para repoblar el continente, fundó un reino en la costa del Ecuador, llamado Kara.

La denominada Fuente Magna descubierta hacia 1959 en las inmediaciones de Chua, próximo a Tiahuanaco, la cual presenta inequívocos caracteres cuneiformes, avala la visión de la autora.

En Nuevos descubrimientos en reliquias arqueológicas del Reino de los Kitus (2010), se expone el estudio de varios vestigios arqueológicos preamericanos que presentan escritura criptográfica como es el ejemplo de una tablilla de los kitus que exhibe la imagen de una sacerdotisa realizando el Samadhimudrā o Gesto de la Contemplación y la Meditación –el cual se descubre asimismo en varias estelas mayas– o bien, la representación exacta de los Guerreros Guardianes del Dharma, o de la Ley Divina, en el antiguo Reino de los Kitus, símbolo utilizado además por las tribus de las Praderas en Norteamérica y en culturales boreales como los tlingit y haida.

En El origen preamericano de la informática (2012) Rodríguez Sotomayor escribe sobre los fabulosos sistemas de cómputo y los instrumentos de altas matemáticas creados por los antiguos sabios del continente. Lo más llamativo, en este sentido, es que estos instrumentos de altas matemáticas cumplían –cumplen– las mismas actividades de un ordenador moderno.

Ciertamente El mensaje oculto de los libros líticos andinos. El origen de los arios está en Pre-América (2013) constituye un ensayo historiográfico fundamental. Aquí se abordan los símbolos escriturarios de tres libros líticos en formato de tablillas: Uno de la cultura wara que encierra un sistema de escritura criptográfica, así como símbolos cuneiformes. Las otras dos tablillas pertenecen a la cultura manna o manaví, nombre alterado por los inquisidores y transformado en manabí. Estos libros contienen como emblema el símbolo real denominado Korymbus de los reyes sasánidas de Persia.

Cubiertas de algunos de los libros de Ruth Rodríguez Sotomayor. a. El origen preamericano de la informática. Sistemas de cómputo preamericanos (2012). b. El mensaje oculto de los libros líticos andinos. El origen de los arios está en Preamérica (2013). c, d y e. Descubrimiento del origen de los mayas. La patria ancestral de los mayas está en el Reino de los Kitus (2016 / 3 tomos).


Como corolario de su visión, un ilustrativo párrafo de Rodríguez Sotomayor en Runa Simi: Una lengua universal en un pasado remoto: La historia oficial se ha encargado de mantener la cronología errada implantada a la fuerza por los frailes de la Inquisición y los “analfabetos de la Conquista” que menospreciaron el testimonio de los amautas, los tlamatinime, los ah-kines y los Sabios Guardianes de la Tradición Sagrada, que sostenían que la raza autóctona descendía de culturas antediluvianas. Se destruyeron los registros históricos y cósmicos, echando a la hoguera las bibliotecas y los ordenadores ecológicos: Los khipus y los nepohualtzintzin, instrumentos de altas matemáticas, creados por los sabios aborígenes.

En el extenso horizonte de su mirada, Rodríguez Sotomayor concibe el desarrollo de un gran registro de los símbolos ideográficos, pictóricos, rupestres y petroglíficos de toda América.

Abogamos y propiciamos este encomiable proyecto y todos los trabajos que Ruth Rodríguez Sotomayor pueda desarrollar y brindarnos pues corresponden no sólo a una extraordinaria investigación sino que además constituyen la herencia de los dioses civilizadores de América.

Rafael Videla Eissmann
Viernes 13 de Enero de 2017


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lunes, 9 de enero de 2017

Los antiguos mandalas de Chile


 Mandala de origen nepalés (Siglo XIX).


En la tradición hinduista y budista los mandalas corresponden a figuraciones simbólicas y rituales del macrocosmos y el microcosmos. El hombre y el mundo.

