lunes, 9 de enero de 2017

Los antiguos mandalas de Chile


 Mandala de origen nepalés (Siglo XIX).


En la tradición hinduista y budista los mandalas corresponden a figuraciones simbólicas y rituales del macrocosmos y el microcosmos. El hombre y el mundo.

El concepto de mandala es de origen sánscrito (maṇḍala मंडल) y proyecta la idea de «círculo», o disco, en su sentido de diagrama o figura sagrada, como manifestación de la Totalidad, es decir, de la Unidad, esto es, de lo Absoluto y sus múltiples expresiones en la Naturaleza cíclica –el universo, el mundo, el hombre–y por ende, su esquematización o diseño como espacio sagrado/divino en y de los distintos planos.

En términos de su composición y diseño, una de sus características principales es la presencia de ejes cardinales u ordenadores y su simetría que conjuga la relación espacial de la periferia y del centro. Un eje intangible pero presente.

Un eco de la tradición de los mandalas se descubre en la iconografía del arte cristiano medioeval, especialmente en los rosetones y también en domos. Además, se halla en algunos símbolos herméticos y alquímicos de la tradición esotérica de Occidente.

Por cierto, el origen de estas figuraciones sacras se remonta a la Ante-Historia. A la edad de los dioses.

En Chile, significativamente, se descubre esta concepción en dos manifestaciones del arte prehispánico, específicamente en la tradición lituche-araucana: Los kultrunes o tambores ceremoniales de los machis o shamanes y en los tupus o ‘agujas’ de la joyería araucana. En ambos casos, dichas manifestaciones culturales conocidas corresponden a expresiones de la época hispánica aun cuando su origen es anterior y su génesis ignoto.

Tanto en los kultrunes como en los tupus se vierte la idea del círculo como totalidad y figura espacial. El kultrun es la plasmación tanto del espacio horizontal –el Chili-mapu o territorio de Chile–, como también una proyección vertical simbólica del mundo. El tupu es, asimismo, un símbolo o diagrama de la Tierra como esfera.

Diversas representaciones de kultrunes. Ilustraciones de José Pérez de Arce en el libro Mapuche. Semillas de Chile (Museo Chileno de Arte Precolombino / Museo del Oro – Bogotá, Banco de la República de Colombia & Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, Dirección de Asuntos Culturales. Santiago de Chile, 2009).

  
 
 
Tupus araucanos.

Ubicación del tupu en el atuendo araucano.


Una aproximación al origen de estos símbolos se descubriría en una remota vinculación entre los antiguos siddhas del Himalaya y los antiguos machis de los Andes. En este sentido, una interesante apreciación fue desarrollada por el abate Juan Ignacio Molina en su Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776), donde señaló que los chilenos llaman a los primeros hombres, de los cuales descienden, Peñi Epatun, que quiere decir, los hermanos Epatun, pero, a excepción del nombre, no saben otra cosa de la historia de estos hermanos sus patriarcas. Los llaman también Glyche, esto es, hombres primitivos o del principio, y en sus congregaciones los invocan, junto con sus divinidades, entonando en alta voz: Pom, pum, pum, Mari epunamun, animalhuen, Peñi Epatun, etc. Los tres primeros vocablos son al presente de incierta significación y podrían tomarse por una suerte de interjección, si la voz puon con que los chinos nombran al primer hombre creado o salvado de las aguas, no nos indujese a sospechar que podrían tener una noción análoga. Los lamas o sacerdotes del Tíbet pronuncian también frecuentemente en sus rosarios las tres sílabas Hom, ha, hum, o om, aum, como dicen los habitantes del Indostán, los cuales en cierta manera corresponden a las chilenas arriba dichas.

Desde ese desconocido pasado vislumbrado únicamente en la tradición áurea de los mitos, sólo los símbolos han perdurado como silenciosas ideografías de la edad de los hombres-dioses.

Rafael Videla Eissmann
9 de Enero de 2017.


