domingo, 11 de abril de 2021

La antiquísima civilización andina fundadora de Uruk


El culto ancestral arya del Sol. Izquierda: Kunduru o estela con la representación del rey babilónico Meli-Shipak II presentando a su hija a la deidad anunna Ḫunnubat-Nanaya –lo anunna son deidades del Mundo Subterráneo– y a los astros regidores, Venus, la Luna y el Sol (Musée du Louvre).  Derecha: Ilustración de Felipe Guamán Poma de Ayala en su obra El Primer Nueva Corónica del Buen Gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala (1583-1615) con la representación del culto de los hermanos Ayar –los Hijos del Sol– a las deidades del Mundo Subterráneo emergidas de la montaña Uana Cauri, Tanbo Toco, o los agujeros del tampu, y Pacari Tanbo. De manera significativa, el ordenamiento espacial del culto a los astros es inverso al de Sumeria: El Sol, la Luna y Venus.


Contra toda premisa de la historiografía oficial, el profesor Roberto Rengifo escribió en El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica (1935) que si los primeros humanos vivían en las regiones antárticas y de ellos nos viene la tradición más antigua, es obligatorio que alrededor de ellas haya sucedido la catástrofe, y, por consiguiente, en la región austral de América. Quizás fue el hundimiento de las tierras que rodeaban al Polo Sur y en donde, por lo que he venido diciendo, debió haber principiado a existir la humanidad. Sólo se salvaron unos pocos primitivos en los tres continentes que avanzan sus extremidades hacia el sur (Rengifo, R. El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Página 7 ~ Los destacados son nuestros).

A continuación, Rengifo asentó que cuando hubo un exceso de población en el archipiélago antártico, que por entonces decenas de miles de años atrás, era el gran centro de la humanidad blanca y clara, los primeros que emigraron por las costas de América, en sus barcas, hacia el norte, tuvieron la preferencia para elegir clima y formas topográficas semejantes a las que habían abandonado obligadamente, y se establecieron en los archipiélagos polares del norte (Rengifo, R. El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Página 8 ~ Los destacados son nuestros).

¿A qué fecha correspondería esta catástrofe aducida por Rengifo? Nos inclinamos a pensar que más bien se trataría de la Gran Catástrofe que se inició en torno a 580.000 años atrás con motivo de la asimilación y desintegración de la Luna Terciaria (Tertiär-Mond). Este magno proceso cósmico-planetario duró hasta ±200.000-100.000 años atrás de acuerdo a la Cosmogonía Glacial de Hans Hörbiger y Phillip Fauth y que diversas culturas y civilizaciones resguardaron por medio de mitos y leyendas que evidencian el incuestionable hecho que hubo observadores y supervivientes del magno fenómeno y cuyos descendientes sentaron las bases de las remotas civilizaciones conocidas.

El símbolo sagrado del Sol. Izquierda: Ilustración del esquema espacial trazado sobre el kultrún o tambor ceremonial lituche-araucano del sur de Chile. El símbolo del venerado tetraskélion corresponde a las cuatro grandes eras o soles. Derecha: Una vasija de Cimarra hallada en Hassua, Sumeria –al unir los trazos de la figura central se conforma el tetraskélion de sentido dextrógiro– (Alrededor del V milenio a. C.).


Fue el verdadero Crepúsculo de los Dioses –los æsir o asen–, el Götterdämmerung, el “Destino Final” de los hombres-dioses.

El hundimiento del continente polar, la Hiperbórea del Polo Sur.

Es el inicio de la migración de los Caminantes de la Aurora.

La visión de Rengifo ciertamente se entronca con los fundamentales estudios de Francisco P. Moreno, Emeterio Villamil de Rada y Edmund Kiss –aun cuando cada uno varía el rango cronológico, las causas y rutas migratorias–, aduciendo movimientos migratorios desde América-Huitramannaland hacia Europa y Asia: La última migración importante partió de TalTal en la costa norte de Chile, hace 9000 años, fueron los uros que, por estar ya todas las demás costas y países poblados, buscando uno inhabitado llegaron al fondo del Golfo Pérsico y fundaron la ciudad de Uruk, llevando allá la cerámica y los metales; ciudad que fue el germen de las civilizaciones arias o indo-europeas con la cual comienza la Proto-Historia, siendo todo lo anterior, Pre-Historia y siendo Historia sólo los 2500 años últimos, desde que se descubrió la escritura alfabética (Rengifo, R. El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Página 11).