El concepto de mandala es de origen sánscrito (maṇḍala मंडल) y proyecta la idea de «círculo», o disco, en su sentido de diagrama o figura sagrada, como manifestación de la Totalidad, es decir, de la Unidad, esto es, de lo Absoluto y sus múltiples expresiones en la Naturaleza cíclica –el universo, el mundo, el hombre–y por ende, su esquematización o diseño como espacio sagrado/divino en y de los distintos planos.

En términos de su composición y diseño, una de sus características principales es la presencia de ejes cardinales u ordenadores y su simetría que conjuga la relación espacial de la periferia y del centro. Un eje intangible pero presente.

Un eco de la tradición de los mandalas se descubre en la iconografía del arte cristiano medioeval, especialmente en los rosetones y también en domos. Además, se halla en algunos símbolos herméticos y alquímicos de la tradición esotérica de Occidente.

Por cierto, el origen de estas figuraciones sacras se remonta a la Ante-Historia. A la edad de los dioses.

En Chile, significativamente, se descubre esta concepción en dos manifestaciones del arte prehispánico, específicamente en la tradición lituche-araucana: Los kultrunes o tambores ceremoniales de los machis o shamanes y en los tupus o ‘agujas’ de la joyería araucana. En ambos casos, dichas manifestaciones culturales conocidas corresponden a expresiones de la época hispánica aun cuando su origen es anterior y su génesis ignoto.

Tanto en los kultrunes como en los tupus se vierte la idea del círculo como totalidad y figura espacial. El kultrun es la plasmación tanto del espacio horizontal –el Chili-mapu o territorio de Chile–, como también una proyección vertical simbólica del mundo. El tupu es, asimismo, un símbolo o diagrama de la Tierra como esfera.

Diversas representaciones de kultrunes. Ilustraciones de José Pérez de Arce en el libro Mapuche. Semillas de Chile (Museo Chileno de Arte Precolombino / Museo del Oro – Bogotá, Banco de la República de Colombia & Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Dirección de Asuntos Culturales. Santiago de Chile, 2009).

  
 
 
Tupus araucanos.

Ubicación del tupu en el atuendo araucano.


Una aproximación al origen de estos símbolos se descubriría en una remota vinculación entre los antiguos siddhas del Himalaya y los antiguos machis de los Andes. En este sentido, una interesante apreciación fue desarrollada por el abate Juan Ignacio Molina en su Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776), donde señaló que los chilenos llaman a los primeros hombres, de los cuales descienden, Peñi Epatun, que quiere decir, los hermanos Epatun, pero, a excepción del nombre, no saben otra cosa de la historia de estos hermanos sus patriarcas. Los llaman también Glyche, esto es, hombres primitivos o del principio, y en sus congregaciones los invocan, junto con sus divinidades, entonando en alta voz: Pom, pum, pum, Mari epunamun, animalhuen, Peñi Epatun, etc. Los tres primeros vocablos son al presente de incierta significación y podrían tomarse por una suerte de interjección, si la voz puon con que los chinos nombran al primer hombre creado o salvado de las aguas, no nos indujese a sospechar que podrían tener una noción análoga. Los lamas o sacerdotes del Tíbet pronuncian también frecuentemente en sus rosarios las tres sílabas Hom, ha, hum, o om, aum, como dicen los habitantes del Indostán, los cuales en cierta manera corresponden a las chilenas arriba dichas.

Desde ese desconocido pasado vislumbrado únicamente en la tradición áurea de los mitos, sólo los símbolos han perdurado como silenciosas ideografías de la edad de los hombres-dioses.

Rafael Videla Eissmann
9 de Enero de 2017.