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miércoles, 28 de diciembre de 2016

El ‘Hombre de Kennewick’ era un nativo americano, afirma un estudio genético del Cuerpo del Ejército de Estados Unidos de América



Evidentemente, el ‘Hombre de Kennewick’ es un aborigen de América. ¿Cómo se explica entonces su fenotipo ‘caucásico’ que lo diferencia de las poblaciones indígenas prehispánicas? La evidencia arqueológica demuestra la existencia de una población pre-indígena, es decir, los paleoamericanos, caracterizados por los cráneos dolicocéfalos, los cuales no se hallan en las poblaciones indígenas, definidas por los cráneos braquicéfalos. Por otra parte, innumerables crónicas de los tiempos del “Descubrimiento”, Conquista, Colonia, e incluso en varias fuentes etno-históricas del siglo XX se constata la existencia de un grupo caso olvidado: Los indios blancos de América. El ‘Hombre de Kennewick’ es un ejemplo de ello (Nota del editor).


Spokane, Washington (AP) —. Los restos del denominado ‘Hombre de Kennewick’, que datan de hace unos 8500 años y que fueron descubiertos como un esqueleto casi completo en el Estado de Washington en Estados Unidos en 1996, corresponden a un americano nativo, afirma el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, tras desarrollar un nuevo estudio.

El ‘Hombre de Kennewick’ es uno de los pocos esqueletos bien preservados que datan de más de 8000 años y es uno de los mejores ejemplos de la región noroeste de la costa del Pacífico. 

También ha sido el foco de una disputa sobre su destino pues la declaración del Cuerpo del Ejército implica que ahora estos restos están sujetos a los procedimientos delimitados en el Acta de Repatriación y Protección de las Tumbas de Nativos Americanos en los Estados Unidos (NAGPRA). Esta petición ya la realizó una tribu de nativos americanos, afirmó el Cuerpo del Ejército.

“La decisión que he tomado ha sido una muy importante y está basada en la evidencia disponible”, afirmó esta semana mediante un comunicado el General de Brigada Scott A. Spellmon, Comandante General de la División Noroeste. “Confío en que nuestra revisión y análisis de las nuevas evidencias óseas, estadísticas y genéticas nos han llevado de manera convincente a la determinar que es un nativo americano”.

Los descubrimientos del Cuerpo del Ejército se asemejan a aquellas que investigadores internacionales publicaron el año pasado (2015), los cuales estuvieron basados en evidencia de DNA y que contradijeron los resultados de un estudio anatómico realizado en 2014, el cual sugería que el esqueleto estaba más bien ligado a las poblaciones polinesias o a indígenas japoneses.

El ‘Hombre de Kennewick’ fue nombrado así por el sitio en el que se descubrió el esqueleto en los alrededores del Río Columbia efectuado por dos individuos en las tierras del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos.

Desde entonces, ha sido el foco de una disputa legal entre científicos, quienes quieren estudiar los restos, pero la agrupación de tribus Nativas Americanas está pugnando porque vuelva a enterrarse.

NAGPRA requiere que los restos de nativos americanos se entreguen a las tribus que requieran enterrarlos.

Siguiendo dicha determinación, la cual se publicó el miércoles, el Cuerpo manifestó que su próximo paso es revisar la prioridad de custodia para cualquier tribu nativa americana que interponga una petición por los restos. Mientras tanto, afirmó el Cuerpo del Ejército, los restos seguirán siendo estudiados en el Museo Burke de Seattle.


4 de Mayo de 2016.


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domingo, 25 de diciembre de 2016

El Hombre de Kennewick


Reconstrucción facial del Hombre de Kennewick.


El ADN del Hombre de Kennewick, el esqueleto de un hombre adulto de hace 8500 años que se encontró en 1996 en Washington (Estados Unidos), está más estrechamente relacionado con las poblaciones nativas americanas que con cualquier otra población en el mundo, según un estudio comparativo internacional realizado por científicos de la Universidad de Copenhague, Dinamarca, y la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, Estados Unidos.

