viernes, 1 de marzo de 2013

Etnología de los Pa’ î Tavyterâ

Guerrero mbyʼá de Paraguay.


Etnología de los Pa’ î Tavyterâ

La determinación del origen de una etnia es tarea compleja, razón por la cual se analiza en esta nota la hipótesis presentada por la arqueóloga Sofía Gil de Escobar, en el estudio publicado por ABC el 3 de Enero de 2010.

Es pertinente tener en cuenta la síntesis de Susnick sobre los tipos raciales del Paraguay:

a) Tipo láguido–melanesio.
b) Tipo pámpido–australiano.
c) Tipo amazónico proto–malayo. En este género se incluye a las etnias guaraníes: Mby’a; chiripá; pa’î tavy terâ y asche.

Primera hipótesis: Naturaleza de la etnia. “Los ancestros de los pa’î tavy terâ son los primeros en ocupar las selvas del Amambay”.

Siendo los primeros ocupantes del Amambay los kainganges–Gé, del tipo racial láguido–melanesio, la hipótesis queda: “Los ancestros de los pa’î tavy terâ son láguidos–melanesios”.

Para Melía y Grunbert, los ancestros de los pa’î tavy terâ son los itatî, quienes tienen por ancestros a los proto–mby’a del tipo racial amazónico proto–malayo. Entonces: “Los ancestros de los pa’î tavy terâ son amazónido–protomalayos”. 

Por contradecir a la investigación antropológica, la primera hipótesis es falsa.

Segunda hipótesis: Recíproca de la anterior: “De acuerdo con lo afirmado por Branislava Susnik, los pa’î tavy terâ, serían descendientes de los láguido–melanesios”.

De la síntesis sobre los tipos raciales del Paraguay, se concluye: “Los pa’î tavy terâ son los descendientes de los amazónicos proto–malayos”.

La segunda hipótesis también es falsa “basada” en lo que Susnik no dijo.

Sofía Gil de Escobar usó la falacia conocida como argumento de autoridad, basada en el prestigio de Susnik como etnógrafa.
 
Tercera hipótesis: Antigüedad de la etnia. “Los pa’î tavy terâ están en el territorio que hoy habitan desde el principio de los principios, porque sus ancestros son de cultura paleolítica que ya vivieron en las selvas del Amambay hace más de seis siglos”.

Esta hipótesis es falsa porque está basada en las dos anteriores, también falsas. Además:

a) Las etnias del Paleolítico son nómadas, no sedentarias, siendo Itaguy un paradero temporal. Los kainganges–Gé vivían de la caza y la recolección de frutas.

b) Los kainganges–Gé estuvieron en cerro Guasú por breve tiempo, desplazándose luego hacia Pedro Juan Caballero (Amambay) para internarse al Brasil. Cascán, el arqueólogo y geólogo español formado en Altamira, recogió los vestigios de la etnia, formando una colección privada (Periódico Crisol de Pedro Juan Caballero en 1974).

c) Supongo que en la medida de los tiempos está desorientada, pues habrá querido decir sesenta siglos o seis milenios, equivalencia de los 6000 años, pues la antigüedad de seis siglos, ubica a los kainganges–Gé en el Amambay, un siglo antes de la llegada de los españoles, quedando en el limbo la expresión teológica “El principio de los principios”.

d) La arqueóloga desconoce la noción de “estratigrafía arqueológica”, suponiendo que la primera etnia que ocupó un sitio, le dio a la última las mismas características raciales y culturales, en un instante, para la escala temporal etnográfica.

Cuarta hipótesis: Vestigios líticos y arte rupestre. “Investigadores españoles de Altamira, fueron a conocer cerro Guasú, hallando vestigios líticos tales como herramientas de piedra y arte rupestre en abundancia. La antigüedad de tales objetos y figuras es de 5000 años”. La verdad sobre esta cuestión es que los kainganges–Gé y los pa’î Tavyterâ, son racial y culturalmente distintos, identificándolos se confunden sitios, tiempos, vestigios materiales y testimonios culturales.