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miércoles, 28 de diciembre de 2016

El ‘Hombre de Kennewick’ era un nativo americano, afirma un estudio genético del Cuerpo del Ejército de Estados Unidos de América



Evidentemente, el ‘Hombre de Kennewick’ es un aborigen de América. ¿Cómo se explica entonces su fenotipo ‘caucásico’ que lo diferencia de las poblaciones indígenas prehispánicas? La evidencia arqueológica demuestra la existencia de una población pre-indígena, es decir, los paleoamericanos, caracterizados por los cráneos dolicocéfalos, los cuales no se hallan en las poblaciones indígenas, definidas por los cráneos braquicéfalos. Por otra parte, innumerables crónicas de los tiempos del “Descubrimiento”, Conquista, Colonia, e incluso en varias fuentes etno-históricas del siglo XX se constata la existencia de un grupo caso olvidado: Los indios blancos de América. El ‘Hombre de Kennewick’ es un ejemplo de ello (Nota del editor).


Spokane, Washington (AP) —. Los restos del denominado ‘Hombre de Kennewick’, que datan de hace unos 8500 años y que fueron descubiertos como un esqueleto casi completo en el Estado de Washington en Estados Unidos en 1996, corresponden a un americano nativo, afirma el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, tras desarrollar un nuevo estudio.

El ‘Hombre de Kennewick’ es uno de los pocos esqueletos bien preservados que datan de más de 8000 años y es uno de los mejores ejemplos de la región noroeste de la costa del Pacífico. 

También ha sido el foco de una disputa sobre su destino pues la declaración del Cuerpo del Ejército implica que ahora estos restos están sujetos a los procedimientos delimitados en el Acta de Repatriación y Protección de las Tumbas de Nativos Americanos en los Estados Unidos (NAGPRA). Esta petición ya la realizó una tribu de nativos americanos, afirmó el Cuerpo del Ejército.

“La decisión que he tomado ha sido una muy importante y está basada en la evidencia disponible”, afirmó esta semana mediante un comunicado el General de Brigada Scott A. Spellmon, Comandante General de la División Noroeste. “Confío en que nuestra revisión y análisis de las nuevas evidencias óseas, estadísticas y genéticas nos han llevado de manera convincente a la determinar que es un nativo americano”.

Los descubrimientos del Cuerpo del Ejército se asemejan a aquellas que investigadores internacionales publicaron el año pasado (2015), los cuales estuvieron basados en evidencia de DNA y que contradijeron los resultados de un estudio anatómico realizado en 2014, el cual sugería que el esqueleto estaba más bien ligado a las poblaciones polinesias o a indígenas japoneses.

El ‘Hombre de Kennewick’ fue nombrado así por el sitio en el que se descubrió el esqueleto en los alrededores del Río Columbia efectuado por dos individuos en las tierras del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos.

Desde entonces, ha sido el foco de una disputa legal entre científicos, quienes quieren estudiar los restos, pero la agrupación de tribus Nativas Americanas está pugnando porque vuelva a enterrarse.

NAGPRA requiere que los restos de nativos americanos se entreguen a las tribus que requieran enterrarlos.

Siguiendo dicha determinación, la cual se publicó el miércoles, el Cuerpo manifestó que su próximo paso es revisar la prioridad de custodia para cualquier tribu nativa americana que interponga una petición por los restos. Mientras tanto, afirmó el Cuerpo del Ejército, los restos seguirán siendo estudiados en el Museo Burke de Seattle.


4 de Mayo de 2016.


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domingo, 25 de diciembre de 2016

El Hombre de Kennewick


Reconstrucción facial del Hombre de Kennewick.


El ADN del Hombre de Kennewick, el esqueleto de un hombre adulto de hace 8500 años que se encontró en 1996 en Washington (Estados Unidos), está más estrechamente relacionado con las poblaciones nativas americanas que con cualquier otra población en el mundo, según un estudio comparativo internacional realizado por científicos de la Universidad de Copenhague, Dinamarca, y la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, Estados Unidos.

El hallazgo, que se describe en Nature, desafía un estudio de 2014 que concluyó, con base en los datos anatómicos, que el llamado Hombre de Kennewick estaba más relacionado con los pueblos indígenas de la Polinesia o japoneses que los nativos americanos. El estudio es probable que reavive una disputa legal de larga data con respecto a la procedencia del esqueleto y su destino final.