El hallazgo, que se describe en Nature, desafía un estudio de 2014 que concluyó, con base en los datos anatómicos, que el llamado Hombre de Kennewick estaba más relacionado con los pueblos indígenas de la Polinesia o japoneses que los nativos americanos. El estudio es probable que reavive una disputa legal de larga data con respecto a la procedencia del esqueleto y su destino final.

«Mediante el uso de ADN antiguo, hemos sido capaces de demostrar que el Hombre de Kennewick está más estrechamente relacionado con los nativos americanos que cualquier otra población –destaca el investigador postdoctoral Morten Rasmussen–. Debido a la controversia masiva en torno a los orígenes de esta muestra, la capacidad para hacer frente a esto será de interés para los científicos y los miembros de la tribu».

Rasmussen es el autor principal del artículo sobre la investigación, cuyo principal investigador es Eske Willerslev, del Centro GeoGenetics de la Universidad de Copenhague. Rasmussen comenzó el estudio en el Centro de GeoGenetics y completó el análisis de las secuencias de ADN en Stanford, en colaboración con Carlos Bustamante, profesor de Genética.

El esqueleto, conocido como el Hombre de Kennewick, se llama el Anciano de los Grupos Nativos Americanos. En 2004, cinco tribus americanas nativas del noroeste del Pacífico solicitaron la repatriación de los restos, pero el proceso se detuvo para permitir una mayor investigación sobre los orígenes del esqueleto.

Ahora, un estudio genético exhaustivo de los pequeños trozos de ADN antiguo de un hueso de la mano del esqueleto refuta las conclusiones del estudio de 2014. Los investigadores utilizaron lo último en aislamiento del ADN y técnicas de secuenciación para seleccionar y analizar el ADN del esqueleto.

«Aunque la preservación exterior del esqueleto estaba impoluta, el ADN de la muestra fue altamente degradado y dominado por el ADN de las bacterias del suelo y otras fuentes ambientales», describe Rasmussen. «Con el poco material que teníamos disponible, aplicamos los métodos más nuevos para extraer información de cada pieza del hueso», relata.

Los investigadores compararon las secuencias de ADN del esqueleto con las de los nativos americanos modernos y concluyeron que, aunque es imposible asignar al Hombre de Kennewick a una tribu en particular, está estrechamente relacionado con los miembros de las tribus confederadas de la reserva Colville en Washington.

Willerslev y Bustamante son bien conocidos por sus estudios de ADN antiguo y recientemente han publicado el genoma de un niño pequeño, conocido como el Chico Anzick, enterrado hace más de 12.000 años en Montana. Ese estudio mostró que el menor estaba también muy relacionado con los grupos nativos americanos modernos, en particular los de América del Sur y Central. En 2012, Bustamante y sus colegas utilizaron el ADN de 5300 años de edad de la momia llamada Otzi para mostrar que el hombre probablemente procedía de la isla mediterránea de Cerdeña en lugar de los Alpes, donde se encontró su cuerpo.

«Los avances en la tecnología de secuenciación de ADN nos han dado nuevas e importantes herramientas para el estudio de las grandes diásporas humanas y la historia de las poblaciones indígenas. Ahora estamos viendo su aplicación en nuevas áreas, incluyendo la medicina forense y arqueología», subraya Bustamante.

«El caso del Hombre de Kennewick es particularmente interesante dado los debates en torno a los orígenes de las poblaciones nativas americanas. El trabajo de Morten se alinea perfectamente con la historia oral de los pueblos originarios y presta un fuerte apoyo a sus reivindicaciones. Yo creo que el análisis de ADN antiguo podría convertirse en una práctica habitual en este tipo de casos, ya que puede proporcionar medios objetivos para evaluar tanto la ascendencia genética como la relación de las personas que viven y las poblaciones de hoy en día».

Fuente: Europa Press. 20 de Junio de 2015.


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viernes, 23 de diciembre de 2016

Resuelven el misterio del hombre de 9000 años hallado en Estados Unidos



Con ayuda de técnicas de ADN los expertos han logrado determinar los orígenes del ‘Hombre de Kennewick', el esqueleto del hombre hallado en 1996 en el Estado norteamericano de Washington.