He aquí una síntesis por etnias:

a) Los kainganges–Gé del Paleolítico dejaron herramientas y armas talladas, cuya antigüedad se estima en 5000 años.

b) Los proto–mby’a del Neolítico dejaron herramientas y armas de piedra pulida, resto de cerámica, cestería, tejido, con una antigüedad de 2000 años.

c) Los ka’aygua llegaron al Amambay como un desplazamiento de los itatines. Sus vestigios son similares a los dejados por los proto–mby’a aunque más evolucionados, con una antigüedad de 700 años.

d) Los pa’î Tavyterâ, de cultura neolítica con influencias del Medioevo europeo, tienen mitología, leyenda y organización muy evolucionada, con una antigüedad de 300 años con ese nombre.

e) Los vikingos, de cultura histórica con una antigüedad de 700 años, dejaron en los cerros del Amambay, frases lapidarias sobre sus creencias y costumbres, mejorando el nivel del Neolítico. Se tradujeron un centenar de inscripciones rúnicas alfabéticas, otras simbólicas y crípticas. El arte rupestre expresa los mitos, las leyendas y costumbres de pueblos nórdicos, sin perder aspectos de su estilo lineal. No faltan símbolos astronómicos y emblemáticos.
Dejaron en el idioma guaraní de los pa’î Tavyterâ, términos nórdicos trans-fonetizados, como Pa’ î Tavyterâ que León Cadogan traduce “Habitantes de la ciudad del Centro (de la tierra)” (Traducción correcta para Pistilli, con raíces nórdicas).

Quinta hipótesis: Mapa rupestre mundial: “Estamos ante la comprobación científica del hombre Paleolítico en la zona del Amambay. Esta verificación tiene extraordinario valor para el Paraguay, pues así ingresa en el mapa rupestre internacional”.

Esta hipótesis también es falsa, pues Friedrich Christian Mayntzhusen presentó sus investigaciones sobre el Paleolítico en el Paraguay al Congreso Americanista en Chicago en 1910, cumpliéndose un siglo en 2010. Luego volvió a presentar otro informe ampliado en el Congreso de San Pablo en 1928, siendo verificada la tesis por el antropólogo Oswald Menghin. Susnik determinó la antigüedad del Paleolítico Paraguayo en 6000 años. Con esto, el Paraguay ya entró en el mapa rupestre mundial, a pesar del despojo que se intentó hacer a Mayntzhusen de su autoría científica.

Conclusión: Una reflexión final sobre la finalidad de difundir hipótesis contradictorias a la etnográfica paraguaya, nos lleva a una teoría sobre el poblamiento de América, en la cual se postula:

a) El primer americano cruza el “puente de hielo” que cubría el Estrecho de Bering hace 15.000 años.

b) No existe otras posibilidades de ingreso, ni por el Pacifico ni por el Atlántico.

c) Después del primer americano, el único que llegó hace quinientos años, fue Colón.

Esta teoría es falsa pues la desmiente la cartografía americana, el arte de la navegación y la etnografía americana.

Vicente Pistilli
Asunción,
Febrero de 2010


 * (Los textos de http://losvikingosenamerica.blogspot.com/ son exclusivos. Se prohíbe su reproducción).

Entrevistas radiales al Profesor Pistilli

Profesor Vicente Pistllli.


Entrevista al profesor Vicente Pistilli realizada en los Estudios Ñanduti, en Asunción, Paraguay, el 15 de Octubre de 2009, sobre la Orden del Temple y la presencia de grupos escandinavos en América del Sur:



Entrevista al profesor Vicente Pistilli sobre los vikingos en América del Sur:


viernes, 4 de enero de 2013

El símbolo sagrado del Sol

  Machi con el tambor sagrado o kultrún, donde se ha estampado el símbolo sagrado del Sol.


“El mapuche vive desde que es mundo,
antediluviamos somos nosotros. Chao Ngenechen
nos creó y nos dio la tierra en que vivimos”.


El kultrún o tambor sagrado de los mapuches (araucanos), microrepresentación de la tierra o Mapu, posee estampado el símbolo sagrado del Sol (Antu), es decir, la cruz gamada. Este símbolo ha sido descubierto en prácticamente todas las regiones del planeta y se le ha conocido entre otros nombres como Swastika, Hakenkreuz, Lauburu, Yung-Drung o Manji. En las tradiciones prehispánicas se le denomina generalmente como la “Cruz de nuestros Ancestros”.

 
El kultrún y los cuatro soles en movimiento.