«Mediante el uso de ADN antiguo, hemos sido capaces de demostrar que el Hombre de Kennewick está más estrechamente relacionado con los nativos americanos que cualquier otra población –destaca el investigador postdoctoral Morten Rasmussen–. Debido a la controversia masiva en torno a los orígenes de esta muestra, la capacidad para hacer frente a esto será de interés para los científicos y los miembros de la tribu».

Rasmussen es el autor principal del artículo sobre la investigación, cuyo principal investigador es Eske Willerslev, del Centro GeoGenetics de la Universidad de Copenhague. Rasmussen comenzó el estudio en el Centro de GeoGenetics y completó el análisis de las secuencias de ADN en Stanford, en colaboración con Carlos Bustamante, profesor de Genética.

El esqueleto, conocido como el Hombre de Kennewick, se llama el Anciano de los Grupos Nativos Americanos. En 2004, cinco tribus americanas nativas del noroeste del Pacífico solicitaron la repatriación de los restos, pero el proceso se detuvo para permitir una mayor investigación sobre los orígenes del esqueleto.

Ahora, un estudio genético exhaustivo de los pequeños trozos de ADN antiguo de un hueso de la mano del esqueleto refuta las conclusiones del estudio de 2014. Los investigadores utilizaron lo último en aislamiento del ADN y técnicas de secuenciación para seleccionar y analizar el ADN del esqueleto.

«Aunque la preservación exterior del esqueleto estaba impoluta, el ADN de la muestra fue altamente degradado y dominado por el ADN de las bacterias del suelo y otras fuentes ambientales», describe Rasmussen. «Con el poco material que teníamos disponible, aplicamos los métodos más nuevos para extraer información de cada pieza del hueso», relata.

Los investigadores compararon las secuencias de ADN del esqueleto con las de los nativos americanos modernos y concluyeron que, aunque es imposible asignar al Hombre de Kennewick a una tribu en particular, está estrechamente relacionado con los miembros de las tribus confederadas de la reserva Colville en Washington.

Willerslev y Bustamante son bien conocidos por sus estudios de ADN antiguo y recientemente han publicado el genoma de un niño pequeño, conocido como el Chico Anzick, enterrado hace más de 12.000 años en Montana. Ese estudio mostró que el menor estaba también muy relacionado con los grupos nativos americanos modernos, en particular los de América del Sur y Central. En 2012, Bustamante y sus colegas utilizaron el ADN de 5300 años de edad de la momia llamada Otzi para mostrar que el hombre probablemente procedía de la isla mediterránea de Cerdeña en lugar de los Alpes, donde se encontró su cuerpo.

«Los avances en la tecnología de secuenciación de ADN nos han dado nuevas e importantes herramientas para el estudio de las grandes diásporas humanas y la historia de las poblaciones indígenas. Ahora estamos viendo su aplicación en nuevas áreas, incluyendo la medicina forense y arqueología», subraya Bustamante.

«El caso del Hombre de Kennewick es particularmente interesante dado los debates en torno a los orígenes de las poblaciones nativas americanas. El trabajo de Morten se alinea perfectamente con la historia oral de los pueblos originarios y presta un fuerte apoyo a sus reivindicaciones. Yo creo que el análisis de ADN antiguo podría convertirse en una práctica habitual en este tipo de casos, ya que puede proporcionar medios objetivos para evaluar tanto la ascendencia genética como la relación de las personas que viven y las poblaciones de hoy en día».

Fuente: Europa Press. 20 de Junio de 2015.


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viernes, 23 de diciembre de 2016

Resuelven el misterio del hombre de 9000 años hallado en Estados Unidos



Con ayuda de técnicas de ADN los expertos han logrado determinar los orígenes del ‘Hombre de Kennewick', el esqueleto del hombre hallado en 1996 en el Estado norteamericano de Washington.