Durante casi dos décadas los científicos no lograron ponerse de acuerdo sobre la etnia y los orígenes del ‘Hombre de Kennewick’ hallado en 1996 en las orillas del río Columbia en el Estado de Washington, Estados Unidos. Algunos aseguraban que el esqueleto, de más de 9000 años de antigüedad, estaba relacionado con los pueblos indígenas de Japón o Polinesia mientras que otros afirmaban que tenía rasgos caucásicos.

Sin embargo, un nuevo y revelador estudio publicado en la revista Nature ha dado razón a aquellos que creían que el ‘Hombre de Kennewick’ era el antecesor de los actuales indígenas norteamericanos. "Mediante el uso de ADN antiguo logramos demostrar que el ‘Hombre de Kennewick’ está más relacionado con los nativos americanos que con cualquier otra población", sostiene uno de los autores de la investigación Morten Rasmussen, de la Universidad de Copenhague, Dinamarca.

Aunque el análisis de ADN, extraído de los huesos del esqueleto, no pudo determinar con seguridad a qué tribu en particular pertenecía, los investigadores consideran que lo más probable es que fuera el antecesor de los habitantes de la actual Reserva india de Colville en Washington.

Fuente: RT. 18 de Junio de 2015.


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sábado, 17 de diciembre de 2016

Raza chilena


Grabado de Alonso de Ovalle de los conquistadores Pedro de Valdivia, Francisco de Villagra
y Jerónimo de Alderete (1646).


El descubridor y conquistador del nuevo Mundo vino de España, pero su patria de origen era la costa del mar Báltico, especialmente el sur de Suecia, la Gotia actual. Eran los descendientes directos de aquellos bárbaros rubios, guerreros y conquistadores, que en su éxodo al sur del continente europeo destruyeron el imperio romano de Occidente. Eran esos los godos, prototipo de la raza teutónica, germana o nórdica, que conservaron casi del todo pura su casta, gracias al orgullo de su prosapia y a las leyes que, por varios siglos, prohibieron sus matrimonios con las razas conquistadas. Por los numerosos retratos o descripciones que conozco de los conquistadores de Chile, puedo asegurar que a lo sumo el diez por ciento de ellos presentan signos de mestizaje con la raza autóctona de España, con la raza ibera; el resto es de pura sangre teutona, como Pedro de Valdivia, cuyo retrato es tan conocido.

Como en Chile no cesó de pelearse sino por breves espacios durante los primeros tiempos de la llamada Conquista, y como, por otra parte, esta región del continente no producía ninguno de los ricos artículos de comercio en que abundaban las demás colonias españolas, sólo vinieron a nuestro país los individuos de la casta aventurera y belicosa de la península. Los comerciantes, los industriales, los artesanos, los letrados, etc., ocupaciones desempeñadas en España por los naturales, no tenían a qué venir a Chile, ni vinieron, salvo uno que otro secretario u oidor, hasta mediados del siglo XVIII, después de las paces selladas con el toqui araucano Aillavilu; pero esos iberos fueron en número escaso para que su influencia étnica se dejara sentir en una población de 500.000 habitantes, de los cuales los cuatro quintos eran mestizos. Además sólo se establecieron en las ciudades algo populosas.

A principios del siglo pasado vinieron soldados iberos, pero se sabe que no quedaron aquí sino los muertos. Sólo en estos últimos años la colonia ibera ha sido numerosa en nuestro país; pero, como es bien sabido, sus relaciones de sangre con nuestro pueblo son sin importancia.

El roto chileno es pues araucano-gótico. Hacer la demostración antropométrica y etnográfica de este aserto, no es de una carta; pero si se formara polémica sobre este tema, como sobre cualquiera de las afirmaciones que pueda hacer más adelante, estoy listo a probarlo. Sólo exigiré en el contendor una preparación científica suficiente, pues estas materias no pueden tratarse con declamaciones ni con el mero auxilio de la literatura.