Rafael Videla Eissmann
10 de Abril de 2021


Bibliografía

Rengifo, Roberto

El Secreto de la América Aborigen. I. Noticias y comentarios arqueológicos. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1919.

_ El Secreto de la América Aborigen. II. Estractos de Actas de la Sociedad Científica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1920.

_ El Secreto de la América Aborigen. III. Los chiles. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1920.

_ Arte gráfico y poético de los primitivos y los chiles. Impreso en los Talleres de la Empresa Zig-Zag. Santiago de Chile [1920].

_ El Secreto de la América Aborigen. IV. Extractos de Actas de la Sociedad Científica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1921.

_ El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1935.

_ El Secreto de la América Aborigen. Edición desarrollada por Rafael Videla Eissmann. Distribución privada. Santiago de Chile, 2001.

_ Los chilingas. Comentarios de Roberto Rengifo. Edición desarrollada por Rafael Videla Eissmann. Ediciones Riapantú. Santiago de Chile, 2006.

_ El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica y el origen polar antártico del hombre (1935). Prólogo, notas y edición de Rafael Videla Eissmann. Ediciones Tierra Polar. Santiago de Chile, 2007.

_ El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. El origen polar antártico del hombre (1935). Edición y prólogo de Rafael Videla Eissmann. Edición limitada y numerada. Ediciones Tierra Polar. Santiago de Chile, 2015.


* (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

jueves, 1 de abril de 2021

El origen polar del hombre: La antigua concepción del arya antártico-andino


Detalle de la Terra Australis Incognita en el mapa de América de Jodocus Hondius (1618).


Hacia 1919, Roberto Rengifo, arqueólogo y profesor de Estética e Historia del Arte de la Escuela de Bellas Artes (1919) y del Instituto de Educación (1926) de la Universidad de Chile, cristalizaba en Chile una línea de conocimientos que se había iniciado con la aparición de los estudios del explorador y naturalista Francisco P. Moreno (Patagonia: Resto de un antiguo continente hoy sumergido. O el núcleo zoogénico antártico. Buenos Aires, 1882), seguidos por la magna obra del erudito Emeterio Villamil de Rada (De la primitividad americana. Cochabamba, 1876 y La lengua de Adán y el hombre de Tiahuanaco. La Paz, 1888) y del arqueólogo Arthur Posnansky (Tihuanacu: La cuna del hombre americano. La Paz, 1945-1957, obra cuyo título original fue Tihuanacu: La cuna de la humanidad), quienes basándose en la evidencia arqueológica, geológica y en las tradiciones aborígenes –es decir, pre-indígenas–, concibieron el origen del hombre en América del Sur y su expansión a otras latitudes.

De este modo, mientras Moreno constató la existencia del Núcleo Zoogénico Antártico, región geomorfológica desde donde emanaron diversas formas de vida orgánica, Villamil de Rada comprobó la irradiación del sustrato civilizador de los anteos –los Hijos de los Andes– a partir de una extraordinaria perspectiva mitológico-filológico-lingüística. Posnansky, en tanto, constató la gran antigüedad de este núcleo andino y su difusión continental. Y Rengifo, por último, postuló el origen polar antártico del hombre y su evolución en América, de sur a norte.

Rengifo concibió el origen de este hombre en la Antártida y que constituye la raza civilizadora de los ario-andinos –o anteos– que irrumpe y puebla a Europa desde occidente –“la Gulfstream o Corriente del Golfo de México sirvió para poblar la costa de Irlanda y occidentales Europa”–.

Aun cuando Rengifo aplica la noción evolucionista, su observación difiere de la ortodoxia antro-arqueológica e historiográfica pues el génesis del hombre no se haya en África sino en el extremo sur de América Austral y la Antártida.

Y no se trata del Homo africanus sino de la humanidad blanca y clara.

Son los chiliches –los cauques-chilis, o chiles–, conocidos posteriormente en el altiplano andino bajo el epíteto de viracochas –los huara-cocha-ché, “los semidioses encargados de educar al mundo”– y en Mesoamérica como quetzalcóatles-kukulkanes.

Los Dioses Blancos de América.

Es la humanidad blanca pre-nórdica, los arios, irradiados a escala global. Su expansión explica la similitud de símbolos, mitos, construcciones megalíticas y la presencia de los restos de cráneos dolicocéfalos –el tipo arya de India y el Tíbet y el Cro-Magnon de Europa–.