El origen de este símbolo en el territorio de Chile se remonta a los Lituches, es decir, los sobrevivientes del Diluvio. De acuerdo a la información consignada por el  jesuita Juan Ignacio Molina en su Compendio de la historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile (1776), los chilenos llaman a los primeros hombres, de los cuales descienden, Peñi Epatun, que quiere decir, los hermanos Epatun, pero, a excepción del nombre, no saben otra cosa de la historia de estos hermanos sus patriarcas. Los llaman también Glyche, esto es, hombres primitivos o del principio, y en sus congregaciones los invocan, junto con sus divinidades, entonando en alta voz: Pom, pum, pum, Mari epunamun, animalhuen, peñi epatun, etc. Los tres primeros vocablos son al presente de incierta significación y podrían tomarse por una suerte de interjección, si la voz puon con que los chinos nombran al primer hombre creado o salvado de las aguas, no nos indujese a sospechar que podrían tener una noción análoga. Los lamas o sacerdotes del Tíbet pronuncian también frecuentemente en sus rosarios las tres sílabas hom, ha, hum, o om, aum, como dicen los habitantes del Indostán, los cuales en cierta manera corresponden a las chilenas arriba dichas.

 
 Machi con el kultrún, donde se ha estampado el símbolo sagrado del Sol.


Estos Lituche o Glyche, fueron los hombres-dioses de la edad prediluvial, los Antupainko o ancestros deificados, quienes transmitieron a sus descendientes y a las futuras generaciones sus conocimientos codificados en símbolos y las tradiciones (Ad Mapu).

La cruz gamada en el kultrún, equivale también al Sol en movimiento, pues tal como ha expresado una descendiente de una machi de Nueva Imperial, en el sur de Chile, “cuatro soles se han visto”. Estos soles corresponden a las edades previas, concepción que guarda clara relación con la cosmovisión mesoamericana de la Leyenda de los Soles y también con los postulados de la Cosmogonía Glacial (1913) de Hans Hörbiger.

En el territorio de Chile, como en el altiplano andino, Centro y Norteamérica, Europa, Asia Menor y el Lejano Oriente, este venerado símbolo es el emblema de los ancestros y de la Divinidad Suprema.

Rafael Videla Eissmann
3 de Enero de 2013

 Curandero navajo de Arizona en Nuevo México, Estados Unidos.


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sábado, 22 de diciembre de 2012

La Cosmogonía Glacial

 
La pirámide del dios blanco Kukulkán, evocación de la Serpiente Emplumada.


Parece haber sido una misma raza
la que escribió en los Andes y en los Pirineos.
Roberto Rengifo


La antigüedad de las culturas y civilizaciones de la América Aborigen han sido ostensiblemente limitadas por las concepciones de las escuelas historiográficas y antropológicas fundamentadas en una visión evolucionista y materialista que, a pesar de las evidencias arqueológicas y de las numerosas pruebas de la existencia del grupo pre-indígena, es decir, los indios blancos, comprobada por los cráneos dolicocéfalos descubiertos desde Tierra del Fuego hasta Canadá, por numerosas crónicas y fuentes etnohistóricas como asimismo por la iconografía precolombina, ha cimentado la exclusiva y amputada historia indigenista.

 Representaciones de los Viracochas o Dioses Blancos: Un petroglifo en el norte de Chile y la efigie en la Puerta del Sol de Tiahuanaco, respectivamente.


Los indios blancos fueron los descendientes de los Viracochas, los Dioses Blancos, los Hombres-Dioses de la tradición áurea. Por estas razones el historiador Diego Barros Arana ha establecido que la existencia del hombre en América en una época muy remota, está comprobada por los vestigios de una antiquísima civilización, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Se hallan en diferentes partes del suelo americano ruinas monumentales de construcciones gigantescas, a las cuales no se puede asignar razonablemente una edad probable sino fijándola en algunos millares de años. He llegado a sostener con razones cuyo peso no es posible desconocer, que cuando los otros continentes estaban habitados por salvajes nómadas de la Edad de Piedra, América se hallaba poblada por hombres que construían ciudades y monumentos grandiosos, manifestaciones de un estado social muy avanzado.

Esa remotísima civilización, que ha debido ser la obra de una incalculable serie de siglos, es de origen exclusivamente americano. De cualquiera parte que provenga el hombre que habitaba nuestro continente, parece fuera de toda duda que su cultura nació y se desarrolló aquí, sin influencias extrañas, que aquí formó sus diversas lenguas, creó y perfeccionó en varios puntos instituciones sociales que suponen una elaboración secular, y que levantó las construcciones cuyos restos no pueden verse sin una respetuosa admiración (Diego Barros Arana, Historia general de Chile. 1884-1902. Página 18).