Nicolás Palacios
La Raza Chilena. Su nacimiento.
Nobleza de sus orígenes (1904)
Página 4 y 5


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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Lautaro y Guacolda: Una ilustración de los indios blancos realizada por fray Diego de Ocaña


La ilustración de Lautaro y Guacolda realiazada por Diego de Ocaña.


Fray Diego de Ocaña (1565-1608) fue un religioso de origen español perteneciente a la Orden de San Jerónimo. Fue un misionero y explorador que viajó por América del Sur antes de establecerse definitivamente en México en el año 1605.

De Ocaña realizó numerosas pinturas e ilustraciones de los pueblos y lugares que conoció en sus exploraciones y que fueron registradas en sus obras entre las que destaca Relación del viaje de fray Diego de Ocaña por el Nuevo Mundo: De Guadalupe a Potosí (1599-1605).

Ahora bien, en Relación del viaje a Chile, contenida en la crónica de A través de la América del Sur (1608), De Ocaña realizó una significativa ilustración del kona o guerrero araucano Lautaro y Guacolda, su mujer –consignados por el poeta-guerrero Alonso de Ercilla y Zúñiga en su poema épico La Araucana, publicada en Madrid en tres partes en los años 1569, 1578 y 1589–. Esto, por cuanto esta ilustración describe en realidad a los indios blancos de los que dan cuenta cronistas como el conquistador y fundador de Santiago de Chile, Pedro de Valdivia, y los cronistas Alonso de Ovalle y Alonso de Góngora Marmolejo, entre otros. Así, Pedro de Valdivia sostuvo en una de sus cartas al Rey fechada en 1551 que la gente en Chile es crecida, doméstica y amigable y blanca y de lucidos rostros, así hombres como mujeres.

Alonso de Ercilla y Zúñiga registró también (1574), la existencia de los indios blancos en Chile según da cuenta en los versos del canto XXXVI:

La buena traza y talle de la gente
blanca, dispuesta es proporción fornida,
de manto y floja túnica vestida.

De modo similar, Alonso de Góngora Marmolejo en su Historia de Chile desde su descubrimiento hasta el año 1575, estableció que es gente bien agestada, por la mayor parte blanca, bien dispuestos, amigos en gran manera de seguir la guerra y defender su tierra.

Análogamente, el historiador Antonio de Herrera y Tordesillas en la Descripción de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano que llaman Indias Occidentales (1622), indicaba que la región del Reino de Chile es muy poblada de indios blancos, y está situado en las riberas de la Mar del Sur, que es Mare Magnum.

Y, por su parte, el jesuita Alonso de Ovalle en su Histórica Relación del Reyno de Chile (1646), dio cuenta del color blanco y rubio de esta gente [los indios], y hablan una lengua que ninguno de los que fueron a este descubrimiento la pudo entender.

Las leyendas que acompañan las ilustraciones de Diego de Ocaña indican: Lautaro. Este indio mató a la gente que fue con Villagrán, del Gobernador Valdivia. Este es el traje de los indios de Chile: Esta coraza de cuero de vaca crudío. / Esta arma se llama macana.

Y la leyenda sobre la blonda Guacolda señala: La bella Guacolda. Traje de las chilenas desde Coquimbo hasta el Valle de Arauco.

El manuscrito de la obra de Diego de Ocaña se encuentra en la biblioteca de la Universidad de Oviedo en España.

Rafael Videla Eissmann
7 de Diciembre de 2016.


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jueves, 1 de diciembre de 2016

Ortega Blake: Los verdaderos descubridores de América son los vikingos


Leif Eriksson descubre América  (Hans Dahl).