Así, inicialmente, en la Sesión General de la Sociedad Científica realizada el 29 de Diciembre de 1919 en Santiago, el profesor Rengifo sostuvo que el origen de la humanidad estuvo en el casquete polar antártico, y que habiéndose dislocado y hundido en parte este casquete, arribó la gente primitiva al extremo sur de Patagonia y Tierra del Fuego.

Esta extraordinaria concepción se ha basado en sus estudios arqueológicos, rupestres, etnohistóricos y en antiquísimas fuentes parcialmente esbozadas como en el poema épico del cronista y soldado Alonso de Ercilla y Zúñiga, La Araucana (1574):

Chile, fértil provincia señalada / de la región antártica famosa de remotas naciones respetada / por fuerte, principal y poderosa, / la gente que produce es tan granada, tan soberbia, gallarda y belicosa, / que no ha sido por rey jamás regida, ni a extranjero dominio sometida…

Más aún: Rengifo expresó en El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica (1935) que ha recurrido a lo escrito hace 18.000 años en roca dura con cincel en las cordilleras de mi mismo país [Chile]. Así he determinado lo que fue nuestra tierra, lo que la humanidad le debe a su esfuerzo y cómo fue la Primera Patria del Mundo.

Este es el Secreto de la América Aborigen: La existencia de un sustrato civilizador que emanó de la región polar antártica, irradiándose desde el sur por América para luego expandirse por el resto del planeta. A este respecto, Rengifo determinó que desde el norte de Chile los chilis se extendieron al oriente, Chalingasta, y después al norte. Se les denomina hoy diaguitas y, más propiamente, dihuitas. Llegaron hasta el Chiria en el norte del Perú. Después, en plena cultura y en posesión de los metales, ocuparon todo Chile hacia el sur, hasta Chiloé y hasta Magallanes, y dieron vuelta por el Estrecho, difundiendo la cultura en el mundo, y especialmente en el Báltico y en el Mediterráneo.

Este sustrato civilizador corresponde en términos craneológicos al grupo dolicocéfalo; a los paleoamericanos según la cronología historiográfica y a los indios blancos conforme a los mitos prehispánicos que luego fueron vertidos en crónicas y posteriormente en numerosos registros etnohistóricos. Los indios blancos son los descendientes de los Dioses Blancos, los “héroes culturales” que impulsaron las bases de las civilizaciones de América-Huitramannaland, reflejo a su vez de una cosmovisión trascendente –el “sentido de la tierra”–.

La fundamental idea del profesor Rengifo en torno al origen antártico del hombre conforma la base del Dasein –es decir, del «ser-ahí», «ser en el mundo», LO EXISTENTE–, en su sentido más profundo y esencial, apenas vislumbrado por la pysché del mundo moderno pues se remonta, o engloba, a la primordial concepción del arya antártico-andino emanado del Polo Sur –herencia de la sabiduría del Háin del Clan de la Rama Sagrada y de los míticos hombres-dioses de la tradición sagrada lituche-araucana–.

La concepción de Roberto Rengifo es sencillamente, EL MÁS GRANDE PENSAMIENTO, comprendiendo a Σοφία (“Sabiduría”), Παιδεία (“Cultura”) y Φύσις (“Naturaleza”) –el “ser del hombre”–.

Y este pensamiento se proyecta a través de la arqueología, la historiografía, la antropología y la filosofía como inicio y fin de una concepción trascendental del hombre y de la totalidad de la historia –el “valor vital”–.

Rafael Videla Eissmann
26 de Marzo de 2021


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domingo, 28 de marzo de 2021

„Geheimnis Tibet“


Cartel de publicidad del documental „Geheimnis Tibet“ de Ernst Schäfer.


Enlace al documental de Ernst Schäfer, Geheimnis Tibet. Ein Filmdokument der Schafer-Expedition 1938/39 (“Tíbet Secreto. Documento fílmico de la expedición Schäfer 1938/39”), registro de la fundamental expedición alemana al Tíbet:

https://www.youtube.com/watch?v=FtPzKhKamtg

Ersnt Schäfer (1910 – 1992) fue un geólogo y zoólogo alemán –especialista en ornitología y autor de obras como Berge, Buddhas und Bären (“Montañas, Budas y Osos”, 1933), Unbekanntes Tibet durch die Wildnisse Osttibets zum Dach der Erde (“Tíbet desconocido a través del desierto tibetano oriental hasta el Techo de la Mundo”, 1937), Dach der Erde (“Techo del Mundo”, 1938), Ornithologische Ergebnisse zweier Forschungsreisen nach Tibet (“Resultados ornitológicos de dos viajes de investigación al Tíbet”, 1939), Tibet ruft (“El Tíbet llama”, 1942), Geheimnis Tibet (“Tíbet Secreto”, 1943), Unter Räubern in Tibet: Gefahren und Freuden eines Forscherlebens (“Entre los ladrones en el Tíbet: Los peligros y las alegrías de la vida de un explorador” (1954), Fest der weissen Schleier Eine Forscherfahrt nach Lhasa, der heiligen Stadt Tibets (“Festival de los velos blancos. Un viaje de investigación a Lhasa, la Ciudad Santa del Tíbet”, 1954) y Über den Himalaja ins Land der Gõtter Auf Forscherfahrt von Indien nach Tibet (“A través del Himalaya a la tierra de los dioses. En un viaje de exploración desde la India al Tíbet”, 1954).

Rafael Videla Eissmann
22 de Marzo de 2021


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lunes, 22 de marzo de 2021

„Auf der Flucht nach Lhasa“


 
Heinrich Harrer y Tenzin Gyatso, el XIV Dalai Lama, a inicios de la década de 1940. Su genuina amistad sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial (Colección del Völkerkundemuseum de Zürich).


En relación con los últimos enlaces sobre la antiquísima relación andino-tibetana, presentamos el documental Auf der Flucht nach Lhasa (“Escapando de Lhasa”) de Heinrich Harrer (1912 – 2006), emitido originalmente en Alemania, el 4 de Enero de 1964:

https://www.youtube.com/watch?v=CYEJTaCuZlY

Harrer fue un gran explorador y montañista y el autor de Siete años en el Tíbet. Mi vida en la corte del Dalai Lama (1952), Lhasa Perdida (1953), La Araña Blanca: El relato clásico del ascenso del Eiger (1959), El Tíbet es mi Patria. Autobiografía de Thubten Jigme Norbu, hermano del Dalai Lama, contada a Heinrich Harrer (1961), He venido de la Edad de Piedra (1965), Ladakh: Dioses y mortales más allá de los Himalaya (1980), Regreso al Tíbet (1985), Regreso al Tíbet. El Tíbet después de la ocupación china (1998), Pienso en Bután (2005) y Más allá de Siete Años en el Tíbet: Mi vida antes, durante y después (2007).

Rafael Videla Eissmann
21 de Marzo de 2021


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lunes, 22 de febrero de 2021

Una remota relación: La trutruca y el dungchen


Monjes tibetanos con el dungchen (Fotógrafo desconocido, sin fecha).


La trutruca y el dungchen –de los araucanos y tibetanos, respectivamente–, son instrumentos musicales aerófonos de naturaleza mágico-ritual y caracterizados por su largo cuerpo.

Su sonido es grave.

Su similitud corresponde a una evidencia más del antiguo arco transpacífico y del remotísimo sustrato de magos-shamanes que portaban la sabiduría y los conocimientos ancestrales de los arios.

Como hemos expuesto en otros textos, esta relación fue observada por el naturalista e historiador jesuita Juan Ignacio Molina en su Compendio della storia geográfica, naturale, e civili del regno del Cile (“Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile”), obra publicada de forma anónima en Bolonia en 1776.

Molina basaba su observación precisamente en los cánticos rituales de los machis o shamanes araucanos (“Pom, pum, pum, Mari epunamun, animalhuen, peñi Epatun” y “Hom, ha, hum, o om, aum”).

Esta premisa fundamental fue abordada también por el botánico y naturalista Hugo Gunkel en su ensayo El origen del hombre americano según el naturalista chileno Juan Ignacio Molina (1965) donde ha sintetizado los planteamientos del jesuita expuestos en su memoria presentada aproximadamente entre 1818 y 1820 en la Academia Pontificia de Bolonia titulada Sulla propagazione sucesiva del genero umano (“Sobre la propagación sucesiva del género humano”).

Un araucano tocando una trutruca (Fotógrafo desconocido, sin fecha).

Monjes tibetanos tocando el dungchen (Fotografía de la expedición alemana al Tíbet de 1938).