Durante casi dos décadas los científicos no lograron ponerse de acuerdo sobre la etnia y los orígenes del ‘Hombre de Kennewick’ hallado en 1996 en las orillas del río Columbia en el Estado de Washington, Estados Unidos. Algunos aseguraban que el esqueleto, de más de 9000 años de antigüedad, estaba relacionado con los pueblos indígenas de Japón o Polinesia mientras que otros afirmaban que tenía rasgos caucásicos.

Sin embargo, un nuevo y revelador estudio publicado en la revista Nature ha dado razón a aquellos que creían que el ‘Hombre de Kennewick’ era el antecesor de los actuales indígenas norteamericanos. "Mediante el uso de ADN antiguo logramos demostrar que el ‘Hombre de Kennewick’ está más relacionado con los nativos americanos que con cualquier otra población", sostiene uno de los autores de la investigación Morten Rasmussen, de la Universidad de Copenhague, Dinamarca.

Aunque el análisis de ADN, extraído de los huesos del esqueleto, no pudo determinar con seguridad a qué tribu en particular pertenecía, los investigadores consideran que lo más probable es que fuera el antecesor de los habitantes de la actual Reserva india de Colville en Washington.

Fuente: RT. 18 de Junio de 2015.


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sábado, 17 de diciembre de 2016

Raza chilena


Grabado de Alonso de Ovalle de los conquistadores Pedro de Valdivia, Francisco de Villagra
y Jerónimo de Alderete (1646).


El descubridor y conquistador del nuevo Mundo vino de España, pero su patria de origen era la costa del mar Báltico, especialmente el sur de Suecia, la Gotia actual. Eran los descendientes directos de aquellos bárbaros rubios, guerreros y conquistadores, que en su éxodo al sur del continente europeo destruyeron el imperio romano de Occidente. Eran esos los godos, prototipo de la raza teutónica, germana o nórdica, que conservaron casi del todo pura su casta, gracias al orgullo de su prosapia y a las leyes que, por varios siglos, prohibieron sus matrimonios con las razas conquistadas. Por los numerosos retratos o descripciones que conozco de los conquistadores de Chile, puedo asegurar que a lo sumo el diez por ciento de ellos presentan signos de mestizaje con la raza autóctona de España, con la raza ibera; el resto es de pura sangre teutona, como Pedro de Valdivia, cuyo retrato es tan conocido.

Como en Chile no cesó de pelearse sino por breves espacios durante los primeros tiempos de la llamada Conquista, y como, por otra parte, esta región del continente no producía ninguno de los ricos artículos de comercio en que abundaban las demás colonias españolas, sólo vinieron a nuestro país los individuos de la casta aventurera y belicosa de la península. Los comerciantes, los industriales, los artesanos, los letrados, etc., ocupaciones desempeñadas en España por los naturales, no tenían a qué venir a Chile, ni vinieron, salvo uno que otro secretario u oidor, hasta mediados del siglo XVIII, después de las paces selladas con el toqui araucano Aillavilu; pero esos iberos fueron en número escaso para que su influencia étnica se dejara sentir en una población de 500.000 habitantes, de los cuales los cuatro quintos eran mestizos. Además sólo se establecieron en las ciudades algo populosas.

A principios del siglo pasado vinieron soldados iberos, pero se sabe que no quedaron aquí sino los muertos. Sólo en estos últimos años la colonia ibera ha sido numerosa en nuestro país; pero, como es bien sabido, sus relaciones de sangre con nuestro pueblo son sin importancia.

El roto chileno es pues araucano-gótico. Hacer la demostración antropométrica y etnográfica de este aserto, no es de una carta; pero si se formara polémica sobre este tema, como sobre cualquiera de las afirmaciones que pueda hacer más adelante, estoy listo a probarlo. Sólo exigiré en el contendor una preparación científica suficiente, pues estas materias no pueden tratarse con declamaciones ni con el mero auxilio de la literatura.

Nicolás Palacios
La Raza Chilena. Su nacimiento.
Nobleza de sus orígenes (1904)
Página 4 y 5


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