“Colón no descubrió América; fueron los vikingos”, refiere Arturo Ortega Blake en su libro Leif el hijo de Erik (Editorial Grijalbo, 2006), historia novelada de este acontecimiento en la que el autor se basa en nuevas investigaciones. Todo comienza en el año 985 d. C., cuando un navegante llamado Jarnik Herhorson se perdió buscando nuevas rutas y llega hasta las islas Bafin en el norte de Canadá; el trayecto lo fue dibujando en una piel de cabra y se cree que este mapa fue el que guió a Cristóbal Colón en su primer viaje a América. Arturo Ortega Blake, escritor, economista e investigador de temas históricos, charló con Crónica: “Se sabía que el navegante Herhorson era apoyado por Noruega, pues este gobierno buscaba un lugar para que los mal vivientes, asesinos, ladrones, fueran trasladados y alejarlos de la población, así se fundó Islandia, con los viajes de este y otros vikingos”.

El texto nace de un estudio que Ortega Blake hace sobre las nueve sagas vikingas. Él tuvo acceso a cuatro y la otras cinco las consiguió por medio de un historiador noruego que le tradujo el material. En Islandia se estructuró la vida social de tal forma que fuera igual a Noruega. Por ejemplo, la forma como eran gobernados por un tipo de congreso representado por aquellos que tenían más tierras. Como prueba de este descubrimiento, Ortega menciona que en la zona han sido encontrados algunos vestigios: Botones de metal, vestidos y artefactos. Es importante resaltar que esta historia es verdadera, a tal grado que la Unesco decretó a esta región del Canadá como patrimonio cultural de la humanidad.

Ortega Blake comenta: “Realmente estos vikingos descubrieron América, pero no la conquistaron. Fueron los españoles los que la colonizaron. La historia del libro lo que narra es la vida de Erik, El Rojo, que era un hombre de muchas leyendas: Lo expulsan de Islandia, llega a una tierra que es muy providencial conocida ahora como Groenlandia. Entonces se dio cuenta que ahí el pasto nunca se secaba o que había abundancia de agua”. Erik regresa a Islandia y como había asesinado a dos hombres, es juzgado, pero él les dice que regresó porque quiere decirles que encontró un territorio donde pueden vivir mejor. Sin embargo es a Leif, su hijo, el que le toca conquistar esta región. A Leif le cuesta mucho trabajo convencerlos para que le crean y se vayan a este nuevo territorio, a pesar de que ellos eran escandinavos y sus creencia en la mitología nórdica los convertía en aventureros. No le hicieron caso. El autor dice que lo importante es el reconocimiento a este grupo de navegantes en los albores del segundo milenio de nuestra era, pues ellos marcaron un camino importante para la navegación.

El libro comprende los relatos y desafíos en el mundo salvaje e indómito, en lucha contra el clima y contra algunos pueblos. Pues según comentó el autor, “ya en Groenlandia había un grupo de hombres que eran extremadamente ágiles y usaban unos arcos con flechas muy grandes. Entonces al verlos los vikingos supieron que no podían luchar contra ellos”.


Mi novela, reconocimiento a los pueblos de Noruega

La novela histórica Leif, el hijo de Erik es un reconocimiento al adelantado mundo de los pueblos que habitaron Noruega e Islandia en los albores del segundo milenio de nuestra era. Narra cómo el legendario Erik el Rojo, tras dejar el destierro al que lo condenaron por asesinar a unos hombres, conduce a su pueblo hacia una tierra más promisoria para construir una nación: Groenlandia. En el enfrentamiento al embravecido mar Leif juega un papel determinante, así como en el establecimiento de los primeros colonos. El primogénito y heredero de la saga de Erik Thorvaldsson es el único capaz de aventurarse a las tierras que Bjarn Herjolfsson dibujó en su famoso mapa. Leif, al igual que su padre, guía a su pueblo hacia una tierra mucho más extensa y rica, que siglos después se llamará América. Ortega Blake plasma con maestría sus costumbres, indumentaria, mitología y códigos de honor, cosmovisión y organización social. No puede faltar uno de los aspectos más fascinantes de los vikingos: la construcción y el manejo de sus embarcaciones, producto de su espíritu explorador y temerario.

Alfredo Ortiz Santos

Fuente: Diario Crónica de México, 12 de Julio de 2006.


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