A este respecto, el profesor Gunkel escribió: La época en que los peruanos y los chilenos emigraron de la India parece bastante posterior a aquella en que otras naciones bárbaras provenientes de la misma región se establecieron en los territorios que todavía ocupan en gran parte de América Austral. Yo creo que esta emigración es contemporánea o poco posterior a la excursión de Alejandro hasta la desembocadura del Indo. Los conocimientos que desde antiguo poseen los chilenos, por no mencionar aquellos de los peruanos, del arte del tejido, de la tintura, de la fusión de los metales, del cultivo de las gramíneas, usadas en su pan fermentado con levadura, de la táctica militar, de la hidráulica, de la astronomía, de los juegos de ajedrez, tablas y de la bola; y, sobre todo, la construcción de su lengua en la que existe el dual, el aoristo y el participio en todos los tiempos, la existencia de todos los géneros de composición; y aquel que es de admirar, la gran cantidad de vocablos claramente griegos y con el mismo significado, no dejan duda sobre el origen griego-indo (Gunkel, H. El origen del hombre americano según el naturalista chileno Juan Ignacio Molina. Página 43 y siguientes).

Ambos grupos culturales concibieron y comprendieron la naturaleza sagrada de las montañas, asiento de deidades como los pillanes y antupainkos y de los tulkus y bodhisattvas.

Rafael Videla Eissmann
21 de Febrero de 2021


Bibliografía

Molina, Juan Ignacio

Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776). Traducida al español por Domingo Joseph de Arquellada Mendoza. Antonio de Sancha. Madrid, 1788-95.

Gunkel, Hugo

El origen del hombre americano según el naturalista chileno Juan Ignacio Molina. En: Boletín de la Universidad de Chile. Nº57. Santiago de Chile, 3 de Junio de 1965.


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lunes, 1 de febrero de 2021

El antiquísimo culto solar taurino: Los Andes y el valle del Indo

 
El toro-Zeus y Europa en un fresco romano en la casa de Jasón, en Pompeya.

 
En la entrada anterior –Una extrañísima analogía de una representación en el altiplano andino y el Tíbet: Los “diablos” (http://losvikingosenamerica.blogspot.com/2021/01/una-extranisima-analogia-de-una.html)– se esbozó una remota relación cúltica en las tradiciones de las cadenas montañosas de América del Sur y de Asia. Asimismo, en Sobre un instrumento musical atlante-andino (I) (http://losvikingosenamerica.blogspot.com/2019/03/sobre-un-instrumento-musical-atlante.html) y Sobre un instrumento musical atlante-andino (II) (http://losvikingosenamerica.blogspot.com/2019/03/sobre-un-instrumento-musical-atlante_16.html) se ha abordado la presencia del salterio tanto en el mundo andino-incásico como en el indogermano-helénico.

Se trata de diversos campos culturales que evidencian una remota relación transcontinental.

En este sentido, un elemento más correspondería al antiquísimo culto solar taurino –que corresponde en el “Mundo Antiguo” a Apis/Path-Osiris, Menvis-Merur/Atum-Ra, Min y Nandi/Pashupati-Shiva –cuyos cuernos había labrado los surcos por los que discurrirían los sagrados ríos del Indo y el Ganges–. Es el toro astral mitraico, el toro sagrado Donn Cúailnge de la saga de Cú Chulainn y la venerada constelación de Taurus/Zeus–.

Figuras cúlticas de toros del valle del Indo.


La tauromaquia fue asimismo un culto entre los atlantes como se colige de las evidencias arqueológicas mediterráneas y al menos en una proyección en el mundo andino. Pues una arista de este remoto culto se observa en las representaciones del denominado “Torito de Pucará” –cerámica característica del Distrito de Pupuja, en la Provincia de Azángaro, Departamento de Puno, en Perú– que al igual que los talismánicos qonopa de alpacas y llamas posee una naturaleza simbólica de fecundación. 

El “Torito de Pucará” es una figuración totémica conocido como qonop en quechua e illa en aymara y empleada hasta hoy en ritos como el “señalaquy”, la “ch’alla” y el “haywariquy”.

El “Torito de Pucará” de la tradición andino peruana. La similitud con las figuras
del valle del Indo es extraordinaria.


El origen del “Torito de Pucará” se remonta a un sacrificio a Pachakámaq –manifestación de la Deidad Suprema Huarijocha– que al igual que los sacrificios de toros realizados por los atlantes para Poseidón –Posei-dawōn, el “Señor de las Aguas”, según la información consignada por Platón en el Critias– como a su vez en la tradición de los arios del valle del Indo, busca la fertilidad y la regeneración –ciclo– y la perpetuidad de la vida.