El origen de los primigenios habitantes americanos se encuentra en el archipiélago antártico, definido por el profesor Roberto Rengifo como el gran centro de la humanidad blanca y clara (Roberto Rengifo, El papel del territorio de Chile en la evolución de la humanidad prehistórica. 1935. Página 8).

El marco para comprender la antigüedad de las culturas y civilizaciones de América -y del mundo- lo ha entregado la Cosmogonía Glacial (Hörbigers Glazial Kosmogonie - Eine neue Entwicklungsgeschichte des Weltalls und des Sonnensystems. R. Voigtländer’s Verlag. Leipzig, 1913) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth. La Cosmogonía Glacial fue concluida en el mes de Diciembre de 1912. Esta magna obra ha planteado las interrogantes fundamentales: ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Es, en suma, una concepción del universo, de la Tierra y del hombre. Los postulados de la Cosmogonía Glacial han sido revolucionarios: Otorgan una nueva concepción del origen y desarrollo del sistema solar y de la Tierra, y por lo tanto, de su historia geológica, lo que quiere decir también, una nueva visión de la historia del hombre.

 
Hans Hörbiger y Philipp Fauth, los visionarios de los mundos del hielo.


En la Cosmogonía Glacial se ha establecido la captura por parte de la Tierra de varias lunas que han generando grandes catástrofes planetarias y desastrosos diluvios, cuyos ecos son el sumergimiento de la ahora mítica Atlántida y la destrucción de la ciudad-puerto de Tiahuanaco. Su evocación también fue preservada por los mapuches por medio del mito de la lucha entre las serpientes KaiKai de las aguas y ThrengThreng de las montañas. Fue el Diluvio noético, el Götterdämmerung o “Crepúsculo de los Dioses” de los Edda, el Diluvio de Manú de la India aria, el Llocllavuno pachacuti o Gran Agua de los Incas o Apachiohualiztli de los mayas.

Hoy celebramos el centenario de la Cosmogonía Glacial y hacemos nuestras las palabras de Georg Hinzpeter: “El triunfo de la Cosmogonía Glacial estaba tempranamente determinado como una cuestión de principios, y todo lo que queda para los adversarios de la Cosmogonía Glacial es una retracción parcialmente honesta, como es el caso que ya ha sucedido en algunos campos. Y puede, debido a esto, existir en el futuro, algún difícil e incomprensible juicio en torno a la Cosmogonía Glacial por razones científicas. No perderemos el rumbo, conocemos la verdad en el camino, y conocemos el “sí” de nuestra convicción y con ello el “sí” de nuestra creencia y la inconvertible lealtad a Hans Hörbiger y su trabajo”.

Rafael Videla Eissmann
Solsticio de Invierno, 2012



El Nuevo Mundo o Insula Atlantica (1540). Mapa de Sebastian Munster.


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viernes, 9 de noviembre de 2012

El misterio de los “indios blancos”

 El dios blanco y barbado de Mesoamérica, Quetzalcoatl (La “Serpiente Emplumada”). Manuscrito siglo del XVI.


Coincidimos con la detección realizada por el antropólogo Jacques de Mahieu, de grupos precolombinos de características totalmente distintas a la de los indígenas: Poblaciones altas, de piel clara o blanca, cabellos y ojos claros. Pertenecen a los cráneos de tipo dolicocéfalos descubiertos prácticamente a lo largo y ancho de América.

Estos grupos fueron denominados como los “indios blancos” desde el “Descubrimiento”, la “Conquista” y la Colonia e incluso, fueron consignados en numerosos reportes etnohistóricos en el transcurso del siglo XX. Al respecto, De Mahieu ha escrito:

Las tradiciones de los distintos pueblos considerados [de Centro y Sudamérica] se encadenan, pues perfectamente. Nos muestran a un grupo de guerreros blancos, de tipo nórdico, que desembarca en la costa mexicana y deja algo de su cultura en el Anáhuac, el Yucatán y zonas adyacentes. Con el apodo de Quetzalcoatl en el país náhuatl, de Kukulkán en tierras mayas, de Votán en Guatemala, de Zuhé en Venezuela y de Bóchica en Colombia, el jefe blanco, que verosímilmente se llamaba Ullman, se convierte en el recuerdo indígena, con el tiempo, en un dios civilizador, a pesar de las dificultades encontradas por él durante su estada en los distintos países. ¿Cuánto tiempo dura exactamente el viaje que lleva a los blancos hasta la costa colombiana del Pacifico, y cuando muere Ullman? No lo sabemos. Pero sí la tradición nos muestra a los nórdicos, ya al mando de un nuevo jefe, Heimlap o Heimdallr, llegan en barcos de piel de lobo al Ecuador, donde fundan el Reino de Quito, y luego al Perú, donde se radican en la zona del lago Titicaca y empiezan a construir una metrópoli: Tiahuanaco. Vencidos, después de unos dos siglos, por una invasión de indios chilenos, los blancos se dispersan. Unos se desplazan por la costa hacia el norte y se embarcan en balsas que los conducen hasta las islas oceánicas. Otros escapan del Altiplano y desaparecen en la selva amazónica, donde se encuentran, hasta hoy, sus descendientes. Unos pocos, en fin, se refugian en la montaña desde donde, con la ayuda de indios leales, reconstruye su imperio.

La tradición nos permite, gracias a los nombres y títulos que nos ha transmitido, identificar a los blancos que capitaneaba el Dios-Sol. En efecto, Ullman y Heimlap o Heimdallr son nombres escandinavos y encontramos el mismo origen para los títulos sciri (de skirr, puro), ayar (de jarl, conde) e inca o inga (de ing, descendiente), así como para el apodo Huirakocha que viene del antiguo escandinavo hvit, blanco, y god, dios.

Sin embargo, los textos nos señalan la actuación anterior, en Mesoamérica, de un dios blanco de características diferentes -pacifico y ascético- que, en el Anáhuac, se confunde en el recuerdo con Quetzalcoatl y le da una segunda personalidad incompatible con la primera, pero, en el país maya, conserva, con el nombre de Itzamná, una realidad autónoma (Jacques de Mahieu, El gran viaje del Dios-Sol. Páginas 89 y 90).

Ciertamente, el esquema teórico que De Mahieu creyó ver en el contexto precolombino -grupos de características “nórdicas”, es decir, población blanca aborigen- debía explicarse por las incursiones de grupos vikingos, normandos, e incluso celtas, en América. Estas incursiones no se debaten ni refutan. Pues es un hecho que estos grupos europeos arribaron al continente antes de la irrupción peninsular del siglo XV. Sin embargo, no fueron ellos los impulsores o gestores de las altas civilizaciones americanas. Pues, ¿dónde, en Europa, se encuentra algo semejante, siquiera, al estilo megalítico-astronómico de Tiahuanaco o del Cuzco? ¿Dónde se descubre en Europa la fuente de la Puerta del Sol de Tiahuanaco y su sistema calendárico o el estilo de los monolitos antropomorfos de la gran metrópolis andina (Como el “Monolito Benett”, el “Monolito Ponce” o el “Monolito El Fraile”(¡!)? Si estos prodigios de arquitectura e ingeniería tuviesen su origen en cualquiera cultura europea, lo lógico sería encontrar algo semejante o aproximado allí, pero ello, sencillamente, no ocurre, a pesar del eurocentrismo insostenible propugnado por De Mahieu.

El Señor de Sipán (Perú). El iris es de color azul.


Los monumentos megalíticos americanos -Tiahuanaco, Puma Punku, Cuzco, Sacsaihuamán, El Enladrillado, etc.- son de hecho, anteriores al poblamiento de los indígenas. Se remontan al último período prediluvial conforme a la Cosmogonía Glacial (1912) de Hans Hörbiger y Philipp Fauth. Corresponden, en consecuencia, a vestigios de la raza primigenia de América. Como se ha indicado en textos anteriores (Los Viracochas, los Dioses Blancos de América, 1º de Enero de 2012 y El misterio de las momias blancas precolombinas, 9 de Octubre de 2012), conforme a la evidencia arqueológica, los paleoamericanos, que han sido caracterizados como dolicocéfalos, fue el grupo aborigen que habitó el continente, con anterioridad a la irrupción de los grupos provenientes desde distintos puntos de Asia, que posteriormente fueron conocidos como indígenas.

Ellos fueron los descendientes de los viracochas, los Dioses Blancos de la tradición áurea.

Rafael Videla Eissmann
1º de Noviembre de 2012


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