Rafael Videla Eissmann
30 de Enero de 2021


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sábado, 9 de enero de 2021

Una extrañísima analogía de una representación en el altiplano andino y el Tíbet: Los “diablos”


Diablo de la Tirana del Tamarugal, en la Región de Atacama, en el norte de Chile.

Más allá de la comprensión de la historiografía tradicional sobre el origen de los “diablos” de la festividad religiosa del norte de Chile –como en la Fiesta de la Tirana, de Nuestra Señora de las Peñas, de la Candelaria en Copiapó y de Andacollo– y sus antecedentes en la danza colectiva en honor de la Virgen del Socavón del carnaval de Oruro, en Bolivia –manifiesto sincretismo de las antiguas tradiciones prehispánicas y católicas (Véase el artículo de Alberto Díaz Araya, En la pampa los diablos andan sueltos. Demonios danzantes de la fiesta del santuario de La Tirana. En: Revista Musical Chilena. Año LXV. N°216. Julio-Diciembre, 2011. Páginas 58-97 https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-27902011000200004)–, hay llamativos elementos comunes en ambas regiones.

Uno de estos elementos son los “diablos” del mundo andino –bailarines caracterizados con ricos atuendos y llamativas máscaras con dos cuernos–, integrantes activos de la ceremonia ritual-taumatúrgica cíclica que encuentran notable similitud con determinadas danzas rituales celebradas en Lhasa, la Ciudad Prohibida, en el Tíbet, como aquella registrada por el explorador Heinrich Harrer (1912 – 2006) en su notable obra Sieben Jahre in Tibet. Mein Leben am Hofe des Dalai Lama (“Siete años en el Tíbet. Mi vida en la corte del Dalai Lama”. Rupert Hart-Davis. E. P. Dutton. Wien, 1952).

Baile ceremonial de un monje con una máscara de cabeza de animal en el patio de la corte de Potala, el principal templo-palacio de Lhasa, residencia de los Dalai Lama. Adviértase la llamativa similitud con los “diablos” de las tradiciones andinas (Fotografía en la obra de Heinrich Harrer, Sieben Jahre in Tibet. Mein Leben am Hofe des Dalai Lama de 1952).

Detalle de la fotografía anterior.

¿Cómo se explica la similitud en las formas y funciones de estas figuras en ceremonias mágico-religiosas desarrolladas en centros rituales en altura? ¿Qué conexión hubo en aquellos períodos no comprendidos por la historiografía ortodoxa? ¿Cuál fue su origen?

Las explicaciones entregadas a través de los cánones oficiales se yerguen sobre la “coincidencia” y la casualidad. Nosotros, empero, observamos aquí lejanas, remotísimas relaciones entre los Andes y el Himalaya –las montañas sagradas de la Tierra– que en el caso andino, han sido recubiertas paulatinamente con elementos cristianos, iniciándose el olvido de su origen.

Por cierto, esta noción sobre las antiguas relaciones entre los Andes y el Himalaya se encuentra trazada en el Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776) y en Sulla propagazione sucesiva del genero umano (“Sobre la propagación sucesiva del género humano”, 1818 - 1820) del naturalista Juan Ignacio Molina, quien estableció el origen indio (indogermano) de los antiguos habitantes de Chile; en las relaciones indo-americanas como lo ha expresado el explorador y naturalista Alexander von Humboldt en Vues des Cordillères, et monumens des peuples indigènes de l’Amérique (“Vistas de las cordilleras, monumentos y pueblos indígenas de América”, 1810); en los estudios filológico-lingüísticos y mítico-históricos del sabio Emeterio Villamil de Rada en su magna obra La Lengua de Adán y el Hombre de Tiahuanaco (1876) y en el trabajo de W. Perceval Yetts, Elephants and Maya Art (“Elefantes y arte maya”, 1924).

Cubierta y presentación del libro de Heinrich Harrer, Sieben Jahre in Tibet. Mein Leben am Hofe des Dalai Lama).


A estos estudios se deben agregar las investigaciones de la notable estudiosa Ruth Rodríguez Sotomayor sobre las relaciones de Preamérica con India en trabajos como Kara Maya, Raza Madre de la Humanidad (2004), Historia de las Bibliotecas Preamericanas (2009) y El mensaje oculto de los libros líticos andinos. El origen de los arios está en Preamérica (2013) –entre otras obras–.

Son las lejanísimas huellas de los Hijos del Sol.

Rafael Videla Eissmann
8 de Enero de 2021


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